En
el centro de "El Dormido", pueblo progresista y tranquilo a orillas
casi del río, los habitantes respiraban ese aire de serena paz propia de las
ciudades donde todos se conocen y se respetan. Pero hay que reconocer que se
aburrían como estatuas de un parque de provincia, como palenque en la capital o
como semáforo descompuesto en medio de la ruta.
Puedo
contar eso sí, que allí había gente interesante como Rosalía Ramos...que tanto
observar con una lupa grande los insectos de los jardines y parques, se quedó
bizca y veía todo doble...las mariposas, las libélulas y otros bichitos
innombrables por tener nombres requete difíciles.O también a Hildegunda Mora,
que sufría de una extraña manía...perseguir las nubes para ponerle nombre y
adivinar el futuro según las formas.Nunca pudo adivinar nada porque
constantemente se deformaban y se transformaban en otra cosa. Ella siempre
decía que algún día todos los "dormilones" reconocerían su habilidad.
Luego recuerdo a Teocleta Vicci, que coleccionaba figuritas de animales y llegó
a tener tantas que le tuvieron que construir un galpón para guardarlas. Luego
se transformó en museo y todos los chicos y grandes iban a distraerse con las
figuritasde Teocleta.
¡
Pero la más curiosa de todas las muchachas era Camucha Sabaneti...ella sí se
incorporaba tanto y se agrandaba tanto para cureosear, que comenzó a inflarse,
inflarse y llegó un momento que su papá le ató una cuerda fuerte de la pierna
izquierda, ya no tenía cintura, para que no se la llevara el viento o se fuera
con las nubes o se desinflara con la lluvia.¡ Ni contarles cuando comenzó a
pasar por la estación de trenes del pueblo, el tren de Rosario a Buenos Aires,
donde las pasajeras y pasajeros usaban toda clase de ropa distinta y de moda.
Los sombreros de las damas eran el delirio de Camucha. Allá arriba sobrevolando
la ciudad espiaba a cada señora para ver su sombrero: con plumas, con frutas,
con moños ...en fin, todos eran distintos y ella gozaba mirándolos y de vez en
cuando, cuando podía bajar, los copiaba e iba a pasear muy paqueta con un
sombrero diferente y exótico. ¡ Un día sucedió algo inesperado...Camucha se
enredó en la figura ecuestre del muy afamado General Don Toribio Tamaño del
Corral, el único general que nunca pudo desembainar su espada. Primero porque
en vez de aceitársela el ayudante, se equivocó y le puso pegamento dejándosela
pegada para siempre y en segundo lugar, porque nunca encontró un enemigo contra
el cual pelearse. Nadie puede decir por eso que no fue el hombre más preclaro
de ese pueblo. Así tuvo su estatua de bronce en medio de la plaza y, allí se
quedó enredada, que digo...enmarañada la pobre Camucha.
Inmediatamente
el intendente llamó a Sigfrido Tormenta, enamorado secretamente de Camucha, que
tenía la escalera más alta del pueblo. Él, trepó con entusiasmo increible y
abrazando a la muchacha trató de bajarla. Gracias a que se pinchó con el
afilado bigote del general de bronce, ella se transformó en
Un
romance delicioso se manifestó entre Sigfrido, el bombero y Camucha, la curiosa
sombrerera. Ahora, después de casarse, pasean del brazo por el andén del
ferrocarril y se sientan en los amplios bancos a esperar el paso del tren a
Buenos Aires, para ver a las lindas muchachas con hermosos sombreros que se
detienen en pueblo Dormido, para saludar.
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