miércoles, 8 de julio de 2026

DUERME PRONTO UNICORNIO DE SEDA


 

                              Caminaba sola por la calle solitaria soñaba con su infancia y sus recuerdos. Armaba y desarmaba  guirnaldas amarillas con sus recuerdos. Cerró los ojos de impecable color tristeza. Entre su pecho y su pulso latía un suspiro de hojas secas y crujientes. Cada pisada quedaba sobre la tierra enjoyada en ocres, dorados y rojos su cuerpo se iba  transformando, transmutaba en un retroceder de tiempo incontenible. Su cabello gris se alargaba en una sinfonía de ondas castañas y sedosas mientras se alisaba las trenzas y los ojos perdían lentamente el color ceniciento que cobraban luz y vida. Volvió a ser niña. Pequeña Eunice con su vestido lacio, holgado, largo... y su perfume a jazmines desolados. Eunice  recobrando la sonrisa y la melodía de las rondas.

                                Tras los álamos robustos que rondaban entre hojas de amarillos y rojos, vio la figura frágil del hada del jardín de primavera. Tan sutil con su túnica de gasa y su corona de flores silvestres. Sonreía y la miraba con sus ojos de esmeralda.

                               La tomó del lazo de su delantal de organza y le colocó una coronita de flores multicolores que emergían de las manos... de la nada. Todo olía a perfume de jazmines, a frescias, a violetas y voló un pájaro de cristal, miles lo siguieron, perdiéndose en el humo gris, que con el viento se transformaba en plumas rojas. Eunice se reía, rodeó el tronco del roble y del abeto y allí, justo, justo allí enfrentó al unicornio de color azafrán y plata. Los ojos de gata, dorados la miraron un minuto, tan sólo un instante y recobró la risa. Era muy raro el unicornio. El que ella tenía cuando niña era de  porcelana. Se lo dio su abuela antes de embarcar e irse. No la vio más. Su hermoso unicornio era de terciopelo tibio. Suave y alegre en  una mirada triste. No hablaba. Los tomó a los dos... al hada del jardín y al unicornio y se sentó en la alfombra de plumas y hojarasca. La rodeó una tenue melodía de celestas y agua. Jugó acariciándolos y a las antiguas rondas infantiles. Ya cansada se detuvo en medio del jardín de la antigua casona y se durmió.  Se perdió en la noche de los sueños eternos donde estaba su abuela hacía tiempo.

 

GOLD ¿SOY UN PERRO?

 


            ¡No sé porqué me sacaron de las dulces tetillas de mi madre! Mis hermanos uno a uno se iban de mi lado y yo me aferraba a su piel suave y dulce. Unas fuertes manos me envolvieron en un paño de un color oscuro y me pusieron sobre una superficie dura y... ¡Ay, me dolió, eso me dolió! ¿Qué les he hecho? Ahora me ponen en una jaula de color claro y me dejan a un lado en un sillón sin pelos, como el cuerpo de mi mamá.

Hay mucho ruido que desconozco. Me duele todo el lugar donde me pincharon. Mi pobre cola duele. ¿Estas manos tienen un cuerpo grande y hay unas manos pequeñas que me tocan mucho. ¡No me gusta! Parece que me llevan por un lugar desconocido. ¿Mi madre, estará en una caja igual a la que me han puesto a mí? No la veo.

Escucho una voz dulce que le dice al pequeño que va junto a mí: - ¿Cómo le vas a llamar? Y escucho varios: Tommy, Ralf, Duende, Negrito, Gold... ¿Para qué me quieren poner un nombre si yo soy yo? Mi mamá no nos decía ningún nombre, señora no se meta conmigo. Deje que siga siendo yo.

Los ruidos son cada vez menos desagradables. Y ya no hay luces de colores que detengan esta máquina en la que me llevan. - ¡Hemos llegado! Dice el de las manos grandes. Veo árboles y paredes y un enorme portón que se abre frente a la que creo es otra casa. Mi mami vivía en una casa, nos contó mientras nos limpiaba. Y luego la sacaron a una diferente con olores raros y allí, nacimos nosotros. Éramos como... ¡No se contar! Éramos muchos. Pero ella se arreglaba para darnos de comer bien a todos. Se fueron llevando uno a uno. Primero se llevaban las nenas. Según decía la señora de manos verdes que: -¡Son más limpias y cariñosas! Después se llevaron al dormilón. Y hoy me tocó a mí.

