miércoles, 30 de mayo de 2018

GALERÍA SANTA FE BUENOS AIRES

ESTOS MAGNÍFICOS MURALES EN EL TECHO DE LA GALERÍA PUEDEN DESAPARECER POR ESTAR VENDIDOS A UN GRUPO DESCONOCIDO. SON PINTURAS DEL MAESTRO SOLDI.

LAMENTABLEMENTE SI LA MUNICIPALIDAD DE LA CABA NO LOS DECLARA DE INTERÉS CULTURAL PUEDEN SER DESPINTADOS O TAPADOS.

EN EL TEATRO COLÓN EL MAESTRO SOLDI, PINTÓ UNOS FRESCOS REPRESENTANDO TODAS LAS ARTES. ¡SON BELLÍSIMOS1
LAMENTABLEMENTE MI CÁMARA NO TENÍA UNA LENTE PARA MOSTRAR MEJOR LAS PINTURAS. ROGUEMOS QUE NO SE PIERDA.

HOY QUIERO DARTE



Hoy quiero darte...

Pequeña ciudad adormecida,
una nueva letanía de  geranios y malvones.
A cada paso...
voy descubriendo los rebordes de tus calles,
que se abren , como fraguas,candentes y pulidas.
¡Para mis ojos, que buscan,
eres la misma estirpe natal de la hermosura!

Soy altanera; cuando cruzo mis palabras,
en alabanzas de tus cielos azules y calientes de Enero.
¡Ah tus árboles viejos y sombreantes alamedas!

Deseo pasear de tu mano pétrea y nostálgica.
¡Mendoza añosa, yo me rindo, cuando me pierdo ,
en mis sueños!  Mendoza madre.
¡Quién conoce tu vientre, descubre, que generas estrellas!
...¡Más que hijos, tus terrones blancuzcos,
poseen primaveras...!
¡Qué avidez de flores, tienen tus entrañas, ariscas!
¡Como impávida amazona , te cabalgo y te beso,
dando vueltas y vueltas, con mis alas de ensueños!
Yo recorro tus valles de manzanas y peras,
pasto seco y jarillas, alucema  y membrillos;
que duplican la espera, de éstas  mis ansias regias.

Los pájaros, los agoreros, aletean feroces
mientras pierdo mis pies , en largas caminatas.
Solitaria ciudad, que duermes largas siestas,
en cansados  domingos, en feriados  y fiestas.
¿Yo qué espero de tí? ¡Ni conoces mi nombre!
¡Soy la parte más inédita, de tu arte y tus nostalgias!

Soy como tus pequeñas  mañanas invernales,
que se estiran gozosas entre brazos adormilados,
para quitarle al sol, sus sobrios oros viejos,
el calor de la vida ,los Zondas y temblores.
Yo quiero acaparar , tu sorpresa y tus noches..
¡Quiero ser tu nostalgia y cantarte en mis voces!

