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martes, 21 de julio de 2020

1- EL MILAGRO



                            “Recuerda la hora más oscura es la que precede a la aurora” Shakti Gawain
                                                                                                       
            Hilarión Domínguez era hijo de un maquinista de ferrocarril. Aquél, que ya no pasa más por las vías remotas del terruño. Su padre, Don Gervasio, pertenecía orgulloso a la “Fraternidad”, sindicato fuerte en los cuarenta. Él, heredó la tarea y era un apasionado de los rieles. Conocía cada locomotora como a su conciencia. Despertaba a las tres de la madrugada para acicalarse y luego de tomar unos mates silenciosos, preparaba una caja metálica con lo que podía llegar a necesitar. Su viaje era a un pueblo del secano “puntano” para dejar agua potable, leña y alguna mercadería que le encargaban algunos paisanos.
            Iba en el día y regresaba siempre a la hora exacta. Así era el ferrocarril en esa bendita época. Cuando pasaba por la antigua “Corocortas”, salían a saludarlo con las “chupallas” los pocos habitantes que andaban por ahí. Llegaba a esa hora incierta entre la noche y la madrugada, sin luna o con luna, siempre parecía un lugar oscuro. Él, no tenía temor, dos días de descanso y otro viaje, siempre igual. Rutinario pero hermoso. A veces veía correr las liebres por las vías calientes y aceitadas por el gasoil o el alquitrán del vagón de YPF. Otras, un zorro con hembra y crías, tal vez un “choique” y cientos de animalitos que pasaba bajo su mirada atenta. Su atención al trabajo era real. No podía darse el lujo de perder un convoy ni un tanque…, luego pegaba la vista al frente para reconocer algún paisano que le hacía señas con el pañuelo para saludarlo o gritarle un encargo.
            Fue un día nublado y que denunciaba lluvia, raro en esa época y lugar, pero a lo lejos, vio un punto negro entre las vías. Negro, muy negro. De cuarenta kilómetros por hora que era su movimiento fue bajando por las dudas a treinta, a veinte… pero allí se agrandaba la manchita. Tocó el silbato de la máquina. Retuvo la mano en el freno, pero el aceite y alquitrán no le dejaban parar el tren. Vio unos jornaleros que agitaban sombreros y mujeres apostadas en las hileras de alambres de los campos que se agarraban la cabeza.
            Hilarión pensó que había un “choco” dormido ahí, entre sus rieles. No, no alcanzaba a distinguir qué era eso. Su ayudante tomó el manijón de la máquina, del freno. Hilarión sudaba y miró al cielo, pidiendo a Dios y la Santita de los Caminos que lo ayudaran. Descendió del estribo y se quedó helado. Un niño ennegrecido por el alquitrán, el aceite y la tierra reptaba entre las vías. Seguro el tren le pasaría por encima.
            ¡Ruego a Dios nuestro Señor que salga y se aleje…! y vio con sorpresa que el niño se prendía del hongo metálico del cambio de riel y salía. Los lugareños estaban estáticos. A él, se le escapó un insulto.
¿Cómo puede ser que naides se atrevió a cruzar y sacarlo, tuvo que ser “Tata Dios” el que me hiciera el milagro?
            Vio una madre deshecha en llanto. Y un padre que alejaba cabizbajo; pero ahí supo que Dios lo había escuchado. Hizo una promesa… colocó en ese lugar una Cruz Blanca con una estatuilla del Sagrado Corazón y cuando pasaba le tocaba el silbato como saludo.
            Todavía cuando pasan los paisanos le saludan al crucifijo con respeto.


miércoles, 20 de mayo de 2020

COMO SI ME OLVIDARAS CADA NOCHE



Para recordarme en la mañana que estamos vivos.