¡Me van a sacar de la caja! ¡Opa, estoy en un lugar extraño, huele bien a comida, y me ponen en una especie de colcha color oscuro! - Ponelo en la cucha verde... dice la voz dulce. El pequeño, le dice mamá. Entonces hay otras mamás... y cuánto tengo que aprender. ¡Tengo un sueño...!

Han pasado varios meses, según dice Nino, mi dueño. Él, me cuida y me saca todos los días a pasear. Yo estoy muy feliz, pero extraño a mi mamá y a mis hermanos. La mamá de Nino me quiere mucho. Me da de comer y me peina el pelo que ha tomado un color dorado... así dicen. Es una gente que me está gustando un montón.

Ayer me retaron mucho, me comí un pedazo del oso de la cama de Nino. Y las zapatillas del papá, que estaban debajo de la cama. Pero no me pegaron ni me hicieron nada que me doliera.

¡Ya va a crecer! Eso dicen cada vez que hago algo raro. A veces me voy debajo de una mesa que hay en el comedor cerca del televisor, (eso lo he aprendido de escuchar a la mamá de Nino), muerdo un pedazo de mantel y tiro, me divierte ver cómo se caen las cosas que hay allá arriba. Pero no les gusta, definitivamente no se ríen. Nino lloró cuando me comí sus pinturas de la escuela. ¿Yo qué sabía que se iban a dar cuenta que había sido yo? ¡Se echaron a reír porque según dijo la mamá... nunca había visto un perro tecnicolor! Y no eran muy sabrosas como las galletas que robé de la mesa. Otro reto. Tendré que ser más educado, dijo el padre.

Ha pasado tiempo, me he hecho más grande y he aprendido mucho. En especial me pongo muy nervioso cuando pasa cerca de Nino o de su mamá algún grandote con capucha y manos en los bolsillos. ¡Vi en el televisor, junto a Nino, cómo habían arrollado a una señora para sacarle la bolsa esa que usan las mamás, llenas de cosas!  Y otro día, que fuimos con el auto, eso me lo dijo Nino, a la gasolinera, y vimos a unos muchachones con un palo negro muy ruidoso hacer fuego y tirar al piso a un pobre grande. -¡Cuidado, Gold, (ese es mi nombre) son ladrones armados! Que susto. Mamá salió para atrás y se metió por otra ruta para evitar que nos pase algo. Yo allí empecé a ladrar. Y he visto que si muestro los dientes y ladro muy fuerte, se alejan de nosotros.

Ya los amo. Mamá es muy cariñosa y ni les puedo decir lo pícaro que es Nino y ahora hay otro humano muy pequeño en casa. Le dicen Bebé. Y hace unos días le hicieron una fiesta y ahora la llaman Rosamaría. Debería ser muy limpia, pero se hace... caca y tienen que limpiarla...qué vergüenza. Acaso cuando se llevaban a mis hermanas no decían que eran más limpias. Hay que esperar.

Anoche pasó algo muy feo. Gracias a mi instinto, evité que entraran unos grandes en la casa. Resulta que mamá y grande, con Nino y Rosamaría habían ido a un cumpleaños. ¡No permitían que yo fuera! Mejor, podría comer lo que se me antojara. Pero, siempre hay un pero... en la oscuridad, vi dos luces extrañas y me agazapé, ladré como nunca lo había hecho...y habían roto la ventana del dormitorio de atrás. Caminaban por el pasillo y le salté al cuello a uno de los enmascarados. Me dio un enorme golpe en la panza, pero no lo solté. El otro manoteaba un palo de fuego, pero como se les cayó la luz, no podían verme bien, los seguí mordiendo. Se fueron corriendo.