HAY MUCHO HAMBRE TODAVÍA


El viejo vapor arrastra una multitud de inmigrantes en su apestoso vientre. Los campesinos pobres y atemorizados se aprietan entre ellos. Los lazos son según el pueblito que han dejado allá lejos en su terruño, España. Frente a ellos un río enorme, de colores tumultuosos en ocres, marrones y verde negrísimos como lastre del infierno selvático.Un río que recorre kilómetros con bravíos remolinos y arrastra toda clase de troncos y vegetación con pequeñas alimañas propias de un clima semitropical. Nadie tiene fuerza para hablar. Sólo abren los ojos como volcanes en erupción para apretar imágenes y robar paisajes de esa tierra que parece una enorme matriz extenuada. Es sublime ver las manos asidas con fuerza entre gente que sólo tiene en común el miedo. Los ruidos ensordecen y nadie osa moverse. Los niños pequeños lloran y sus madres agotadas, sudorosas y febriles los aprietan a sus mamas para que el calor los acoja. Con grandes maniobras ese gigante mugriento se acerca entre el barro podrido a una orilla de piedras. Una planchada de madera del país, fuerte y sólida, recogidas las gruesas sogas de ágave y algodón retorcido con cera de abejas y crines de caballos con brea; aprisiona una tumultuosa carga humana. Han atracado en un puerto que los separa millones de constelaciones marinas de su Patria. Allí frente a esos rostros vulnerables y trágicos está apenas murmurada la palabra "Esperanza", esa compensación largamente esperada en sus vidas.
            Así llega Joaquín con la Carmela y tres críos. Tan asustados como los otros. Llenos de ira y dolor. Con esperanza y estupor, escuchan el ruido y la batahola que hacen los recién llegados.
            ¡Después el Hotel de Inmigrantes !. Largas colas para ser aceptado por este país gigante. Papeles y documentos, gritos y soledad ruidosa. Después lo ignorado. Una ciudad que abre las fauces como para tragarse  al puñado de campesinos alentando más que sueños.
            ¡Gracias a Dios el idioma es casi el mismo!. Modos diferentes de nombrar cosas iguales. Palabras que vagabundean entre gente de países dispares. El mismo hambre y la misma falta de recorrer escuelas y bibliotecas. Sí, un bulto de herramientas de labranza y un tesoro precioso: semillas, barbechos de vid y hasta han logrado traerse el vástago de un árbol frutal y de un olivo de su tierra. Después la búsqueda del lugar definitivo donde labrar la tierra virgen. Un lugar en donde dar forma como pájaros sedientos a su nido.¡Tal vez de piedra, tal vez de barro y muy difícilmente de barro cocido con tejas musleras, como en su pueblito!.
            El trabajo y el hogar junto a su mujer que pronto tiene una chacra, gallinero y cerdos.
                        Después vienen los tiempos buenos. Joaquín con sus brazos ha conquistado "América", compra más tierra y contrata paisanos. Galleguitos recién llegados lo ayudan a levantar cosechas. Los hijos crecen y llega el momento de mandarlos a estudiar a la gran ciudad. Pepín ya es médico, Manolo ingeniero , Isidro abogado y Encarna y Maripí maestras. Ellos siguen "Trabajando la tierra" que ya no produce tanto.¿ Malos gobiernos?. ¿Crisis económica mundial?.
                        Y así comienza la otra historia... Manolo ha logrado ser un destacado orador y se ha dedicado de lleno a la política. Su ideario revolucionario encendido de palabras ígneas que quebrantan las viejas estructuras lo han puesto frente a frente con su hermano Isidro que en un partido totalmente opositor encarna a su más acérrimo enemigo. Las otrora alegres reuniones familiares se han desfigurado como mascarones horrorosos que desdibujan la atmósfera plácida de un hogar de gente buena y simple. Un clima de asfixia y podredumbre va creciendo como una baba pegajosa y maloliente entre los hermanos. El encendido estupor de agresividad manifiesta se entreteje en el viejo comedor. Un odio creciente expresado en gritos y blasfemias, en panfletos que derraman aversión y resentimiento contra ciertos hombres e instituciones. Llegan en forma inesperada a esa casa armas de calibres impensados, de feroz destructividad y fiereza.


            Un día traen a un militante herido en un atentado. Joaquín reprueba pero acepta. Carmela llora y cura al herido en silencio. Ninguno se atreve a contrariar al hijo poseído por un encono exterminador y perverso. ¿Dónde está la falla?, se pregunta Joaquín en su mutismo.
LLegan cada día noticias de destrucción y muerte con atentados mortíferos. Llegan noticias de revanchas por parte de otras facciones contrarias. Corre mucha sangre. Heridos y mutilados pasan por la finca de Carmela y Joaquín que no soportan esa participación impuesta por el miedo pero que callan por amor y angustia, la culpa incomprendida por esos seres sencillos los enajena.
            Isidro gana unas elecciones dudosas con un partido dudoso. Una bomba estalla en su  casa y es reivindicada por las células comandadas por Manolo. Los hermanos son enemigos. Se enfrentan en la lucha y sigue creciendo una nube negruzca como humo de cadáveres calcinados por la fiereza de la aversión . Uno cree tener en sus manos la salvación de su pueblo a través de la revolución y un cambio temerario. El otro cree que todo debe volver a las antiguas formas establecidas. El país otrora pacífico y bueno, es una caldera hirviente de corrupción y de infamias. Aprieta el hambre en la gente del pueblo y en su lucha política nadie los ayuda. Ni los pacíficos ni los revolucionarios. Los que pueden escapan de sus casas. Los que no pueden viven con el terror enroscado como boas en sus entrañas.¡Hay tanto para amar y hacer!. Nadie se preocupa por los pobrecitos campesinos. Las ciudades que fueron creativas y que crecieron con buen ritmo se destrozan entre las arduas contiendas políticas. Aparecen los eternos salvadores. Extranjeros que tratan de aprovechar el desenfreno existente. Más corrupción y más muertes. Armas. Bombas. Panfletos. Odio. El hogar de Joaquín y Carmela está desvastado por tanto desatino.
            Un atentado destruye la casa de las hermanas. Maripí pierde a su joven hija que queda destrozada y a su marido, que nunca ha militado en ningún partido. Queda llena de rencor y estupor creciente. Quiere vengarse.
           

