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martes, 2 de junio de 2020

CAFÉ TORTONI




Entré a un paraíso
Entré al Tortoni
En cada mesa presentí a un poeta.
¡Allí parece que “Manucho Mujica Lainez” escribe!
¡En aquella mesa está Borges!
No creo que ronden por acá tantos poetas.
Fantasmas que sonríen a mi paso…
¡Sueño con la poesía de la Storni,
Sólo sueño con una sinfonía de palabras bellas!
Tal vez el murmullo se eleva buscándolos a “ellos”.
Los poetas de entonces, los inolvidables,
Los genios que involucran la palabra a la vida callejera.
Al tiempo inexorable, que huye.
El Tortoni, se adormece a la madrugada
Y los espíritus vuelven a rodear las mesas
Y sobre el mármol de las viejas tablas
En un papel en blanco, con pluma cucharita y tinta,
Escriben sueños, tangos y las historias tristes
Del Buenos Aires antiguo y musical.
Entré como una espía. Entré al Tortoni.

lunes, 6 de enero de 2020

MOLE DE PIEDRA




Alguna vez
Fui arcilla adorada por un dios de piedra.
Otra
Fui esculpida en oro blando como lluvia.
Fui fría tal una diosa agreste y taciturna.
Con olor a sombra y cascada en mi sonido.
Con sabor indefinido a magia verde.
Cuando el roce gélido sea agresivo,
mi piel pondrá el zumbido de citros y cascabeles de plata
en los oídos.
El gris me vestirá los pies descalzos
El pasado emitirá suspiros
Caminaré por la ruta misteriosa del olvido.
Mole de piedra, seré.
Alas de esmeralda crecerán luego
y volaré como un ave en la aurora.


miércoles, 20 de noviembre de 2019

LAS FLORES DE MI JARDÍN EN LA MONTAÑA

 PEONÍAS ROJAS QUE CULTIVO EN VARIOS COLORES: BLANCO, ROSA, MORADO, FUXIA Y QUE HE HEREDADO DE MIS ABUELOS PATERNOS.
 FLOR DE bRUCUYÀ O PASIONARIA, QUE POR EL CALOR Y FALTA DE AGUA MUERE RÁPIDO.
 PEONÍAS COLOR ROSA FUERTE QUE ESTÁ BAJO EL SOL DE LA MAÑANA.
MIS POBRES TLIPANES TERMINANDO SU VIDA HERMOSA.

martes, 24 de septiembre de 2019

SABÍAMOS



Sabíamos los dos
qué pasaba junto a nuestra casa
los sueños huyendo sin destino
y nuestras manos  despertaron ocupadas de soledad
sin guijarros de turquesa  o malaquita.

Sabíamos que las violetas estaban mustias.

Su perfume era la huella del pálido amor que nos ataba
en racimos de uvas frescas.

El vino cae en los toneles con perfume todavía.
Tú, aún lo sabes. Bebo vino tinto en copa de plata
sobre tu pecho pálido      cada mañana
gota a gota, en cada lágrima de besos.


