Mostrando las entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de abril de 2026

SÍNDROME DE TRAICIÓN(Capítulo 18)

 

       Repente decidieron cambiarnos a un nuevo campamento y nos llevaron a otro que distaba menos de cuatro horas a pie. Allí nos encerraron en una jaula de metal de 30 metros de ancho por 50 de largo. Nos sacaron las cadenas y los candados. Ahí nos encerraron a todos los cautivos. “Cautiva” Clara Rojas.

 

 

            La muerte de “Músico” ha dejado un hueco muy importante en la célula. Necesitarán gente nueva y no quieren involucrar a novatos. Toyo sugiere hacer ingresar a un camarada de la facultad de medicina. El que sacó con Clave Verde a la Mujer.

            Se arma una discusión agria, donde La Comandante Dolo intriga y Mara se opone. - Es un cajetilla, de clase alta. No es seguro, además tiene contactos fuera del país. En USA. Nnada menos. No le confíen.

            - Hay una célula en Córdoba que puede trasladar unos compañeros que saben de explosivos. Los dedos delicados del violinista preparaban aparatos perfectos de relojería. Pero no se puede llorar. Hay que mirar adelante para lograr una revancha de las clases populares.

            - Hay que comenzar a acosar a los familiares de los capturados para conseguir dólares. La causa está primero y ustedes deben ser astutos. Llamen de teléfonos públicos de zonas alejadas y hostiguen a los niños especialmente.

            - Los hijos de Dacosta deben comenzar a ser apretados. Simón, te doy esta tarea. A partir de mañana a la hora en que no esté el padre y la tía comenzás a hablarles. Cosas como: “¿Estás seguro que tu mamá está viva?” o “¿Sabés si tu papá regresará esta tarde de su trabajo, nosotros le vamos a hacer lo mismo que a tu mamá, matarlo después de torturarlo?

- Debés tener cuidado que no se identifiquen ruidos como paso de trenes, palabras que den una pista, motores o música.

 

            Simón asiente enojado. ¿Por qué a él, que tiene un acento tan predecible? ¿No es mejor una mujer? Disconforme y protestando sale, sube a la moto y por la avenida despejada de vehículos corre sin aliento. Son las cinco de la tarde y los chicos del Coronel están por salir de la guardería. La muchacha que los lleva y trae es muy atractiva, pero ella desconfiada no habla con nadie.

Han regresado de Córdoba porque no aparece ni tienen noticias de Delfina.  María Clara y sus hermanas y cuñados, ya cansados, retornaron a la vida cotidiana con una cada vez más lejana esperanza que Delfina regrese.

Las llamadas comienzan a inquietar a los niños, ya los mellizos han dejado de usar pañales y Sol comenzó el jardín. Muchas veces le dicen mamá y ella ha dejado de soñar con hacer una vida normal. Quisiera volver a la facultad pero tiene miedo, diría terror. Ahora peor, las llamadas a los niños los tienen trastornados. Ella corre para evitar que escuchen, por momento cree que es un aviso de que Delfi está viva, y por momento la burla es imperdonable. Si son capaces de hacer eso a los chicos, ¿qué pueden hacer a un adulto?

Cuando sale para hacer mandados domésticos siente que la siguen en auto o moto. Se detiene  y vuelve para mirar, no ve a nadie, pero sabe que la espían. Puede ser gente de la policía o para-militares como guerrilleros. Está nerviosa, no duerme bien y adelgazó ocho kilos desde que Delfina fue secuestrada. Todos los días se escuchan tiroteos y sirenas de móviles de diferentes servicios. La vida se ha transformado en un aquelarre diabólico.

Han matado a unos conscriptos en la provincia de Formosa A manos de Alias Roque y Jote, en el copamiento del Regimiento 29 y en Córdoba el 28 de febrero, fue asesinado por el E.R.P. Hector Minetti, uno de los empresarios más importantes del país, ya no quiere salir la gente a lugares cerrados por miedo a las bombas y proyectiles que desde las terrazas o ventanales altos llueven sobre determinados coches o casas.

La presidente discute con sus ministros por las propuestas que le hacen. Ella no quiere tener a los “Imberbes” metidos en su gobierno, Lopecito la asesora y dice: “Ahora ustedes me dicen a mí que Lacabanne tiene pasado. Sólo los inútiles e indecisos no tienen pasado. Entonces todos aceptaban que era un Hombre y, ahora que cumplió su tarea; bueno, yo no soy una persona que usa a los hombres y los tira al tacho de basura” *b

El gobernador de Córdoba ha tomado cartas en la lucha contra la guerrilla y no le tiembla la mano al firmar sentencias.

