LA CATEDRAL DE BARCELONA, VITRALES DE GAUDÌ, INTERIOR DE ÚLTIMA HECHURA
UNA DE LAS FACHADAS DE LA CATEDRAL DE BARCELONA CON IMÁGENES DE LOS EVANGELIOS
LLEGANDO A LA IGLESIA DE SAN CUGAT O CUCUFATTO, MÁRTIR DEL SIGLO IV. MI AMIGO Y BENEFACTOR.
viernes, 24 de mayo de 2019
EL PESCADOR
Una cárcel de espinas incrustadas en la memoria de un
muchacho que tiene que pescar.
La tarde calurosa amenazada una noche plagada de estrella. Él,
se sentó sobre la madera húmeda y caliente. Sacó una pipa y prendió un
perfumado sabor de chocolate. Su tabaco amigo de la soledad. Miró tras sus
pupilas nubladas por la luna y suspiró
cansado. Terminaba un día y el mar calmo no llenó el vientre hambreado de su barca. Poca pesca. No había viento y el
poco que rondaba su bote, no permitía que se alejaran de la costa donde seguro
se apretujaban los peces.
Un olor penetrante de sal y pescado hería a los hombres
silenciosos en sus bancas. El sol se escondía con esfuerzo tras la pequeña
colina en occidente, dejando el cielo con un color de sangre seca. De muerte
antigua. Un pescador comenzó a canturrear un triste sonido. Otro tomó un sonido
de belleza inexplicable en esa rústica vida de sudor y fuerza.
El muchacho se acomodó. Cerró los ojos y dejo vagar la
mente en los recuerdos. Laberintos de historias avidas que regresaban como pájaros.
Recordó a su abuelo que le enseñó los juegos de la
infancia, recordó la brava tormenta que se tragó con furia el barco de su
padre.
Cerró los ojos y aspiró profundamente la sabrosa pipa. ¡Una
mujer! Pensó en la muchacha de sus sueños. Era altiva la tonta, lo miraba de
lejos como para que no se atreviera a buscarla. Pero siempre pasaba cerca del
muelle con la pollera de color mostaza y flores rojas. Revoloteaba el cabello
sobre su espalda como alas de gaviotas en danza de apareo.
Una nube comenzó a avanzar sobre el mar y se puso oscuro y
sombrío. Sopló un viento enérgico que atormento el madero, tuvo que bajar las
velas y remar brioso. El agua le mojaba el rostro. A lo lejos la vio con una
lámpara encendida. Era ella que lo guiaba a la costa. Las olas lo tapaban.
Siguió peleando. Ella lo estaba esperando, no podía fallarle.
LA EXTRAÑA
En la casa de la cumbre de la Pedrería , vive un médico
con su familia. Es un profesional respetado por la sociedad y muy estudioso.
Tiene ocho hijos: cuatro varones y cuatro niñas. Su esposa es hermosa y muy
hacendosa. La última al nacer pesó muy poco. Parecía un pajarito primoroso.
Pero con cuidados y amor creció pronto y logró el peso que tanto preocupaba a
su padre. La bautizaron Lorena. Cuando creció parecía que se alimentaba de néctar y rocío. Era frágil y tan
blanca como la luna llena.
Una mañana, una de las muchachas la vio hacer extraños
movimientos en la cuna. Pero nadie se preocupó. Cuando cumplió seis años, le
festejaron con alegría su día y asistieron muchos niños de la zona, pero ella
parecía que vivía en un mundo particular. El padre comenzó a estudiar para
saber si no era “autista” un mal que separa del mundo real al niño.
-Mamá, Lorena está caminando por la pared de la calle que
da a la carretera. Mira.
-¿Cómo... ¡cómo no me avisaste antes!? –dijo alterada Carola.
-¡Cómo usted, madre, dijo que no opinara y que Lorena es algo
rara, creí que no tenía que decir nada.
- ¡Dios mío, corramos a ver qué está haciendo!- luego al
ver a su mamita tan preocupada la niña se detuvo y bajó al jardín.
Mientras siguió limpiando unas bandejas de plata vio como
sacar la mancha de la alfombra que dejara alguien ayer al caminar con polen
azufrado en diminutas huellas.
- Señora, Lorena, está mirando por la ventana quieta, muy
quieta- (suspendida de la cortina y yo creo que esta loca...loquísima) - dice
la mucama mascullando.
El doctor Benito, esposo devoto y padre amoroso observa
consternado a Lorena, pequeña, delicada de cabello larguísimo ya que no permite
le toquen el cabello castaño oscuro; ojos pardos, grandes, como cristal de
cuarzo poblado de tristeza, ojeras profundas provocadas por largas noches de
embelezo. Siempre pensando en quimeras. Sueños. Manos largas y finas como
pétalos de lirio azulados. ¡El padre observa y teme porque esa hija, que es una delicia, se va
desdibujando, se diluye lentamente! Lorena parece un ángel, un pequeño genio, un
hada. Tiene un Alma que no parece igual a la de los otros niños. Se pregunta
en sus silencios compartidos con la
mirada inquieta de su hija pequeña.
- Rosa hoy tenemos que lavar los vidrios, las cortinas, las
colchas... ¡menos la de Lorena, por supuesto!