            La vivienda de Encarna y sus hijas está fatal. Ha quedado sin techo,  sin vidrios, sin puertas y desgarrada por todos los flancos.¡Ella que quedó viuda hace tan poco!. Si su Pepe muerto de un cáncer  doloroso y largo, viviera, moriría de pena. Le crece una ira que se agiganta como una creciente de aguas bravas y oscuras. Como tormenta de verano que acumula vientos y centellas, que arrastra ruidos infernales. Quiere asumirse en represalia contra aquellos que arruinaron su nido.
            Nadie quiere hacerse cargo de tanto escarnio. Hay más muertes cada día. Desaparecen familias enteras. Son noticia. Los nombres de Manolo y de Isidro son susurrados con miedo. ¡Culpables!.
            Las mujeres vuelven al hogar paterno. El miedo desdibuja las sonrisas. Nadie dice lo que piensa. ¡Los hijos de esa pobre gente han traído la infamia a su familia!. Nadie acepta ya trabajar con ellos en la chacra. Pierden amigos y compadres. Se mudan los antiguos vecinos.
            En un enfrentamiento con fuerzas regulares matan a la esposa de Manolo. La muerte muy dudosa pone de manifiesto que todo ese horror trae consigo vergonzantes maniobras. Los hijos de Manolo huyen a la casa de sus abuelos pero son detenidos y pasan varios días desaparecidos hasta que Joaquín obliga a Isidro que los recupere. Llegan desaforados y maltrechos. Tienen mucho odio y quieren vengarse.
            Joaquín intenta hablar con sus hijos y prudentemente recuerda el ¿por qué ? llegaron a la América. Nadie los escucha. Tampoco los nietos.            
            ¿ No saben acaso que salimos del pueblo porque estábamos hartos de injusticias y del hambre que hombres como ustedes imponían a su gente? ...¡ Y las guerras , sí que había guerras allí, como éstas, donde los jóvenes morían sin conocer por qué! . Ustedes me hacen perder la Esperanza por la que vine a esta tierra bendita. Yo y la Carmela conocemos la pobreza y la humillación del hambre...
           