Cuando volvieron, grande me dijo: - ¡Bravo mi querido Gold, eres un perro muy listo! - Y me llevó a la señora de donde me trajo para que me curaran, estaba herido y me hicieron una curación muy dolorosa. -Me dijo: ¡Soy tu papá desde hoy...! - ¡Me abrazó fuerte como nunca lo había hecho! Ahora tengo mamá, papá y dos hermanos humanos. ¡Qué lindo es ser perro!

CAPIANGO EL HOMBRE TIGRE

 

La noche severa escondía umbrosa los reflejos de una luna insipiente. Los bichos de la zona virgen, llenaban con sus sonidos intangibles lo que debía ser un silencio nocturno. Los caporales, habían salido de los campos para emborracharse en la taberna. Hacía poco, habían traído unas muchachas y muchachos jóvenes de una tierra lejana. Engañados, creyeron tocar el paraíso y entraron en la negra oscuridad de tratos innombrables.

Cayeron en cuenta cuando los metieron de prepo en un lupanar mugriento y negro, cerca de la costa del río. Los más jóvenes no alcanzaban la mayoría de edad, pero arrebatadas sus papeletas, no tenían como escapar de su destino. No hablaban la lengua de ese puñado de infames que los manoseaban y les obligaban absurdos juegos y otras cosas sin nombre.

La más grande Erica tenía veinte años y cuidaba como podía a las menores, Patrik, tenía diez y nueve y cuidaba de los varones. Al principio lloraban y se aferraban a sus camastros para evitar salir al gran salón del galpón que se había acondicionado como pulpería o bar o bailanta. Pero comenzaron a golpearlos y bajaron los brazos. Otras veces los dejaban de alimentar por varios días, a pan negro y agua. Única comida. Dejaron de pelear por una salida.

El dueño, era un viejo portugués que había sido buscado por media Europa por la policía. Hombre de averías. Tenía una mujer que lo apañaba. Era su madrastra. La Ursulina, parecía un pedazo deforme de grasa con brazos enormes manos pequeñitas y una cara redonda donde dos ojos saltones le daban el estricto modelo de un búho nocturno. Siempre con ropa amplia y de tela oscura. Para los profanados muchachos, era la "Bruja". Lo triste que los envolvía el silencio oprobioso de mucha gente de la aldea.

Mi papá, se había ido de casa una tarde para intentar hablar con un político que conoció en un mitin en otra ciudad. Lo atendió bien, nos contó, pero no hizo nada. Entonces habló con don Embribes, un viejo amigo que había trabajado mucho tiempo en unas oficinas de la capital. Este le prometió traer a un conocido que lo llamaban "Capiango, el hombre Tigre". Un verdadero Capo de los guardianes de la ley y de la convivencia.

¡Y llegó! Era un moreno de dos metros, cuyos brazos y piernas, parecían columnas de mármol. Se paraba y su sombra se desparramaba por la tierra como un edificio brutal. Su mirada fuerte y oscura, le daba un poder con solo incrustar los ojos en tu cuerpo o cara. La gente temblaba cuando lo veía parado en la barra del único bar del pueblo. El barrio donde estaba el lupanar se inquietó. ¿Otro mafioso más? No, este venía a poner el orden en la zona.

Esperó unos días para reconocer a los capos, a los empleados y a todos los involucrados. No pidió permiso a nadie pero un día se apersonó en la oficina de la intendencia. Allí, no le daban audiencia con quien él, quería. Se apoyó en un escritorio y de un puñetazo, saltaron papeles y objetos para todos lados y se oyó un crujido de madera quebrada. Salió el hombre buscado... ¡Oh, sorpresa! Era el dueño del lupanar.

Lo levantó por las solapas del traje, los anteojos fueron volando por el pasillo... y Capiango, como un Tigre, le dio una paliza de leyenda. 

Dicen que en horas cerraron el lugar, llevaron lejos a los pobres chicos y chicas para darles el trato que correspondía y el Intendente quedó preso de por vida. ¡Han hecho un monumento al Valiente Hombre Tigre!!!