Recuérdame que aun late mi corazón herido

Recuérdame que sale el sol y brilla en sus ojos la vida plena

Recuérdame que hay un solsticio de invierno donde duermen las hadas

Recuérdame, que he vivido esperando con la mirada puesta al este

Recuérdame que no me despertaré con alguien sin conocer su nombre

Porque si me olvido de ser yo misma

Porque si huelo al viento y no penetra el perfume de las retamas

Porque si me siento sobre una roca cerca del mar y no te veo

Porque si tus brazos escapan de mi cintura profusa de enrona

No seré yo. Será mi cuerpo perdido en la penumbra de la muerte.

No serás tú, mi consejero y amigo de milagros esperados.

No será la vida, ni el sol, ni los tulipanes, ni las dunas…

Ya seré un recuerdo en la fachada desdibujada del calendario

Que ha perdido su color y su hermosura. Entonces me olvidarás.

Cada noche me olvidarás y en la neblina seré aire, humo y nada.

sábado, 9 de mayo de 2020

LA PLAYA


 Esa playa está desierta entre milsagros dormido

olas de sangre celeste se trepan



en sus orillas.
Esperan unos pañuelos de adioses
imperceptibles.

Cuando tu barca de ámbar
atraviese mi campiña tormentosa
desplegando velas níveas
buscaré en mi vientre ausente
un beso...sin despedida.

La playa donde camino arenando
el desconcierto.
Busca en mis acantilados de sueños
sólo respuestas.
Tiernas sombras agridulces que
invadan nuestros acuerdos.

Cuando arribes en la noche apeándote de
tus miedos.
No habrá mieses inmaduras
ni luna escarchada, quieta.
                   La misteriosa agua clara, espejará
el rostro de la sirena,
 Un magnífico unicornio
 espiará nuestro encuentro.

Echaremos a volar sonidos de amor al viento.
                                                   

sábado, 11 de abril de 2020

UN ALELUYA DE HOJARASCA DE OTOÑO



UN ALELUYA DE HOJARASCA DE OTOÑO SE AVECINA
URDIEMBRE GIGANTE DE OROPELES DE BRONCE
QUE IMITAN UN CUADRO DE VAN GOGH, UN SUEÑO DE UNA TARDE
UN INVIERNO INICIAL CON VETAS DE JADE Y OBSIDIANA
UN ALELUYA CON INSOMNIO EN SÁBANAS DE ARENA
SAUCES CALIENTES ACARICIANDO LAS NUBES DE AMIANTO
ESTOPA DE AZUCAR IMPALPABLE CON MANOS DE HIELO DORADO
DEBAJO EL SOL PLATEADO CONSUMIENDO OTRA ESTRELLA
Y MI CAMPO ALFOMBRADO DE ASOMBRO ESPERA UN LIRIO BLANCO
OTRO ALELUYA DE CARMINES Y TACONES AFILADOS QUE HIEREN LAS PIEDRAS

jueves, 9 de abril de 2020

UN BOSQUE LLENO SUEÑOS.




