sábado, 21 de marzo de 2026

XENIA

 

Xenia: ella era tan perseverante, que a pesar del peligro, se calzó las botas largas, una vez más.

 

                         Miró hacia la montaña y reconoció que la tormenta se avecinaba,  perturbada tomó su poncho mapuche, ese que la acompañaba desde que Horacio había partido la primera vez hacia la frontera. Negros nubarrones cargados de nieve pesaban en las laderas. Bajaban los grises sobre los riscos.

 Comió un buen trozo de pastel, un trago de cognac y se enfundó la mochila a modo de refuerzo, llena de jamón, queso de cabra y agua, para llevarle apoyo al hombre. Él, la esperaría en el viejo puente junto a los abrevaderos. Las llamas y las guanacas estaban en tiempo de parición y no podían dejarse solas. El comprador europeo, llegaría en verano para pasada la esquila, llevarse los vellones de mejor calidad a Milán.

 El año anterior, habían sacado un muy buen precio y las colecciones de moda en Italia, se regocijaban con la novedad de esa lana fina y natural americana. La tormenta, con sus ráfagas de viento helado, la tiraba sobre la agresiva senda. Siguió un trecho pero un tapiz de nieve se iba acumulando. El frío le impedía continuar. Decidió regresar a la cabaña. Horacio la estaría esperando ansioso. Era imprescindible que se abrigara. El calor de la chimenea era una fuerte tentación. Pero... debía volver a salir hacia ese destino previsto.

 Ella era tan perseverante, que a pesar del peligro, se calzó las botas largas, una vez más.

- “Esta vez lo haré sin mezclar las pasas con el alcohol”- dijo la cocinera mordiéndose el labio y miró por la ventana hacia el jazminero.

 Esta vez lo haré sin mezclar las pasas con el alcohol” – dijo la cocinera mordiéndose el labio y miró por la ventana hacia el jazminero. El día jueves anterior, había encontrado a Amiel debajo de los jazmineros del jardín bajo el efecto de una terrible borrachera. ¡Esa mujer, su ama, estaba pasando una terrible depresión! Cuando Javier se fue a  Punta del Este, ella se derrumbó. Cada mañana despertaba con terribles jaquecas por la bebida, que desparramada en la alfombra, denunciaba su impotencia.

 La vieja cocinera tomó la determinación de investigar con quién había viajado el hombre. Supo por Fermín, el chofer, que lo había llamado el gerente de la empresa desde allí, el Uruguay, por un encuentro con inversionistas chinos, que no querían ingresar al país. Así, ella, Amiel, pensó que él, había huido con alguna fémina. Hizo unas llamadas secretas al hotel donde se alojaba su muchacho (ella lo había criado desde pequeño) y luego de una charla bien clara, se comprometió a hacer lo que debía.

Cada día, Amiel, buscaba en cada rincón de la casona una botella sin encontrar nada. Su samaritana, estaba despierta a las necesidades de la joven mujer. No fue fácil impedir que bebiera. Era una adicta. El socio, Fermín, no malograba el esfuerzo. Unos días más y llegaría el amante esposo. Era cuestión de resistir.

UN CUENTO DE COLOR Y SABOR

 

La tarde le ponía una letanía de estrellas al parque de Urbina. La anciana sentada en una hamaca desmadejaba recuerdos. Tiziana, su nieta, a sus pies jugaba con una antigua cajita de música. Apenas hablaban. La niña era su compañía. Pequeña, menuda y risueña, escuchaba el susurro de los árboles del jardín. Unos pájaros bullangueros dispersaban sonrisas. De pronto elevando la carita pecosa hacía la mirada amorosa de la abuela, clavó los ojos de agua clara en la piel antigua. Luego cerró los ojitos y coronó con un suspiro. Pareces una azucena dijo la anciana seria. Abrió grandes los  pozos de estrellas matutinas y regaló una risa. Cascabel de esperanza entre sus labios pequeños, profunda su mirada ingenua. Trató de ingresar sus pupilas creando un túnel de pétalos celestes en la mirada de su abuela. Comenzó a canturrear y de repente…

- Abuela… ¿de color es la letra a?- preguntó inquieta.