            Nadie los escucha hay demasiado resentimiento.
            Por razones políticas se  debe exiliar  en España, Manolo con algunos compañeros de ideario. Su precipitada escapada en un avión con papeles falsos y una guardia nacional buscándolo frenéticamente, hace que se desconozca su paradero por un tiempo prudencial. A través de instituciones internacionales vuelan sus hijos a ese territorio de sombras que los espera.La vieja pena del exilio pesa por las costumbres y afectos.
            Luego parte Isidro que ha sido traicionado por su partido. Los otrora militantes han hecho un cuerdo vergonzoso con un enemigo extranjero y su vergüenza le desdibuja la imagen de héroe y de caballero. La familia se va disgregando poco a poco. El país que lo recibe como a un expatriado le va cerrando puerta por puerta porque no es una pieza propicia para las contiendas de políticas nuevas. El hombre y su familia comienza a sentir soledad y muerte civil.
            Llegan nuevos gobiernos al terruño de Joaquín y Carmela. Las hijas van recobrando un retazo de paz. Los nietos que han quedado acá no quieren ni oir hablar de sus tíos.
            El único hijo que ha quedado sin enfrentarse con políticas foráneas debe comenzar lentamente a reconstruir su viejo hogar paterno totalmente desgarrado por la infamia y el apremio. La madre tierra devuelve con pudor pausadamente sus frutos y así vuelve la vida al puñado de seres agrietados por el dolor.
            LLegan noticias de los ausentes. Algunas buenas otras llenas de nostalgias. Ya no son tan rebeldes. Han descubierto que los hombres de la política no son tan puros ni tan recalcitrantes. Todo va adecuándose a nuevas formas de vida. El mundo ha cambiado y las ideas se van reacomodando a nuevos esquemas.
            Ellos los que destruyeron la familia están sedientos de volver y reencontrar al viejo campesino y a su mujer, madre sacrifacada y sumisa como las de antes.¡ El tiempo apremia han pasado tantos años!.
            ¿Cómo están en nuestro hogar?
            ¡¡¡Eso...pregunta uno y el otro presume que sus padres ya ancianos deben haber quedado muy heridos... y no sabe aún pedir perdón...!!!
            El  otrora país convulsionado ha regresado a las reglas. Pero las reglas son duras y hay mucho por reconstruir. El pueblo sigue sufriendo y como siempre hay hambre. Ese amigo detestado es una evidencia permanente en latinoamérica. Con cualquier gobierno, el pueblo sufre igual.
            Joaquín piensa que Carmela tal vez quisiera volver a su tierra...pero...
             Ya esta América no es esa América de entonces. Joaquín y Carmela podrían volver a su antiguo pueblo que ya es una ciudad próspera pero ajena. Nadie recordará ese par de muchachos que se fueron . La misma fuente en la plaza y el mismo campanario. Una guerra fraticida. Mucho hambre olvidado. 
            ¡ Qué viejos estámos los dos, Dios mío debemos tener millones de años!. El sufrimiento no se evita aunque uno se esconda en el lugar más lejano del mundo. Tienen la cabeza blanca y el cuerpo mustio. ¿Dónde quedó la alegría de los años mozos, y dónde la Carmela cantando cancioncillas  de pastora y segadora de espigas?.
            Están juntos y aún hay amor entre ambos. Lo demás ...es historia  de vida...                    
            -Vení Carmela...mirá el río. ¿Te acordás del día en que tu madre y mi madre se despidieron de nosotros en la ría? - y aprieta con sus brazos débiles Joaquín los hombros cálidos - ¡Te acordás cuando tu madre te puso en las manos el cofre de semillas y casi sin mirarte te dijo...¡ Vete y sé feliz, no quiero que mis nietos pasen hambre!... ella sabía que nunca te volvería a ver y sin embargo allá quedaron mudas y abrazadas como harapos vivientes con sus largas faldas negras y sus pañoletas..., vení Carmela y mira el río parece el mar dulce que nos trajo... ¿Carmela ?...¿qué te pasa Carmela?...¡ duerme...mujer mía, duerme  que ya es tiempo que descances!.

EL VIAJE... DESPERTÓ AL HOMBRE



            Recién he podido cumplir mi anhelo de besarla. Sus labios tan fríos como mi dolor mortal, se entregaron sin poner resistencia. Murió hace unos minutos y llegó a cumplirse mi deseo. Aún vibra en mi cuerpo el ardor de la pasión escondida. Todos me miran petrificados...el médico y sus ayudantes ven como acaricio su cuerpo y lo beso. Beso hasta el más íntimo rincón de su cuerpo amado. Su alma no lo dudo ya es mía.
           