                        Me duelen las manos. También la espalda. Hace una larga semana que trabajo sin descanso para cumplirle. Quiero pero no puedo. Sí, quiero completar todo el pedido que recibió Joaquín de esa gente. Es una nueva casa de comida, hotel, casino y albergue. Es nueva y única. La construyeron en la ladera Este. Es muy linda. Está construida en una zona hermosa de la región. La más bella. Tiene un sabor salvaje. Esa tierra húmeda, la fina llovizna de unas nubes que como velo de novia se deposita o se apoya en las largas columnas de pinos, arrayanes y piceas. Es un regalo fortuito que regala el amanecer de los días de otoño. El sol está cansado de moverse por el bosque como novio enamorado de los duendes del pinar. ¡El olor a resina y polen! Las cabañas son hermosas, las comenzaron a construir en primavera, el mismo día de nuestro encuentro. Yo iba con mi bicicleta por el sendero buscando setas frescas. ¡Nos encantan “revueltas con cebolla finamente picada en juliana, huevos y queso parmesano, con una pizca de sal y pimienta, una cucharada de salsa inglesa y vino jerez”! Bien, como decía, me movía por esos rincones que conozco desde pequeña, esos que recorría con el abuelo Marco, y él, me iba regalando cuentos, recetas y recuerdos. Bueno, iba por allí y nos encontramos. Parecía un astronauta recién aterrizado de un planeta lejano. Era como de otra galaxia. Fresco, alegre y vivo. Sí, como mi bosque de cuento. Me gustó, así rápidamente, con su sencilla forma de pedirme la receta de los hongos. Aparte, desconfiado, creyó que eran venenosos. Yo le gusté, seguro, porque me comenzó a contar su vida.  Parecía como si me conociera de toda la vida. Me senté en un tronco caído, junto a un árbol lleno de pájaros. La madera podrida en parte, albergaba un sin fin de pequeños seres vivos como su vital risa contagiosa. Su mirada clara se movía, deslizándose por mi rostro, que sudoroso y sucio, aparentaba no haberlo lavado en meses. Los pinos, piceas, abetos y abedules, eran el marco perfecto a ese encuentro informal y romántico.
                        Casi me olvidé para qué había venido al bosque. Si él, no mira el reloj y da un salto, seguimos hablando en el crepúsculo que le había puesto una mortaja violeta a los rayos rojizos del sol. Joaquín se despidió, me ayudó a trepar a mi bicicleta y partí. Cuando llegué a casa me encontré en la penumbra más cerrada, corrí con la mitad de hongos acostumbrado. Llegué a la cabaña y caí sólida en el banco rústico de mi pequeña cocina. Pensé cómo haría una cena sin la cantidad de setas frecuentes y decidí hacerlas en la receta del abuelo:”con miga de pan mojada en leche, salsa blanca o bechamel, perejil y ajíes rojos y verdes. Así armé un budín que mezclado con dos huevos y nuez moscada”, alcanzó para los cuatro. Papá quedó feliz, cuando le conté que había conocido a Joaquín, el muchacho del bosque, pues lo trató en el pueblo y conversó mucho. Le pareció muy simpático y además era alfarero. Papá dice siempre que hay oficios santos: carpintero, alfarero, boticario y labrador. No quiere a los carteros, tal vez porque un cartero siempre le trajo las noticias tristes. Mamá en cambio es más desconfiada. Casi no habló. Mi casa es la típica casa de campo con olor a fogón caliente, levadura, ajo y vino. El abuelo nos enseñó a hacer el pan. Él guardaba un trocito de masa para levar y se levantaba a la madrugada para hornear. Cuando estaba todo listo se acostaba y al comenzar el día con un enorme tazón de leche tibia recién ordeñada de Chichí, la vaca, comíamos una rebanada de pan caliente con manteca que mamá batía a mano en un bol y dulce de grosellas que hago todos los años. ¡Qué rico era desayunar así, con el amor del abuelo! Hoy lo recuerdo y se me hace un nudo acá, justo aquí en la garganta. Bien sucedió que a los dos días sentí el ruido de un motor por el camino de casa. Era Joaquín que me invitaba a trabajar con él. La camioneta destartalada y muy ruidosa se escuchaba de lejos. Atrás traía un horno para cocer cerámica y un sin fin de moldes de yeso y herramientas. Me entusiasmó su seguridad. Sus ganas. El dueño del complejo hotelero le había encargado toda la vajilla especial con sabor, color y forma de nuestro rincón lejano. Me intrigó su exaltación y sus sueños. Era muy creativo. El perfume ácido de la arcilla me entraba a los pulmones como una saeta inesperada. Acepté. Yo nunca había hecho alfarería. Pero como amo cocinar imaginé que era como hacer un pastel de berenjenas. Ese que me enseñó el abuelo. “Se pelan cinco berenjenas medianas y se hierven con sal. En una sartén se re fritan en aceite de oliva con dos dientes de ajo; los dos tomates picados en daditos, dos cebollas en juliana, dos pimientos y un puñado de hongos recién cosechados que se filetean. Se pisan con un tenedor las berenjenas ya blandas y se agrega el  menjunje, con pan rallado, una tasa de queso rayado, dos huevos y mucho perejil. Se hornea veinte minutos y ¡paf!: un pastel para re-chuparse los dedos. Si las berenjenas son algo amargas se le agrega a la pasta una cucharadita de azúcar”. Así era hacer todos esos recipientes de arcilla. Con un gran amor y buen gusto. Yo le agrego además los gnomos del bosque pintados y hasta los muérdagos y ardillas. Cada pequeño plato, escudilla, taza, fuente, tiene un pedacito de mi bosque. Es su espíritu ingenuo y personal, el que creó la chispa de este mundo mágico que hemos hecho juntos. Creo que me he enamorado de Joaquín y él de mí. Estoy cansada pero tengo que hornear todas las piezas en bizcocho de arcilla. Las pintaremos juntos y cuando amanezca y cuando inauguren la casa de la colina, cada persona se asomará un instante a nuestro mundo.
                        Realmente me falta esa chispa para encenderle a cada jarra una señal con el fuego de la creación aderezándole un pequeño trozo de monte perfumado de bellotas y musgo. Debo recuperarme. Joaquín duerme junto al horno un rato esperando el pequeño milagro de amor cotidiano. Mis manos lloran arcilla y falta una buena parte de los platos y adornos para terminar la tarea. Anoche, antes de quedarse dormido, Joaquín me dijo que estaremos juntos para toda la vida y me dio el anillo de boda de su madre. El amor ha llegado a mi vida en forma inesperada. Estoy conciente que es extraña la forma de nuestra relación pero espero. Mañana será un festival de sueños cumplidos. Toda la vajilla terminada, la inauguración de la posada de la montaña y el anuncio de mi boda.