- Del color del amor, creo…, un color de caricias de terciopelo, del color de los pétalos de las azucenas que tienen en su altar la “Dama con su niño”.

- ¿Has visto tu al amor? Acaso alguna vez vino a visitarte…- dijo la niña  ingenua.

- El amor, mi pequeña Tiziana, ha venido mil veces. A mi corazón, a mi ventana. Se llamaba mamá, se llamaba José, ese fue mi padre. Un día vino en un alto y hermoso hombre. Lo amé con mucha ternura, fue tu abuelo Fernando. Después vino con rostro de niña. Esmeralda, tu mami. Vino como un varón, tu tío Pedro... como vez, amor tiene el color del recuerdo, puede ser transparente, blanco, verde o celeste como tus ojos.

-¡Ay, abuelita... ¡qué hermoso debe ser mirar con tus ojos! Acaso me ves con el color del amor. ¿Conmigo que color tiene?

- Contigo, mi pequeña... tiene un tono rosado. Piel de caracol marino, tiene color de luna... pero tibia y dulce.

- Entonces tu sabes tantas cosas... ¿Qué sabor tiene el otoño?- dice la  niña  empinada para sacar una hoja seca del cabello blanco que embellece a la  abuela

- El otoño... tiene sabor a setas: pequeñitas, doradas y con mucho perfume. A las hojas que crujen, que protestan porque se han olvidado de ser verde de ensueño.

- Abuelita: ¡declaro que te quiero por eso! Porque sólo tú me escuchas, juegas, conversas. A mamá y a papá los veo tan poco... siempre están  ocupados.

- Para eso estamos  nosotras las abuelas. Amiga de las hadas. Con ángeles que juegan a la mancha y traviesas brujitas... ¡que no son malas...!

- ¿Me las muestras? - dice la  niña  trepando por las piernas de la noble anciana.

- En las noches de luna, tal vez podamos verlas.- y ahora ¿me puedes contestar otra pregunta que me interesa?

- ¡Por suerte tengo todo el tiempo que juntan todos los relojes del mundo!- ve Tiziana , que vengan tus preguntas...y la  vieja sonríe. Se ve del interés de conocer el misterio grandioso que rodea a la niña.

- ¿Qué olor tiene la calesita?- ¿Tiene olor a pororó, a manzanita dulce, a praliné? ¿Tiene olor a infancia?

- Tiene metido adentro caminos interminables que el caballito blanco, con arreos dorados recorre hasta el cansancio.

- ¿Adónde van abuela? - dice mirando con asombro la cara tierna de la mujer.

- ¡Ay mi niñita de mirada de caramelo recorre por países de ensueño. Reflejado en espejos estarán las princesas de los cuentos. Las pequeñas luciérnagas que son farolitos tenues que señalan los castillos y allá van trotando los caballitos de color canela, negros como la  noche. ¿Te has dormido?- La pequeña apoyada en sus piernas sueña. ¿A que mundo de magia ha ingresado Tiziana?

 

 

EL JOVEN DESCONOCIDO

 


