martes, 1 de mayo de 2018

NACIDO PARA SUFRIR




            Juan José se escapó de la casa con doce años.  Escapó de golpes y hambre. Se colgó del vagón de un tren de carga que iba a cualquier parte. Él, nunca había salido de su barrio. Se despatarró en medio de un montón de fardos de lana recién esquilada. Quedó en un pueblo cerca de la frontera. Odiaba a su madre que lo golpeaba cuando bebía, también maltrataba a la abuela y a su hermana. Él, no quería seguir viviendo así.
            El padre había huido de la casa hacía años, cuando el tenía cinco. La hermana dos. Nunca había ido a una escuela, no sabía leer ni escribir. La madre lo obligaba a trabajar de cualquier cosa y le tenía que dar las monedas que le daban por su tarea. Aprendió a robar… comida y dinero.
            Supo que había llegado a un río y que se llamaba Paraná Guazú. Se escondió en una casa que estaban construyendo y luego en una que encontró cerrada sin personas adentro. Entraba por una hendija y disfrutó de un sueño increíble. La casa era hermosa, estaba limpia y solitaria, tenía toda clase de objetos que él, nunca había visto. No los tocó porque no sabía para que servían.

FESTEJANDO EL LIBRO EN LA LIBRERÍA ANTÚ- MENDOZA


UN GRUPO DE ESCRITORES Y AMIGOS DE LA PALABAR


SIN EXPRESAR EL AMOR A LOS LIBROS NO PODEMOS VIVIR NI CRECER.

LA PLAYA AL SOL



Se derraman todo blancas las olas
en el muelle, entre las rocas, entre algas
 mi cuello se eleva hacia las nubes que reflejan la dulzura  de mis penas
 mis pies, que lentamente se desprenden de la arena, son tibios
 me acarician dulcemente la piel.
Sube
mi suspiro tenue te envuelve con sus alas.
y mi ángel que te  observa desde el cielo,
sabe que
 la promesa que navega en el mar de blanca espuma
me acompaña.
Por eso,
por eso camino por las playas
 te encuentro entre las aguas de la aurora.
Un amor no  se pierde aunque  restalle 
o se rompa entre rocas y escape en el acantilado
junto al mar,
o se precipite
en un abismo de ternura.
Te amo.


AFUERA HACE MUCHO FRÍO

.                                                         

                                                        Hacia fierros, hasta sus músculos parecían bronce o piedra. Sabía que era súper “macho”, un metro ochenta y seis, con su cuerpo bien formado. Rostro armónico, cabello oscuro, ojos verdes. Estaba seguro que si lo hubieran invitado para ser modelo lograría ser famoso,  pero él era muy hombre para ese tipo de cosas. Sus compañeras de oficina le hacían todo tipo de invitaciones. Incluso las casadas. ¡Que minas locas!  Él era el que conquistaba.
                                                        Un día que cambió de horario en el gimnasio, conoció a  Regina, una mujer poco agraciada pero de un espíritu maravilloso y pasó lo inusitado: se enamoró. Ella era solitaria, inteligente y alegre.
                                                                   La vida comenzó a ser un privilegio: viajes, cenas en lugares mágicos, paseos a lugares novedosos. Pero un día pasó lo inesperado. Apareció el ex marido de Regina que sacó un arma y desrajó un balazo en el rostro bellísimo del muchacho.
                                                                   Ella lo amó hasta hacer que el hombre se transformara en un niño, el amor estrechó su vida hasta ahogar la esperanza.
                                   

LIBERTAD, LA GATA.