            El vehículo se desliza por el camino polvoriento, infierno de hoyos inescrupulosos que infectan la huella. Saltan los amortiguadores y protestan con desenfreno con cada pozo y yo miro con desesperación a mi  ´padrino´que maniobra como si no quisiera evitar ninguno para aliviar los golpes de mis piernas y nalgas. Hace unos días me pidió prestado a mamá para que lo acompañe en este viaje de aventuras por la Patagonia. Yo siento que hará que viva una maravilla de vacaciones. Ella no estaba en mi mente... ¡su secretaria! Tiene un culo y unas piernas que no me dejan mucho espacio en el asiento. Me ha empujado tantas veces que ya me siento del tamaño de un pez, largo y finito...la odio. Es difícil entender ¿cómo mi padrino tiene que acarrear con semejante estúpida? Permanentemente se limpia con un pañuelo la cara para sacarse el polvo que ya ha penetrado por todas las rendijas de la parte de atrás y por todos lados. Casi no la miro y ella me espía de reojo para hacerle morisquetas a Lucio, que así le llaman a mi padrino. Él me invita a pasar un rato a la parte trasera y ella se pone jocosa y me hace unas burlas que me dan más aversión. En realidad tengo un hambre terrible, mamá nos preparó empanadas y tortillas y el perfume de las papas calientes y aceitosas, me hacer hipar el diente. Al detenernos bajo un árbol de perfil extraño, torcido y retorcido por los vientos del sur, siento que mis pobres huesos de trece años, que pronto voy a cumplir, necesitan urgente moverse. Salto con euforia y corro tras unos michay secos que se desparraman por la arenosa planicie por donde discurre el camino. ¿Me pregunto si el suelo en la luna será como acá? Salgo a estirarme y la muy torpe se agacha y me pregunta si voy a ir a mear... ¡ qué metereta ! Soy grande y no le tengo que decir a ella. Además es una desvergonzada. Decir eso delante de su jefe. Ella me dice que mire para el oeste que va a expansionar se y se pierde entre los matorrales. Yo la espío y le alcanzo a ver como se baja los calzones y su culo rosado se agazapa en el falso retrete que ha encontrado. ¡Mamá...si que tiene desvergüenza...! Lucio se hace el distraído pero yo lo descubro mirándola por el espejuelo del automóvil y él se pone desconcertado y ríe con una risa muy estúpida. Los hombres, dice el tío Albino, deben mirar a las hembras, es cosa de machos y es normal. Y yo no me arrepiento de mirar, para lo que hay que ver últimamente en mi barrio y en la escuela. Siento que me mira perturbado pero a mí no me hace un respingo. Ahora se sienta atrás junto a mí y después de lavarse con agua de un bidón, las manos, me pasa pedazos de emparedados de jamón serrano y tortillas que me como en un santiamén, llena la barriga me entrego a mi juego favorito, jugar con ´dado mágico´ y comienzo a pensar en los monstruos que vamos a cazar con Lucio y ella. ¡Tiene un nombre tan feo...Alana! ¿A quién se le ocurre llamarse Alana? Pero así le dice mi padrino con voz de...galán de cine. Ella trata de no demostrar nada pero yo le noto que pierde el seso por él. Pero él tiene su mujer y sus cuatro hijos en Pueblo de los Álamos, y según entiendo son una familia "modelo" dice mamá cuando se pelea con papá. Él ni la mira...o eso creo. El traqueteo del coche entre los hoyos del camino me ha dado ganas de echarme una siesta de esas que suelo tomar en casa de mis abuelos en Río de las Águilas, debajo de los cerezos y durazneros atrapando abejorros y cigarras, para el insectario de biología. Un sueño blando y profundo me hizo despegarme de la realidad. Soñé sin pudor con los tiempos de juegos en la vega de Antonio, en el solar de los abuelos, los padres de mi madre. Allí juntábamos lombrices y moscas y nos íbamos a pescar al arroyo de Los Toritos, bandadas de cotorras y teros nos alertaban de cualquier peligro. También soñé con ellos, mis primos del campo, con quienes componíamos un corrillo de ruidosos y alegres muchachos, con los que viví momentos de ensueño. Me despertó un terrible golpe que hizo que atronara la carrocería del coche. Me enderecé y vi que habíamos quedado semi volcados sobre la parte derecha del mismo. Un terrible pozo rompió el eje y Lucio se agarraba la cabeza...Miré hacia todos lados y no se veía ni un solo ser vivo. Habíamos aventajado a varios camiones en el medio día, pero yo que dormía, no sabía si en el tiempo de mi sueño habíamos cruzado a alguien más.  