               Al fin, todos la habían visto menos ella. Era la casa más antigua de Lago Hermoso. Tenía un parque de más de mil metros, que según decían fue hecho por un famoso paisajista inglés a principios del siglo veinte. Los mármoles eran italianos y la herrería española. Un estanque formado el arroyo que atravesaba un sector del jardín, estaba lleno de aves acuáticas y plantas con flores. Leticia caminó sorprendida por el alto pasadizo de árboles gigantes. Cada rincón de la casa le atraía por su color a tiempo desgastado. El musgo había marcado cada piedra, cada estatua, cada columna con una pátina inusual. Luego, entre el alto matorral, se sorprendió y gritó. Nadie le había hablado de ese extraño personaje que encontró frente a sí. El hombre, era un ser verdaderamente feo, desagradable. Por su rostro una enorme cicatriz atravesaba su mejilla izquierda y su párpado casi oculto tras una larga melena rojiza mostraba la falta de un ojo. Su paso casi imperceptible la había dejado paralizada. De los labios desdentados apenas salió un agudo chistido y con sus manos agudas mostró un mastín que ferozmente le hacía frente. Leticia, cerró los ojos y dio media vuelta para regresar a la casa. Un dedo afilado y mugriento se lo impidió. Su camisa entre esas manos horrorosas, parecía un mantillón de fiesta. Se detuvo y observó la figura. Apenas gesticulaba. ¿Era eso una sonrisa? Soltó el hombre a Leticia y le dio un ramillete de violetas y juncos en señal de amistad. Ella sonrió levemente. Ya sin tanto temor y le preguntó quién era. El infeliz, comprobó, no podía hablar.

               Él partió sin antes hacerle una inusitada reverencia. El dogo salió tras el hombre sin siquiera gruñir. Se perdió tras una alta pared de piedra cubierta de enredaderas y zarzamoras. Un griterío de pájaros y aves silvestres cubrieron el paso sobre los adoquines que tapizaban parte del camino. Al divisar la fachada de la casa suspiró. En la balaustrada vio la figura varonil de Ezequiel que esperaba que los ayudantes terminaran de acomodar los muebles. El camión que los había traído ya estaba casi vacío. La tarde se imponía con sus cálidos colores morados y sus ruidos. Verlo le tradujo el miedo en alegría. Se acercó casi corriendo en el último tramo. Las risas claras de Romina y Tatiana le ampararon las nostalgias de ese cambio de hogar. La pobreza había terminado y por fin la vida recobraba el orden natural. Recuperar la casa era el principio.

               Todos, esa noche se sentaron a comer sabiendo que nunca volverían a ser los mismos después de tanto sufrimiento. Que ya no regresarían ni el primo Jeremías ni Mario. Ellos serían una presencia en el recuerdo. La charla igual se hizo amena. Había mucho por hacer y decir sobre esa casa y Leticia contó el inesperado encuentro en el bosquecito de castaños.

               Ezequiel quedó perplejo. No conocía ni tenía noticias que por los alrededores vivieran hombre alguno; lo que lo llevó a tomar medidas de precaución con respecto a puertas y ventanales exteriores. No obstante nunca supieron que en forma permanente fueron observados por aquel desconocido.

               Transcurrido algunas semanas nadie volvió a hablar de ese episodio. Romina continuó su rutina con el piano. Su Chopin y Schubert mejoraban día a día. Tatiana iba y venía de la ciudad con sus telas adamascadas y terciopelos con los que fabricaba capas y ropa para damas que comenzaban a hacer vida social. Leticia consiguió que un posadero de la ciudad le comprara todos sus pasteles y dulces. Así la casa era una permanente fábrica de productos caseros. Había que recuperar lo perdido en la “quiebra” del abuelo. Ezequiel tenía el deber de trabajar los campos y hacer rendir los establos.

