lunes, 23 de abril de 2018

ESPERA




Desde el momento que soñé tu nombre
         Un ramo de jacintos me ha crecido
         en el sitio donde juega tu mirada
         la pequeña flor de mi vientre,
         de mis delirios amorosos.
         Desde que te imaginé, en mi corazón de flauta dulce
         te beso en silencio voy hacia tu sonrisa de ángel tibio, encuentro un puñado de pétalos de narcisos. Desde que te vi. Tu imagen transparente, de pájaro jugó con mi esperanza hacia el mundo inquieto de tu cuerpo niño.
         Pequeña estrella de mirada alegre.
         Desde que tu estás en mí, pequeño milagro de la vida.
         Haces que el perfume inquieto de  tus manos se mezcle con la piel.
         Desde que nació tu luz en esta aurora mi alma juega
         con un sol de caramelo, corre hacia la risa de tu boca pequeña
         para llenar el hueco en mi vida simple.
         Milagro que renace en cada hora
         pequeñita de piel rosada  turmalina






UN ÁNGEL INQUIETO




El ángel suspiró y un millón de luciérnagas escapaban de sus labios de pulpa de damascos. Se miró reflejado en el charco plateado de la fuente. Ya no era un niño. Se deslizó por el césped y era como una mariposa de escarcha engarzada en hilos de rocío planetario. En el tiempo infinito de los ángeles había transcurrido en un instante y se volvió a mirar. El perfil de su cuerpo parecía la costa de un río sereno de los llanos en flor. No pudo esconder el plumón rebelde de su ala izquierda, esa que tremolaba cuando veía a la ninfa de mármol de la fuente. Volvió a suspirar y salieron volando pétalos de flores de colores amarillos pálidos y fuertes. Se había enamorado.





miércoles, 18 de abril de 2018

EL ABANICO NEGRO


           Todo negro...mi vestido de tafetán, mis guantes, mi sombrero de plumas y cintas...el velo que cubre mi frente y los ojos hinchados por el llanto. Todo negro...hasta mi corazón. El abanico de viuda y sus tristes destellos en mis manos tristes.
            Entro al salón. Me detengo y respiro profundamente. Paso al escritorio y me veo reflejada en el gran vidrio de la biblioteca. Yo, allí, erguida, sostenida apenas por el "polizón" y el "corset" ; aunque estoy quebrada en millones de fragmentos. Erguida a pesar del dolor.
             Sí, mi amado José Carlos ha muerto. Ya no veré su fino bigote que con delicados movimientos atusaba para esconder la sonrisa cómplice. Sus lentes de oro y vidrios pequeños, que encubrían su mirada apasionada. Su deseo.
            ¡ Cuánto amo a ese hombre que se ha escapado de mis apasionados brazos ! Miro mis botines también tan negros como el perfil oscuro de la muerte. Tal vez ellos ocultan mi temor  y desolación, en mi paso firme. Camino hacia el escritorio de caoba. Abro el cajón del frente...y allí está la pequeña pistola. Fría mensajera de metal y nácar. La tomo lentamente...me siento el enorme sillón de terciopelo rojo...la acerco a mi frente y dudo. La pongo con mis manos trémulas junto a mi boca sedienta de sus besos y su aliento . ¡ Disparo y un chorro de sangre brota como una cascada sobre las cartas de él, que sueñan en la tapa del mueble frente a mí ! Silencio.

            Un ruido cercano me despierta. Estoy sola. Hace unas horas me he quedado dormida en el viejo escritorio de mi abuelo. Mi amor ha muerto ayer y extraño su pasión. Su cuerpo. Su compañía. Sus besos... Miro hacia el jardín y observo el auto negro que brilla con el sol que trata de ocultarse entre los árboles. Mi vestido blanco de seda está empapado de lágrimas tibias. Observo el recinto...es el mismo de mi sueño.
            Sobre mi regazo...un abanico "negro" de viuda, me deja el mudo regalo de mi bisabuela. Ella estuvo allí... hace muchos años. En el gran espejo veo una figura tenue que se desdibuja en las sombras. Ha dejado un fuerte perfume de violetas.