viernes, 20 de septiembre de 2019

TAL VEZ EL DESTINO QUISO…



            Mi avión había aterrizado sobre la pista helada. Los flaps se desperezaban en la fría mañana cuando anunciaron que el vuelo no continuaría hasta el día siguiente. Problemas de tránsito aéreo.
            Protestas, quejas y hasta llanto en algunos pasajeros ansiosos. Frankfurt era mi destino y el de muchos otros. Pero allí nos quedábamos por una noche. Apenas entramos a la manga, unos jóvenes exquisitos nos entregaban los “tikets” de comida y hotel, para esa etapa impensada. El transporte estaba allí regulando motores para que no se congelara  el gas oil. -22º a esa hora impedía hablar.
            -¡Qué clima asqueroso tiene París! – despotricó un yanqui. Lo miré indiferente. Con el efecto invernadero, en todas las regiones del planeta hay problemas climáticos, pensé. Seguí mi camino hasta llegar al bus que nos esperaba. Un africano al volante sonreía más por el frío que por alegría. ¿Pensará en su tierra natal con 50º sobre un desierto inhóspito? Con sólo mi mochila por equipaje, me acodé en la barandilla observando a los que me rodeaban  e imaginé la vida de cada uno como distracción. Odio la soledad de los viajes de trabajo.
            Luego de atravesar la zona del aeropuerto y dejar atrás los suburbios, el bus subió a la autopista. La bruma me impedía visualizar París.
            Nos detuvimos en un hotel de segunda categoría. Parecía pasable. Me alojé en una habitación pequeña. Ya solo, atiné a mirar por la ventana. Un extraño paisaje se inmiscuyó en mi vista. Desde la pequeña ventana se podía observar un túnel, en una autopista secundaria.
            La velocidad de los vehículos le infundía vida. Parecía un carrusel de luces que iban y venían como el tiovivo de un parque de diversiones. Me detuve a ver los enormes tensores de acero que sostenían las columnas y parte del puente de ingreso.
            Dejé de mirar para acomodar mi pequeño equipaje. Sentí un chirrido. Un grito. Un estruendo. Desde el pequeño recuadro pude ver humo. Como médico que soy, salté y corrí escaleras abajo. Atravesé la recepción del hotel y quedé frente a una verdadera lujuria de autos con sus cláxones y luces que  se detenían frente al derrame de petróleo de un vehículo, que volcado comenzaba a incendiarse.
            Frente a mí un cuerpo cobijado en sangre tibia sollozaba. Con pudor me identifiqué. Un policía me permitió acercar a regañadientes. De rodillas tomé el pulso de la joven cuya belleza había escapado con la misma velocidad del estruendoso destino. La oscuridad de su fatalidad me dejó más helado que el aire helado que me atenazaba el rostro. Yo temblaba. Frío. Hacía mucho frío. Me mordí los labios cuando limpiándole el rostro reconocí a la hermosa modelo Aleida Irazú. Actriz famosa por su belleza y talento. Yacía ahí, moribunda. Me tomó el rostro con sus manitas finamente manicurazas. Tenía varias uñas rotas y el carmín competía con la sangre. Acercó mis labios a los de ella y dándome un besó inesperado cerró los ojos. Así penetró en la distancia y oscuridad del túnel.
            Una suave nevisca deslizó su pena sobre ese pequeño espacio de París. Eran apenas las 18,30 horas. En mi lejano país del tercer mundo, tan sólo se hablaría de ella y la tragedia. Sobre las piedras un palomo arrulló a una palomita blanca acurrucada junto al bolso de piel violeta de la muchacha.

sábado, 30 de marzo de 2019

NOSTALGIA




Y la ternura ... y el amor....
Sueño. Sueño y extremo mi esperanza.
¡Oh locura... amiga de  mis noches!
Esas palabras que llenan de alegría el alma
Que ciega busca en la madrugada el trino del ave
Como melancolía afiatada de Bach o Vivaldi.
Ahora estaré acá muy quieta.
Tú vendrás a mi lugar de ensueño.
Me  mostrarás el horizonte y me treparé a la nostalgia.



lunes, 27 de agosto de 2018

INQUIETUD.





¡Acaso, en esta noche te he soñado despierta!

¡Mutilado el espanto, agitado el aliento!

¡Tu rostro bello y noble, tu cuerpo y mi conciencia!

¿Acaso en esta noche te he deseado en mi lecho?

La esperanza soñada y la moral dormida.

¡Pensando en tu sonrisa, abrasada en tu fuego!

No puedo, yo amarte como una virgen quieta.

¡He gritado tu nombre y he soñado tus besos!

Acaso es necesario, y mejor que ya duerma.