Escuché varias palabrotas irreproducibles en boca del padrino. Luego un silencio pesado me urgió a descender y tratar de hacer algo. Era casi el crepúsculo y un paño de añil serpenteaba por los matorrales. Un choique cruzó corriendo y detrás una bandada de polluelos, los charitos, lo siguieron. Ya estábamos en la desértica Patagonia, donde no vive casi nadie y sólo de vez en cuando aparecen camiones del ejército y algún que otro transporte con fardos de lana. La desolación de Alana me perturbó, lloraba y su cuerpo se sacudía rítmicamente. Mi padrino vino a ayudarla a salir de esa incómoda ubicación, para ello se tuvo que tomar del cuello de él y así saltar hasta el camino. Yo sentí una curiosa sorpresa ver como se demoraba en brazos del `patrón´, pensé en la pobre mujer que se había quedado cuidando los niños. Luego, me ofrecí para ir en busca de ayuda...pero no me permitieron diciendo que aún era chico y el padrino partió caminando por esa abrumadora ruta nº 40, hacia lo desconocido. Sólo llevaba una cantimplora con agua y yo me imaginé muriendo de sed en ese desierto terroso y dañino. Ella, ya no lloraba y se sentó junto a un quetrihué algo carcomido por ratones y viento, que solitario llenaba de serena seguridad entre las dunas ariscas a quien pedía un refugio. Cuando alzó la mirada me sonrió y me hizo una caricia negociadora. Yo bajé la guardia, tengo que reconocer mi miedo a lo desconocido, me acerqué y juntos comenzamos a comer la comida algo agria que nos esperaba entre los bártulos, como le decía papá, que traía Lucio y de las valijas con la mercadería que como segundo motivo lo movían. El verdadero trabajo que lo aventuraba por esa inmensidad desolada, era instalar en un pueblito del sur la oficina de correos, ya que él era quien daba el visto bueno al lugar y a los hombres o mujeres que se harían cargo de la estafeta postal de nueva creación. El ferrocarril se encargaba de mover la correspondencia una vez que estaba todo listo y él aprovechaba a llevar muestrarios de joyas, telas, ropa y un sin fin de chucherías con lo que agregaba buen dinero a su sueldo.
Alana me observó y comenzó a acicalarse, su blusa fue desabrochada y pude ver su corpiño blanco con puntillas...pero lo que me produjo una rara sensación entre mis piernas, fue la redondez y blancura de sus senos. Apenas pude mirar porque ella se cubrió rápidamente. Yo advertí que mi sexo estaba diferente; era la primera vez que la veía de ese modo. Mi rostro era una brasa ardiendo y creo que ella lo advirtió por eso se irguió y caminó por la orilla de los matorrales de colapiche y coirones, como buscando poner distancia y decoro. No supe que decir y me dediqué a limpiar el automóvil, levantando un polvaredal que la hizo estornudar hasta que me suplicó que dejara de hacerlo. Así vimos a la distancia un camión con sus luces exangües que se aproximaba por el camino. La bocina algo sorda y resfriada, nos advirtió que llegaba ayuda y en efecto con el vehículo trajeron un cable y nos arrastraron con seguridad entre los baches hacia un lugar desconocido.
            La casona estaba construida en un campo donde criaban ganado lanar y caballos de tiro. El hombre era un rústico labrador y su mujer una tímida campesina de origen extranjero, por su modo parco de monologar descifré a anglosajón y apenas hablaban español. Muy arrebolada y alerta, la mujer de edad imprecisa, arregló una habitación para que pasáramos la noche. Yo me sentía feliz dormiría en una cama de verdad después de varios días. Lucas me tomó del hombro y me arrastró hacia la zona donde había quedado el auto, con particular fuerza. Allí me explicó que debía ser prudente y que no podía decir que Alana no era su mujer, que yo pasaba como hijo y que debía dormir en otro lado. Mi silencio sería muy bien retribuido y así nos ayudarían...creyendo que éramos una familia en problemas. Una gran furia me penetró por todo el cuerpo, transido de sorpresa y exaltación comenzó una sensación de malvada desesperación. Pero me quedé en un mutismo porfiado, y me acerqué a la mesa tendida para comer sin mirar siquiera a esa granuja que había encendido una extraña pasión en mi cuerpo adolescente. Con el pasar del tiempo comprendí que los celos me habían despertado instintos malsanos, pero propios de mi edad. Comimos y yo en silencio imaginé un millón de formas de venganza, mientras ellos dialogaban apenas. El cansancio y las ganas de estar juntos hacían que apuraran el alimento y la bebida. Cuando todo terminó me encaminaron a un rincón donde habían improvisado un catre y allí debí dormir esa ingrata noche. Me venció el sueño y entre el sopor pude escuchar las suave risa de Alana que no dudé, estaba en brazos de mi joven desenfrenado y sobón padrino. Esa noche crecí y comencé mi adultez. Esa noche supe lo que significaba la infidelidad y el dolor de lo inconfesable. ¡Casi me sentí incestuoso!
            Por la mañana muy temprano me despertaron las voces y el ruido de martillos y herramientas que reparaban el  eje y al mediar la mañana ya reparado el coche partimos. Ella apareció con un vestido de algodón floreado, su juventud realzada por un pañuelo en el cabello suelto hasta la cintura y sus mejillas sonrosadas y frescas con un toque de bienestar y dicha en el brillo de los ojos color miel. Mi impresión fue total, ya que parecía una chiquilina de casi mi edad. Un dolor me arredró y sentí ganas de salir a matar a mi padrino. Lo odié y subí al automóvil asumiendo que haría algo para desquitarme.