LING TAI YU...


            
                        Era de ladrillo cocido, esmaltada en algunas de las figuras del león vigilante de los demonios caseros. Era la casa donde ella, ahora era la “primera”...
                        La belleza nívea de la rala cabellera transpiraba noches de luna insomne. Pequeñita, torpe en su desplazarse entre el crujiente sillón de madera y mármol, que refrescaba su escaso puñado de músculos macilentos. Sus pies hinchados y deformados la hacían arrastrarse para llegar hasta el altar familiar abrazado de incienso volátil. El rojo tapado de seda abarcaba su cuerpito menudo y tieso. En sus ojos cenicientos nadaban los miles de plantas de arroz que enraizó en su juventud , agachando el deseo de estirar un suspiro en su espalda corva. Miles de siglos apretados en su espalda de campesina. Sus manos de piel morena, dedos deformes y aguzados como azuelas acariciaban una pequeña bolsa displicente en su regazo. Picardía en el sobar las fruslerías de jade y oro que contenía su faltriquera antigua, recuerdos obscenos de la época anterior a la muerte de la primer esposa y de la segunda. Se sentó extasiada bajo el cerezo florecido esa mañana. Un mar de rosados pétalos atrapaban las abejas y abejorros que extraían el néctar para polenizar otros árboles de la ciudad en flor. Una sombra azulada se perfiló en su rostro cuando una jovencita se acercó a lavarle los pies y las manos. Era la hora de sol rotundo, cuando caen guijarros de fuego húmedo sobre la techumbre de viejas tejas musgosas. Era esa, la nueva esposa de su hijo mayor y ella la odiaba. Su sonrisa desdentada horadó su memoria...Activó la  imagen de la primer esposa de su amado. Esa que la hizo hincarse para limpiar su sangre y el tibio semen después de copular toda la noche. El odio ensombreció la mirada astuta y petrificó aún más su corazón partido en mil esquirlas aguijadas. Zumbó su voz  el vapuleado azote verbal a la nueva muchacha que penetraba en su mundo petrificado de silencios. ¡No me toque , dijo en un zollipar nunca escuchado! Y la  tercer esposa del primogénito, siguió abrevando el tibio líquido sobre la piel escamada, a causa de largas temporadas pisoteando en el fango, cosechando o plantando arroz para su esposo. La había comprado por monedas a su padre que la odiaba porque era mujer y había nacido antes que el varón tan esperado. Otra muchacha , casi una niña, le acercó un bol con una papilla tibia con verduras y pescado finamente desmenuzado. Comió con la pequeña mano, ya no podía sostener los palillos por el dolor afilado que le deformaba los nudillos. Bebió el té verde, que se deslizó por su barbilla que descargaba en el ahuecado pecho la mitad del contenido del mínimo vaso de porcelana. Se durmió entre sorbo y sorbo, pero soñó con las caricias de su dueño caprichoso en tardes de primavera. Sus muertos senos eran como talegas de duraznos maduros y perfumados entre los dedos expertos de aquel hombre que había deseado tanto...otrora. La muerte atisbaba lujuriosa entre los cerezos. Ella abrió los nublados ojillos medio adormecidos y vio acercarse a la esposa primera, aquella que le había robado la pasión de su amo y esposo. Venía a buscarla desde la otra vida. Tomó un bambú que le servía de apoyo y descargó un tremendo golpe a la maldita. Otro golpe y otro. Inesperadamente la tercer esposa de su hijo cayó. La cabeza estrellada a palos en un charco de sangre sobre el pavimento del patio interior. La negra cabellera juvenil teñida de fiesta, pensó...¡ Resonó como el tambor del templo !
 Acudieron las otras mujeres para auxiliarla...era demasiado tarde. La muerte jugó con el destino pero se llevó la vida joven. Inocente la muchacha yacía en las piedras pulidas por el uso. Victoriosa la anciana juzgó que debía dormir una siesta. No vestirían de blanco por lo sucedido. El rojo seguiría siendo el color de la casa.