martes, 24 de julio de 2018

ENTREVISTA



                                                                                              
            ¡Aunque usted no me crea, yo lo vi con mis propios ojos! Estaba en el café de “La Puerta Del Sol” en Madrid y pasó cerca de mí. Vestía un impermeable azul gastado, un chambergo de fieltro negro con una cinta roja y zapatos de cuero, sucios y feos. ¡No parecía el hombre que yo conocí en Buenos Aires!
            Cuando salió del sur, parecía que se llevaba el mundo debajo del abrigo. Era un “Fifí” de esos que en la calle Alvear se paseaban como galanes de cine de los cincuenta. Alto, si, más o menos un metro ochenta y tantos, el cabello engominado que brillaba con el sol y la humedad a él, no se le notaba. ¡Era un perfecto ganador! Pero no.
            Mientras se mezclaba con algunos fulanos de la Suprema Corte o con diputados y senadores, era un “capo”. Hasta que cambió el gobierno y salió huyendo como rata. ¡Pobre!  
            Yo supe por amigos comunes que primero intentó ir a México, pero no le fue bien. Sus charlas y conferencias no estaban acorde con los intereses de aquel maravilloso pueblo, luego fue a Francia… menos y como no domina el idioma fue peor.
            Recuerdo cuando en el “Cervantes” se anunciaban sus charlas literarias. Eran un gentío que se agolpaba en las puertas para conseguir el mejor lugar para verlo, admirarlo y escuchar su nueva idea de lo que proponía en sus novelas. Vendía miles de libros. No se si era tan buen escritor pero su presencia hacía el resto. Ahora es un tipo común.
            Pensar que ni siquiera me dirigía la palabra cuando iba con el micrófono y ahora, cuando pasó se dio vuelta y se acercó con cara de afligido y me preguntó si yo, era yo. Es decir el mismo periodista que antes no era recibido. Le contesté que sí, que era yo y que lo estaba buscando para hacerle una entrevista. Se le cambió la cara, resplandeció como allá en la gran ciudad. No era cierto, pero cuando uno pone el corazón puede ayudar a dar ánimo.
            Le hice un reportaje que fue muy exitoso y ahora ya lo vieras, es otro. Me alegro porque cuando uno está en la mala, que te tiren un salvavidas es muy valioso. Ahora me despido y te digo, si te lo llegás a encontrar, como al pasar decile:- Ché, Osvaldo, el “Gordo Fernández” de la tele te anda buscando para hacerte una entrevista.- ¡Total, si vuelve no nos va a dar ni cinco de pelota!

miércoles, 11 de julio de 2018

EL LETRADO




            Alejandro había pasado por la universidad sin pena ni gloria. Un alumno del montón que había conseguido el título de Licenciado en Leyes por astuto y persistente.
            Era bastante parco, miedoso y tartamudeaba cuando se ponía nervioso. No quiero contar cuando estaba frente a una mesa de exámenes, con tres o cuatro profesores de esos que te miran como si el que tienen adelante es una cucaracha. ¡Y hay que  pisarla! Pero sin embargo lo logró. Con sus miedos y prejuicios cumplió secretamente el anhelo de Bettiana, su eterna enamorada que creyó que con el famoso diploma se venía el casamiento. Se equivocó. Alejandro envalentonado, se marchó a un pueblo del interior para ser el “doctor en Leyes” y hacer política.
            Había comprado un auto usado y alquiló una casita donde colgó un cartel que anunciaba su condición de Abogado especialista en toda clase de temas. Llovieron pequeños productores que el banco regional quería rematar, algunos vendedores que pasaban por ahí y dejaban hijos producto de adulterio y que les obligaban las mujeres a pagar su cuota de alimentos y problemas de arrendatarios y dueños que se entreveraban en deudas eternas para cobrar. Todo dependía de si había buenas cosechas o si la siembra era escasa o mala. Ni hablar de los campos anegados y los vientres de los animales nulos.
            De vez en cuando recibía una carta de Bettiana que le reclamaba la promesa hecha el día que se recibieron en el secundario: “Lo primero que hago si me recibo es casarme con vos y llevarte a Europa de luna de miel”. Ni loco la traía a ese pueblo de morondanga. Y llevarla a viajar. ¿Con qué? Si la mitad de los trabajos que hacía se lo pagaban con un cordero o con un cheque que no lograba cobrar por meses. ¡Comer comía bien, ya que por ser un “ilustre” en el pueblo, lo invitaban a todos los acontecimientos del lugar: casamientos, bautismos y fiestas familiares! Se hizo amigo del médico, otro zopenco como él, que no daba a basto con la clientela.
            Y un día ocurrió. Vino al estudio una mujer que rompía las paredes… era casada y quería el divorcio. Allí, en el mismo sillón de cuero verde, se puso a llorar mientras mostraba unas piernas dignas de una modelo. Rubia, (teñida) con labios gruesos y con mohines de niña que lo dejaron patas para arriba. Unas “gomas” que marcaban hoyuelos en la blusa y la pollera corta que al sentarse, mostraba el muslo gozoso. Cayó rendido a sus pies, prometiéndole que en un corto tiempo era divorciada. Ella le aclaró que no tenía como pagarle y él, generoso, le dijo: Querida ya veremos, dejemos eso para más adelante. Y así fue ella se divorció y pagó. En el modesto hotel del pueblo le pagó con unos amores inolvidables.
            Ella, se quedó con un campo de trece mil hectáreas y de pronto Alejandro, abogado, dejó el estudio y se dedicó a trabajar el campo. Dicen que Bettiana sigue esperando. Y él es un rico hacendado con miles de pesos en el banco. ¡Ah, el zopenco, hizo algo parecido, se casó con la prima de la mujer y tiene otro campo lindero en el que cría ganado Holando-Argentino que exporta al exterior.
            ¡Hay que tener cuidado con los letrados!
           

