lunes, 23 de abril de 2018

ROSAS QUE ME INQUIETAN


Parada.
Sola en la acera desierta.
La calle se cae sobre mí, miro su arrogancia empedrada
Se detienen mis ojos en las alcantarillas
vuelo con la mirada acariciando el suelo.

Mejor, mejor ver una rosa que derrama silencio.
Rebeldes mis labios rozan sus pétalos
que caen hasta pulverizarse y los ojos
se estrellan en las piedras.
La calle gime y llora.

Total, sola, yo sigo caminando en la calle empedrada.
Y es otoño. Domingo y el sol
se ha desmayado entre los árboles desnudos.

MORIR VIVIENDO



                        El ojo hinchado y un desgarro en el labio. El pelo ralo y quemado. Un calor sofocante y la humedad evaporando el agua fétida  a la orilla del camino. O mejor dicho lo que fue un camino y ahora es un raro esbozo de terraplén y escombros, entre cuerpos mutilados y aves carroñeras que arrancan restos de vísceras y piel. El vestido arrebatado a tirones, apenas cubre un pequeño seno insipiente a la adolescente mujer de doce años. Majola, se arrastra con un arma colgada de lo que aun le queda de brazo. El machete troncó su antebrazo a la altura del codo. Un esparadrapo mugriento intenta esconder la mutilación. Negro de moscas, succionando la sangre apenas coagulada de la herida, el pobre envoltorio del muñón, se infecta sin tener futuro. Camina. La fiebre la hace ver visiones. Entre las matas el movimiento de seres invisibles a los ojos heridos, le inyectan algo de vida. No está sola como cree. ¡Otra vez no, por Satanás!
                        Un punto lejano, entre el polvo, le trae un feo recuerdo y fortalece el terror que anida en su pequeño cuerpo. Son ellos. Los insurgentes. Un ser tan andrajoso como ella, aparece entre la maleza del costado de la huella y la atrae hacia un hueco de barro maloliente. ¡Otra vez no!  Suplica con los restos de brazo que aun puede elevar hasta el rostro de ese ser arrinconado como ella. Se acerca un jeep con soldados del Frente Revolucionario. El repiqueteo de metralla, golpea la tierra y sube una nubecilla de polvo para cubrir su dolor. El olor a muerte cubre cada trozo de cañaveral. Cierra el ojo que aun tiene abierto. No quiere ver el rostro que la mira. Una mujer de la tribu leonesa, la cubre con lo que tiene de cuerpo. La cabellera gris, esconde una enorme herida en la cabeza. A su lado un niño muerto cubierto con moscas y alimañas que corroen su desnudez.
                        Una seña de silencio, cubre la boca desdentada para que no las descubran. Un orín tibio se cuela por sus piernas. Tiene sangre en los pies de cuando los soldados la sorprendieron en las ruinas de lo que fue una iglesia evangélica en Sierra Leona. Uno, tres, siete… no sabe cuántos la ataron y la penetraron. Eran animales feroces entre sus frágiles piernas. Los golpes que le dieron la dejaron desmallada y casi muerta. ¡Estás viva aun, Majola!  Huyó en cuanto despertó. La pesadilla fue querer arreglar la ropa y ver que ya no tenía manos. Ni brazos. Pero colgada de su hombro la metralleta arrastraba el polvo junto a su fantasmal figura. Sangre. Mucha sangre perdida. Arrancó un trozo de algo que encontró entre las ruinas y buscó humanos que la ayudaran. Encontró un puesto del gobierno. Le dieron agua y le vendaron los brazos. Se acercó un liberiano y le ofreció un diamante por sexo. Le escupió la cara y recibió otra golpiza. Esa noche escapó.