 La muerte acecha. Se ha dado la orden de “Aniquilar a la Subversión”. ¡Salvar a la Patria de la Revolución Violenta” por marxista! Sigue empapelada la ciudad y por todos lados hay afiches con caras de gente que se busca.

 

 

La reorganización es indispensable. Tienen que tomar la decisión  de hacer los juicios. Buscan una cabaña alejada en la Calera y otra en Carlos Paz y se reúnen para filmar a los capturados y mandar los filmes a los medios.

Comienzan con el francés a quien luego de mostrar y hacerle leer una proclama, fusilan dejando varios días después el cadáver en Río Cuarto en un campo de entrenamiento de la Fuerza Aérea.

Luego le toca a Delfina. Su imagen debilitada y triste la muestra serena y llena de fuerza. Lee la proclama y antes de ser fusilada grita “Los amo y Viva Cristo y María”. ¡La bala le atraviesa el corazón! Esa es la imagen que envían los terroristas. ¿Verdad o mentira? Cuando llega la imagen a la televisión, el alma de todo un país se quiebra y llora por una madre joven muerta en la mayor injusticia imaginable. La única en regocijarse es la Comandante Mara que por fin logra degradar en esa mujer a todas las de su clase. Una sociedad elitista y odiada hasta la médula en su sangre. 

Hasta el Comandante Quique que la cuidó en Clave Verde sintió un profundo pesar por esa mujer valiente que habían matado.

            Gabriel y los chicos en la casa sostenían las fotos de Delfina como un relicario. Dos semanas después les entregaron las cenizas en una encomienda que llegó por correo. ¡Nadie podía creer que ese puñado gris, suave y grasoso, era la hermosa esposa y madre que amaban en la familia! ¿Pero será verdad o es un camuflaje que acostumbran hacer para dilatar el dolor del “enemigo”?

            Otra víctima más de un grupo de asesinos enlutaban a una familia de clase media cuyo único pecado era haber elegido la carrera militar.

            María Clara deja a los chicos y regresa a su vida. De Tennesse viene Florencio Juvar Leylakson, su enamorado.

 

 

            ¡Nunca se enteraría lo involucrado que estaba en la vida de su amada hermana! Pero algunas actitudes del yanqui no le gustaron y rompió la relación

sin antes decirle todo lo que habían sufrido por una causa que en el fondo para ella era solo envidia.

            La actitud de Reina López, cada día se hacia mas evidente, por lo que la organización la removió mandadota a la zona sur. En La Plata ella con otra identidad, cambiándose el color de cabello, usando lentes de enorme marco negro, aparenta ser otra persona. Viaja a un puesto donde atraviesa una interesante experiencia.

 

 

            Llegó como secretario, por orden de un alto mando de Ejército un joven oficial, que rápidamente logró desentrañar que Reina López era guerrillera infiltrada y que tenía un nombre de guerra, un alias: Comandante Mara.

Su búsqueda fue infructuosa durante una temporada.

 

b: “Palabras pronunciadas por la Sra. María Estela Martínez de Perón a Luder, en su despacho. Nadie Fue. Jan B. Jofre.

 

 

                       

 

 

 

jueves, 19 de marzo de 2026

SÍNDROME DE TRAICIÓN(Novela)

 

“Que cada uno sea el artífice del                          destino común y ninguno instrumento de la ambición de nadie” Aforismo peronista. Doctrina Peronista. 1947

 

            Allí estaban los jefes de la organización… Era un momento difícil. Todos se conocían por su “apodo” y “grado” de guerra. Nadie sabía quiénes eran en realidad en la vida cotidiana. Esto les daba seguridad y así no se podían delatar.

Cuando entró el último, se hizo un silencio; el “Capitán Morales”, el “Jefe Toyo”, la “Teniente Dolo”, “Muñeca”, “Gordo”, “Simón”, la Capitán “Jael” y el “Músico”, se pararon y se saludaron como era la costumbre. Cada uno dio su contraseña y comenzó la reunión.

-          Tenemos que informarles, la reunión, que tuvimos en la frontera. Allí con el “Capitán Morales”, hemos hecho contacto con los máximos mandos. Hemos traído material importante, que nos envían  desde Cuba y de medio oriente, explícitamente de Vietnam y Pekín.

-          Sí, hay órdenes de Fidel Castro. Tenemos que actuar más. Ya hay un desplazamiento hacia: Tucumán, Córdoba y  Mendoza, de gente nuestra, que entrará en el nuevo período en las facultades.