LA BIBLIOTECARIA




            Buscaba unas cartas que según el profesor Ostugni, eran de un amigo de Urquiza. No le quedaban anaqueles ni bibliotecas sin revisar. Si no terminaba la tesina, no le daban la licenciatura y hoy sin ese papel no sos nada. Nadie. Ser Licenciado es más importante que ser doctor.
            La profesora Paloma Bianco, le había desplegado un índice de libros donde podía encontrar material, pero los inútiles empleados que como buenos burócratas estaban a cargo de los libros, nunca encontraban nada. Y cada vez lo trataban peor.
            Le quedaba la biblioteca del Senado. Ahí, le dijeron que debía haber cartas de esa época. ¡Por suerte había una joven inteligente que lo atendió y lo ayudó! Buscó en la computadora y se subió por una escalera móvil que iba y venía de anaquel en anaquel con libros súper antiguos.
            Acá está dijo ella, el libro que busca está acá. Sacó con sus guantes de algodón blanco un ejemplar forrado en cuero negro con letras doradas. Lo bajó con cuidado y lo depositó sobre un atril de madera. ¡Perdón, pero sin guantes no! Sabe que evitamos la contaminación para que se puedan mantener en condiciones. Y así ella sacó de un cajón un para de guantes y comenzaron a analizar el índice. Era glorioso lo que había en ese tomo. Él, comenzó a copiar con su letra minúscula y no terminaba nunca. Ella nerviosa miraba el reloj. Se le hacía tarde para ir a la facultad.
            Tuvo que salir e irse a casa. A la mañana siguiente, regresó. ¡Sorpresa la hermosa joven no estaba y el tomo tampoco!
            Walter pidió el libro de quejas. El tipo lo miró con odio. Recibió el libro ajado y viejo, como un féretro lo tiró sobre el mostrador, dejando una estela de polvo en el aire tal que parecían copos de nieve color amarillo, ocre y marrón, que volaban libres por el recinto. El ruido de su queja atrajo a varios empleados que juraron que en la biblioteca del senado Nunca había habido una joven empleada como bibliotecaria.

viernes, 26 de enero de 2018

MI CABAÑA EN MENDOZA A 2300 MTS. SOBRE EL MAR

 INVIERNO... LA NIEVE CUBRE TODO. -10 GRADOS.
 ENERO EN LA CABAÑA, LOS ROSALES A MIL.
UNA VISTA DE LA CABAÑA EN PRIMAVERA.

jueves, 19 de octubre de 2017

MIEDO

Me precipito en mi miedo alucinada.
Apestan  mis manos  que en el lecho de ostras primitivas,
petrifican los sueños otrora amigables.
Trasiega en mi morada frutal la peregrina estrella amorosa.
Dolor, apesta tu nombre sostenido entre los dedos firme de la nieve.
Se derrite al calor sofocante de la noche.
Duermo y al despertar está el jardín florecido de jazmines.
Los sueños me apedrean con perfume de incienso y sal marina.
Ahora espero y la melodía temprana de las aves,
distraen la tristeza y trastocan lo triste en maravilla.
Un ángel ha dejado caer una suave pluma sobre mi hombro
a lo lejos veo como corre un ciervo en la maraña.
La esfera dio vuelta en un acribillar de minuteros
dándome un alfiler de acero que deja caer una gota de sangre en mi almohada.