               De vez en cuando aparecían hombres pidiendo trabajo o acilo y ellos le proveían de algún apoyo pensando en sus parientes en “paro”. Una tarde de invierno cuando ya estaban junto a la chimenea, Ezequiel sintió ruidos en la leñera. Tomó su rifle y salió. Allí se enfrentó con un personaje atroz. Éste, al verlo, se quedó sorprendido. Lo encontró con unos leños entre sus brazos. El hombre parecía un mendigo. Tal vez era un forastero hambriento, pensó, y recordó que Leticia le había hablado de un encuentro semejante. Interrogó, pues, al hombre y éste tratando de zafarse, dejó caer la madera e intentó salir. No se lo permitió. Cuando quiso prenderlo del brazo para introducirlo en los cobertizos, el viejo mastín atacó. Salvó la mano gracias a la gruesa capa de fieltro. El menesteroso, tomó al animal con fuerza y evitó un accidente. Agradecido, Ezequiel lo invitó a pasar y el hombre entró por su voluntad a la cocina. La sorpresa de Tatiana y Romina no se hizo esperar. Cada una soltó una palabra de desagrado. El pobre infeliz se acurrucó junto al hogar, se despojó de un viejo abrigo sucio y calentó sus manos contrahechas en el calor. Al entrar allí la cocinera se persignó. Miró al muchacho y les comenzó a relatar su historia. Ese mozo, no tenía aun treinta años, había sido hijo del patrón con una muchacha de servicio. Lo había abandonado de pequeño. El muchacho, siempre se dedicó a cuidar animales y un funesto día cayó un rayo en su cabaña. Se produjo un incendio,  lo atrapó una viga, lo encontraron medio muerto. Se había quemado la cara y roto la mandíbula, perdió parte de la lengua..., en fin un desgraciado accidente. La mujer le proporcionó un cubo con agua caliente, se bañó  y Ezequiel le dio ropa de Jeremías que había quedado en el desván. Así descubrieron un muchacho joven, fuerte y con un enorme potencial para las innumerables tareas de la casa. A la mañana siguiente el muchacho había desaparecido.

               ¿Cómo harían para recuperar su confianza? Tal vez con el tiempo aceptara a todos en la casa y regresara.

 

 

 

RECUERDOS

 

El tiempo

 

Nadie sabe lo que he sentido en este último tiempo, soledad y dolor físico, alegrías pequeñas y gozos que se han diluido en el momento casi permitido para el perdón.

No soy la misma de hace un tiempo atrás, soy un espectro de mi ayer. Odio mi hoy como si formara parte de una obra de teatro griega, de esas que subsisten en el tiempo.

Cuando era joven y me sonreía la vida no supe imponerme a mi destino. No. Bajé la cabeza y seguí para adelante como me lo imponía la vida de esa época. Ser obediente a los caprichos de la época, la moda y mis hormonas. ¡Fui muy idiota! Casi una fantoche de lo que ahora soy o creo ser.

Me gustaría saber qué fue de esos seres maravillosos que se fueron quedando en el camino. Esos que me marcaron sendas de magníficos paisajes espirituales que no existen hoy. Se me acerca la fecha. O no. Tal vez quede o permanezca por una cuestión de cromosomas. Toda la línea materna fue longeva. Se fueron caminando por senderos escarpados y solitarios en sus nonagenarios calendarios. Solitarios, no les quedaba casi nada o nadie. Habían perdido a los seres más queridos de su historia, que aunque pequeña era su historia de vida.

 

Hoy miro sorprendida hacia atrás y ¿qué veo? Solo sombras, recuerdos, fantasmas de una realidad que se entrecruza entre la realidad y la imaginación de la memoria que es más débil y se acomoda a los sentimientos. La verdad puede acomodarse tal vez en algunos momentos, pero la realidad debe ser necesariamente otra.

No queda de la “casa” sino huellas, derrumbadas en un maltrecho caserón que se va corroyendo con la humedad… ¡Era hermosa! Llena de pequeños detalles aportados por el espíritu exquisito de  Mamá. La calle se ha llenado de ese tipo de gente vulgar y gritona, que canta una música sin letra que contenga sentido o que sirva algo para el espíritu. Es como un gran bazar de oriente lleno de mezcla entre cosas hermosas y basura. Un paraíso para la vulgaridad y la esquizofrenia.

Ayer cerré los ojos cuando atravesé con el autobús por ese lugar que amaba. ¿Era yo el fantasma o espiaba un espacio sin tiempo que escondía una enorme verdad que ya no existe?

