miércoles, 1 de abril de 2026

UNIVERSO INFINITO

 

Las estepas se cubren de mantillones verdes.

Los glaciares se caen en chorrillos y lágrimas.

Las arenas persiguen su espacio como duendes.

La cordillera olvida su de altar de cordillera,

 y nieva sin orgullo de estrellas. Sólo se eleva

cálida en agua turbulenta que arrastra su mineral

dormido en las entrañas, aparentando el miedo

que arrastran sus heridas de oro y plata vieja.

 

Y los pinares crepitan con fuegos infernales

En atolones mueren los brillantes corales.

Y tú, Amazonía, salvaje y peregrina,

tú, pulmón que duermes como doncella herida,

despierta del letargo y violéntate a la muerte,

arrebata con lluvias con intriga de fauna.

Revoluciona el aire con rayos y centellas

que entre tus gritos de madre, alaridos de sangre,

haz nacer un millón de estrellas cual cristales.

 

Las islas de polución, atrapan a frágiles delfines

que buscan entre aguas profundas inaugurar la vida.

Los témpanos aislados flotan sobre los mares

y los osos blancos se ven tan desolados, dime

Madre Tierra, te buscan en el cosmos y aquí, ahora

estás abandonada con chimeneas que hacen que el aire aúlle

en colores de angustia anaranjados, ocres y en luto negro.

 

Qué hemos, los humanos, hecho con los acantilados

y ensenadas fértiles de ballenas ruidosas o sutiles.

Los tsunamis se llevan las costas milen

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