                        Ahora estaba allí, junto a esa madre. Extraña y sola. El graznido de los  buitres anuncia su festín de hartazgo. Ya no siente hambre. Apenas puede mover su lengua dentro de la rota  boca seca. La mujer que no habla su lengua, le hace señas que la siga por la senda que serpentea un curso ligero de agua. Deja al niño para que la muerte haga su obra. Hay tantos igual a él, que ya no se puede contar con la mano. Sólo le quita un mínimo cordón que lleva alrededor del cuello con una bolsa de tela embarrada y mugrienta. Sigue a la mujer. Camina, ésta, tanteando con una vara que alguna vez fue el mango de un paraguas. Resbala la niña, y cae. Hay un resto humano cubierto de pequeños gusanos. Generosos comen, dejando limpia la tierra. Sólo huesos. Al caer, su rostro, encuentra un ojo blando, acuoso aun fresco, que fue de un muchacho o una niña. Un grito se sofoca en su garganta reseca. Entre los pocos despojos, hay un brazalete de oro y un envoltorio que toma con calma. Esconde entre sus hilachas el hallazgo. Con eso comprará algo. Tal vez comida, tal vez agua… tal vez una hermosa muñeca que viera hace tiempo en su aldea. La llevaba una niña blanca en los brazos. Ella, iba con su madre y sus cinco hermanos. Todos muertos por los machetazos de los combatientes. Mira el cielo. Lloverá, piensa, hay un raro color en el aire. La mujer voltea la cabeza y se la queda mirando. Señala adelante. ¡Fuego! Majola, señala las nubes y las primeras gotas caen dadivosas sobre su piel reseca. De pronto llueve como hace tiempo no lo ven en la zona. Una verdadera cortina de agua lava las heridas, la sed agazapada en el cuerpo maltrecho de ambas. Sonriendo por primera vez, ve los ojos de la mujer que la arrastra a la deriva. Es ciega. Con algo punzante le quemaron las pupilas y ella, se abrazó a la vida igual. El frente Revolucionario Popular visitó la aldea y aquellos que vieron los robos y las muertes, fueron cegados como ella.  El espeso humo envuelve la zona y pasan dos patrullas sin verlas. ¡Salvadas nuevamente! ¿Ésto es la guerra? ¿Ésta la salvación para nosotros los africanos en Liberia o Sierra Leona? No tiene respuestas. Es sólo una niña de doce años.
                        Mientras la mujer se lava con el agua que corre sonriente en la cuneta, ella escarba en el bulto que encontró atrás, en el cadáver y se asusta mucho. ¡Diamantes con sangre! Cada uno y todos esos malditos vidrios que buscan los blancos, los hermanos  negros…arrastran la sangre de los aldeanos de ese territorio. Los deja caer uno a uno en el barro y camina tras la dama ciega.
                        Demasiada muerte. Demasiada sangre y desdicha. Por un puñado de esas feas piedras. Recuerda a su padre, ebrio, buscando en el lecho del río. Recuerda a su madre, golpeada para arrebatarle una de esas. Recuerda la vida en su aldea. Ella más pequeña, ayudando a sus hermanos a zarandear la arena, el agua y el barro. Igual a este barro con olor a excrementos y muerte. Ahora es una muerta viva, que camina.

