jueves, 26 de mayo de 2022

UNA TARDE DE DOMINGO

 


                        Sentí la voz inconfundible de Coquita pidiendo que fuera esa tarde a tomar el té. Tenemos tanto trabajo de la cofradía del Santísimo Sagrario para dejar listo. Cortó como siempre la conversación, ella siempre apurada, tiene muy controlado el teléfono. No le alcanza la pensión de su difunto marido. Además no tiene tiempo. Entre las compras, las plantas... tiene como cien macetas con helechos y orquídeas, siete canarios, dos gatos y un ovejero que con artritis, se arrastra tras su caminar apurado. Alimenta animales abandonados, algunos harapientos y mendigas locas que duermen en los portales. Todo el barrio la conoce y la adoran. Los vecinos cuentan con ella cuando viajan. Ella es el alma de la cofradía. Me dispuse a salir. Temprano porque cada día tengo más temor a salir. La oscuridad me aterra, pasan cosas increíbles en la calle. Además me tiene loca el reuma en las rodillas. Me pondré los ruleros porque con la humedad el pelo ralo, no me sienta. Cuando me miro al espejo siento tanta pena...me tengo que cortar el cabello y teñirme porque me veo muy vieja. ¡ Pero con lo que cobro cada vez me alcanza menos! ¡Gracias a Dios, Tinchi, el peluquero que me atiende desde que vine a Palermo viejo, me aguanta! Es muy bueno. Palermo...pensar que tuve que dejar la casa. Cómo extraño la casa de Haedo. Sus patios con glicinas y mosaicos de colores armando alfombras. Alargaba los días y las noches con su cálido entorno. Cuánto luchamos para tener esa casa teníamos un baúl de ilusiones. Ahora el “pañuelito” en que vivo, que compraron los chicos, es como una pileta de la Recoleta. Me ahogo, pero ¡pobres! Tenían que comprarse casa en Pilar. Tienen otras obligaciones. Yo entiendo, la vida moderna es así, complicada.

                                   Felicitas, coqueta como siempre toma el cincuenta y siete que la lleva a Olivos, tarda casi una hora, pero aprovecha para mirar las vidrieras de Santa Fe y pasa por Cabildo...recuerdos, recuerdos se van prendiendo de sus ojos soñadores. Disfruta mirando a la extraña gente de esta época. Ha pasado los setenta y ocho. Y viaja con una bolsa enorme de añoranzas. Siente nostalgia de los chicos, los ve tan poco...Jorge con sus corridas de la clínica al hospital y a la facultad. ¿Cuánto hace que se casó? Luego el divorcio y tres matrimonios más. ¡Qué hizo mal! Pero no fue su culpa murmura mirando el rostro desencajado de los que viajan junto a ella. La casa de Jorge es un loquero, con hijos propios y ajenos que entran y salen. Felicitas ya no sabe bien cuáles son sus nietos de sangre. Para lo que sirve. Si no vienen nunca. A veces suele venir Victoria, la nieta mayor, fue la que más conoció desde niña. Ahora está por irse del país a estudiar una carrera de marketing. Ya no la verá más. De Loli, sí que tuvo mala suerte. Se enamoró mal de un tipo sin escrúpulos. Cierto que ahora no se dan sobrenombres. Dolores, su Dolores. Pobre para qué le puso ese nombre fue como darle una consigna de infelicidad. Pasan calles, gente y pensamientos.

                                   Chofer...en la parada de Rosales.¿ Me puedo bajar por acá? Gracias. Esta calle de adoquines me tortura los pies y la cadera.

                                  

                        Coquita la espera, no se ha arreglado para recibirla como otras veces. Recibe el paquetito de masitas de la confitería de la esquina. No te hubieras molestado. No es nada. Cómo están tu cadera y las rodillas. Bien algo dolorida. Sentate y ya traigo el té. Gracias. No mires el desorden, pero últimamente no tengo ganas de trabajar, estoy como...Como que trabajaste demasiado ya, Coquita. Y sin la obligación de atender a los hijos ni al marido. Ah, ya sabemos es lo mismo, yo... Bueno de ese ni hablar...bien muerto esté y que no resucite. Me extraña que hablés así de tu difunto esposo Coquita. Me hizo sufrir hasta el cansancio, lo que se dice un crápula. ¡Nunca te escuché hablar así del doctor! Claro, siempre me quedé callada, por los chicos. Pero nunca te hizo pasar necesidades...y a los chicos les dio flor de carreras. La voz de Coquita se pierde tras los cortinados que separan el salón de la zona interior de la casa. ¡Flor de sin vergüenza fue mi marido! Imaginate que se jugó todo lo que me dejó mi padre. No te puedo creer eso del doctor, parecía tan serio y correcto. La mirada dura de Coquita se apoya en la fotografía del “doctor” que sonríe desde el piano. Felicitas piensa en sus propios hijos que la han dejado sin un cobre... al final todo el mundo es igual.