-          También se están preparando dos camaradas, para ingresar en el seminario, como futuros curas.

-          Según Fidel, es necesario tener gente nuestra en las iglesias y en las fábricas. Gente experimentada en estrategias nuevas.

-          Con respecto a las fábricas, vos “Gordo” tenés que tratar de activar ese grupo de tipos, que están en la huelga y tratar de que trabajen para la “Organización”, pero tené cautela. Los que son de Perón a muerte, no nos sirven. Busca a los ambiciosos. Cualquier cosa, se te dará dinero…

-          Con respecto al dinero… vos “Simón”, tenés que preparar un grupo que nos haga trabajar la plata que mandan de Tucumán y Córdoba.

-           Les tenemos que notificar que en cuatro secuestros en Córdoba y diez asaltos a bancos, hemos obtenido 140.000 dólares. De las acciones en Tucumán, asaltos a dos ingenios y secuestro de seis empresarios, más el robo de ocho bancos, hemos obtenido 200.000 dólares.

-          Capitán no se olvide que hemos entregado, para la “causa” en “Latinoamérica”, más de 70.000 dólares.

-          Sí, pero igual, tenés que buscar  gente entre tus  paisanos que nos den intereses y garanticen su regreso a  la “causa”.

-          ¡Yo voy a charlar con gente, que puede ser útil, pero es peligroso! Se ha extorsionado y robado muchos bancos israelitas. Están muy enojados.

-          Estudiálos bien, tiene que ser gente que sea capaz de no traicionarnos. ¡Alguien que pueda trabajar para nosotros! ¡Por dinero lo harán, ya se encontrará! En New York, hay gente en la Bolsa que nos recibe dinero de Colombia y Chile.

-          ¡Está bien! Buscaré y les haré saber pronto! No se sorprendan si no son paisanos míos, por guita hay gente que vende el cuerpo al demonio, diría mi abuela.

-          Les pido, que no se preocupen por el problema de las armas… Desde Perú, entrarán armas muy modernas de fabricación Rusa. Ya nuestra gente, ha logrado entrar en forma clandestina armas en el puerto de Lío en el departamento de Moquegua en Perú. Desde allí tratarán de pasarla por Bolivia a nuestro país.  Los sedero han trabajado bien, este mes han mandado mucha gente al destino final. Como a 700 tipos. Nos vienen ganando.

-          ¡“Músico”, necesitamos un trabajo de diez bombas de alto poder, pero armada en pequeños objetos, de uso cotidiano! Con Jael, las armás y nos deberás entregar de a dos, para que se las ubique en lugares estratégicos.

-          ¿Pero dónde las haremos y con qué?

-          ¡Por favor “Jael”, acá esta el mejor material explosivo del país!

-          Bueno, cuando el “Músico” nos traiga la  “dinamita”, la iremos haciendo estallar en subterráneos, cines, en la comisaría Central de la policía, en alguna oficina  del Ejercito, y de la Fuerza Aérea, en fin ya se irán haciendo las entregas.

-          ¿Dinamita? ¡Qué antigüedad! ¡Hemos conseguido una pasta plástica de enorme poder! T.N.T. que ha llegado de Europa del este por Paraguay y otra mezcla descomunal, dicen que es Checa.

-          ¿Bueno quiero que me digan cómo está el proceso de la Delfina Dacosta?  Mara, te la dejamos a tu cargo.

-          “Teniente Dolo” acá está la grabación, que dejó impresa el contacto “Clave Cruz Verde”.

-          Ponga la grabación.

 

Jefe: Hoy recibí el paquete. Está en graves condiciones. Así no sirve para nada. Haré todo lo que pueda  para lograr dejarlo buen estado. Estoy dentro del área  “C”, sólo cuando esté listo me comunicaré por este mismo medio. Si la mercancía, que está muy complicada, se destruye: la haré desaparecer. Cualquier aviso, lo ponen en la radio, como está  establecido en la clave 14 “A”.

                                          Cruz Verde

 

            Luego de oír la grabación, miran a la guerrillera que pálida espera, la ocasión de explicar su parte.

-          Jefe, yo cumplí en parte la orden, pero ya estaba a punto de ser descubierta. Dejé de ir. La mujer esa está con una infección en una pierna cercana a la septicemia.

-          ¡Según el camarada: ¡Está grave de muerte! No sólo con fiebre y deshidratada. Sino que fibrila y un pulmón colapsado por la infección, se deterioraba rápidamente.

-          Camarada era responsabilidad suya, debía estar bien para el juicio… ¿Qué haremos ahora?

-          Yo tengo una foto y una carta que ella escribió en noviembre…! Se le puede mandar al hombre…! Al marido.