SIN PALABRAS


Ya no me quedan palabras para editar poemas nuevos

re escribo en el margen de la lengua con la tinta
mezclada de jirones de arco iris. Con sal ardiente.
Con cenizas de papel de pentagramas.
Mi libro gira en espirales blancos
sólo humo
la boca trasnocha entre placas de mercurio
se mueve con pequeñas esferas que se pierden
en el hule tendido sobre el camino   y es la huella
el sendero cósmico
mi hoja en blanco
espera
abierta    escucha     escucho
hace frío en las letras  que escapan  asustadas
por renglones borrados   dormidos

qué nos queda
tómame en las tinieblas
transfórmame en vapor   aire   
silencio.

MUJERES MALTRATADAS



                La marta se sentó juntó a mí en el jardín de la casa de campo. Siempre tenemos ese clima de confidencia que hermanan a las mujeres. Ella criada allí en medio de los cerros y yo tan citadina como un shoping.
Los tulipanes han comenzado a abrirse. Y los narcisos como si quisieran besar el sol.  ¡Ah, mire si hasta los jacintos besan la tierra por culpa de esta lluvia inusitada y a destiempo…  húmeda del terreno de atrás!
Hoy no vino tanta gente joven. El año pasado estaba lleno. Pero como no los dejaron traer alcohol ya no quieren venir. Antes era una fiesta.
Vi muchos jóvenes en el camino de paso al poblado, sabe, creo que  es mejor, ahora hay muchas chicas que se embarazan sin cuidarse y después…
Ni me diga, si lo sabré yo, digo, porque acá nos conocemos todos. Hace muy poco se suicidó la Hortensia, la cuñada del “Tormenta”.  Dicen que la dejaron un ratito solo y cuando volvió el pelado, estaba colgando  medio de rodillas sobre la tierra. No se  pudo hacer  nada.
¿La Hortensia no es la que el año pasado perdió dos hijos?
Sí, se suicidaron igual que ella. Dicen acá en el pueblo que estaba loca.
¡Usted que cree diga, acaso una mujer al que se le van dos hijos en esa forma no se puede transtornar?
Y… visto así, claro,  lo que pasa es que acá hay mucha ignorancia. Y pobreza, a los hombres no les gusta trabajar, se sienten inferiores, como hembras, si agachan el lomo.
¡Pero es la ley de la vida! Nacemos para hacer cosas. Si no estudiamos o aprendemos un oficio…!
Acá, el trabajo lo tenemos que hacer nosotras y ni le digo como nos tratan  en la cama.
¿En la cama? ¿Quiere decir dentro del matrimonio? En la vida sexual es cuando más se nota el machismo acá y en todos lados, no crea que en la ciudad  no pasen cosas parecidas.
Pero acá. Son como animales. Yo a mi hombre le tengo mucho miedo. Me agarró desde un principio y me obligó abortar seis veces… y yo todas las noches cuando me acuesto, después de rezar, Le pido a la Vírgen que él pague por lo que me hizo hacer.
¿Lo odia o le teme? Dios no la va a juzgar por lo que él le hizo, imagínese si usted, Marta querida, hubiera tenido que criar ocho chicos… los dos que tiene son sanos y les pudo dar de lo mejor. Con ocho, ¿quién sabe?
Yo antes le tenía terror. El miedo me hacía hacer pis en la cama cuando el venía a acostarse. Después me fui acostumbrando.
¿Ahora le tiene miedo? O quisiera que…
Por lo pronto, no lo dejo que se venga a mi cama, ya tengo casi setenta años. Se imagina que un viejo de mierda sólo quiera… bueno usted sabe, ¿no? Y me insulta y dice que soy una tal por cual y que para eso me casé, pero yo no  me casé para ser sólo una…  ¿cómo dicen en la tele? Una vagina.
Yo entiendo lo que siente. ¡Nunca imaginé que sufriera tanto!
Me cierno cualquier cosa, enfermeros, medicuchos, matronas… rezo por esos pobres niños que nunca vieron el sol. Y pido que este viejo de mierda pague por cada aborto que me hizo, me obligó a hacerme. Espero que lo pague en el infierno.
¿Tiene miedo? Dios ni nadie la pueden juzgar.
Lo odio y cuando toma y lo veo querer acercarse a la cama, saco el rebenque para sacarlo a los golpes. Sí, le tengo mucho miedo y asco. ¿Sabe que si por él fuera yo tendría que  servirlo cada noche?
Usted tien edad como para tener una sexualidad feliz. Según dicen los especialistas…
Déjeme de pamplinas, son unos viejos cochinos, sólo quieren coger y chupar, de trabajar, nosotras. De mantener y educar los hijos, nosotras y bueno… tal vez la pobre mujer se suicidó por eso. ¿Quién lo puede saber?
Tal vez, pero… quédese tranquila. No se vaya llorando, hay seis ángeles que la cuidan y la esperan
Y seis diablos que lo arrastrarán al viejo al mismísimo infierno. ¡Eso espero! Hasta la semana que viene, ¡está hermoso su jardín doña, está muy lindo!  