EL JUICIO


El chirrido agudo le ingresó al cerebro. Un afilado estilete acerado le penetraba en la conciencia cegándolo y lo hacía entrar en un mundo algodonoso de color rojo. Recordó la figura de Estela pidiéndole que no olvidara...Silencio. Soledad. Luego la nada.
            Una pequeña multitud arremolinada trataba de contener a los niños curiosos que se asomaban entre las piernas de los mirones. El accidente había ocurrido frente a una escuela de párvulos. La ambulancia llegó y con dificultad y ayuda de los bomberos extrajeron el cuerpo de un hombre joven.
            El celular de Estela sonaba con frecuencia. Ella estaba dando una conferencia en la facultad y no podía atender. Lo dejó en espera. Ernesto se habrá olvidado de ir al médico para retirar unos estudios de factibilidad. Los aplausos y las breves preguntas le parecieron normales. Al erguirse observó que en la puerta del auditorio, un oficial de policía hablaba con su secretaria. La señalaban. Se acercó. El rostro de Dulce, su ayudante de cátedra era fatal. Martina, su secretaria le pidió que fueran hasta la oficina del decano. Allí le comunicaron el suceso.
            Llegó rápido al sanatorio. Un médico desconocido la tomó del brazo y la introdujo a una salita. Ahí, a través de unos cristales pudo ver, entre cables y máquinas tecnológicas, la figura de Ernesto. Muerte cerebral. Coma profundo. Palabras que le sonaron a metrallas, guerra, atentado. Cayó en un profundo mutismo. No tenía palabras, sólo lágrimas. Pasó días, semanas y meses en un estado de inoperancia catatónica. Sentada en el piso junto a la cama del marido...¿ marido ? o muerto en vida...observaba inmutable el hilo sinusoide del ritmo cardíaco. El respirador monótono mantenía el flujo de oxígeno en el cuerpo. Sus signos vitales eran propios de un hombre de 38 años, sano hasta el momento del hecho. En el receptáculo entraban y salían toda clase de especialistas y enfermeros, cada uno le realizaba tareas delicadas para mantener el cuerpo vivo.
            Una tarde de invierno, ya había pasado siete meses, entró una joven y comenzó a hacerle preguntas. Era sicóloga. Preguntó por los hijos...¿ Hijos...? Ellos no habían querido tener niños hasta no tener ciertos bienes y...la libertad...y poder disfrutar de
 ...viajes, teatro... y ahora estaba sola. Él ya no podía darle un hijo. La charla se prolongó un tiempo corto. Pero la idea del hijo quedó flotando en su conciencia. Estela pensó en su estúpido egoísmo. Necesitaba un hijo para poder sobrevivir a tamaño dolor. Así sólo así lograría superar su sentimiento de culpa.
            Varios médicos la miraron con sorpresa y desestimaron su interrogatorio. Comenzó una búsqueda urgente. Habló con especialistas que dieron algunas alternativas. Un día entró un joven médico residente extranjero. Ella le contó su historia y él le sugirió...una inseminación in vitro con posibilidad de tener el ansiado retoño.
 ¿ Qué tenía que hacer? ¿ De dónde extraer los espermatozoides? ¿ Podrían extraerle a Ernesto?...Así se formó un pequeño complot... A los veinte días ya tenían material. Le sacaron, luego de ayudarle con hormonas, cinco óvulos. Estela se preparaba para una aventura increíble.
            El tratamiento era un triunfo de la ciencia. Dos embriones estaban en el útero bien ubicados. Se desarrollaban perfectamente. El vientre comenzaba a abultarse.
            Desde Francia había llegado un especialista a dar unas conferencias y un amigo común le pidió que revisara la historia clínica y a Ernesto. Le suministró una nueva droga experimental y aconsejó unas pruebas de vibrato acústico. El resultado fue revolucionario.
            De entre una nube comenzó a ver pequeños objetos. Sintió ruidos, voces y palabras que le llegaban al cerebro aumentadas cien veces. No podía hablar. No podía decirles que entendía todo. Se esforzaba por hacer algún movimiento para que entendieran que había vuelto. No sabía de dónde. No sabía qué le había pasado. Sacó algunas conclusiones de lo que hablaban a su alrededor. Un accidente terrible. Muerte cerebral. ¡ Él estaba allí, vivo, comprendía!
            Las máquinas dieron muestras de su mejoría. Comenzaron nuevos tratamientos. Tuvo reflejos y algunos movimientos de párpados y dedos. Respondía al dolor, al calor y al frío.
            Estela sintió que había llegado el momento del parto. Sola, con Dulce y Martina, entró a la sala de pre - parto. Luego se produjo el nacimiento de una beba y un varón. Sanos , hermosos y producto de la biotecnología. Se silenció el origen ante los medios, para proteger a los niños. Y a los padres. Era un verdadero milagro.
            ¡ Es un milagro, sin duda es un milagro, dijo el equipo de médicos ! Ernesto había hablado mostrando su total conciencia y su dominio de voluntad. Ahora quedaba un enorme trabajo de motricidad por delante.
            La llegada de Estela al pabellón donde se trabajaba con el cuerpo de su esposo fue acompañada de una actitud inesperada. Ernesto no quería hablar con ella. En su lugar apareció un abogado que le presentaba una demanda de divorcio. Ella había sido infiel. La concepción de dos niños en su etapa de muerte cerebral eran la causa. Ernestito y Delicia no eran producto del amor. No tuvo él la posibilidad de engendrarlos, no eran hijos de un acto voluntario.
            El juicio fue muy difundido y publicitado. Los niños amparados por leyes de protección al menor pasaron a las manos de un familiar. El juez, frente a un tema ético tan conflictivo se juntó con grupos de jurisconsultos a deliberar...Estela está esperando la sentencia.