-          Muéstranos la foto…

Al ver la triste figura, se sintieron enojados, no serviría para un juicio, era peor que el Mayor Argentino del Valle Larrabure al que habían tenido en una tumba de tierra por casi dos año atado con alambre y muerto en momentos de acoso del ejército enemigo. La Delfina Dacosta parecía un despojo humano.

 -  ¿Tendremos que hacer lo mismo con la mujer?

La mirada de los compañeros fue significativa. No se podía exponer una operación sin pedir ayuda en caso de acoso del enemigo. La organización tenía claves bien establecidas y la obediencia era imprescindible.

Pospondremos, momentáneamente el castigo a la Camarada Mara. Hay tareas impostergables.

-          Ya hablaremos dijo el jefe con terrible ira contenida.

La Mara ardía de furia atrapada en sus propios infiernos. Tal vez si se hubiera dedicado a seducir una buena hembra, hoy sería feliz.  Pero la vida la había atrapado en un conflicto demoníaco; su naturaleza soberbia, el odio, la justicia que soñaba, le hacían abrigar un sentimiento de rebeldía muy oscuro, tanto como sus ojos negros.

 

 

 

 

           

 

lunes, 9 de marzo de 2026

UN CAPÍTULO DE "SÍNDROME DE TAICIÓN"(novela)

 

“Ella se despierta en una cama maravillosa, toda de raso claro, me imagino que sería entre rosa viejo y verdoso, capitoneé, con sábanas de satén. Qué lástima que algunas películas no sean en colores ¿verdad?” El beso de la mujer araña. Manuel Puig. 1976

                                                 

 

 

-                     ¿Buenos días, no vieron si vino Marcelo Pedriel?

-                     Yo lo vi recién. Ese tipo es lo más bárbaro que hay en este curso, si yo pudiera lo invitaría a salir. Pero sé que seria un quemo. No tiene ojos para nadie.

-          Debe ser trolo.

-          Cállate, ahí viene, además es súper… y bien macho.

-          ¡Hola! ¿Cómo está nuestra gente? ¿Se estudia mucho? ¿O no?

-          Che, acá, el ambiente femenino está con una duda. Unas dicen que sos trolo. Otras que sos súper macho.

-          Aclará, Marcelo Pedriel,  aclará.

-          ¡Epa!, que vengan, acá a mis brazos las que piensan que soy trolo! Y las otras también. Tengo para darle a todas.

En ese momento se acerca Mariana y él al verla, dice:- A ver ¿Quién? ¡Quiere salir el sábado conmigo! o mejor vení: ¡Adrianita, no importa lo que pensás, vení a mis brazos! Toma con fuerza a la compañera, e intenta abrazarla y besarla. Todos ríen a coro. Mariana, muda contempla la escena y siente que su rostro está rojo de ira, los ojos, le dicen a Marcelo Pedriel que está furiosa. El, advierte que tiene un arma muy poderosa.

-          Judith… vení gordita intelectual, yo te voy a mostrar  como ama este trolito súper machote, intenta con el otro brazo atraer a su compañera. Ambas ríen. Adriana se cuelga alegre a su brazo y él, le dice:

-          ¿No creen que puedo ser un buen amante? ¿Vos qué pensás Mariana?

-          Que sos un idiota y que ellas son unas boludas.

-          Vaya, parece que a ella no le gusta la gente linda, alegre, hermosa.

-          Me voy. No los aguanto.

Marcelo Pedriel suelta a las chicas, les guiña el ojo a los muchachos y sale tras Mariana. Todos se quedan mirando. Luego siguen hablando y riendo. La alcanza y tomando la mano de Mariana le dice:

-          Che, no sé ¿qué puede molestarte que tu mejor amigo busque compañía femenina para el fin de semana?

-          ¡Sos un… un… no sé! No te puedo decir porque no me importa nada. Déjame.

-          Mariana. ¡Chiquita, estás celosa! ¡Muerta de rabia, y celos! Vení. La saca corriendo y la lleva por un pasillo. Entra en un consultorio desierto y la atrae a sus brazos y la besa, con furia, con deseo, con ansias retenidas por días y noches y semanas. La aprieta contra su cuerpo. Ella siente el miembro duro. Cierra los ojos y dice:

-          Loco, te amo – Y lo besa con toda la aceptación de  una verdad hermosa.

-          Te amo y estoy celosa. Te quiero solo para mí. Hoy descubrí que soy posesiva y mala. Si las hubiera podido  arañar, las arañaba.