                       Bueno, Coquita, y tu hijo Carlos, cómo está después de la denuncia que le hizo el otros diputado...¿Qué? No te oigo bien, sabés que cada día escucho menos .Son cosas de la edad. Las sonrisas oculta de las dos mujeres que esconden sus desdichas son misericordiosas con quienes aman. Te hacés la sorda cuando te conviene...la tacita inglesa de porcelana tiembla miserable entre los dedos torcidos de Felicitas. Coquita ha derramado parte de su té en la alfombra. Ambas se quieren y se conocen. Ambas han sufrido y sufren la soledad y la vejez. Con respecto a la Cofradía, ¿qué te parece una cena en lo de Chola en Pilar?  Y la charlas despliega intrascendencias por la tarde del domingo. A las siete en punto Felicitas regresa con más peso en su mochila de recuerdos.

DE TU CUENTO A UN INVENTO


            Te voy a contar la historia de una niña que se llamaba Regina. Era muy, muy mimosa. Su abuela le contaba cuentos, le hacía milanesas con puré y le compraba juguetes. Pero Regina nunca estaba feliz.

         Un día el cielo apareció gris y lleno de nubes oscuras. Presagiaba una tormenta y hacía mucho frío. La niña, no quiso ir a la escuela. Su mamá y su papá que trabajaban todo el día, tuvieron que llevarla a la casa de la abuela para que no se quedara sola en la casa.

         Aprovechando que estaban juntas, la abuela la invitó a jugar a cocinar masitas de chocolate y coco. Regina se encaprichó y sólo quería ver televisión. La abuela la dejó en el comedor mirando un programa infantil, pero el sueño la ganó y se quedó dormida. Así comenzó a soñar.

         Regina soñó que se elevaba en las alas de un pájaro enorme de pico afilado y garras de acero. Volaba tan alto en el cielo, que desde ese lugar podía ver la cumbre de la montaña, los enormes ríos que desaguaban en las plantaciones de los valles y hasta un azul lago rodeado de pinos.

         El sol le hacía cosquillas en la cara y escuchaba el relincho de caballos salvajes. Jugó con cachorros de perros y pequeñas cabritas. Juntó mariposas y escarabajos azules. Nadó en un arroyo de agua dulce y tibia. Seguía volando por entre las nubes. En un rincón, inventó un huerto con manzanas gigantes, aves con pelos, árboles de color celeste y gatos con plumas de color rosado.

         Caminó por las hojas de una palmera de cartón y se vistió con una capa de azúcar amarilla. 

         Regina estaba muy feliz. Reía y reía entre las enormes plumas de las alas del ave. Pero... de pronto sintió un rugido tan fuerte que la despertó. Era un trueno que anunciaba la lluvia. Un tremendo chaparrón desdibujó el jardín.

         Una taza de chocolate caliente con galletas dulces, le hizo despabilarse. Los brazos amorosos de la abuela, fueron el refugio de su temor a las tormentas.

         Ya siendo noche llegaron sus padres a buscarla. La abuela estaba un poco triste. Regina, sólo hablaba de su aventura en el sueño. La pequeña le prometió que otro día vendría, pero sólo para volver a soñar como ese día. ¡Así conocerá los hermosos cuentos que inventa y la abuela le hará ricas galletas!

        

DE ANÉCDOTAS DE VIAJES

 

UN VIAJE MUY AJETREADO, MADRID CON LLUVIA

 

Para poder llegar a Santiago de Compostela, el famoso Camino de Santiago, nos mandaron a Madrid. ¡Comenzaron los problemas! Los vuelos retrasados nos impidieron llegar al que nos trasladaría a Galicia. Llovía como hacía meses, según dijeron, no llovía. Nos llevaron, luego de muchas protestas de todos los pasajeros que habían perdido sus conexiones; nosotras entre ellos; a un edificio cerca del aeropuerto que habían organizado como “hotel”. Eran módulos de departamentos con habitación, baño y cocina. Sin heladera ni comestibles. Nos fueron acomodando según los próximos vuelos que comenzarían a las dos de la madrugada. Mi compañera y amiga, se animó a buscar comida. Ambas ya hacía más de diez horas que no probábamos alimentos, excepto una bolsita de 40 gramos de maní que nos dieron en el avión de Iberia. Pudimos hablar con nuestros esposos e hijos, puesto que la empresa proporcionó llamadas gratis al país de cada pasajero. Hacía frío y no paraba de llover. De pronto, tocó la puerta una jovencita y me entregó dos bolsas con comida y bebida. Cuando llegó mi amiga, se sorprendió, no había podido conseguir que la máquina que expende con monedas algunos alimentos, le entregara dos emparedados y se quedó, el aparato, con los euros. Ella estaba furiosa. La calmé, la invité al picnic y luego de higienizarnos, comimos. Un sándwich de jamón de pavo y queso, un jugo de naranja, un yogurt y para mí una pera.