A MIGUEL DE UNAMUNO Y JUGO

  

                               “MÉTEME, PADRE ETERNO, EN TU PECHO, MISTERIOSO HOGAR, DORMIRÉ ALLÍ, PUES VENGO DESHECHO DEL DURO BREGAR” EPITAFIO EN SU TUMBA.

 

 

¡Solloza el alma del hombre que perdió a Jesucristo!

 

Busca sin cesar una hendidura donde esconder su pena.

 

Su fuente de sangre herida por la lucha entre el zarzal y la rosa,

 

vida o muerte de su sueño en llamarada y lava,

 

que lo aprieta en brazos del amor y de la muerte.

 

Busca rescatar en la tiniebla, esa palabra de un Dios inexistente,

 

de un Dios cuyo eco resuena entre los claustros de su mente.

 

Quiere abarcar el todo y el misterio envuelve el tiempo

 

de la vida que quebranta en la filosofía. No resiste.

 

Se entrega en brazos de la búsqueda endulzando su noche

 

Su oración final de luz esperanzada. Luz de un Cordero perdido

 

entre los libros, en los largos pasillos de una academia gris

 

donde lo espera la eternidad de su voz y sus gemidos.

 

Don Miguel de Unamuno y Jugo, usted no ha muerto

 

Vive en la palabra maravillosa de su poemario y obra,

 

está durmiendo en el pecho misterioso de un Señor perdido,

 

que entre sus brazos sostendrá su frente y la sangre de su rosal en flor.

 

ALGARROBO DE ARRIBA

 

La noche se ponía el poncho de violeta con perfume a frío. Ciriaco Luna, cabalgaba sosteniendo un trote suave en su lobuno. Detrás, el “Flechita” con la cola entre las patas, seguía a su amigo. Oscurecía y en escampe, sólo se veía el fuego del cigarro que se quemaba entre los labios secos del hombre. Las nubes se habían diluido entre los cardales. Y él, confiado seguía la huella que lo llevaba a su rancho.

No estaba la Carmen, se había ido al pueblo donde vivía su hija, la Teresa. Algarrobo de Arriba era un montón de soledad y silencio. Se oía el ruido del viento y el aullido de algún chacal que merodeaba los potreros. Los perros cimarrones peleaban por alguna osamenta con los de la casa. Frenó el pingo y desandó entre los maizales.

Una ráfaga helada le voló el sombrero y salió disparado hacia el corral de chivos. Se le escapó una maldición. Se arrepintió al instante. No hay que llamar los fantasmas en noche sin luna. Flechita se alarmó; su pelo se había erizado y las orejas en punta le señalaron su enojo. Había algo raro en el aire.

En el algarrobo un cuchillo clavado sostenía un papel con palabras escritas en malos garabatos. Sacó la nota y el cuchillo. Lo limpió en la camisa y abrió la puerta del rancho. Prendió el farol de kerosene que iluminó en naranja la pobreza de las paredes de barro. El perro se echó junto al fogón y allí se quedó dormido. Antes había tomado agua con fervor de animal y ni miró el trozo de pata de vaca que le había puesto Ciriaco en una lata junto al agua. Él, Ciriaco, estaba muy cansado, quería echarse en el catre pero primero con suma dificultad, leyó la nota.

Mañana tendré que ir a la vieja Capilla del Cavadito. Me esperan. Caracho con el difunto. Nadie se imaginaba que estaba malo. Se comió una torta frita, seca y dura que tenía días en la fiambrera, con una tajada gruesa de jamón de chancho. Y se quedó dormido.

Ululaba el viento a la madrugada. Y despertó con la garganta arenada y sedienta. El agua en la palangana estaba helada, rompió con una piedra el hielo y se lavó como pudo. ¡Vamos Flechita, tenemos que ensillar y se nos viene el calor y es lejos! El animal, levantó la cabeza y movió la cola. No quería salir con esa helada.

Esta vez ensilló a “Carasucia”, la yegua y se puso camisa blanca y bombacha negra. Cinturón de función de tristeza y caló sombrero algo nuevo. Poncho blanco hecho por la Carmen al telar ese otoño. Un pañuelo al cuello de color violeta. Salió rumbo a la capilla. No lo acompañaba el perro. ¿Qué te pasa Flechita?

