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viernes, 4 de septiembre de 2020

CUENTO SUPER CORTO


CAMINATA

Caminó por la senda hacia el puente. Estaba descalza. Se acercó al barandal y observó el agua que corría. Vio su cuerpo que huía ensangrentado río abajo. Tal vez la vida en el mar sería más tranquila que en su casa junto a su hombre.



jueves, 14 de marzo de 2019

CUENTO SUPER CORTO


EL PECADO

La muchacha entró en la habitación a media noche. Sería su primera vez, su primer pecado de amor. Él, encendió la lámpara de noche para recorrer el cuerpo desnudo de la pequeña adolescente. Nunca vio el puñal y la sonrisa irónica del amante. Para él, no era el primer pecado. Era su hobby. Matarlas y descuartizarlas, para su puro placer.



lunes, 27 de noviembre de 2017

VEJEZ

Hoy he caído dos veces. En la calle y en la puerta del baño. Si les cuento, me retan. ¡A escuchar la retahíla y no estoy dispuesta! El silencio cómplice será quien me acune. Tengo marcas moradas en los codos y en el alma.
            Hoy me he mirado en el espejo y comprendí cuánto han pasado los años. Fui joven, eso lo aseguro. Hasta fui niña una vez y mi madre me acunaba. Ahora, esto que vivo es la vejez. Fea palabra. Soy vieja. Salgo del estado de dolor asombrada y me acurruco en el sillón del living. Busco álbumes con fotos. Los recorro con ansiedad y esmero. ¡Era tan linda de joven! Miro asustada mi boda. Esa nube de encaje blanco era el amor. Ese hombre bello de smoking era el amor. Ya no está. Se fue hace muchos años. El amor se fue primero. Generosa compañera la soledad que me abraza.
            La casa se descascara. No me importa. Yo también me descascaro como ella. Miro la foto cuando fuimos a Río. Mi cuerpo en las aguas cristalinas, tibias y somnolientas en los brazos de hombre. Hoy me he caído dos veces. Y sus manos ya no estaban para sostenerme. ¿Un bastón, madre, te dará la firmeza que precisas? Me horroriza. Es la muerte que se acerca con un bambú que se aferra a mi mano temblorosa.

            La vejez me espera y acecha con su humo gris de olvido. Es el invierno con su luz que envuelve las arrugas del alma y la tristeza.

jueves, 23 de febrero de 2017

HOMENAJE A "PLATERO Y YO" DE JUAN R. JIMÉNEZ

MI ASNO, LA CACHI Y MI YEGÜA...PADRINO, TODO LO QUE TENGO.