  

miércoles, 11 de octubre de 2017

HERMANAS

Era una melodía antigua. Llenaba el gran salón de la casa familiar. Allí se acomodaban como panes tibios los recuerdos de la juventud de Rosaura. Era una de esas tardes espiraladas de ensueños. El perfume inconfundible de la humedad de los cortinados de seda pesada como la memoria, se enroscaban en su interior creando un laberinto de música secreta. Volvió en mudo despertar a la edad del amor incontenible. Recordaba la figura perfecta del muchacho que llenaba su interioridad. Era un joven macho, lleno de fuerza y misterio. Era él, su enamorado inalcanzable. Casado con su hermana Matilde, era el ser más imposible para su pasión adolescente.
                        El piano era el lazo frecuente para su acercamiento amoroso. Juntos solían sentarse orillando teclado con ágiles y febriles movimientos. Chopin era el favorito. Jugaban con la mágica filigrana de las notas. Allí podía expresarse en únicos momentos. Él apenas la miraba pero igual compartía un diálogo íntimo y alegre. Él nunca conocería  su amor.
                        Matilde, su hermana mayor, se reía con la ingenuidad de quien nunca desconfía de la sangre. Matilde inusitada enemiga. Dulce y amada Matilde. ¡Era su querida hermana! Él, apasionado como pocos, adoraba ese rostro, esas manos y ese cuerpo que vivía deformado por eternas maternidades. Matilde era la madre perfecta, la esposa indispensable. Era noble y buena. Ella, Rosaura, en cambio era arisca e innoble. Con sus quince años... recontaba los minutos y desafiaba al cuñado en el piano. Era su reto. La vida y su futuro.
                        El tiempo, escoria del destino... la dejó sola e inerte. El corazón vacío. No pudo amar a otro. Sus recuerdos la enroscaban a la historia de su vida. Los recuerdos... la bandada gris, iba colmando el cielo de su mente. Ya tenía casi ochenta y ni él, ni ella lo sabrían... ya no estaban. La canción perduraba en la memoria inesperada. El sol se iba alejando entre los cristales y los viejos cortinados cenicientos. Sus ojos se cerraban lentamente y él entró en la sala, caminando directo hacia el piano, le tomó la mano y la invitó a tocar junto a su cuerpo extrañamente joven. Matilde observaba desde el sillón favorito, con una tenue sonrisa. La sonata de Chopin... desgranaba sus notas como una cascada de agua plateada y cometas. Se alejaba... se alejaban.

                                   

lunes, 2 de octubre de 2017

UN POEMA MÁS

REBELDÍA EN MAYO

Las violetas aun no florecen y es el final de mayo.

Los nardos inmutables no entregan su bello aroma dulzón.

La distancia despierta el silencio de la cámara oscura.

El llanto escapa conmovido en la espera, el laberinto etéreo

se deshilacha en lamentos verdes sin esperanza.

Tu memoria anula los albores soleados que intentan abrazarme.

La nostalgia es como una espina que penetra la carne dolorida.

La mirada de ojos secos no encuentra otro camino. Ciega

cual ave que peregrina en la noche de tu historia breve.

La calle empedrada de látigos y palabras quejumbrosas

derrama pisadas inútiles que buscan la azarosa mano quieta.

¿Qué resta de tu risa y las charadas juveniles en el nido seco?

Nada falta, nada queda. Tu piel azulada y suave debe estallar

en la triste oscuridad de tu sepulcro. Cayó una rosa blanca

sobre la almohada de mi dolor infinito y expectante. Rezo.





NUEVÍSIMO...


MI FE

Ni una lágrima menos caerá en mi cintura.
Descubriré con rabia mi estupor en los párpados
Buscaré la Verdad, aun escondida en mi interior
La Vida que se oculta en mis venas abiertas
La Muerte que merodea en las esquinas de mi lecho
Esperando que un suspiro corte el hilo sagrado
La esperanza. La Luz infinita de mi ruego.
Sabré que persiste un mañana milagroso en la espera.

Vomitaré el desprecio de mi flaco temor a la noche sombría.
Seré hábil revoloteando en los valles de antaño
Donde espera el ángel deslumbrando a la muerte
A la triste mendiga que me busca en el ocaso gris
Arañando el perfil de mi rostro avejentado y ávido
Arañando los brazos que sostienen papeles escritos
Con mis versos estériles y las manos prietas de peonías.
Hay grietas en mi alma, penetrará la luz por sus holguras.

