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martes, 16 de diciembre de 2025

EL PLACER QUE JUNTOS INVENTAMOS


 

            Nací así, casi ciega, de pelo blanco níveo y ojos rojos. Me dejaron a un lado, creyendo que sería un estorbo. Pero se equivocaron, soy mimada y amada como un ser único. Me bautizaron Serena. Y lo soy, me acomodo en el almohadón de seda azul, y duermo tranquila todo el día. Desde allí, escucho todo lo que hablan, como se pelean por dinero o comida. A veces me dan de comer y salen dejándome sola y yo aprovecho para merodear por toda la casa.

            Ayer Camila trajo un cachorro de color blanco como yo, tiene muchísimos rulos y es muy juguetón. Vive en brazos de Camila. Yo lo miro indiferente, pero no me gusta. No es un gato es perro. Le dicen “caniche” y lo llaman Goliat… ja, ja, ja. Es tan pequeño y nervioso que salta de un lado a otro, yo lo miro de soslayo. Me preocupa. En la noche de tormenta del jueves vino y se echó en mi almohadón tiritando. Me dio pena. Esa noche Camila peleó mucho con Enrique. Discutían y se arrojaban cosas, primero fueron trapos, después las zapatillas y finalmente cosas que se rompían al caer.

            Me dio miedo sentir tanto grito y palabras que no voy a repetir por educación, soy muy fina para decirlas. Parece que tenían diferencia con algo llamado dinero. Él, sacó las llaves del auto y dando un portazo salió en plena tormenta. Los rayos y truenos parecían fuegos artificiales. Pero Goliat temblaba pobrecito. Lo envolví con mi cola, tengo una cola hermosa, blanca, peluda y calentita. Se durmió, pero yo no pude. Camila lloraba mucho. A media noche escuché el motor del auto. Entró Enrique. Caminó descalzo por el comedor y el pasillo. Ella abrió la puerta y el le pegó. Hazte a un lado, ladrona. ¡Le dijo ladrona! A ella que es buenísima. Te sacaré todas las tarjetas, le gritó. Y ella se las tiró al piso. Y él, la recogió y las rompió con una tijera. Yo vigilaba para ver qué hacía con ese instrumento que odio. Lo usan para cortarme algunas veces el pelo de mi cuerpito.

            El se metió en la habitación de huéspedes y ella se encerró en el baño. Goliat se despertó y comenzó a ladrar. Enrique salió y nos tiró un zapato grande y pesado. ¡A ver si me dejan dormir! Eso era para nosotros. Yo ni un maullido. Goliat se quedó medio desmayado del zapatazo. Camila salió despacio y se llevó a Goliat a su lecho, yo me metí debajo de la mesa del comedor hecha un ovillo. Lástima que al ser tan blanca me pueden encontrar enseguida.

            La mañana fue tranquila. Pero Goliat, estaba muy enfermo, se ve que lo golpeó mucho el zapato. Se arrastra. Lo traje como a los cachorros, del pellejo del cuello y lo cuidé. Lo lavé con mi lengua áspera y suave, lo acerqué a la comida y lo asistí varios días. Enrique no vino unas cuantas noches. Dormían separados. Ella lloraba. Hablaba con su madre por el teléfono de la cocina. Finalmente, una noche llegó Enrique con un amigo.

            Camila se atrincheró en su habitación y yo con Goliat, comenzamos a jugar suavemente, con el placer de los amigos que es estar juntos. Con mimos y tranquilos. ¿Me pregunto si los humanos se odian, porqué no se van lejos unos de otros?

            Enrique, le sacó ropa, zapatos y dinero y se fue. Camila se quedó llorando, sola y nosotros fuimos y le comenzamos a tocar con nuestras patas y nuestro amor de animales. Ella se calmó y se quedó dormida. Mañana tal vez el se arrepienta y vuelva. ¡Pero mejor no! Goliat y yo, seremos su compañía. Es mucho más seguro.

miércoles, 16 de noviembre de 2022

LAS CALLES DE LA CIUDAD MEDIEVAL

  

¡Son como piedras preciosas pulidas! El ir y venir en cientos y cientos de años traen las consecuencias de un maravilloso bruñido. Las murallas de piedra con hendiduras para el lanzamiento de flechas o descarga de arcabuces o armas, son unas heridas profundas en los fuertes paredones que envuelven el fuerte, el castillo y las antiguas viviendas.

Caminaba sosteniendo un bastón para seguridad y me detenía e cada ventanal que se abría a las caracoladas calles interiores. Altas ventanas, con balcones llenos de flores eran un signo. Dubrokny es el sueño de los aficionados a los temas medievales. Las dos calles principales, tienen los tenderetes de hoy, restaurantes y tiendas que venden comidas exquisitas o alhajas de coral y oro… A diestra y siniestra, unas escaleras van haciendo espacio a callejuelas pobladas de balcones donde hoy, por lo difícil que es para los adultos subir o bajar, viven los más jóvenes que trabajan en la ciudad antigua.

Multitud de viajeros  se desplazan hacia la plaza central.

En el camino, me detuve a comer la pizza más rica que en semanas pude degustar. Parada en una mesilla y en buena compañía, comíamos una pizza de setas y jamón que rebosaba queso. Lamentablemente no pude visitar la famosa farmacia que data del siglos… donde me explicaron habían trabajado alquimistas y religiosos, fabricando perfumes, medicinas y un verdadero sistema de sustancia para las épocas de peste, que asolaban la ciudad amurallada.

Embarcamos en un vaporcito, que nos llevó por las orillas del fuerte hasta una suerte de paredones enormes de roca. En determinado punto, descubrimos que habíamos invadido el refugio de bañistas nudistas. Fue divertido el estupor  de algunos de los viajeros y la risa con los consejos del sacerdote que nos acompañaba.

Ya de regreso, no reunimos junto a una enorme fuente de agua que a través de los siglos, sigue proveyendo de agua de un manantial que nunca se ha contaminado.

¡Fue  un paseo estupendo y uy divertido! Croacia es un país magnífico. Imagino los tesoros que no pude ver y los que, almacenará el resto de su territorio.