            El padrino me dijo... Emeterio baje al pueblo. Y yo voy y me hago el sonso, porque me da miedo ir por ese lugar, hay muchos derrumbadero y si me caigo...me muero. Y yo no quiero morirme ahora, tengo, como dice el padrino que llegar hasta ser grande para poder criarme. Ese mosquito que me sumba y me sumba parece una maquinita loca pero me trata de picar y robar mi sangre. Hablando de sangre recuerdo que la Fortunata me mostró la sangre de una gallina que degolló con el cuchillo del padrino.¡Me dio un asco...y casi me doy vuelta a puro vómito! Odio la sangre desde ese día. Si hasta el padrino vino corriendo para ayudarme. ¡ Como ayuda , yo ayudo a todos, aunque me den de rebenques! ¿ Yo me pregunto...por qué a mí me dan de rebenques si contesto o protesto, si el rebenque es para los animales? ¿ O tal vez yo, que no tuve madre, ni padre...soy medio animal...o bestia como me dice el Filemón Ríos? Él sí que sabe de animales. El otro invierno ayudó a la Carmela a parir. ¡Linda vaca la Carmela, lástima que ya es vieja, bueno un poco vieja, nomás! ¡ Puaj...! Y dale conque tengo que ir con "Lucerito" y la " Perla" por el camino que rodea la sierra. Allí, en un lugar medio escondido está el mismo" Mandinga", yo por las dudas me hago la señal de la Cruz como me enseñó el padrino. No sea que el demonio se me presente en el camino y me pare y me quiera agarrar del hombro y yo no pueda correr...Y si ahora voy corriendo y le digo a mi padrino que no puedo porque el mismito mandinga se le presentó al Filemón en la sierra hace como dos veranos. ¡ Cómo me gusta el verano...voy al río con el hijo del padrino y en un remanso nos bañamos! ¡Nos columpiamos en las ramas verdes de los sauces verdes y caemos al agua haciendo ruidos como si fuéramos patos! ¡ Al agua pato...grita el Fabricio, y allá vamos con todo nuestro cuerpo desnudo al remanso de agua fresca. Agua medio marrón por nuestro entreverar con la arena y el fango! Amo el río. Odio el despeñadero que circunda la sierra por donde tengo que bajar con la carga que manda el padrino a Don Modesto Rufenero. Ese hombre ladino. Le miente a mi padrino y él, tonto, no se da cuenta. Yo sí, y le digo " viejo chancho por lo bajo". Como es medio sordo o se hace, no me entiende y me empieza a preguntar ¿ qué digo? Y yo en la misma cara le digo que nada que estoy resfriado o me duele la pata o qué sé yo. Ya sé ...no tengo que mentir. La Fortunata, dice que me voy a ir al infierno si hago eso, pero quién se porta peor...eh, yo no lo quiero a Don Modesto...lo ví tocar las ancas del Fabricio...bueno, fue más feo, le tocó allá abajo...y eso es más malo que mentir. Lo que pasa que el Fabricio es muy rubio y tiene ojos muy grandes y es más chiquito y no sabe...pero ese viejo de mierda , si yo no me avivo, quién sabe qué le hace...y yo ahora tengo que llevar la carga en la yegüa y el asno. ¡ Claro, a mí no me da caramelos y me invita a la casa...soy feo y soy lerdo, pero no soy tonto! El viejo lo quiere al "niño". Yo hoy no me lo llevo. Otra cosa le digo, que en el cerro hay víboras o está el demonio. El demonio es ese viejo inmundo. ¡ Qué calor me hace! Pensar que podríamos irnos con la "Cachi" a jugar a la pelota en el bajo. ¡ La " Cachi" está flaca pero es de tanto correr! Mi perra buena. Corre conmigo siempre que me mandan. Yo no quiero ir a lo de Don Modesto. ¡ Padrino...mande al Rufino o al Filemón que son grandes, yo tengo sólo diez años y tengo miedo ! Tengo miedo. ¡ Mamá dónde estarás mamá? Te necesito mami...te necesito. ¡ No se cómo escaparme de ésta! El otro día cacé dos pájaros con plumas amarillas y se los llevé a la Fortunata y los metió en una jaula. Yo al viejo lo metería en una jaula. ¿ Qué manera de cantar los pajaritos y eso que estaban en jaula ! Me encanta correr por el monte. Ser como el viento. Ya voy, vamos...tengo que llevar la carga rápido. Arre... ¡Vamos...Lucerito, vamos Perla...rápido Cachi el diablo nos espera...
Me gusta cantar.¡ Qué bonito es mi niño...que bonito...como una lamparita...me da su...¿ cómo dice la Fortunata, cuando canta? Bueno arre... arre...

                                                                                             Homenaje a "Platero y yo" de Juan Ramón Jiménez en su aniversario.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

UN CASO DE:¿LOCURA?