La Fe que espera en cada noche de velar en las sábanas
Con el corazón tibio y los labios húmedos de lágrimas.
Una coraza de flores y madrugadas escarlatas me cuidan
Una antorcha azul grana ilumina el camino allí frente a mí.
Una música de cítaras y arpas me acompañan sin fatiga
Un desfile de niñas plañideras me toman de la mano
Me llevan al espacio celeste de la suerte. Juegan.

No me aprieta la duda del real paraíso en espera.

Allí estará la Luz. La Verdad y la Vida verdadera.

viernes, 22 de septiembre de 2017

POESÍA, ¿QUE HA MUERTO? ¡NO!

Nostalgia

Hoy quiero darte...

Pequeña ciudad adormecida,
una nueva letanía de  geranios y malvones.
A cada paso...
voy descubriendo los rebordes de tus calles,
que se abren , como fraguas,candentes y pulidas.
¡Para mis ojos, que buscan,
eres la misma estirpe natal de la hermosura!

Soy altanera; cuando cruzo mis palabras,
en alabanzas de tus cielos azules y calientes de Enero.
¡Ah tus árboles viejos y sombreantes alamedas!

Deseo pasear de tu mano pétrea y nostálgica.
¡Mendoza añosa, yo me rindo, cuando me pierdo ,
en mis sueños!  Mendoza madre.
¡Quién conoce tu vientre, descubre, que generas estrellas!
...¡Más que hijos, tus terrones blancuzcos,
poseen primaveras...!
¡Qué avidez de flores, tienen tus entrañas, ariscas!
¡Como impávida amazona , te cabalgo y te beso,
dando vueltas y vueltas, con mis alas de ensueños!
Yo recorro tus valles de manzanas y peras,
pasto seco y jarillas, alucema  y membrillos;
que duplican la espera, de éstas  mis ansias regias.

Los pájaros, los agoreros, aletean feroces
mientras pierdo mis pies , en largas caminatas.
Solitaria ciudad, que duermes largas siestas,
en cansados  domingos, en feriados  y fiestas.
¿Yo qué espero de tí? ¡Ni conoces mi nombre!
¡Soy la parte más inédita, de tu arte y tus nostalgias!

Soy como tus pequeñas  mañanas invernales,
que se estiran gozosas entre brazos adormilados,
para quitarle al sol, sus sobrios oros viejos,
el calor de la vida ,los Zondas y temblores.
Yo quiero acaparar , tu sorpresa y tus noches..
¡Quiero ser tu nostalgia y cantarte en mis voces!




Mendoza--Enero de 1983

A VECES ME INSPIRO EN LOS NATIVOS

                        
            Los recuerdos embellecen mi vida pero sólo el olvido me la hace posible.
                                                          
                                               LA MOMIA  INDÍGENA.