                                                             

viernes, 27 de septiembre de 2019

COMO NIÑO




Como niño avanzo hacia la luz
Retorcido en la espera de un sonido musical
Con los reflejos del sol en la nieve de mayo
Aproximando el cuerpo a la fogata de unos ojos
Ojos que atrapen la neblina de mis sueños

Como niño busco la voz cantarina del agua
Edulcorada de rocío en la mañana de febrero
Cambiando el solsticio de su boca y sonrisa
Con las palmas abiertas en jugosa fluidez.
Mirando la montaña que anuncia otra vida


jueves, 6 de junio de 2019

OLVIDO




Me crucifican los silencios
Mi voz clandestina no soporta los sueños perdidos
El olvido.
La mirada dolorosa de una niña que soñó.
Aquel día se desterró de la alegría.
Déjame decirte que aun espero.
Déjame reclamar la voz del arco iris.
Déjame dormir y no abrir los ojos en la noche.
Si el violín se ha roto, déjame en silencio.
Aparece en la niebla una clara palabra de cariño.
Ya me fui. Estoy perdida en la calle de piedra.
El fango me mancha el ruedo de la vida.
Los coros se acallaron en las vísperas sombrías.
Un grillo despierta mi párpado de seda. Lágrimas.
Crucifícame otra vez, pero en un calvario nuevo.
Sin corona de rosas ni claveles. Sin gemas urticantes.
Silencio. Silencio. Olvido.


martes, 4 de junio de 2019

BUSCANDO LA LUZ






Invítame a recorrer la senda de la noche
Allí donde se pierde el sacrificio y el olvido
Donde mengua el sonido de las hojas del álamo
Y caen las sempiternas lágrimas desde la piel marchita.

Invítame a socorrer las aguas del río que se despeña
En la tierra pedregosa del lecho. Consuela al sol.
Mérito del atropello de una tarde de viento cálido
Que mengua con el deshielo la nieve de los riscos.

Un avatar me intriga por su misterio antiguo,
Y llega mi pecho en sombra con latido de espuma
Buscando al demiurgo en el intrincado libro
Con un idioma de ignota comprensión de vida.

Busco entrar en la noble presencia de la luz
Quiero estrechar los lazos de un arcángel ciego
Amamantando el ave abandonado en el nido
Que grazna entre los sauces que aguardan la mañana.

¡Cuánto misterio encuentro en las páginas blancas!
Las letras bailotean entre mis ojos fríos. Quietos.
Invítame a escarbar en el mensaje oculto.
Descubrir con destreza las llagas y heridas escondidas.