ÉSTO DE HABLAR DE LO PROHIBIDO¡

-          Quiero a mis hijos.- dijo con voz casi inaudible, mientras forcejeaba con las hilas.
-         Están bien cuidados.- fríamente, el médico le señaló una especie de pecera con los seres en movimiento perezoso.
-         ¿Cómo haremos, si en cada herida hay una infección, doctor? Dígame, ¿Se podrá mejorar o curar?- nerviosa y esquiva la mujer de alrededor de 45 años, se mueve con insistencia, tratando de no tocar a la joven muchacha, que yace en el lecho totalmente dopada.
-      Señora, su hija está ahora en una etapa muy delicada. Se la encontró totalmente abandonada en una calle donde viven un sin fin de desocupados y menesterosos. Hay que reconocer que fueron ellos los que la ayudaron.
-     Mamá te odio, devuélveme a mis hijos- dice con voz destemplada la joven.- A Usted también lo odio, me han quitado a mis hijos.- vuelve a repetir como un latiguillo la enferma.
-       Llamaremos a psiquiatría y a otro especialista. Igual, creemos que por lo menos estará internada entre cinco y seis meses. De ella depende. Nosotros ahora trataremos de curar las infecciones.- expresa con más interés el doctor.
-          Mamá devuélveme a mis hijos. Sólo tú, me pudiste robar a mis hijos y este cabrón hijo de puta, que ahora quiere dejar a mis otros hijos allí en esa heladera de vidrio. La Rosarito estaba a punto de poner huevos. Y el Hilarión estaba muy viejo para subir y bajar buscando comida. Devuélvanme a mis hijos.- la muchacha se revuelve frenética , alargando las manos hacia la pecera instalada cerca del lecho. – las enfermeras entran y salen asqueadas, pero saben que deben esperar a los psiquiatras para hacer algo.
-        Señora, este Síndrome, llamado del “Canguro” es frecuente en gente que sufrido grandes pérdidas. Es explicable en el caso de esta muchacha. ¿Quién le quitó a los verdaderos hijos? ¿Qué edad tenía?-  el facultativo escribe en la historia clínica cada dato detallando las palabras con líneas oscuras.
-          El primero fue a los doce años. – respira profundamente la madre y continúa.- llegó de la escuela descompuesta y cuando le pregunté comenzó a ensoñar con el relato de los “favores” que le había regalado un galán del curso.
-          No mamá, mentira, yo me enamoré y le pedí que me alejara de esa casa de brujas, donde vivía tu mamá y tus hermanas. Vos me arrastraste hasta la atroz choza de la “médica”, la curandera y me sacaste mi primer hijo. Era muy pequeñito.- suena como un silbido la voz siseante de la enferma.
-          Claro, qué íbamos a hacer, en el pueblo, con una nena de doce años embarazada de un desconocido. Expresa apenas audible la voz de la mujer, que nerviosa se revuelve en su lugar como una lagartija desesperada.
-          Bueno, con eso se explica en algo todo esto. – un suspiro sale entrecortado de la boca del galeno.
-          Mentira, mentira.... – canta la muchacha que se va poniendo cada vez más nerviosa.- ¿Y el segundo? Me lo sacaron atada como estoy ahora, porque él y yo llorábamos suplicando.-
-      Tenías apenas trece años. ¿Cómo lo iban a cuidar, si ni siquiera tenían la secundaria aprobada?- dice la mujer.
-          Mamá y ¿mi tercer hijo? Yo escondí durante cuatro meses mi embarazo, y la desgraciada de tu madre, que esté bien quieta en el infierno, me descubrió y me arrastraste al inmundo lugar donde me sacaron mi bebé. Era un varón dijo la bruja. Y él, mi amor, corrió y lo encontraron colgando de los hierros del puente. -  grita histérica, la joven.
-          Ese infame, sólo quería tu apellido y tu herencia. Los campos de tu abuela y las joyas de la familia. Seguro que luego te dejaría llena de hijos y en la calle.- estalla la mujer.
-      Señora, hace tiempo que su hija vive en la calle y no quiere que la lleven a su casa. Asegura interviniendo el médico. El síndrome del "Canguro", es una enfermedad propia de personas que se han sentido muy agredidas... y.... los sollozos suenan lúgubres en la pequeña sala del hospital.
-          Pero... pero ella es menor. No podía quedar en boca de todo el pueblo el buen nombre de la familia, una familia llena de heroicidad y honor. Su abuelo fue gobernador y su padre...- queda con las palabras jugueteando en la boca.
-      Ese otro, flor de hijo de mil putas, robó, se cogió a medio pueblo y encima trató de violarme desde que tenía seis años. El señor Abogado más prestigioso del pueblo, hizo bien en pegarse un tiro. Yo se lo hubiera dado, sin más ni más. Exijo a mis bebés ya mismo.- expresa revolviéndose en la cama la muchacha, mirando los gusanos y las cucarachas que pugnan por escapar.
-      Tranquila, tus cucarachas y tus gusanos están mejor ahora que en tus heridas, que se habían colmado de larvas y estaban llenas de pus. – Le cuenta el médico.- Se iban a contaminar con tus infecciones. – la explicación trata de calmar a la joven enferma.- Si las querés,  tenés que ayudarte y así ellas estarán mejor.
-     Quiero a mis hijos, quiero a mis hijas, quiero a mis hijos, quiero a mis hijas... -y el ronroneo, es una oración ininteligible  que se escucha apenas.- Mamá... morite, hacé algo por la humanidad... suicidate.-Le escupe la cara a la madre que llora...  Salen todos e ingresa el psiquiatra.
-      Hola, me llamo Hugo y me imagino que no querés hablar conmigo. Soy tu médico de cabecera y trataremos juntos de ver porqué te producís esas heridas en la piel y guardás cucarachas en ellas, ah, y gusanos, que me contaron que son tus hijos. – dice muy abierto el hombre.