Se fue sin esperarlo, tal vez lo siguiera. Lo alcanzaría en un trecho. Al trotecito variado arrastró su tristeza. ¡No es tiempo para que mi amigo se fuera!

Casi al medio día, se le negó la yegua. Las patas encabritadas sostenían su cuerpo que se apretaba a las crines. ¿Y a vos qué te pasa? Un murmullo de pájaros, jotes dañinos se arremolinaron en la cruz del camino. A lo lejos, se veía la Cruz de la Capilla del Cavadito. Un tañer de campanas, malograron su curiosidad de hombre bueno.

Entonces, entre los yuyales encontró un cadáver. ¡Era el cuerpo de Carmen! Un cuchillo igualito al que encontró en el árbol, tenía su mujer clavado en el pecho.

Se apeó y vio su rostro entumecido y yerto. Carasucia coceaba entre los yuyales y un sonido de triunfo escuchó tras los árboles. La carcajada histérica de la Teresa, apretaba en su mano el cabello canoso de la madre.

¿Teresa qué pasó? Y al darse vuelta ya no estaba la loca. No había nadie

MADRE TIGRE

 

                  "Nunca vimos en los animales de la casa, orgullo mayor que                el que sintió nuestra gata, cuando le dimos para amamantar                a una tigrecita recién nacida"

                    Horacio Quiroga.

 

 

      ¡Claro que para mí fue realmente necesario tomar esa decisión! Como mayor en tamaño y jerarquía tuve que tomar la organización de la casa. Los sucesos eran imprevistos.

            El incendio nos había dejado todo desbaratado. No quedaba ni corrales, ni abrevaderos, ni siquiera un refugio decente para nadie. Los troncos chamuscados y malolientes de los grandes eucaliptos parecían gigantes agonizando. Yo también tenía miedo. Supe desde el principio que era difícil. Seguro que si yo hubiera podido huir, hubiera resuelto mis problemas de comida, agua y libertad absoluta. ¿Pero qué hubiera sido del resto?

            Cada uno miraba desconcertado hacia un lugar distante. Por doquier llamas o brasas ardiendo. Hacía como seis o siete meses que no llovía en la zona. Los vecinos se fueron yendo hacia otros lugares. El río traía un hilo de agua barrosa, y yo fui buscando por dónde podíamos salir del círculo hirviente.

            Ayudé a los más pequeños primero, luego a las preñadas, luego a las hembras sin distinción de edad y linaje. Allí éramos iguales. ¡El campo un horror!

             No quedaba verde, el negro, gris y el humo arremetía por cada resquicio.  Nada en pie que nos alentara a encontrar ayuda. Pero firme seguí guiándome por mi naturaleza noble. Para algo uno nace con inteligencia y distinción. Nunca demostré dudas, ni miedo. Encontré algunos animales heridos o abandonados. Traté de auxiliarlos dentro de mis limitaciones. Me siguió algún yeguarizo chamuscado, pero fuerte para la tarea que nos esperaba.

            Así pasamos varios días. Una tarde comenzó a soplar una leve brisa del sur. Esperanza de agua...me dijo uno de mis nuevos compañeros de viaje. Miré hacia el horizonte y vi el reflejo de la tormenta que se avecinaba. Nubes de color blanco con bordes grises, casi negro, merodeaba los pastizales socarrados.

            El ruido asustó unas vacas mañosas. Pero esperamos esperanzados el agua. La tormenta fue feroz. Caían rayos por donde quieran imaginar. El grito de animales salvajes nos ponían los pelos de punta...sólo eso nos faltaba. Pumas, gatos de las rocas, zorros y jaguares que trataban de acercarse a nosotros. ¡Claro éramos carne fresca para su hambre silvestre!