-          Chiquita celosa mía. Por fin te escucho decir lo que deseaba. Repetí: ¡Te quiero Marcelo Pedriel!

Se besan. Ahora sí es algo compartido. La juventud de ambos, las esperanzas, los deseos reprimidos. Descubrirse de a poco. Degustarse. Saborearse. Amarse.

            La tiene fuertemente apretada contra su pecho. Quiere fundirla contra su cuerpo. La aprieta. La besa. Muerde su oreja suave y sensualmente. Le acaricia la cola y un seno, tiene una erección que lo deja exhausto. ¡Te deseo pendeja!

            Suena timbre de entrada a clase y se miran. Sin decir nada se van, pero en lugar de ir a clase salen de la facultad. ¡Una clase no es nada! Pasarán desapercibidos. Ariel y los amigos harán el resto. La lleva de la mano hasta el coche. Suben. Él sale con rumbo fijo. La atrae con el brazo y siente que ella le acepta cada gesto. Realmente lo ama. Detiene el coche en Palermo por una de esas calles sin rumbo o nada. Se quedan acurrucados. Luego con simple atracción le murmura al oído su idea, ella asiente.

            Entran en “Corazones amantes”. Abre la puerta y baja del coche. Se casa el guardapolvo blanco y lo deja sobre el asiento trasero. La sostiene del brazo con ternura acercándola a una habitación que espera en penumbra.

 Solos. Se besan. Ella le saca la corbata. Él suspira. “Odio ese adorno, innecesario y ridículo”. Ella le desprende un poco la camisa. Descubre una cadena de oro con una cruz pesada.

            Él le toma las manos y le besa los dedos. Se descubren. Se detiene en su pecho, recién se da cuenta que su enamorado tiene el pecho lleno de vello oscuro. Él la acaricia con dulzura. Tiene miedo de no controlarse. Su juventud lo impulsa, algo que debe controlar un poco para no destruir lo que tanto le costó conquistar.

            La desea. La ama. Los besos se hacen densos. Sus manos se apresuran en caricias. Ella lo aparta un poquito y lo mira. Él entiende y hace unas flexiones. Ríe.

- ¿No me digas que es tu primera vez? Si lo es te voy a amar aún más que a mi propia vida pendeja. Perdóname, Mariana. Esperé tanto. ¡Te soñé despierto tantas noches! Qué parece que te vas a desdibujar de nuevo. Quereme un poco más te ruego.

- Loco, escúchame. Soy muy tonta. Creo que si no te  veo hoy con Adriana y Judith, y descubro que tengo miedo de perderte, no me doy cuenta de este amor que tengo.

- Besame no hablés. Vení hagamos como que la vida es sólo para nosostros.

 - Soy una chica vulgar. Inexperta. Llena de preguntas sin respuestas. Solitaria. Antigua. Y vos…sos un tipo con tanto mundo. Se te nota. No me pidas que te cuente mi vida. Aceptame así como me ves.

- ¿Acaso escondés algo pecaminoso? Soy un estúpido. No me interesa nada. Te amo. Son idioteces las que digo. Y le selló la boca con sus labios sensuales.  Los pechos tibios fueron dos frutas deliciosas. La penetró y luego besó la nuca, la espalda, cada rincón de piel.

Ella gozaba en silencio. Era su primera vez con amor. Su experiencia anterior había hecho mucho daño. El primo de su madre la había violado a los quince años. El trauma le duró hasta que la madre advirtió que estaba embarazada. La llevaron de obligada a un ginecólogo y una partera hizo el resto. A partir de allí, nunca había tenido contacto con un hombre.

Algún día ella se lo diría. Él merecía conocer la verdad. Pero hoy había sido distinto. Un fuego abrasador y dulce le cambiaba los sueños.

-          Te adoro y siento que te pertenezco para siempre.

-          Y  yo te amé desde el momento mismo que te vi, que te tuve entre mis brazos. ¿Querés reírte un rato? ¡Quiero casarme con  vos! Si pudiera me casaría hoy mismo.

-          Nos faltan muchos años de estudio y tenés que pensar que… No te apresures.

-          Iremos juntos de la mano por la vida. No tengas temor descubriremos juntos cada mañana de sol o lluvia. El mundo. La vida. Todo.

-          Marcelo. No me gusta tu nombre y te aseguro que te quiero. Se cuelga de su cuello.

 Él la besa y la abraza. La alza y sale corriendo. Llegan al parque. Hace frío pero el sol está alto.

Ellos no sienten frío. Suben al coche. Ella se ha sacado el delantal. Él le suelta el cabello. El pulóver azul es grueso y es grande. El mete su mano fría debajo del suéter de ella para tocarle la espalda. Ella da un respingo y con sutil presteza le saca la mano.