Odio al tiempo. Cuando llegué a esa casa me sentía en el paraíso, un edén lleno de primicias… que se fueron transformando en cosas concretas. Allí perdí mi inocencia de niña para ser una adolescente que intentaba adaptarse al mundo nuevo. Era la época de los sesenta. ¡Qué lejos quedó! Ahora somos un espectro de los sueños.

 

 

LA CASA

 

La calle era de tierra, sin otras construcciones que aparecieron lentamente con el transcurrir del tiempo. Era una isla, un castillo con balcones y puertas de aldaba que sonaba como llamador de grandes acontecimientos. El mármol la identificaba. Las escaleras sedientas de mostrar que estaba  a la altura de las ilusiones de quien planificó la casa. Ahora es un vulgar espacio comercial, fue una mansión envidiada en su momento. Hornacinas con pequeñas figuritas de marmolina traídas de Italia, muebles de estilo y cuadros. Servicio de personal con uniforme almidonado, como en las películas en blanco y negro de la época. Y las mujeres de la casa leyendo, siempre estudiando o aprendiendo a ser “amas de casa” perfectas. ¿Dónde quedaron? Como En la Casa Tomada de Julio Cortazar, siguen soñando con su mundo perdido. Sí, hay un fantasma que merodea en sus habitaciones. La bella hija del medio, la rebelde, la más liberada de su historia de penitente. La otra, la menor, cierra los ojos cuando pasa por el lugar escapando a una realidad morbosa. Todo ha cambiado y escapa de la triste realidad de su visión. La casa se muere lentamente, como esos mausoleos que ya no tienen dueños porque todos están dentro y nadie reza por ellos.

Lúgubre es ver que estamos rodeados de miserables personajes tristes, sin amor a la belleza y al contener lo hermoso de una historia.

A veces recordamos las fiestas que se desarrollaban en la casa. Mesas con manteles de hilo blanco, vajilla de porcelana y copas de cristal. La comida… una exquisita muestra del poder de sus dueños que se afanaban para esconder que la que se desarmaba cocinando era la mujer, la madre. Hubo un tiempo que los automóviles llenaban la calle y las señoras usaban sus mejores trajes para asistir a los saraos. Hoy son sombras. Humo. Espectros.

Los fantásticos platos sacados de la muy exitosa “Petrona de Gandulfo” que hoy llora en un anaquel de la biblioteca de una de las mujeres de la casa… ¿Claro quién puede hacer esos manjares caros y que llevan días de cocción en una cocina pequeña? Sueños. Éxtasis.

La casa se derrumba descascarada las paredes y sin el donaire de su época glamorosa.

 

EL FONDO…UN MISTERIO

 

Estaba construido en el final del caserón. Eran dos habitaciones, un baño y un lavadero. Oscuro y misterioso para nuestras mentes de imaginación febril. ¿Qué se podía esconder en ese lugar? Nada extraordinario, pero para las “niñas”, era un lugar lóbrego y terrorífico.

Cuando debíamos ir a buscar algo en la noche, se desarrollaban verdaderas campañas feudales. Cada cual sentía que no le correspondía ir al “matogrosso” una suerte de selva cargada de fieras y horrores. Sólo recordemos que en esas habitaciones dormía el personal de servicio. ¡Pobres! Imagino el miedo que les producía llegar hasta allí solas en la noche y peor aun, desvestirse y dormir en un espacio extraño a sus costumbres y solitarias.

Un día escuchamos una conversación entre los dueños de la casa. Descubrimos que habían sido construidas como taller para la señora principal, que siendo joven fue una extraordinaria artista plástica y que por una conducta inexplicable de un día para otro dejó su “arte” y se dedicó a la Casa.

Allá iban a para todos los comestibles embolsados: harina, azúcar y trigo. Un enorme contenedor de aceite de oliva y encurtidos de todo tipo. Luego se acumularon: libros, revistas, recetas de cocina y un sin fin de trebejos.

