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jueves, 30 de noviembre de 2023

LA PERVERSIÓN


 

            Merodeaba por los centros juveniles. Siempre bien acicalado, peinado y vestido como un gran señor. El automóvil impecable y lustrado como el de un caballero ocupado.

            Desde la salida de la etapa del secundario se sentía perdido. Ya no podía decir que era el centro mismo de la atención de las “chiquilinas púberes”.

            Se había graduado con honores, siempre brillante en el discurso y la palabra. Sus comentarios atraían por conocer  temas que atrapaban las mentes curiosas de las púberes. Sabía bailar y jugar al tenis, cantaba bastante bien y aprendía las canciones de moda atrayendo los oídos curiosos. Se compró un pequeño perro que más parecía un juguete que una mascota y se paseaba cerca de las escuelas del barrio lejano a su casa. ¡No debía llamar la atención de quienes pudieran reconocer las oscuras intenciones que tenía!

            Su madre, preocupada por ciertas actitudes comenzó a regañarlo. Las discusiones se iban haciendo cada vez más fuertes y difíciles. Un día la golpeó. La madre cayó sobre un sillón con un hilo de sangre sobre la tez arrugada por los años. Él, ya no era su pequeño Valerio. ¿Un monstruo? Su hijo un monstruo que ante sus angustias respondía con golpes.

            Salió azotando la puerta y chirriaron los neumáticos sobre el pavimento caliente de la calle. Cuando se acercó al Liceo, dejó el vehículo, se acomodó la ropa, abrazó su mejor sonrisa y comenzó a caminar pegado a la cerca donde las pequeñas jugaban al hockey y se detuvo a observarlas. Sintió una erección indescriptible cuando una bella pelirroja pecosa se agachó cerca de él, a recoger la pelota. Esperó.

            Cuando las chicas dejaron de jugar, se apresuró a la niña que le atrajo tanto hacía unos momentos. Le comenzó a hablar sobre cómo debía manejar el juego. La niña, incrédula se interesó. La invitó a subir al auto, con el pretexto de mostrarle la cancha de los jóvenes que jugaban en primera. Así la fue llevando por la carretera hasta un parque donde en efecto estaba la enorme cancha de hockey de la universidad. Se detuvo y sin hacer mucha presión, la tomó del brazo y la atrajo con un movimiento que por sorpresa la niña no supo esquivar.

            Trató de besarla. Inexperta la muchacha intentó desprenderse. Le tapó la boca y la manoseó. Un auto patrulla se iba acercando, él, la soltó y salió con furia hacia la calle principal y la dejó sobre la vereda con la carita mojada en lágrimas y sangre en la nariz.

            ¡Otra vez será se dijo desesperado! No fue mi culpa que ella no me aceptara, con un poco de tiempo sería mi enamorada.

            Cuando llegó a su casa, lo esperaba la policía. Lo arrestaron porque habían reconocido el vehículo y no era la primera vez.

 

 

 

    

EL PODER

 

            ¡Tener dinero te dará poder! Ese era el lema de su familia. Habían trabajado como mulas en los tiempos lejanos, hasta que la suerte los tocó. La abuela Herminia, se ganó la lotería y con eso comenzaron las artimañas para conseguir mucho, mucho dinero.

Se mudaron a un barrio muy “paquete” y se agregaron apellidos que parecían plaquetas de brillantes en la frente.

            Compraron un caserón y llamaron a un decorador que era famoso entre los famosos. ¡Para eso estaban las revistas de chimentos! Vino con un ejército de ayudantes y dejó la casa como la de unos verdaderos magnates.

            Les llovían las invitaciones a cenas, bailes e incluso los instaron a hacerse socios de un club exclusivo. Ropa nueva, calzado a la moda, peluquerías caras y cambio de colegios. ¡Los públicos, son para los pobres! No importaba si aprendían o no, los hijos, pero se hacían de amistades de ilustres.

            Así pasaron un par de años, con ciertos negocios que les dieron más dinero, consiguieron aparecer en los espacios más prometedores del poder. Un grupo de vecinos le propuso a don Silverio para que se presentara como concejal. Y aceptó, así fue votado en una lista y comenzó su carrera como político.

            De puerta en puerta, de barrio en barrio, abrazando ancianos y niños, besuqueando mujeres que lo miraban asombradas porque les besaba la mano, fue siendo popular.

            Mientras tanto conseguía más renta y más dinero que solicitaba para la “Campaña” para poder llegar al poder.

            Ya no manejaba el auto, que había cambiado por uno de última generación, el compadre que recogía los sobres era su chofer.

            Le habían preparado una oficina con banderas y carteles de un partido nuevo que prometía mil falsedades. ¡Total cuando se llega, nadie se acuerda lo prometido!

            Y un fatídico día, salió ganando en elecciones y llegó a gobernador. El despilfarro de los que lo rodeaban era incalculable. Pero él, tenía poder. Se enemistó con gente preocupada por la felicidad del pueblo. Puso cargas económicas infernales y cerró negocios que se adherían a sus propuestas.

            Un día, desde una moto, pasaron unos tipos envueltos en cuero negro y metieron dos tiros por la ventanilla. ¡Adiós poder! La muerte fue acallada. Nadie investigó seriamente y hasta hoy se habla de don  Silverio el que quiso tener el mundo entre las manos y lo perdió todo en un momento.