Ya nada será igual
Como la lluvia improvisa su baile en la pradera
Ha venido un vendaval de incógnito a la tierra
Un grito feroz
Un desgarrado furor
Una desgracia
Que aterra la frente y los pulmones del hombre
Cunde el hambre
Se cierran con heridas malolientes las veredas
No hay voces ni cánticos de niños
Y retorna como un viento atrevido y mortal
Mortal, he dicho.
Tan trágico el partir de cada transeúnte
De cada alma olvidada.
Solos, en total soledad de invierno
Sin solsticios que frenen su impostura de odio
Sin mengua,
Sin piedad.
Una peste cuyo caballo sin freno arremete en el aire.
Como pájaro agorero de la muerte.
Y el tiempo…
Sin gloria ni descanso despliega su espada
Con un hálito bastardo sigue embistiendo el cuerpo
Hombres solos y quietos.
La peste.
Otra peste.
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