            Mi responsabilidad era salvarlos a todos. Subí una pequeña cima, sobre la llanura y observé un grupo de animales peleando sobre una tigra herida. Arrojé unas piedras de una patada y cayeron cerca de los carroñeros. Era tarde. La tigresa había muerto. Una cría pequeña estaba debajo de su cuerpo destrozado. Los merodeadores daban vueltas cada vez más cerca. Pero como pude tomé a la pequeña y la llevé hasta nuestro grupo. Estaban todos sorprendidos. ¡Me respetan tanto que nadie opinó! ¿Otro más para compartir el agua y la comida?

            Me acerqué a Perlita, la gata que traía las dos crías con ella colgando de su boca. ¡Son increíbles madres las gatas! De inmediato tomó a la recién parida entre sus maternales patas. La limpió con esmero con esa lengua áspera y delicada. Dejó impecable el cuerpo amarillento y húmedo. Algunos animales de la casa se acercaban a ver cómo era ese nuevo huésped del grupo. ¡Qué sorpresa les daba ver a Perlita amamantala con tanto amor! ¡Qué orgullo sentíamos!

            Comenzó a llover, diría que diluviaba. Eso era lo que esperábamos para que todo volviera  a la normalidad. Pasado el tiempo, y viendo que ya era prudente, regresamos por el camino conocido andado hacia la estancia. No fue bonito ver como quedó la casa, pero al vernos, mi dueño, se abrazó a mi testuz y lloró largamente. Le quedaba poco del campo, pero yo su "Tordillo" le había salvado a todo los animales del incendio. Hoy le cuento a mis nietos, en el corral nuevo, cada vez que me rodean y preguntan curiosos.

             - Abuelo...contanos cuando la Perla crió a la tigra, esa que después quiso comerse al amo.- ¡Y yo les cuento, es cosa de animales jóvenes, que le voy a hacer! 

                       

           

VACACIONES EN LA MONTAÑA

 

            Ni siquiera se sentó a la mesa. Tenía la cara arrebatada de ira. Otra vez ha vuelto a dejarnos solas. ¡Es tan poco sociable! Al final mejor si no hubiera venido, nosotros nos arreglaríamos igual...como siempre. María Eugenia se fue quedando dormida. El ruido lejano de la gente que bailaba en el salón del hotel, le servía de somnífero. ¿Qué estaría haciendo su madre? ¡Llorando...¡ ¿Otra vez? 

            Se siente abrasada por un sol tórrido, rojo, envolvente. Junto a sí está el hombre más hermoso que pudiera soñar. ¿Es tan parecido a Luis Miguel? Debo estar soñando. Mejor que despierte porque será peor si no logro besarlo. ¡Es tan divino! Es un potro. ¡Ay, dejame dormir, te digo, no voy a levantarme para estar con vos! Me cuesta abrir los ojos. ¿Qué querés Juanjo? ¿Qué...,oh, no me digas? ¿Papá? ¿Y qué hizo mamá? Bueno ya me levanto y bajo.

            ¿Estarán con un desayuno de esos? ¡No puede ser... ¿papá?; y se encontró con "alguien"!  ¿Regresó anoche con más de una copa y durmió totalmente vestido? Mamá cuando se despertó me imagino lo que hizo. ¿Qué habrá pensado...? Ya, me pongo los lentes de contacto, me maquillo un poco los ojos y bajo urgente. Tengo que saber todo.

            El ascensor repleto como siempre y eso que es de cinco estrellas. Bajaré por la escalera. ¿Qué lío, qué pasa en el hotel? No...nada menos ni nada más que todo el staf de " El Río" la revista de moda en la farándula, y nos tocó a nosotros. ¡Qué minas, qué minos! Allá está Juanjo. Pero algo raro pasa. Hay hasta policía.

            - Hola...dejama espacio. Sí, ya vi que llegaron esos, pero me interesa más lo de papá.  Contame. -  desvía la mirada entre todas las golosinas de la mesa. - ¡Qué cosas ricas, voy a engordar como un cerdo...no me voy a poder poner el jeen nuevo!

            - ¡Sos retonta! Mirá parece que papá ayer se encontró con una “licenciada” de la facultad...él dice que le sirve café, siempre, cuando están con exámenes.