            Lucio me miraba por el rabillo del ojo y tarareaba una canción que me parecía fúnebre y para ofenderlo le endosé un enrevesado discurso sobre lo hórrido de su canto. Se reía y yo más enojado quise pegarle y esquivando mi puño me comenzó a decir que entre Alana y él sólo había mucha confianza y respeto... así que cuando llegáramos a Petriel, yo dormiría con él y ella en otra habitación sola y que nada había sucedido en aquella casa y que tenía horror a mi mala impresión. Nada me conformaba ya que yo había descubierto el sinsabor del deseo carnal mirando los senos dorados y mórbidos de la ahora frágil compañera de aventura. Pensé en la tortura que pudo haber significado para ella la engañosa muestra de un amor mentiroso e insensato, impuesto por su patrón por la fuerza. Ella seguro que había sido forzada y embaucada por Lucio, obligada por la necesidad de mantener un trabajo... Al atardecer cuando ya llegábamos a Petriel, ella juntó fuerza y me habló de su amor incondicional por mi padrino y sentí que seguramente no regresaría nunca a mi hogar. Antes moriría de amor.
            Petriel era un pueblito de pocas casas y gente sencilla. Su arquitectura me hacía acordar a Río de las Avispas. Casas chatas de una sola planta y con enormes patios sin árboles ya que el viento impedía su desarrollo. Algunas lengas torcidas, maitenes y teniús, asomaban entre los cercos de adobe de unas pocas viviendas. En la plaza estaba levantado un pequeño templete para una estatua que no llegó nunca de la capital y los muchachos del lugar se subían remedando a figuras imaginarias sobre su estructura de cemento y concreto. Eran muy divertidos y pronto me dediqué a acercarme a ese grupito de holgazanes para enfrascarme en charlas de "citadino" versus "pueblerinos", pero ellos eran chicos despiertos y sin vericuetos en su simplicidad que me dejaron sin argumentos para agrandarme frente al  grupo. Así también aprendí a ser más noble y consolidé amistades que aún guardo.
            Mi padrino buscó un sitio para instalar el correo y encontró una viuda seria y responsable como oficinista, le ayudaría un muchachito de casi veinte años y la inauguración se hizo con la presencia de todo el pueblo, incluyendo al cura párroco, la maestra y el policía...que hacía como doce años que no ponía preso a nadie. Así llegó el momento de regresar. Junto a nuestros "bagayos", amontonamos regalos que nos habían hecho. ¡Eran muy generosos!
            Regresamos y volví a sentir un fuego abrasador en mis muslos, sexo y corazón cada vez que Alana iba al baño entre los amancay o los topa- topa, y yo desvergonzadamente espiaba sus muslos rosados y pródigos de juventud. No quería que llegáramos nunca. Aceptaba sus chanzas, me hacía el pícaro y me daba de comer en la boca y le mordía los dedos suavemente...! Ella se reía sin comprender! Le tocaba tiernamente las piernas cuando se dormía y gozaba pensando que con el tiempo sería mía. Al fin terminó el viaje y yo regresé a mi casa donde conté algunas de nuestras aventuras, sólo yo sabía cuánto dolor me causaba conocer la verdadera conducta extraviada de mi padrino. Supe que Alana se había marchado a su pueblo en el litoral. Le pedí a Lucio su dirección y me la dio diciendo que no fuera chismoso...él nunca sabría el desesperado apasionamiento que en mí despertaba; la amaba. Escribí ciento de cartas. Nunca me contestó. Cuando ingresé a la facultad, recibí una tarjeta de ella. Estaba en la capital enferma y quería verme. Su mal era incurable.
            La encontré casi inconciente en una clínica de muy poca categoría de los suburbios. Se abrazó llorando y me pidió que trajera a su "amor". Con una furia inexpresada lo busqué y lo arrastré a su lecho. Él, indiferente, la trató sin mayores ternuras. Desmayada en su final me pidió que no la dejara sola y esperé su desenlace, con iracundo desconsuelo. Aún amaba a esa mujer que apenas me superaba en edad y que había desentrañado mis más intensos ardores juveniles. En el sombrío recinto donde espiró, pude cumplir el mayor de los anhelos...besar su boca deseada. Partí sollozando y supe que había vivido un amor extraordinario.
            Hoy que lucho con mis votos sacerdotales. De las manos del mismo del Cardenal Primado tomé los Óleos Santos y profesé mi verdadera pasión por la vida. Ella, Alana, quedará en mi profundidad como la llave de amor con mis pequeñitos hermanos en el  pecado, los mismos que arden dentro de este cuerpo mío. Sólo conociendo el amor y viviendo una pasión arrasadora, como la que me consume el alma, puedo ser un hombre de Dios... íntegro.

