miércoles, 12 de junio de 2019

NEGLIGENCIA




El profesional dudaba. Había llegado ese muchacho con varios golpes y heridas. Un autobús lo había atropellado cuando iba a la escuela en bicicleta. La culpa fue de un loquito que se abrió y él, hizo una maniobra brusca y cayó al pavimento. El coche huyó. El que manejaba el bus, se detuvo, lo ayudó y lo transportó al hospital. La gente lo aplaudía.
El dolor le había penetrado por las piernas hasta dejarlo sin aire. Tenía sangre y heridas en las manos y piernas. Alguien del público le pasó una chalina de algodón rosado. Se cubrió y secó lo que manaba caliente de su rostro.
Corrieron los médicos para ponerlo en una camilla y hacerle las primeras curaciones. Le preguntaron el nombre… al principio no se acordaba, luego dijo: Me llamo Jonathan y pidió hablar con el celular, pero no lo encontraron y una enfermera le ofreció el suyo. Habló con su hermana. Lo entraron en una máquina que parecía una nave espacial. Le hicieron rayos X y análisis de urgencia. En ese corto tiempo llegó Juanita y su tía Adelina. Hablaron con el médico. ¡Está grave! Tiene golpes internos, trataremos de operar. Le sacaron la ropa y lo envolvieron en una bata verde claro de una tela finita, le colgaron con un tubo de plástico una bolsa con suero.
Al rato se fue quedando dormido. Cuando los médicos abrieron, era tarde. La sangre había invadido órganos importantes. Llegó la policía para indagar por el que tenía la culpa. Le sacaron unas fotos, mañana saldría en los diarios y ahora en el noticioso de la T.V. ya aparecía su rostro. Allí estaría, en la vidriera brillante, el rostro desencajado de un joven, que no sabe que se acerca el fin, como la noticia del día.


jueves, 6 de junio de 2019

LAS MUJERES NO JUEGAN AL FÚTBOL


Las chicas no juegan al futbol, dijo seria la Yolanda. Es de poca clase y deben ser muy delicadas en el trato entre ustedes y con las otras chicas. La miraron raro. Ella, las hermanas Esperanza, venían de un pueblo donde el “potrero” era el lugar donde  juntaban todos, pibes y pibas, gordas y flacas, altos y petisos y ahora en la ciudad, donde les dieron el departamento en el edificio nuevo el Intendente, estaba la cancha armada sólo para los varones.
Esa idiota, la Yolanda, era la secretaria del Intendente, medio nariz parada, medio melosa.
Los domingos para ir a ver el partido, el padre no las podía llevar. Eran un ómnibus, un tren y otro ómnibus de ida y luego en el regreso otro tanto, mucha plata y tiempo para llevarlas.
Cuando volvía les relataba detalladamente los planteos del D.T. en cada jugada y ellas se imaginaban que jugaban con ellos. ¡Su sueño se iba muriendo de a poco por las tardes de otoño! Lali se puso medio de novia con un pibe hermoso. Era alto y musculoso, de voz grave y mirada soñadora. Él, odiaba el fútbol, decía que era deporte de “grasas” y entonces comenzaron las peleas. La Lali era buena en la cancha, allá en Pico. Pero no podía salir de nochecita a patear en la vereda porque quedaba fulero.
Etelvina se hizo amiga de dos pibes, eran como de su edad y bien plantados, buenos para hacer jugar la pelota entre las piernas y el cuerpo, y los brazos y la cabeza. ¡Eran muy cancheros y la hacían de goma! Pero, su mamá les aconsejó que no salieran con ellos a jugar en la calle, no quedaba bien.
Abril, la del medio, se animó y le propuso al padre ir a la municipalidad y preguntar si no había una forma de armar un equipo de chicas que jugaran futbol. La tal Yolanda, puso el grito en el cielo, pero como venían las elecciones, el jefe, dijo: ¡Sí!
Se armó una lista de aventureras y se formó la “Liga Juvenil Municipal de Mujeres de La Central Sur” y allá comenzó el torneo. Un partido, un triunfo, otro partido otro triunfo. Al final, comenzaron a llegar periodistas de la radio, del diario y ya las reporteaban. La Lali se peleó con el novio y jugó, y pateó con todo y ganó. Un día nublado, frío y con una tormenta en cierne, llegó un auto negro con vidrios polarizados. Bajó un hombre rechoncho y pelado. Con un toscano en la boca y las manos en los bolsillos del sobretodo. Miró casi todo el partido. Se fue. Al día siguiente el Intendente las hizo ir a las tres al municipio. La Yolanda estaba más seria que vaca que va a parir un ternero. Y el “Tipo” les propuso jugar en la liga femenina mayor. Les pagarían un montón de billetes y les daban estudios y casa  con todo.
La madre furiosa les prohibió y el padre se refregaba las manos. No necesitaba más levantarse a las cuatro de la mañana para ir a la Feria y cargar bolsas. Así es que entre retos y disputas las Esperanza, partieron para la capital y terminaron siendo una leyenda.