            ¿Mamá, la conoce bien? No se, pero sólo se traga la furia por nosotros. La cuestión que cuando papá la invitó a tomar una copa en el bar... ¡no tonta!, a mamá, ella estaba cansada, vos sabés acá con el aire acondicionado tan alto, le duele la pierna, se acostó pensando que papá lo haría también. ¡No, se quedó hasta las cuatro tomando tragos y hablando con la minita!

            - ¡Juanca no te distraigas y contame...esa que está allí es una de las modelos “top” del Río...¡Qué lolas tiene! ¿Y la cola? Deben ser puro plástico. ¡Dale! Mirá quiero saber qué hizo de malo el viejo, de todos modos, mamá no le da ni bolas.

            - Ahí viene mi entrenador me voy. Después te cuento. Nada importante debe haber pasado. Allí viene la vieja.

            María Eugenia mira distraídamente a su alrededor. El caos reina en el comedor del hotel y piensa...

            - Si me hubiera ido con Dolores y Caro a Disney, no me embolaría tanto. Acá todo es un plomo. Seguro que ahora mamá me va a retar por algo.

            - ¡Hola, buenos días, si se puede decir buen día con todo este lío! ¿Te pusiste ese pantalón todo desplanchado y sin hacerle el ruedo? Te he dicho mil veces...

            - Má, no me hinchés. Ayer por el pelo, hoy por el pantalón ¿mañana por qué me vas a retar? Acordate que este es mi viaje de los quince años, mi cumpleaños único de quince. Podría haber ido al viaje con las chicas, pero no, yo quise estar con ustedes. ¿Para qué? Si me vas a molestar todo el tiempo. ¿Qué pasó anoche con papá?

            - Mirá esa chica María Eugenia. ¿No es la  modelo de la  revista Río? Prácticamente está desnuda y debe tener tu edad. Yo no me explico cómo las madres le dejan hacer lo que quieren. ¡Hija mía tendría que ser!

            - Sí, sería idiota como yo. No ves que ellas son más libres. Nadie las molesta.

            - Allí viene tu padre. Te he dicho que no hables así parecés una chiruza. Hacé lugar para que desayune. Me gusta ese modelo de peinado. El de esa señora que está sentada allí. ¿Cómo me quedaría ese corte?

            - Buen día...menos mal que salió el sol. Desayunemos que me quiero ir a jugar al pool en el subsuelo. ¿Qué hicieron anoche? Yo me encontré con gente de allá, de mi trabajo y sabés que me enteré que mi secretaria va a tener un niño, pero tiene un serio problema salud. ¡Qué rico dulce me hace acordar al que hacía tu mamá! Mirá llegó un grupo de japoneses...sacarán millones de fotos.  Las dejo hasta el medio día, me voy a jugar con Rolando Martínez y Rubio, el contador del Banco.

            - Mami me voy al solarium de Piscis. Me puse la bikini que me regaló Roli. La tengo debajo del enterito. ¡Chau!

            - Cuidate, no tomés demasiado sol. Ponete un protector. Acordate que acá el sol es más fuerte que en el mar. Nos encontramos para comer. Yo estaré esperando en el salón de lectura traje algunos expedientes para resolver. ¡Siempre me dejan sola! Seguro que les da vergüenza mi aspecto de “discapacitada” en actualidad y moda. Siempre sola.

            - ¡Pobre mamá no le damos bola...pero es tan pesada! Tendría que haberme ido con las “girls” de la escuela; sería más divertido que estar acá. ¡Qué tipo súper...debe ser gay! Ese que me mira está bueno pero no me animo, es difícil que me mire con ese lomo. Hola, sí estoy sola ¿y vos? Me llamo María Eugenia. Soy de Pilar. Sí de Buenos Aires. ¿De dónde? ¡Sos de acá...qué aburrido!

            Se pone los lentes y no habla más. A los pocos minutos siente un grito que desata una corrida colosal. La modelito Top, está caída en un charco de sangre.

            Luego de las consabidas indagaciones, descubren que ha sido violada y no saben por quién. Del hotel han salido varios contingentes en la madrugada cuando algunos hombres estaban en el bar como el padre de María Eugenia.