RESINA HIRVIENTE



El incendio había atrapado todo. Las bestias huían en los estrechos espacios por donde podían colarse. El nefasto humo agrio, invadía el pequeño bosquecito de la isla.
Añosos los pinos crepitaban como hijos huérfanos en duelo. Los pastizales como látigos de lava hirviente, castigaban a las indefensas alimañas del monte isleño, que se freían con el fluido resinoso que chorreaba. Borboteaba fluido de los troncos casi calcinados en lenguas sangrientas.
De pronto, el cielo compadecido gimió. Llovió con furia, apagando lentamente el siniestro aniquilador. Un fantasmal habitante de las inmensidades celestes fue extinguiendo, uno a uno los pabilos de un gigantesco candelabro.

FOTOS PARA EL RECUERDO

SI CREYERA QUE HAY UNA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE, YO HE VIVIDO EN UN PAÍS DONDE LA MÚSICA DE GAITAS ES PROPIA. ME LLENA EL ALMA Y ME INSPIRA ESE INSTRUMENTO MUSICAL.

 AL SALIR DE UN PATIO EN UN CASTILLO DE INGLATERRA, UN HERMOSO ACTOR REPRESENTANDO A UN REY, NOS DIO PASO Y NOS HIZO UNA GRACIOSA REVERENCIA!!!
EN EL SILENCIO DEL CAMINO DOS GAUCHOS REGRESAN CABALGANDO POR LA TIERRA DEL SUR DE BUENOS AIRES. ¿CUÁNTOS POEMAS PODRÉ CREAR CON ESTAS IMÁGENES? MUY BELLAS TODAS.