Pero una noche una de las muchachas a quien mandaron a buscar algo… al querer encender la luz, tocó algo blando, peludo y móvil. Una enorme araña se había instalado como dueña del espacio.

Nunca más lograron que las muchachas fueran a buscar algo allí.

Hoy debe estar poblado en las noches de seres fantasmales, los que se han ido por el camino cierto de la muerte. Los dueños. La muchacha que se envenenó y cayó del lecho en fuertes convulsiones, ella debe pasear buscando su juventud perdida. Lagartijas que se escondían entre los jazmines. Las calas que cuidaban a rajatabla y con amor infinito. De eso no debe quedar nada.

 

 

BUSCANDO LO PERDIDO

 

Allá en la tarde del otoño tardío donde un collar de promesas

llenó mi vasija de peonías blancas.

Allí encontraré el nido de cometas y auroras.

 Una flor.

Una espina.

Tal vez una trompeta sonará en el vacío.

Yo besaré las plantas de quien camine

junto a mí, en el silencio de la tarde.

Un silencio de playa solitaria.

De dunas.

De Escollera.

Recordando una historia.

 Lejana.

Ya perdida.

Amiga de mi ensueño.

Allí caerá lenta una lágrima de ámbar.

Rueda por mis mejillas.

Ahora, en este instante.

Estaré enamorando el oro de los bosques.

Son lágrimas de nácar.

Balbuceo inquieto con manitos de espuma.

Bostezo de gaviotas en mi playa dorada.

Mi pensamiento esgrime un túnel de amapolas.

Allá en el continente donde refugio el tiempo,

arderán las astillas de mi cruz agobiada.

Me voy...camino lentamente por la arena.

Y lleno mi boca de aromas a ternura, con besos atrevidos

que rozan mi garganta en minutos de ensueño.

Allá estará el milagro.

 Allí la alfarería de manos  milenarias

fraguará un hallazgo con los dioses.

Y el otoño travieso envolverá mi cuerpo de matices cobrizos.

Volveré a la calle de grises adoquines.

Seré mujer. Lo sabes. Mujer... cargada de silencio.

 

 

LAS CAMPANAS AL VIENTO SE NIEGAN A SILENCIAR EL DÍA


 

A lo lejos se oían los fuertes sonidos de un campanario. Nadie en la región conocía el lugar desde donde provenían esos latidos agudos. ¡Es imposible si no hay un templo a siete kilómetros al rededor de la aldea! Sin embargo a las cinco de la tarde todos los días sonaban con estrépito campanadas.

Roldán, se propuso averiguar de dónde provenían los sonidos. Preparó el potro y luego de ensillarlo se acomodó por las dudas el facón en la faja a la cintura. Salió al trote suave, un temor oculto le hacía subir el sudor por la frente bajo el ala del sombrero. El pudor no le dejaba aceptar la verdad, temía encontrar un fantasma o algo parecido.

Rumbeó para el saliente. El sol acribillaba con furor mañanero. Desde cierta distancia lo seguía el "Negro" su fiel perro. Anduvo por las zonas cercanas al manantial. Luego subió unas peñas que estaban llenas de árboles de aguaribay. Se acercaba la hora del sonido esperado cuando su potro se negó a seguir.

No estaba acostumbrado a chicotearlo, le dio varias palmadas pero el buen animal seguía impávido detenido olfateando el viento. Había comenzado un suave vientillo que traía perfume de las jarillas y de los pastizales.

De repente, comenzó a sonar con suavidad el bronce de las campanas. Ahora de repente eran varias las que cantaban su metálico sonido, no había nadie en los lugares abiertos de vegetación. Entonces... la vio. Una figura hermosa como de una mujer blanca de cabellos largos renegridos. Estaba allí, parada sobre unas piedras. Lo miraba con dulzura y levantó la mano. El caballo se inclinó como para saludarla. Él, se tocó el sombrero y le preguntó quien era. Su voz era un eco sordo en el lugar.

