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lunes, 22 de diciembre de 2025

EL HOMBRE SOÑABA QUE SOÑABA


 

                        Y entonces caminaba el hombre sobre las plateadas crestas de las olas, semejante a un delfín sombreado sobre una selva virgen azulada. Caminaba arrastrando una enorme red de hilos giratorios donde atrapaba mariposas. Saltó un guijarro de granate desde la mano que sostenía un grito metálico, agitando la espuma fracturada de estrellas. Apareció una nave con el ancla elevada, esgrimiendo enganchado el cuerpo pálido de la mujer sirena. Voz de océano inventando en un desierto de extraña ingeniería, las voces, los corifeos estáticos que enhebran cánticos de amor pagano que se oían en las marejadas. Él, seguía caminando, sordo su oído a los clamores de la profundidad del mar donde habita la pasión cautiva. Soñó con tentar al demonio, para que le entregara el cuerpo casto de la mujer sirena que ondulaba la cola en el agua profunda entre las rocas. Vio una luz penetrando en su pupila. Dejó que llegara hasta la boca el rayo y salió de sus labios un pez de color ámbar como un haz de escamas nacaradas. Surcaron el silencio los sonidos sibilantes de delfín dormido. Abrazaron los senos fríos de la mujer sirena. Quería despertar. La luna se desplazaba sobre el vientre asexuado por la culpa ancestral de los orígenes latentes. Quería despertar porque estaba soñando que soñaba un tortuoso, agotador y desvariado sueño de espera, de quimeras vacías. Sus cuencas también vacías miraban el espacio desprovisto de planetas. Quería despertar de ese sueño que atrapaba su cuerpo contra el rústico suelo. Volcán árido. Gris estepa sin cielo. Desierto promiscuo de ternura. Comprendió que no despertaría aun...no bebería los besos de pasión...no había nacido y en el nido tibio de su placenta revivió otras vidas anteriores. Esperaría el duro alumbramiento, saldría al abrazo de esa vagina fenomenal de su madre parturienta. Pero sabía que apenas diera el primer vagido, olvidaría ese mundo maravilloso de otro tiempo.

 

lunes, 8 de julio de 2024

VOLVER EN VINO


                         Déjame incorporarme desde el silencio vibrante del suspiro.

¿Acaso hay sollozos en las tardes tibias de primavera o

al irte, te despides del gemido blanquecino de los álamos?

                                 Un sol de escasos hilos verdes  

   luz que cae sobre la lumbre,

sobre la alfombra metálica de  hojas  otoñales, cae.

La montaña ríe con sus dientes de oro y

el viñedo se tiñe de jirones azules o  naranja

Me han dicho...que

un hombre magullado por la ira del hombre

callará en la penumbra.

Allí, en el confín del horizonte, donde

nace un penacho de plumas de cóndor

estará la esperanza.

Una antorcha de miedo se irá extinguiendo

entre el rumor gracioso de los campos de trigo.

Y el vino, gran señor de los sueños, caminará entre piedras

con rumor de acequias.

El río tributario de marrones arcaicos seguirá el camino

con los pies descalzos

llagados de nieve y de granizo.

Habrá un hombre sin ojos mirando hacia el poniente y su cuenca vacía

cobrará en simientes las luces ancestrales.

Volverá en amarillos vinos bermejos, soñando el universo de ijares pétreos

un pan quedará seco como la tierra seca, sin agua y sin lágrimas de hombres

aparejando milagros tributarios de un cielo tutelar donde los dioses

nieguen su nombre al hombre con estirpe de parra y panes.

Vuelva el agua triunfante en vino nuevo.

La mesa permanece tendida con mantel de esperanza.