FOTOS PARA EL RECUERDO

 ENCUENTRO INTERNACIONAL EN PANAMÁ CASA DE DIANA MORÁN. UNA DELICIA.
 HOMENAJE A LOS ESCRITORES LATINOS EN LA GOBERNACIÓN DE PANAM. ENCUENTRO DIANA MORÁN. BANDERAS DE ARGENTINA, BRASIL, CHILE Y COLOMBIA.
EN LA FERIA DEL LIBRO EN BUENOS AIRES, ARGENTINA, PRESENTANDO MI LIBRO EN EL DÍA DE MENDOZA.

SIN TI




Acababa de dejar el pequeño rectángulo de cielo que se proyectaba en la ínfima habitación. Cerró los ojos doloridos y enrojecidos de mirar hacia el infinito. La soledad le  había clavado una cruz de agujas imantadas en las pupilas. Ya no esperaba ver nada nuevo allí ni desde allí. Mordió un minuto los pequeños tubos de plástico transparente que proveían de aire y alimentos. Cerró la  mente  aislándose de esa realidad y comenzó a soñar.
Una mañana tan fresca y soleada. Él caminando por la orilla del gran lago. El sol marcando sombras tardías entre los árboles y el aire envolviendo su cuerpo con olores fuertes a menta, toronjil, romero, pasto recién segado  y una necesidad urgente de tirarse en ese prado. Las nubes tratando de desterrar el brillo, y la belleza, las nubes en guerra permanente con el espíritu fugitivo de las sombras y las luz. Recostado, la mirada hacia el lugar para ver aparecer a Nazarena con su cabello al viento transitando descalza sobre el tapiz acuático y vegetal de un piélago verdoso, y helechos, frondas de tornasolados iridiscentes, amarillos, ocres, verdes y azules increíbles en esa orilla escurridiza. Cerró la boca. ¡No quiero respirar, no tendré en mi interior herido por la pasión, el perfil de tus muslos y tu rostro o tus manos como alas de golondrinas revoloteando o sosteniéndose suspendidas entre las largas ramas de los sauces! No, no quiero respirar, porque penetra en mi conciencia el perfume salvaje de mandarina y jacintos de tu piel morena de muchacha cerril y montaraz. Hembra de tiempos inhóspitos de mi país de ensueño.
El silencio me devuelve el golpeteo de mi corazón herido. ¿Estoy dormido y sueño? Acaso el tiempo va a prenderme a la voraz lentitud de los relojes. ¿Has regresado para incorporarme a las letanías de tu legión de fantasmas y espíritus ligeros? Ya no veo. Estoy ciego y deslumbrado. El mirar eternamente en el rectángulo de mi ventanuco me ha dejado alucinado. Perdí tu beatitud en una algarabía de estampidos y ruidos Allá en la carretera hacia la ciudad de mi destierro. Hacia allí  quedó el caballo y he quedado. Sin nada ni nadie que venga a abrazar mi cuerpo muerto, mi conciencia viva que vibra, desespera por tus besos y tiernas caricias calientes. Hace un tiempo infinito que mi mente te llama y no puedes escucharme, porque estoy aquí en esta aciaga celda del averno. ¿Acaso puedes escuchar el silencio? ¿Y tú recordarás a quien rodeó tu cuerpo en  un instante de pasión amorosa para crearte ese mundo mágico de un hijo? Duermo y sueño contigo. Me despierto espiando tu sombra y no llegas a buscarme. Estoy volviendo a abrir los ojos de febril e impúdica exaltación. Algo acuoso se mueve en mi interior como una gelatina flamígera, me quema aun más que la visión desde el ángulo de la ventanilla donde mi vista se pierde. ¡Amor regreso, amor vuelvo a ti, espérame, en tu regazo místico y festivo, amor...amor mío!
                                                                                                                                                                               
         - Doctor Villafañe, el paciente de terapia se ha descompensado.
 Casi sin voz la enfermera trata de regresar al hombre.
         -¡Por Dios, hagan entrar a la muchacha...aunque esté en ese          estado... tal vez ella logre traer a paciente.