-          Dejame que te toque la espalda. Te prometo que será tan solo la espalda. Quiero sentir el calor de tu piel. Tu tibia, perfumada y adorada piel. Chiquita, mi querida Mariana.

-          Marcelo, mi querido. ¡Adorado amor! Ella no dice nada, pero él desliza nuevamente su mano por la espalda, y acaricia sin pudor los hombros suaves de ella.

            Si fuera verano, ese ritual, sería un vulgar contacto más. Pero es invierno. Hace frío y la ropa del abrigo le agrega sabor a impudicia a cada acto normal, para las manos de los enamorados.

            ¡Pensar que en verano, en la pileta, llevan sus trajes de baño y apenas tapan sus cuerpos!

            Ahora él, la besa. Su lengua recorre cada rincón de la boca deseada. Ella responde con dulzura sus besos.

            Tiene que regresar. Marcelo mira el reloj y suspira. Tiene que ir a un sitio sin avisarle a nadie. Lleva a Mariana a la pensión estudiantil. Allí tras el cristal, Judith y  Adriana la espían. Comprenden la dicha que está viviendo la compañera y no se escandalizan. -¿Habrá tomado la píldora esta boluda? Se ríen a carcajadas. Son los años setenta y tienen una libertad recién conquistada. Si me viera mamá, piensa Judith, me mataría.

Marcelo recobra su personalidad de escribiente anodino. Debe cumplir con su investigación.

            Ella queda con un suspiro detenido en los ovarios que suplican un arrullo de probables ternuras genitales.

 

 

                       

jueves, 19 de febrero de 2026

SÍNDROME DE TRAICIÓN, CAPÍTULO10

 “Podrán cortar todas las flores, pero nunca terminarán con la primavera.” Che Guevara.

 

 

Entró en su dormitorio. Sacó una “Sansonite” que compró en París y puso allí algo de ropa. Muchos apósitos y “muestras gratis” de las que guardaba. Corrió descalzo por las alfombras de los pasillos y abrió furtivamente la puerta del dormitorio de sus padres.

No habían regresado de esas interminables y ridículas cenas de amigos. Mentalmente agradeció su suerte. Fue al tocador de la madre. De allí sacó ropa interior y dinero. Dejó una nota en la cómoda diciendo:

¡Mamá, como tengo mucho que estudiar y no puedo concentrarme, me voy a la casa de Cariló o al departamento de Mar del Plata. Regresaré pronto. Cualquier cosa les hablo. Llevo algo de dinero que saqué de tu tocador y algunas prendas, luego te explico!

¡Gracias mami! ¡Me llevo la camioneta!

            ¡Besos de tu hijo Emilio, el único más lindo y mimado!

 

Corrió con su pequeño equipaje. Cuando llegó junto al coche vio que la joven mujer deliraba y se asustó. Le dio agua y tratando de no hacer ruido, entró el Mercedes al estacionamiento, cambió a la moribunda de lugar, acostándola en la parte carrozada de la camioneta Ford y salió del garaje, pero antes de partir, se fijó muy bien, si no quedaba algún detalle en el otro coche que delatara su problema.

Cuando partió ya había comenzado a clarear. Manejó con cuidado hasta la ruta y allí, para no tener problemas trató de acomodarse a un ritmo normal de cualquier viajero. La llamada de Texas de Florencio, lo encrespó.

Antes de llegar a Chascomús, se cambió de ropa y tiró el overol y la campera en un zanjón y le echó gasoil y un fósforo. Ardió dejando un montoncito de cenizas. Siguió. En un pequeño pueblo compró en una farmacia, varios elementos de “curación y suero”. El sol ya estaba bien alto cuando llegó al pequeño puesto de guardia de Cariló.

El tranquilo sereno se sorprendió al verlo, pero pensó: ¡Son tan chiflados estos nenes de mamá!

-          Oiga amigo… ¿Me conoce, no? Sí, sí, mire, vengo a estudiar, porque tengo varios exámenes. Necesito tranquilidad. Si me viene a buscar alguien, lo para acá y me avisa

-          Como usted ordene… ¿Le mando a Rosa?

-          No…, bueno, sí, pero más tarde. Yo le aviso cuándo.

-          Diga joven ¿Necesita algo, para mandarle algún peón, digo yo?

-          ¡No, quiero estar solo y tranquilo! ¡Llámeme por teléfono si viene alguien!