            Kailas se  sentó sobre un cajón que servía para amontonar todo el equipaje. Nuevamente se iban. Esa pequeña ciudad, ya era su enemiga. Ismael tomó algunos telones y los enroscó. También algunos trebejos que servían para armar los escenarios. Miró a Kailas con desprecio. ¡Esa enorme mirada triste me da asco! Tendré que dejarla acá para siempre.
            La había  encontrado hacía cinco años herida en un camino. Le calculó dieciséis o diecisiete años pero ya había sido  mujer.  Si había  pertenecido a  otros hombres. La recogió, la alimentó, la   usó. Fue cocinera, lavandera, partener, artista, hembra.
            La hizo abortar una o dos veces. No quería críos que lo ataran a nada, ni a nadie. La muchacha sumisa, sólo miraba con ojos perdidos en un abismo interior.
            Ahora allí sentada esperando, parecía un ángel desterrado. El infierno, nuevo y conocido la esperaba. Su soledad, su soledad impregnaba cada gesto de sombras de su cara, de su cuerpo, de su alma. Ismael la empujó al furgón y se inició el viaje, un viaje hasta una muerte repensada.  Ismael manejaba sin mirarla. Ella comenzó a cantar con voz muy suave una nana que recordaba de su infancia. Él, enojado le chistó:-“Cállate, niña tonta” Me distraes. ¿No ves que la ruta está imposible?
            Kailas lo miró asombrada, pero selló sus labios. Estaba acostumbrada a sus golpes. Se quedó dormida.
            Un estruendo la despertó. Habían caído en una zanja, el hombre se quedó dormido. Pronto llegaron unas luces que rebotaban en la vieja camioneta. Unos hombres vestidos con ropas de color rojo brillante la trataron de socorrer. Una ambulancia esperaba a la vera del camino. Miró a Ismael. Estaba tinto en sangre con las manos aferradas al volante que se había incrustado en su pecho. Ella tenía los pies muy doloridos. La sacaron cortando las herrumbradas latas del vehículo. Salió aullando la ambulancia, llegaron a un hospital zonal. Allí aturdida contestaba lo que le preguntaban las señoras vestidas de blanco o verde.
            -Lo sentimos su marido está muerto- le dijo un médico. Era gordo y miope. Los anteojos lo hacían parecer muy cómico, pensó la chica. – Mire señora, tiene varias fracturas en los pies, pero se pondrá bien. Se miró las piernas y vio que los que la rodeaban la miraban raro. ¿Usted ha sido muy golpeada?
            -Siempre, desde que me acuerdo. Me golpeó mi padre, mi hermano, el novio de mi madre y también Ismael. Pero él, me daba de comer y yo era su ayudante en el circo.
            -¿Recuérdeme su edad?- dijo una chica de delantal verde claro. –Creo que tengo como veinte años. No sé, eso creo, porque Ismael me encontró en un camino muy herida y me llevó con él. Me decía, no digas cuántos años tienes porque iré preso. Y yo le hacía caso, total, siempre me dieron muchos palos.
            Se acercó una joven rubia, le tomó las manos y le acarició el cabello. -¿Kailas, es tu nombre? Mira, te vamos a dormir unos minutos para poder arreglarte los pies. Ten confianza en el doctor Moreno, no temas. Se fue quedando dormida. En el dulce sueño recordó una suave nana que cantaba su abuela, esa que no quería Ismael que ella cantara. Soñó con ángeles y árboles que se llenaban de flores y pájaros. Cuando despertó vio que estaba vendada en varias partes de su frágil cuerpo. Una anciana de raro traje negro con cofia blanca vino a su lado y el mojaba los labios con un pequeño paño de tela. Luego sintió dolor pero para ella eso no era problema, siempre estaba dolorida por algo.
            -Eres muy joven para estar tan arruinada, dime, ¿tienes un familiar a quién podamos llamar?
            -No por favor no avisen a nadie. Muerto Ismael, estoy sola en el mundo. Mi madre murió y mi padre… es, bueno toma mucho.  
            -Duerme niña, mañana veremos qué pasa. La religiosa se alejó pensando qué harían con esa muchacha. ¡Ya pensaremos!
            Al mes Kailas ya podía andar con muletas, parecía un gorrión, saltando de aquí para allá. Le trajeron una bolsa con prendas de Ismael y de ella; grande fue la sorpresa cuando entre las prendas, encontró un enorme rollo de dinero. Y unos documentos que le hacían dueña de una propiedad en la ciudad de Rama Seca. Todos la ayudaron. Se curó. Y la joven rubia que era asistente la acompañó al lugar donde estaba la vivienda del papel que tenía entre las manos. Una bonita casa, cerrada y solitaria estaba en las afueras de la ciudad. Cuando entró, encontró que no le faltaba nada. Cada habitación estaba completa, sólo la cubría una pátina de polvo que se había acumulado con el tiempo.
            La limpiaron juntas. Cuando estuvo todo listo, Kailas le sugirió que ya podía estar sola. ¡Por fin era libre! Ya nadie osaría golpearla ni darle de palos. En el atardecer, un gato blanco entró por una hendija y ronroneando se acomodó en su regazo. Ahora ya no estaba sola. –Te llamarás “Libertad”- y se acomodó sin pensar que esa noche algo iba a quitarle la paz. 