La figura desapareció haciendo un saludo con las manos ensangrentadas. El día se iba alejando y un rumor de aves que volvían al nido, tapaban el sonido de la voz de hombre.

El noble bruto, dio la vuelta y el Negro, se acercó al amo. ¡Vamos, hay que avisar que algo raro está pasando en este lugar! El trote rápido lo acercó al caserío. Cuando relató lo que había visto, todos se rieron.

¡Es la Niña Dormida, que murió en el pasado! ¡Él nunca se olvidaría de su mirada y cada día cuando escuchaba las campanas, recordaba su atrevida búsqueda de la Niña Duende!

jueves, 19 de marzo de 2026

SÍNDROME DE TRAICIÓN(Novela)

 

“Que cada uno sea el artífice del                          destino común y ninguno instrumento de la ambición de nadie” Aforismo peronista. Doctrina Peronista. 1947

 

            Allí estaban los jefes de la organización… Era un momento difícil. Todos se conocían por su “apodo” y “grado” de guerra. Nadie sabía quiénes eran en realidad en la vida cotidiana. Esto les daba seguridad y así no se podían delatar.

Cuando entró el último, se hizo un silencio; el “Capitán Morales”, el “Jefe Toyo”, la “Teniente Dolo”, “Muñeca”, “Gordo”, “Simón”, la Capitán “Jael” y el “Músico”, se pararon y se saludaron como era la costumbre. Cada uno dio su contraseña y comenzó la reunión.

-          Tenemos que informarles, la reunión, que tuvimos en la frontera. Allí con el “Capitán Morales”, hemos hecho contacto con los máximos mandos. Hemos traído material importante, que nos envían  desde Cuba y de medio oriente, explícitamente de Vietnam y Pekín.

-          Sí, hay órdenes de Fidel Castro. Tenemos que actuar más. Ya hay un desplazamiento hacia: Tucumán, Córdoba y  Mendoza, de gente nuestra, que entrará en el nuevo período en las facultades.

-          También se están preparando dos camaradas, para ingresar en el seminario, como futuros curas.

-          Según Fidel, es necesario tener gente nuestra en las iglesias y en las fábricas. Gente experimentada en estrategias nuevas.

-          Con respecto a las fábricas, vos “Gordo” tenés que tratar de activar ese grupo de tipos, que están en la huelga y tratar de que trabajen para la “Organización”, pero tené cautela. Los que son de Perón a muerte, no nos sirven. Busca a los ambiciosos. Cualquier cosa, se te dará dinero…

-          Con respecto al dinero… vos “Simón”, tenés que preparar un grupo que nos haga trabajar la plata que mandan de Tucumán y Córdoba.

-           Les tenemos que notificar que en cuatro secuestros en Córdoba y diez asaltos a bancos, hemos obtenido 140.000 dólares. De las acciones en Tucumán, asaltos a dos ingenios y secuestro de seis empresarios, más el robo de ocho bancos, hemos obtenido 200.000 dólares.

-          Capitán no se olvide que hemos entregado, para la “causa” en “Latinoamérica”, más de 70.000 dólares.

-          Sí, pero igual, tenés que buscar  gente entre tus  paisanos que nos den intereses y garanticen su regreso a  la “causa”.

-          ¡Yo voy a charlar con gente, que puede ser útil, pero es peligroso! Se ha extorsionado y robado muchos bancos israelitas. Están muy enojados.

-          Estudiálos bien, tiene que ser gente que sea capaz de no traicionarnos. ¡Alguien que pueda trabajar para nosotros! ¡Por dinero lo harán, ya se encontrará! En New York, hay gente en la Bolsa que nos recibe dinero de Colombia y Chile.

-          ¡Está bien! Buscaré y les haré saber pronto! No se sorprendan si no son paisanos míos, por guita hay gente que vende el cuerpo al demonio, diría mi abuela.