            El hombre levantó la barrera y la camioneta ingresó por las serenas calles arboladas de tierra y gramilla. El bosque escondía las viviendas de miradas extrañas. Era el lugar ideal. Una nube de arena y polvo sellaba el capot del vehículo. Cuando llegó el chalet parecía muerto.

Abrió el portón y allí estaba el Jeep, la lancha, los equipos de buceo y ski acuático, la moto y cuanto chiche nuevo aparecía en las casas de náutica.

            Le dio mucha rabia. Pensó en la  falta de instrumental del “Hospital de niños”. Con todo eso se podría comprar tanto… Entró la camioneta y cerró el hermético portón. Sacó la llave y abrió la puerta de ingreso a la casa.

Pensar que sus viejos pagaban un montón de plata, para que limpiaran todos los días ¡Qué cosa de locos si nadie quería ir a esa casa!      

¡Sintió bronca después de todo su viejo trabajaba duro…! Cierto que cada operación la cobraba un disparate, pero siempre era gente de dinero, a la que no le hacía nada gastar. Alzó el cuerpo macilento y deshidratado de la muchacha. Subió la escalera de madera alfombrada y entró a su dormitorio, con una mano destapó una de las camas de dos plazas que había en su dormitorio. Allí depositó a la chica. Abrió el placard y despojando de una funda plástica un traje, la rompió como impermeable poniéndola debajo del cuerpo. Pensó poner una sabana entre el cuerpo y el nylon. Una zalea se hacía con sábanas cortadas y en la casa sobraban; además necesitaba proteger de llagas la piel herida.  Florencio le ordenó cuidar a la “mina” como si fuera oro. Y era oro para la organización.

 Descolgó un cuadro, un mamarracho que su madre había comprado a una pintora amiga y en el clavo colgó un frasco de suero.

Fue al baño, dejó correr el agua de la canilla un buen rato y cuando acabó de salir la herrumbrada se higienizó meticulosamente manos y brazos.

            Entró al dormitorio y preparando el brazo de Delfina le inyectó la aguja de suero en la vena. Preparó un fuerte antibiótico y lo introdujo en el suero. La auscultó y notó arritmias. Sacó una ampolla de digitalina y se la puso en la vena del otro brazo. Tenía dos presiones arteriales muy juntas y altísimas.

La mujer se estaba muriendo. Él tenía que sacarla o la “Organización” perdería una buena oportunidad de hacer un trabajo eficiente.

Se quedó con el estetoscopio puesto y el aparato de presión en la mano. Notó que lentamente hacía efecto la droga.

Cuando estaba acomodando la habitación sintió ruido en la escalera. Salió y cerró la puerta con llave.

-          ¡Señor, soy yo, Rosa!

-          Ah, me asustó… mire Rosa, necesito que me haga algunas cositas.

-          Yo vine antes de ayer a limpiar, pero acá no dura nada y usted no avisó…

-          Está bien, no quiero que se justifique ante mí, yo no soy su patrón.

-          Gracias, pero…

-          Rosa: ponga en funcionamiento la bomba, la heladera y limpie en la planta baja un poco. ¡Luego traiga esta lista de comestibles por favor!

Mientras sigue dándole ordenes, baja de tal modo la escalera, que la mujer retrocede en todo momento alejándose del lugar donde está la enferma. No debe saber que hay otra persona ahí. Le alcanza una pequeña y desprolija lista de comestibles, el muchacho advierte en el piso manchas pequeñas de sangre que ha perdido la enferma.

- Mire Rosa tengo mucha hambre, primero búsqueme leche y comestibles y después limpia. ¿Sí?

Y mientras le comenta eso la toma decididamente de un brazo y la lleva a la puerta. La pobre mujer tan asombrada y desorientada no atina a responder. Sube a su motocicleta y parte a cumplir con el pedido.

El hombre cierra y vuelve sobre sus pasos. Busca un trapo de la cochera y limpia las manchas con esmero. Cuando queda satisfecho, deja embolsada la basura con el trapo sucio y la esconde en la camioneta.

 Regresa al dormitorio, toma el pulso y la presión y nota alguna mejoría, ahora queda esperar. Luego…

Mira el cuerpo de Delfina y le asombra como ha adelgazado. Él la ha visto hace un año más o menos en la fiesta de unos amigos de su padre. ¡Allí lucía un precioso vestido negro de seda natural chino, con alhajas valiosísimas y un precioso peinado!