CARTA A UNA AMIGA



Querida Beba: han pasado unos días desde tu paseo a visitar a tu tía en Bs. As. Me parece que han pasado meses desde que te fuiste. Me siento más sola, tonta y fea que nunca.
Te cuento lo que pasó... se me rompieron mis zapatitos de charol. Esos que tenían pulserita que a vos te gustaban tanto. Subí la escalera para esconderme, porque había venido “el que vos sabés” y yo no quiero ni mirarlo. Me muero al verlo; ¡Es tan hermoso! Me caí y los rompí. Mi mamá me retó muchísimo, dice que como siempre vivo en las nubes. Siquiera; así lo podría mirar al “Gringo” y él, ni sabría. Pero ahora...mi mamá compró unos zapatos horrorosos. Los odio. Los quemaría y sería un poco feliz.                                                                               
Son chatos, marrones, feos. A las chicas de la escuela les mentí. Les conté que me los habían traído del oriente de regalo, un amigo de papá y que tenían la virtud, que cuando me los ponía, podía bailar en puntas de pie. ¡Cómo me gustaría que me mandaran a baile! Pero nunca hay plata. Igual espero tu regreso, así jugamos a las reinas y cuando vaya a tu casa, paso por la vereda de la casa de él y si lo veo salgo corriendo. Los otros días andaba en bicicleta y me dijo: ¿Querés dar una vuelta? ¡Cómo le digo que a mi no me dejan aprender a andar en “bici”; mi mamá dice que no es de niñas finas y mi  papá que una nena debe cuidarse....que se puede caer y que se yo qué más! ¡Igual apenas le dije gracias y salí caminando muy rápido para que no me mire!                                                                                                                                               
¡Soy tan fea y él es tan lindo! Me gustaría que me dejen usar trenzas como las tuyas, pero mamá no me deja. Tengo un pelo pobre y lacio. Puro ojo y nariz. ¿Sabes como me dice la tonta de la modista? “Faccia brutta” que en italiano quiere decir...cara fea. Si ya lo se, pero ¿qué voy a hacer? Por más que me escondo, de vez en cuando, como soy curiosa salgo y he aprendido, gracias a vos, a  representar que no me importa. De noche lloro y mi madre no se da cuenta. Mi papá cree que es porque estoy leyendo Mujercitas de Luisa May Alcott y Jean Eyre de una de las hermanas Bronte.
Regresa pronto amiga, a tu lado paso momentos memorables, leyendo autores maravillosos, escuchando música clásica y aprendiendo en la Enciclopedia Británica que te regaló tu tía. Me pregunto: ¿Es normal para una chica de trece años estar enamorada del vecino? La tía Florinda me regaló para mi cumpleaños un diario y me dijo que tengo la edad justa para desparramar mis sentimientos e ideas.  Y me contó que hay un diario muy importante que encontraron en un altillo en Holanda de una niña llamada Ana Frank que fue llevada a los campos de concentración en la guerra por los nazis y al regresar su padre, lo recogió de los restos y ahora es perentorio (viste qué lindas palabras he aprendido) que se lea y en especial los jóvenes.
Bueno mi querida amiga, espero tu regreso. Un abrazo a tu tía y a tu mami.
P. /D.: Apenas vuelvas a tu casa vení que mi padre compró otro disco de Tchaikovsky.