lunes, 4 de mayo de 2026

UN PUEBLO TRANQUILO SE VE INVADIDO...

           

                        En el centro de "El Dormido", pueblo progresista y tranquilo a orillas casi del río, los habitantes respiraban ese aire de serena paz propia de las ciudades donde todos se conocen y se respetan. Pero hay que reconocer que se aburrían como estatuas de un parque de provincia, como palenque en la capital o como semáforo descompuesto en medio de la ruta.

                        Puedo contar eso sí, que allí había gente interesante como Rosalía Ramos...que tanto observar con una lupa grande los insectos de los jardines y parques, se quedó bizca y veía todo doble...las mariposas, las libélulas y otros bichitos innombrables por tener nombres requete difíciles.O también a Hildegunda Mora, que sufría de una extraña manía...perseguir las nubes para ponerle nombre y adivinar el futuro según las formas.Nunca pudo adivinar nada porque constantemente se deformaban y se transformaban en otra cosa. Ella siempre decía que algún día todos los "dormilones" reconocerían su habilidad. Luego recuerdo a Teocleta Vicci, que coleccionaba figuritas de animales y llegó a tener tantas que le tuvieron que construir un galpón para guardarlas. Luego se transformó en museo y todos los chicos y grandes iban a distraerse con las figuritasde Teocleta.

            ¡ Pero la más curiosa de todas las muchachas era Camucha Sabaneti...ella sí se incorporaba tanto y se agrandaba tanto para cureosear, que comenzó a inflarse, inflarse y llegó un momento que su papá le ató una cuerda fuerte de la pierna izquierda, ya no tenía cintura, para que no se la llevara el viento o se fuera con las nubes o se desinflara con la lluvia.¡ Ni contarles cuando comenzó a pasar por la estación de trenes del pueblo, el tren de Rosario a Buenos Aires, donde las pasajeras y pasajeros usaban toda clase de ropa distinta y de moda. Los sombreros de las damas eran el delirio de Camucha. Allá arriba sobrevolando la ciudad espiaba a cada señora para ver su sombrero: con plumas, con frutas, con moños ...en fin, todos eran distintos y ella gozaba mirándolos y de vez en cuando, cuando podía bajar, los copiaba e iba a pasear muy paqueta con un sombrero diferente y exótico. ¡ Un día sucedió algo inesperado...Camucha se enredó en la figura ecuestre del muy afamado General Don Toribio Tamaño del Corral, el único general que nunca pudo desembainar su espada. Primero porque en vez de aceitársela el ayudante, se equivocó y le puso pegamento dejándosela pegada para siempre y en segundo lugar, porque nunca encontró un enemigo contra el cual pelearse. Nadie puede decir por eso que no fue el hombre más preclaro de ese pueblo. Así tuvo su estatua de bronce en medio de la plaza y, allí se quedó enredada, que digo...enmarañada la pobre Camucha.

                                   Inmediatamente el intendente llamó a Sigfrido Tormenta, enamorado secretamente de Camucha, que tenía la escalera más alta del pueblo. Él, trepó con entusiasmo increible y abrazando a la muchacha trató de bajarla. Gracias a que se pinchó con el afilado bigote del general de bronce, ella se transformó en la Camucha que había sido antes. Alta, flaca y normal.

                                   Un romance delicioso se manifestó entre Sigfrido, el bombero y Camucha, la curiosa sombrerera. Ahora, después de casarse, pasean del brazo por el andén del ferrocarril y se sientan en los amplios bancos a esperar el paso del tren a Buenos Aires, para ver a las lindas muchachas con hermosos sombreros que se detienen en pueblo Dormido, para saludar. 

                                                           

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