Sabíamos  que a las cinco de la mañana nos llevarían al aeropuerto. Ella salió un instante porque no soportaba el encierro y se perdió, era un edificio laberíntico. Cuando volvió, estaba muy triste. Habló con su esposo y su hija y se calmó. Esa noche dormimos tres horas.

Al día siguiente, no llovía. Salimos de Madrid rumbo a santiago de Compostela. En el avión, ya se veían los peregrinos que con sus mochilas y bastones viajan para hacer esa antiquísima peregrinación. ¿Me pregunto qué impulsa a los seres humanos hacer una caminata de casi 900 kilómetros andando por el antiguo camino de los cristianos de antaño? Hoy, por lo que pude observar, la mayoría no era gente religiosa, la que hacía la Romería o Peregrinación. Muchos van por esos largos senderos por decir: ¡Lo logré! Llegan a “Finis Terra” y allí regresan con su cartilla llena de sellos comprobantes del viaje. En fin será otra de mis anécdotas.

A las cinco de la mañana nos alertaron que ya pasaban a buscarnos para viajar a uno de los lugares más bellos: Santiago de Compostela.

 

martes, 24 de mayo de 2022

JUNTO A UNA ESCULTURA DE PÍO BAROJA


 

SOLOS

 

Y descubrí que no estábamos solos

y

mi ciudad se enredó en los árboles y acequias

escondiendo el dolor de los hombres y   los  niños.

Cada par de ojos, cada mano que se extiende

 me recuerdan

cuánto me hace falta comer de tu boca

tengo hambre de tus besos    de muslos abiertos

entonces mi ciudad me duele con llagas vivas

le falta amor al pueblo      mi pueblo   tiembla

en deseos   que me recuerdan   el tiempo de repartir

los viejos sueños. ¡Ay...qué haremos?

 

Ven     

cerremos las ventanas. Abramos el corazón

dejemos que el sonido de nuestro palpitar aturda nuestro lecho.

 

Estamos solos con nuestro amor lejano. Aun

tenemos nuestro amor. A pesar de todo

a pesar del tiempo.  Y nuestros sueños.

UNA INSÓLITA SOLUCIÓN

 

            Desde el automóvil alquilado, Ivanna, observa el frente del caserón. Bello lugar. El coche de su amado Rafael, es el aguijón que se le clava en los ojos. Allí está detenido desde las diez horas, y no se ve movimientos en el interior. Se le nubla la vista que tiene incrustada en los ventanales y el gran portal, por donde espera verlo salir.

            Ya es la hora en que los árboles comienzan a transformarse en matorrales, verde oscuro o negro, cuando comienzan unas leves luces a asomarse por los vidrios. Se abre el portón de hierro y aparece un pequeño coche deportivo. Antes, en el vestíbulo, Ivanna observa asombrada, como su marido, besa apasionadamente a un atlético joven moreno.

            Un estilete invisible le atraviesa la garganta reseca. En su retina se incrusta la imagen. Luego parte el coche de Rafael, rumbo a la ciudad. Suena en su cartera el celular. Amor, me voy a demorar unos veinte o treinta minutos, acá en el club. Siempre que no me llamen por teléfono unos clientes. Te amo, espérame para cenar. Y ella lo sigue, para verlo ingresar en el club. Se detiene y espera. Lo ve salir bañado y cambiado de ropa. Un estilo informal que traía y sale con el típico traje de oficina. Los ojos de la mujer, tienen un raro color resinoso. Se aleja apurada por la autopista y corta camino por calles extrañas para llegar antes que él, a la casa.