Ahora, pálida, deshidratada, con la cabeza rapada y delgadísima, le da lástima. Aquella era la mujer, que despertó la ira en su corazón entonces porque era rica, linda y hablaba en francés, en lugar de hablar castellano. ¡Le dio rabia, su seguridad junto a un hermoso hombre, que la miraba con adoración¡ En el fondo eran celos y frustración por su problema. Nació con labio leporino y paladar hendido. Le costaba hablar y los niños en la escuela le hacían toda clase de burlas. Sus padres lo llevaron a un importante instituto de Brasil para una operación cruenta y reparadora con el mejor estatista del mundo. Los curó bien.  Estudiaba medicina para ayudar a otros como él.

En cambio a esos llenos de lujos y sin problemas que nunca fueron sus amigos ni vecinos que se sentían titanes que se pagaran las cirugías. ¡Y él ese día anterior en la sala de la Villa, había visto morir a una chica de catorce años tuberculosa, veía morir desnutridos ancianos y niños por hambre y abandono! ¡Todo eso lo decidió a unirse a la “Organización”, él tenía que hacer justicia! Claro, que ahora se le presentaba la otra cara de la cuestión. Allí estaba la Delfina, y él, no había hablado nunca de los problemas de clase en gente así. Y de él dependía que se salvara según su amigo Florencio que amaba a la hermana de la cretina. Texas queda lejos hermano, pensó.

El sueño le comenzó a morder. Se alejó un poco de la cama y se tomó una anfetamina para combatir el sueño. ¡No debía dormirse ahora! Tampoco debía tomar demasiados  estimulantes.

Sintió ruidos. Bajó y cerró con llave la habitación. ¡Fue al gran salón y puso música bastante subido el tono! Sandro de América era el Long Play que encontró primero. Muerto de risa se acordó del verano con Susi, una putita que conoció en la playa.

En la cocina Rosa trajinaba. Le sirvió un desayuno abundante con medias lunas de manteca y dulce de leche casero. Huevos fritos con jamón. Hacía meses que no desayunaba tan bien. Así era en verano junto a sus padres. Comió con deseo y charló sobre el tiempo. Averiguó quienes estaban pasando una temporada en Cariló.

-          Nadie, casi, nadie, ya comenzaron las clases y la gente se fue.

-          Y ese casi ¿Quién es Rosa?

-          Ah, la pintora y el viejo de la “Mimosa”. ¡Ella tiene como treintitantos años y según dicen, él tiene como  sesenta y tantos! Dicen, que son amantes pero yo no les veo hacer cosas raras, usted sabe que…

-          ¡Bueno Rosa lo que haga la gente a mi no me importa! Dejemos en paz a los amantes.  Y no me gusta que me espíen a mi. Soy terrible con la gente que se fija en lo que yo hago. Me los como crudos, ja, ja, ja….

-          ¿Cuándo quiere que regrese a limpiar?

-          Yo le diría que en cuatro días, más o menos… ¡Cualquier necesidad la llamo! Tráigame mucha leche… tres litros diarios, déjela en la puerta, que yo la voy a entrar.

-          Yo puedo entrársela bien temprano y me parece que usted andaba enredado con la Susi. ¿Se acuerda? No sabe…la muy boluda, perdón, la tonta se suicidó. No se enoje, le hice un chisme. Me voy.

-          No, déjeme la llave. Suelo ponerme nervioso si siento ruidos cuando duermo a ver si es el fantasma de la Susi. ¡Pobre, qué le pasó?

-          Parece que se embarazó y la echaron de la casa donde trabajaba. No tenía familia. Tuvo miedo y la encontraron en el mar ahogada.

-          Pobre Susi. Yo tuve relaciones con ella pero me cuidé de no dejarla, bueno de no embarazarla. Para eso me faltan cinco materias y me recibo de médico.

-          ¡Está bien, tome… ya me voy!

La mujer sumamente disgustada, le entregó la llave y cuando va a salir algo la detiene. Mira hacia arriba y le pregunta.

-          ¿No quiere que le limpie la planta alta?

-          ¡No, solo iré allá a estudiar y dormir! ¡Yo me arreglo solo!

-          Bueno, adiós… - Y se va murmurando con desagrado. -¡Son todos iguales  capaz que el pendejo que estaba esperando la Susi era tuyo, hijo de puta!

Ya solo. Ordenó cuidadosamente toda la cocina y cerró bien puertas y ventanas. Corrió los cortinados, para que nadie observara sus movimientos. Subió y destrabó la puerta de la habitación. Cuando entró, Delfina dormía y su respiración acompasada habló  de su mejoría.

            Se quedó mirándola un rato en silencio. La música se había acallado y su sueño terrible le cerraba los ojos. Se tiró en la cama junto al cuerpo afiebrado de la muchacha y se quedó profundamente dormido!