- Yo subo señora, ya
lo hago.
Así pasan los
días y surgen nuevas y extrañas situaciones. La niña vuela, danza con sus
zapatillas de punta y su traje de gasa blanca por las cornisas y los tejados de
la casa. Come pétalos de flores, bebe
rocío y sueña.
LOS HIJOS
La puerta de la nave, arca de incienso.
Se ha cerrado al paso del aliento del silencio.
No supiste esperarme a sotavento.
Si volviera a mi puerto tu mástil de esperanza,
me lanzaré en el viejo remolino de los días
pasados en tu oriente.
No volveré a soñar porque los hijos....
son las marejadas de néctar que regala el barco de la vida.
y se van perdiendo como pétalos de flores en un ánfora
se despiden con las manos enroscadas en guirnaldas de amor
nos sonríen a lo lejos mientras traspasan el verano con su
aliento.
Son la verdad de la vida en adioses.
Son la esperanza del camino en la puerta
Donde hay aguas claras que limpian el cielo.
Por ese amor en espera, en dudas imprecisas.
Mi destino....una despedida.
SOL, ARENA
SOL. ARENA
HIRVIENTE
ME CARCOME LA OSAMENTA.
CUELGA UN
BESO FRESCO EN CADA MOVIMIENTO.
MIS PIERNAS
A HORCAJADAS DE MI VIENTRE
REBUSCARÁN
EL SOL DE LA CORNISA.
ILUMINA MI
CASTO POSTRER SUEÑO
SÉ PARA MI
EL ENIGMA DE LA SUERTE
SIRVE A MI
ROTA CUERDA VOCAL LA VIBRA
QUIERO QUE
VUELVA A SONAR MI VOZ
COMO EL SOL
DE ANTAÑO. COMO ERA ANTES.
AL PLATERO
Hay un dios
desconocido que lo inspira,
Hay un mago
que cobra vida entre sus manos
Hay un
peligroso genio que lo asiste
Hay un
milagro cotidiano que lo empuja
Hay un
cielo presagiante que lo atisba
Hay un
signo, una estrella que lo irradia
Hay una
sutil alabanza que lo premia
Hay una
prodigiosa chispa de amor impresa
Hay un
espíritu elevado que lo arrulla
Hay una
furtiva y magnificente belleza…
En cada
obra que de su arte surge, herencia que se esparce en su país de platero único.
LOS HACENDADOS
En Villa Asunción había una verdadera revolución.
En la esquina más importante de la plaza principal levantaban un bello edificio
para albergar un banco.
El ir y venir en
vagones de tren materiales de todo tipo, alegró la esperanza de los habitantes.
Por fin la Villa
tendría fondos para los hombres y mujeres que trabajaban la tierra. La zona era
cerealera por antonomasia y con el ferrocarril se llevaba la cosecha al puerto
año tras año, cuando el clima era propicio. Los chacareros y hacendados
construirían silos y comprarían maquinarias para agrandar sus campos.
Un grupo de vecinos se
juntó en el club social y propusieron hacer una escuela más grande para
albergar a los hijos de quienes vinieran a trabajar. Con sus manos comenzaron
en un terreno donado por un buen ciudadano, a levantar la escuela. El
intendente se preocupó por hacer cartas a la capital para atraer trabajadores y
mano de obra. Ya en la Villa
cada cual tenía suficiente trabajo con sus animales y tareas de labranza.
Llegó un cura nuevo
para ayudar a Don Andrés, el anciano sacerdote que hacía como veinte años
habían mandado a la capilla. Llegó un grupo de docente que estrenó el nuevo
colegio y comenzó la inscripción de muchos chicos de todas las edades que
aparecían de pueblos cercanos. Refaccionaron una casa antigua para recibir como
hospedaje a personas que venían a vender objetos de mil calidades y especies.
Doña Catalina Fuentes, la modista amplió el taller y abrió la ventana para
mostrar sus habilidades con telas y agujas. La ferretería se agrandó y no había
que viajar para buscar ciertas piezas o herramientas que faltaran o se debían
cambiar. Hasta se abrió una mueblería.
Villa Asunción estaba
de gala y fiesta. Un nuevo comisario fue nombrado en lugar del sargento que
hacía de jefe. Así el banco se inauguró con música y petardos.
Pasaron los años y los
hacendados ahorraban el dinero de las cosechas, los habitantes hacían todo tipo
de trámites bancarios. El gerente abría con una sonrisa satisfecha cada mañana
las oficinas. Un día llegó la noticia que daba crédito para comprar maquinaria
nueva para el agro.
Allá fueron un grupo de
estancieros y pequeños agricultores y sacaron un préstamo para comprar:
Trilladoras, segadoras, tractores y otras máquinas que ayudarían en las
cosechas próximas.
Un cambio de gobierno
canceló todo. Adiós a los préstamos en cuotas, había que pagar al contado. El
banco cerro sus puertas y el agrandado gerente se escapó, en un tren de la
noche. Su familia se fue en el auto, con las pocas cosas que lograron sacar.
La gente irritada,
subió a sus máquinas y se fue en caravana a la capital. En la casa de gobierno,
brillaban los tractores, trilladoras y demás máquinas que dejaron abandonadas.
Ahora que la pague el nuevo gobierno.
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