                        La ciudad parecía una hornalla encendida. Mis pies se pegaban al piso al transponer los adoquines. Cada edificio era un gigante hambriento devorando seres humanos casi muertos por calor y cansancio. El portal del museo me pareció un refugio.    Allí el calor estaba erradicado tras los enormes refrigeradores que mantenían un clima fresco. Todo el material debía ser protegido para su preservación. Ingresé como sonámbula. Sentí que un fresco restaurador me ingresaba por la piel y me reconfortaba. El elevador me llevó hasta la sala de las momias. Aún estaba en acondicionamiento la recién encontrada en Inti Nasta. Me detuve a mirar el prieto color tabaco de la piel reseca. Era una mujer muy joven. Casi una niña. Vendada con fina tiras de lana de vicuña y alpaca. Su rostro tenía el rictus amargo del sufrimiento. Me coloqué la ropa especial reglamentaria y los guantes de latex y comencé a levantar con delicado esfuerzo una a una las capas de vendas. Encontré una pequeña llama de oro. ¡Era hermosa en su simpleza! Seguí hurgando entre hiervas resecas que se desintegraban para mi horror. También encontré semillas milenarias. Las coloqué en pequeñas vasijas de barro que rodearon durante tiempo inmemorial a la doncella. Llegué hasta su cabello. Una larga trenza de pelo renegrido coronado de plumitas carmesíes, y de oro. Era primoroso el collar de turquesa y malaquita. Me quedé contemplando su rostro triste. ¡Cuánto dolor había en su cara ennegrecida por la muerte! No pude continuar. Me detuve y le hablé sin palabras. Mi mente vagó por su mundo misterioso... ¡ Pequeña reina...por qué tú, por qué los hombres dispusieron esta muerte tan trágica y maligna? ¿ Quién dispuso tu destino tan aciago? ¿ Dónde estará hoy tu alma intangible? Una lágrima cayó desde mis ojos y rodó sobre el rostro tumefacto. Parecía llorar la pobre niña...Tal vez en mis lágrimas su rostro repetía su letanía de penas olvidadas.
            Me quedé un rato quieta y volví al trabajo. Con amor infinito llegué a su cuerpo y a su manta. Allí entre sus brazos aquietados... había un niño. Tal vez un feto. ¿ Sería su bebé? Tal vez, sólo tal vez ese era el castigo por alguna falta cometida a sus dioses ancestrales.
            ¡ Comenzó una tormenta veraniega! Rugía el cielo y restallaba en fuegos maléficos, desfigurando el espacio. Ráfagas de viento frío hacía trepidar los enormes ventanales. Ramas de árboles caían en el parque del museo. Nadie se acercaba al lugar. Parecía que el infierno se había despertado con todos sus demonios. Yo no pude sustraerme al insólito murmullo que llenaba el recinto.¡ Miedo, sentí miedo ! Me saqué los guantes y huí de la sala. La momia estaba allí con un raro reflejo y un brillo extraño en su piel apergaminada. Brillaba el oro de sus dientes. Sus joyas de piedras semi nobles parecían revivir con los rayos y centellas. El dolor parecía provocar un súbito resucitamiento. Salí corriendo de allí. Me refugié en el automóvil. En el camino un trueno con el restallar del fuego alumbró una extraña figura junto a mí. Era ella y el niño. Cerré los ojos y detuve el auto. Casi me estrello junto a unos árboles caídos en la tormenta. Tal vez la joven mujer salvó mi vida. Los recuerdos embellecen la vida pero sólo el olvido la hace posible. Hoy después de todo he descubierto que fue ese ángel protector que evitó mi muerte.


lunes, 31 de julio de 2017

ABANICOS

 COLECCION DE ABANICOS DE UN PEQUEÑO PALACIO EN ESPAÑA

MEMORIA

Era la brújula un alfanje de fuego en la distancia.
Un sueño inalcanzable en un campo de trigo despoblado
sin espejos ni sonrisas.
Inerte la luna mira el desvelo derrotado de las olas.
No hay memoria del sol.

No hay memoria.

lunes, 26 de junio de 2017

CUENTO DEL LIBRO "PECADOS CAPITALES"

LÁPIZ ROTO.
            La llegada  de  Isabella fue para todos en la oficina como una inyección de alegría y de esperanza. Una joven llena de carácter y sutilezas, ya que muy pronto conocía las fechas importantes de cada uno de los compañeros. Ella era alta pero de contextura menuda, con una piel cetrina y cabellos muy oscuro. De rostro marcadamente anguloso y ojos almendrados de un color gris azulado, que cambió de pronto en azul oscuro cuando tocada por una ira irresistible se apoderó de su mundo. En su computadora apareció una fresca mañana de primavera un extraño mensaje amenazándola de muerte. La impresión la dejó exhausta, luego de indagar en todo el "buró" y descubrir que nadie tenía idea del suceso, corrió al tocador del primer piso, encontró en los espejos escritos con lápiz labial unos mensajes de horror. Llegó el hombre de seguridad y aconsejó llamar a la policía.
            El detective Rowers, comenzó a hacer una revisión detallada y prolija del lugar, en determinado momento descubrió en un rincón un "lápiz labial roto", de una extraña marca importada. Ahí estaba el primer indicio, la persona que la amenazaba era una mujer y de buen pasar económico. sólo habían dos posibles depredadoras: una la gerente del piso 12 y la otra su compañera de oficina, hija del dueño de la empresa. ¿Cuál sería la causa de la coacción? Cuando el inspector vio entrar al nuevo gerente sospechó que para alguna de esas mujeres era un motivo válido. Logró esconderse entre el público y observar. no le cupo duda, allí estaba la culpable. un silencioso cuchillo se adentró en la carne de Isabella en el bufete. cayó silenciosamente sobre la alfombra sin poder articular un gemido. cuando Rowers pudo acercarse a la moribunda, vio que una mujer con altos tacones rojos escapaba por las escaleras y desaparecía entre las mil puertas del edificio. Ahora quedaba seguir indagando a esa mujer.