DELICIA, UNA NIÑA EXTRAÑA




          Mirta.... esta casa tiene mucho trabajo. Acá está su habitación, su baño, su intimidad. Temprano alrededor de las  7 debe subirle el desayuno a las niñas, Mirada tiene 13 años, esta en la habitación celeste... Serena tiene 11 años tiene la habitación rosada... es mas perezosa que Miranda, tendrá que exigir que se levante y se prepare  para las tareas diarias y Delicia... ¡Delicia es una nena, que  le parecerá extraña! A veces cuando es la hora de despertarse, ella ya esta sentada mirando por su ventanal al jardín, no escuche ni ponga atención a sus historias. Vive en un mundo de fantasías. ¡Ella está en la habitación blanca, no quiere que le toquen su cubrecama antiguo de encaje blanco! ¡Y suele usarlo de capa o se cubre entera con él, no se lo toque por favor!
         - Bueno Mirtha... comience por la biblioteca, luego los pisos, hay que encerar.
- Mami... anoche viajé por el bosque de cedros del Líbano... ¿Vieras cuántos pájaros me acompañaron en mi vuelo? Mami, es hermoso, cálido, seco con una suave brisa que viene del desierto.
- Nena correte, que tengo que ordenar la alacena. No digas esa cosas, que cualquiera que te oye creerá que estas loca. Correte.
         - Mami: ¿las estrellas suspiran?
         - ¡Cómo van a suspirar las estrellas! ¡Ay!
         - Entonces anoche vi una estrella suspirando. Un mundo de cometas, era el suspiro de una estrella y verás lo que te digo.
         - Cállate  y ayúdame a subir esta caja al estante.
         - Mami....
         - ¡Delicia deja de soñar y ayúdame.
 La casa contenía como un engranaje plástico, como hecho insólito se gesta en su interior un enjambre de pequeños huecos donde colocar cajas de colores con especies y frutos secos. Una verdadera metamorfosis de cocina antigua y moderna.
        -Mirta llame a Delicia, pues no bebió su desayuno. ¡Está tan delgadita y frágil...!
       - No se preocupe señora, ayer cuando baldeaba la terraza la vi. Volaba de flor en flor en el jazminero y como usted me dijo que era algo rara, sólo atiné a saludarla con la mano. Ella me hizo un guiño y se fue por la ventana de su dormitorio y se cubrió con la colcha blanca. Parecía un ángel.
            - Mirta, le ruego que no lo comente nunca con nadie.
            - No señora he visto casos peores.

LOS HIJOS




La puerta de la nave, arca de incienso.
Se ha cerrado al paso del aliento del silencio.
No supiste esperarme a sotavento.
Si volviera a mi puerto tu mástil de esperanza,
me lanzaré en el viejo remolino de los días
pasados en tu oriente.
No volveré a soñar porque los hijos....
son las marejadas de néctar que regala el barco de la vida.
y se van perdiendo como pétalos de flores en un ánfora
se despiden con las manos enroscadas en guirnaldas de amor
nos sonríen a lo lejos mientras traspasan el verano con su aliento.
Son la verdad de la vida en adioses.
Son la esperanza del camino en la puerta
Donde hay aguas claras que limpian el cielo.
Por ese amor en espera, en dudas imprecisas.
Mi destino....una despedida.