MUJERES DE INDIA




Mariposas brillantes que se mueven en las calles
Con los saris multicolores entre el fango y el oro.
Mujeres alfareras, tejedoras, mendigas,
Comerciantes, campesinas,  religiosas,
Madres, abuelas cuidadoras de miríadas de niños.
Son millones de flores de colores que caminan entre las callejuelas
Rojo y oro, azul, granate, azafrán, violeta,
Amarillo, turquesa, verdes y blanco.
Sonrientes y afables, inocentes y alegres.
Son mujeres que transportan enormes bultos y caminan,
Inspiradas en dioses que le exigen peregrinar día y noche
Hacia el Ganges sagrado, a los templos milenarios.
Son flores que trabajan en los parques, las tiendas, las veredas,
Las chabolas y enormes casas parentales.
Las casan desde niñas. Con sus rostros alhajados en oro
Marcados con pinturas rituales, de colores sonrientes
Y ruidosas rutinas de tambores y campanas en las festividades.
Son mariposas de alas angelicales, con colores que brillan.
Mujeres de sonrisas preciosas e ingenuas.
Mujeres de la India, hermosas y llenas de bondades.
Mujeres de la India, que aun siendo mendigas son bellas mariposas…

EL LETRADO




            Alejandro había pasado por la universidad sin pena ni gloria. Un alumno del montón que había conseguido el título de Licenciado en Leyes por astuto y persistente.
            Era bastante parco, miedoso y tartamudeaba cuando se ponía nervioso. No quiero contar cuando estaba frente a una mesa de exámenes, con tres o cuatro profesores de esos que te miran como si el que tienen adelante es una cucaracha. ¡Y hay que  pisarla! Pero sin embargo lo logró. Con sus miedos y prejuicios cumplió secretamente el anhelo de Bettiana, su eterna enamorada que creyó que con el famoso diploma se venía el casamiento. Se equivocó. Alejandro envalentonado, se marchó a un pueblo del interior para ser el “doctor en Leyes” y hacer política.
            Había comprado un auto usado y alquiló una casita donde colgó un cartel que anunciaba su condición de Abogado especialista en toda clase de temas. Llovieron pequeños productores que el banco regional quería rematar, algunos vendedores que pasaban por ahí y dejaban hijos producto de adulterio y que les obligaban las mujeres a pagar su cuota de alimentos y problemas de arrendatarios y dueños que se entreveraban en deudas eternas para cobrar. Todo dependía de si había buenas cosechas o si la siembra era escasa o mala. Ni hablar de los campos anegados y los vientres de los animales nulos.
            De vez en cuando recibía una carta de Bettiana que le reclamaba la promesa hecha el día que se recibieron en el secundario: “Lo primero que hago si me recibo es casarme con vos y llevarte a Europa de luna de miel”. Ni loco la traía a ese pueblo de morondanga. Y llevarla a viajar. ¿Con qué? Si la mitad de los trabajos que hacía se lo pagaban con un cordero o con un cheque que no lograba cobrar por meses. ¡Comer comía bien, ya que por ser un “ilustre” en el pueblo, lo invitaban a todos los acontecimientos del lugar: casamientos, bautismos y fiestas familiares! Se hizo amigo del médico, otro zopenco como él, que no daba a basto con la clientela.
            Y un día ocurrió. Vino al estudio una mujer que rompía las paredes… era casada y quería el divorcio. Allí, en el mismo sillón de cuero verde, se puso a llorar mientras mostraba unas piernas dignas de una modelo. Rubia, (teñida) con labios gruesos y con mohines de niña que lo dejaron patas para arriba. Unas “gomas” que marcaban hoyuelos en la blusa y la pollera corta que al sentarse, mostraba el muslo gozoso. Cayó rendido a sus pies, prometiéndole que en un corto tiempo era divorciada. Ella le aclaró que no tenía como pagarle y él, generoso, le dijo: Querida ya veremos, dejemos eso para más adelante. Y así fue ella se divorció y pagó. En el modesto hotel del pueblo le pagó con unos amores inolvidables.
            Ella, se quedó con un campo de trece mil hectáreas y de pronto Alejandro, abogado, dejó el estudio y se dedicó a trabajar el campo. Dicen que Bettiana sigue esperando. Y él es un rico hacendado con miles de pesos en el banco. ¡Ah, el zopenco, hizo algo parecido, se casó con la prima de la mujer y tiene otro campo lindero en el que cría ganado Holando-Argentino que exporta al exterior.
            ¡Hay que tener cuidado con los letrados!
           

RÍO ESCARLATA



Plantaré un ceibo que arrulle al río en su violencia roja

El lago se teñirá de granate con las flores cuando el viento azote

Entonces no será espejo, ni lago, ni río. Una ciénaga.

Agitaré un pañuelo en la orilla para llorar  la ausencia

Luego agitaré los vientos y las aguas. Los peces huirán sedientos de sol

Cuando esté todo hecho, recordaré el rostro del amor.

Un amor que nunca pudo ser ni fue. Las flores flotarán río abajo

Ruborizando el agua en remolinos. Rojos y escarlatas y encarnados.

Fuego perenne en el silencio del agua que galonea el ceibo.

Estaré parada, sola y recogiendo latidos, uno a uno, latidos

Que reconfortarán el silencio de la orilla del río.

PIEDRAS Y CÁNTAROS PARTIDOS




Lo nombró por su nombre, lo condenó a la vida.

Sólo esperó con desdicha que cumpliera su destino.

Lo negó tres veces. Tres veces le preguntó su nombre.

¿Me amas Sefas? Te amo, tú lo sabes.

No te está permitido olvidar quién eres.

Desparramarán tu sangre en cántaros partidos.

Y las piedras serán de alabastro y pórfido ígneo.

Lo nombró por su nombre, como se nombra a un amigo.

Lo negó tres veces y aun, está arrepentido.

Muerte de cruz acepta, en manos de su enemigo.

Igual, irá calle abajo, con el madero encendido.

Su sangre será derramada como el agua de la vida.

PASEANDO POR LOS EMIRATOS ÁRABES. DUBAI