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miércoles, 8 de septiembre de 2021

EL INFIERNO TAN TEMIDO

 

            Te juro Victorio que tuve el sueño tan pacífico, sereno, que se prolongó a lo largo de toda la noche. El verano se está acabando y nunca imaginé que viviría para contarte lo que he vivido en mis casi cincuenta años.

            Cuando era chico me decían que iba a ser monaguillo. Sí, yo, monaguillo. Mirá que cuando la conocí a la Perla mi madre se quedó boquiabierta. Con esas “pechugas” de actriz de cine porno, y esa largas piernas torneadas por el baile. Bueno, adiós monaguillo. Me metí hasta el tuétano.

            Íbamos a las milongas y probé de todo. De “Todo” con eso creo que me entendés. Un día, maldita sea mi suerte se me cruzó la “Ñata” otra flor de mina que rompía la tierra y le aflojé al calzoncillo. La perla me dejó con un ojo negro y un puntazo en el pecho.

            Me curé en el “Fiorito”. Salí medio golpeado pero seguí de farra. El “Chantecler”, “El Folies” eran como mi casa. Salía con el sol y me iba al correo donde ponía un sello tras otro en cartas que iban quién sabe a donde. Salía con el ocaso y derechito al casino, si ganaba, esa noche champagne si perdía caña. Las minas me dominaron siempre.

            ¡A veces me pregunto si por ahí no hay pibes que lleven mi nombre! ¿Pobres pibes! Yo iba a ser monaguillo… del demonio, tal vez.

            Comencé a perder el pelo, la calva era una cancha de básquet. Brillaba con la luna. El sol, me desconocía. Y llegaron los cuarenta y los pasé sin verlos. Las minas me dejaron y miré a las más chicas. Me llevaron en “cana” era un degenerado, dijo un juez y adentro. Pasaré cinco años. ¡Es un infierno! ¿Victorio, alguna vez viviste en el infierno?

            Yo sí, es muy jodido. Aquí, sos menos que mierda. Los pungas con los narcos, los canas con la “merca” que le sacan a los tipos. El que no te usa te casca. ¿Y cómo? Sos, total basura. Victorio no te acerques al gordo de la camiseta negra con la calavera, ese es una mina. Bueno, eso se cree él. ¡Un asco! Y este otro, el “Jeringa”, bueno, ese anda armado siempre con chuza y no respires cerca porque te atraviesa la nuca.

            ¡Victorio! ¿Qué te pasa, hermano, soy el monaguillo? Victorio… Victorio. No te mueras. Anoche tuve un sueño pacífico, sereno que se prolongó a lo largo de la noche. Y ahora vos te vas a morir en mis brazos. Amigo no te mueras en este infierno tan temido. Ya vienen. Adiós Victorio. ¡Todo por robarte a tu piba!

miércoles, 14 de octubre de 2020

NO QUERÍA VOLVE

 

   Apenas se apagó la lámpara salía el hombre. Detrás quedaba una semi-forma de sombras casi fantasmales que se movían como sonámbulos. Se hizo un silencio, roto de pronto por el chirrido agónico del tren que se  acercaba. A tras luz, la silueta del recién salido parecían espantajos deshilachados.

   El callejón parecía despertar de grillos y ranas que apareaban la tarde en agonía.

   Un chiquillo escuálido salió corriendo de la casa tras el hombre. Llamaba a gritos.

El hombre, sordo, continuaba su camino. Logró alcanzarlo. Se trepó a sus brazos apretó sus piernas alrededor de la cintura  y  lo  rodeo de besos. La mujer  parada a la distancia abrió los brazos en cruz. Su imagen quedó cincelada en bruma y carne. Él, lentamente regresó. El niño estaba tibio de sonrisas. La mujer contuvo  una lágrima de fuego, sabia que al regresar él, su vida volvería a ser una carga de roca incandescente. Entró, prendió la lámpara. Estiro un mantel a cuadros y distribuyo tres  platos sobre la mesa.

 

miércoles, 11 de mayo de 2016

HOJAS QUEMADAS


Hojas quemadas


¡Ufa! me tienen loca con las multas! Siempre buscan el menor pretexto como forma de quitarnos esas entretenidas maneras de conocer lo que hacen las vecinas.¡Y en especial la tipa de enfrente!

Antes podía espiarla, sin que se diera cuenta.¡A eso de las 8 de la noche salía con la escoba, el lampazo, juntaba las hojas de la vereda y de la calle y las quemaba! Era una forma elegante de saber que hacía la fulana, con ese hombre tan fino y buen mozo, que llegaba en un coche nuevo y que no es su marido.¡Qué rabia que tengo! Ahí sale nuevamente, mejor que disimulemos!

-¡Señora, cuando se queman las hojas secas, producen alergias, no le vaya a suceder, lo que lo mismo que a la señora de López, su vecina, la pobre está malísima. No tenga que venir a consulta, como con ella! - Mientras abre la puerta del auto, me pasa una tarjeta que dice: “Doctor Alberto Figueroa, médico alergista, atención en el domicilio”.