-          Les pido, que no se preocupen por el problema de las armas… Desde Perú, entrarán armas muy modernas de fabricación Rusa. Ya nuestra gente, ha logrado entrar en forma clandestina armas en el puerto de Lío en el departamento de Moquegua en Perú. Desde allí tratarán de pasarla por Bolivia a nuestro país.  Los sedero han trabajado bien, este mes han mandado mucha gente al destino final. Como a 700 tipos. Nos vienen ganando.

-          ¡“Músico”, necesitamos un trabajo de diez bombas de alto poder, pero armada en pequeños objetos, de uso cotidiano! Con Jael, las armás y nos deberás entregar de a dos, para que se las ubique en lugares estratégicos.

-          ¿Pero dónde las haremos y con qué?

-          ¡Por favor “Jael”, acá esta el mejor material explosivo del país!

-          Bueno, cuando el “Músico” nos traiga la  “dinamita”, la iremos haciendo estallar en subterráneos, cines, en la comisaría Central de la policía, en alguna oficina  del Ejercito, y de la Fuerza Aérea, en fin ya se irán haciendo las entregas.

-          ¿Dinamita? ¡Qué antigüedad! ¡Hemos conseguido una pasta plástica de enorme poder! T.N.T. que ha llegado de Europa del este por Paraguay y otra mezcla descomunal, dicen que es Checa.

-          ¿Bueno quiero que me digan cómo está el proceso de la Delfina Dacosta?  Mara, te la dejamos a tu cargo.

-          “Teniente Dolo” acá está la grabación, que dejó impresa el contacto “Clave Cruz Verde”.

-          Ponga la grabación.

 

Jefe: Hoy recibí el paquete. Está en graves condiciones. Así no sirve para nada. Haré todo lo que pueda  para lograr dejarlo buen estado. Estoy dentro del área  “C”, sólo cuando esté listo me comunicaré por este mismo medio. Si la mercancía, que está muy complicada, se destruye: la haré desaparecer. Cualquier aviso, lo ponen en la radio, como está  establecido en la clave 14 “A”.

                                          Cruz Verde

 

            Luego de oír la grabación, miran a la guerrillera que pálida espera, la ocasión de explicar su parte.

-          Jefe, yo cumplí en parte la orden, pero ya estaba a punto de ser descubierta. Dejé de ir. La mujer esa está con una infección en una pierna cercana a la septicemia.

-          ¡Según el camarada: ¡Está grave de muerte! No sólo con fiebre y deshidratada. Sino que fibrila y un pulmón colapsado por la infección, se deterioraba rápidamente.

-          Camarada era responsabilidad suya, debía estar bien para el juicio… ¿Qué haremos ahora?

-          Yo tengo una foto y una carta que ella escribió en noviembre…! Se le puede mandar al hombre…! Al marido.

-          Muéstranos la foto…

Al ver la triste figura, se sintieron enojados, no serviría para un juicio, era peor que el Mayor Argentino del Valle Larrabure al que habían tenido en una tumba de tierra por casi dos año atado con alambre y muerto en momentos de acoso del ejército enemigo. La Delfina Dacosta parecía un despojo humano.

 -  ¿Tendremos que hacer lo mismo con la mujer?

La mirada de los compañeros fue significativa. No se podía exponer una operación sin pedir ayuda en caso de acoso del enemigo. La organización tenía claves bien establecidas y la obediencia era imprescindible.

Pospondremos, momentáneamente el castigo a la Camarada Mara. Hay tareas impostergables.

-          Ya hablaremos dijo el jefe con terrible ira contenida.

La Mara ardía de furia atrapada en sus propios infiernos. Tal vez si se hubiera dedicado a seducir una buena hembra, hoy sería feliz.  Pero la vida la había atrapado en un conflicto demoníaco; su naturaleza soberbia, el odio, la justicia que soñaba, le hacían abrigar un sentimiento de rebeldía muy oscuro, tanto como sus ojos negros.