                                                            


jueves, 24 de mayo de 2018

AMOR IMPOSIBLE




Eco misterioso de la cascada de vidrio.
Siento en la almohada de mis noches.
Pasto enamorado de mis plantas desnudas.
Cuando camino por la ruta de tu piel morena.
Y así quedan las manos de porcelana heladas que
Asesinan con exacto rigor la sonrisa nuestra.
Quedamos alelados mirando nuestro cuerpo herido.
Las venas desparraman mi génesis celosa de vientre azucarado.
Encuentro entre las páginas del almanaque tu cuerpo majestuoso.
La esperanza galopa en tu sueño perdido como padrillo ajeno.
Marcaré en la carne de mármol atrevido
tu presencia y tus pasos guiarán mi destino.



TE EXTRAÑO




¿Quién te trajo a mí?- me pregunté hoy caminando por la calle  trajinada de gente. Cuando asomaste por la inmensa ventana de mi vida como la máscara  angelical de un torbellino, llamaste a mi corazón y un aleteo febril de estrellas ingresó a mi mundo de doméstica tranquilidad.
Conocí cada una de tus inquietudes de muchacha llena de voracidad por tragarse el mundo, la vida y conocer el país de las palabras. Caminaste como un ciervo en sus praderas. Comiste hasta la última gota de néctar de las flores, los frutos fueron los que llenaron el brocal de tus palabras. Cada vez  que nos sentamos a platicar quedó una sombra de estrellas entre las frases que bailaban su danza esperanzada.
Algo sucedió y se cayó una gota de sol. Un reflejo de luna. Una mirada se prendió de la telaraña del otoño... y se quedaron colgadas las palabras entre las ramas como fantasmas guerreros.
Ahora envejece el silencio de tanto escuchar las palabras, sólo eco de suspiros por tu huída reciente.
Tu duende juega con mi insomnio cada noche cuando te repienso amiga.
Un rosal con tu nombre sonríe en octubre y yo que ya estoy salpicando canas en mis sienes, eres como una cálida esperanza de sobrevivir en la maraña de la ciudad.
Ayer cuando abrí mi correo, encontré un poema que sin duda era tuyo.  Me alegró saber de ti, de tu esperanza, de que vives y vibras en las cuerdas sagradas de los días. Un arrebato de sonrisas eras en las bellas palabras que recuerdan tus besos y ternura. ¿Cómo puedo hacer que regreses? Trae tu alegría, tu locura juvenil y franqueza. Cuando veo tu ropa en el closet me río. Eres ingeniosa hasta para la forma disparatada de vestirte, de pintarte el cabello de colores y de caminar por las cornisas y los bordes de las plazas. ¡Tu risa! Es una sinfonía de pájaros barulleros. ¡Vuelve por favor! Te amo.

sábado, 12 de mayo de 2018

POEMA VIEJO


Tal vez vuelvas a buscarme,
y quieras conocer  la medida de mi orgullo.
y me llames
y me llames
un sábado cualquiera
Tal vez en un intento de buscarme
pero un sueño profundo será la medida de mi fuga.
Me encontrarás dormida.
No será orgullo ni impaciencia,
Tal vez el desamor de noches solitarias.
Si me llamas y buscas, es que me has perdido.
Ya verás que triste es la soledad sin ternura.
Lloverá en tu lecho
El viento te llevará en su fuerza loca carrera.
No me llames, no estaré. Aun respiro.