-          Sí, son mis hijos y cada una tiene un nombre. Se aman y me aman, no como la malvada que acaba de salir. – baja la voz- Ella me mató a mis tres primeros hijos. Eran dos nenas y un varón. No le cuentes a nadie. Ella es de la cofradía de la catedral y reza raras oraciones por día. Mi amor, Ernesto, se ahorcó por su culpa. El demonio vive en su casa. Es mala y su madre y hermanas también. Quiero que me devuelvan a mis hijitos e hijitas, ellas no van a morir en manos de una curandera. Y sigue hablando y hablando hasta que se queda dormida. La alienada, sólo cree que sus gusanos y cucarachas, estarán vivas debajo de su piel, abierta con hojas afiladas de cuchillos.

viernes, 12 de agosto de 2016

CARTAGENA, CIUDAD DE LEYENDA


CARTAGENA, CIUDAD DE LEYENDA


            Caminaba por las tranquilas calles de Cartagena. Había soñado toda la infancia y la juventud con este viaje que por fin pude concretar. Algo aquí atraía mi espíritu aventurero y  afiebrada imaginación. Sentía una fuerza  singular que me provocaba asombrosas sensaciones cuando soñaba con una ciudad extraña y se reiteraba constantemente ese sueño. Alguna de las cien pitonisas que visité en busca de respuestas, quiso ver una vida pasada en otro mundo. Yo me reía de esas extravagancias propias de mi generación. Nací en la década del 60 y entre hippies y rock, aparecieron los orientalistas con sus ideas nuevas. Pero: ¿Cartagena sería en realidad ese otro mundo? No, yo creo que todos mentían. Estas piedras del fuerte, de las viejas y restauradas viviendas de antaño, son tan sólo una maravilla antigua, digna, que debía disfrutar  en las vacaciones.

            Caminé y caminé durante todo mi primer día, compré un vestido de algodón blanco para exorcizar el calor húmedo que se me colaba por los poros. Entré en la calle  de Los Siete Infantes alrededor de la media tarde. El olor del musgo de las viejas piedras, de los paredones de las defensas erigidas contra los olvidados piratas, llenó mis sentidos de una embriaguez insólita. ¡Yo en Cartagena!

            Me sentía libre y nostálgica. Caía la tarde y todo se tornaba de ese tono anaranjado y dorado viejo como un cuadro antiguo, mezcla de los olores violentos del mar y de las flores que crecían en todos los balcones señoriales impregnaban aún más el ambiente haciéndolo más atractivo para mí.

            La calle por gastada y por la forma del terreno caracoleaba entre palmeras y jardines. En un recodo de la callejuela “Del Boticario”  y ya casi bajo una semidestruida casa de piedra sentí  la presencia. Era como encontrarme con la transferencia  efímera pero tangible de un ser del pasado. Me acerqué al portal de reja y "La vi” allí con sus ropas anacrónicas y sutiles. Era una joven de porte altivo. Mulata de rostro anguloso y ojos grandes, ágil, que balanceaba una farola con una luz imperceptible, a los ojos menos avisados.

Un cortejo brumoso la acompañaba. Temblé. Los adoquines húmedos, grises y penetrados de helechos salvajes formaban un cuadro que me atrapaban. No me podía mover. El sol había desaparecido y el dorado se había convertido en violeta y un mundo de rumorosas sombras me envolvía. Algo me invitaba a tratar de desentrañar ese raro suceso que me acontecía. Llegué a sentir por momentos el silbido de las balas de arcabuz y el olor de la pólvora que me llegaba desde el puerto mezclada a los viejos olores del miedo. Desde el “fuerte” sentí apagados gritos de dolor e ira. Me acerqué. Cuando toqué los vetustos hierros del portal una ráfaga helada desdibujó la escena. La esencia del pasado había desaparecido con sus bonanzas y desgracias. Me quedé un instante inmóvil y pensativa. Continué mi camino hacia el hotel. Allí me sorprendió el silencio  y la paz que reinaba. Estaba agitada y febril.

Apareció un joven encargado del hotel, me preguntó si el sismo que se había producido, hacía más o menos una hora, me había provocado algún problema. Yo impaciente respondí negando y casi corrí a mi habitación con profundo miedo, dado que continuaba el movimiento sísmico. Caían trozos de mampostería y crujían en derredor, muebles y enseres, como si estuviera por derrumbarse en escombros.

            En el ventanal  que daba al jardín poblado de palmeras y buganvillas coronadas de orquídeas perfumadas,  vi la imagen reflejada en el vitral y mi confusión fue verme, morena y vestida igual, igual a la joven del jardín que me sonreía señalando la playa.

            ¿Ahora me pregunto si así nacen o mueren las leyendas?