            Intenta tranquilizarse. No sabe cómo actuar. No debe demostrar sentimientos. ¡Comprende por qué causa no quiere tener hijos! Su reloj biológico ya está en rojo y él, siempre inventa pretextos para evitar la paternidad. Resiste pensar en “su” hombre en brazos de otro, si fuera mujer, su alma no estaría tan destrozada. Cuando siente la llave en la puerta de entrada, se ve reflejada en el gran espejo de su dormitorio y una extraña pátina se desliza por sus ojos, en forma inoportuna cual párpado transparente. Se refleja nuevamente su piel tersa y su cabello corto tiene un suave reflejo verdoso. ¡Es mi imaginación! Mi odio me hace ver cosas insólitas, piensa. Desciende por las enormes escaleras de mármol y se desliza como una sombra. Él, en el comedor ha tomado un vaso de güisqui y tintinea el hielo festivo en el cristal. Le acerca uno igual y la besa ligeramente en los labios. Ella retira precipitadamente la boca. Que siente levemente dura. Su lengua parece de plástico. Se aleja hacia la mesa donde la mucama ha preparado la cena. En silencio, se sientan y comienzan a comer. Un breve comentario sobre la exquisita carne a la provenzal, al buen vino boyarda y al clima. Luego se instala una pared invisible entre ambos. Cuando están por finalizar y se acerca la joven mucama, se miran sorprendidos por el rugido de una moto que ingresa en el camino a la casa. Rafael, salta en la silla y se precipita al palier de ingreso. La alfombra persa sabotea los pasos y la voz en cuello de ambos hombres, es un siseo terroso que llega apagado a oídos de Ivanna. ¿Qué haces acá? Te he dicho que aquí jamás vengas. Vete. Mi esposa …El ingreso inopinado de la mujer transforma la situación. Lame con su mirada extrañada el cuerpo y rostro de su enemigo. Una cara infantil, rubicunda de ira y sospechosa de venganza, se detiene en ambos rostros. ¿Quién viene a visitarnos a esta hora? ¿Acaso lo invitaste a cenar y no sabía nadie nada? Pase. Tome un aperitivo con nosotros, dice ligera para conocer la causa de ese exabrupto.

            Rafael, palidece y apenas puede balbucear palabras. Mi compañero de tenis, el joven Belisario Verón. ¿Te acuerdas que yo te comentaba, querida de un nuevo socio al que hay que temer por lo bien que juega? Bueno ha venido y me encantaría saber qué lo trae a esta hora.

            No vengo como socio a jugar tenis, sino a buscarte para ir a “Soho Gay”. No es tu fuerte mentir. Cambiate que nos esperan para el nuevo show. Y te retiras de nuestra casa que crees que estás haciendo, atrevete a molestar a mi señora. Sal ya mismo. De ninguna manera. Tú, refinada estúpida, debes saber que hemos estado todo el día juntos en un lecho de amor. Te engaña. Es mi amante. Déjalo ir. Sé inteligente por una vez y comprende que yo he ganado esta contienda. Eres un verdadero cretino. ¿Qué necesidad tienes de insultar en mi casa a esta pobre mujer?

            Atónita, Ivanna y la mucama, miran a la pareja. Salen y el estruendo del escape rompe el trágico silencio de las gargantas de las mujeres. Sorprendidas, se alejan para reponerse del momento sufrido. La mucama, toma su ropa y sale, dejando la llave sobre el mármol rosado de una cómoda, en el ingreso a la casa. No atina ni a saludar. Su mente tiembla. No comprende nada. Su patrón es… no puede ser. La señora tan fina y bella… eran tan felices, o lo parecían. En la soledad del barrio pasa junto a los guardias de seguridad como aislada del mundo.

            La joven ama, despechada, comienza a recorrer cada rincón de su bello dormitorio. Abre el vestidor y con una navaja corta y deshilacha la ropa de su ex marido. Su vientre es un volcán en erupción. No llora. Tiemble de ira y sueña diferentes venganzas. De pronto se mira frente al espejo de su vestidor. Allí, observa que sus ojos, tienen un extraño proceso de cambio. El iris, se alarga verticalmente. Una suave membrana cubre su globo ocular en forma de párpado extra. Su rostro, totalmente endurecido por la furia, se va cambiando y la nariz, se eleva achatándose sobre una faz angulosa. La lengua es larga y se mueve a latigazos con una incisión en medio. Una serpiente envidiaría su lengua. La piel va tornándose escamada y verdosa. Mira sus manos y las ve atrofiadas en garras con afiladas púas negras. Se encorva. Crece una inesperada cola con espinas de colores que se elevan hasta la cabeza donde el hermoso cabello ya se ha transformado en aguijones venenosos. Se desliza sobre su vientre húmedo y frío. Siente un grito interior que la empuja hacia el parque. Sale por el enorme ventanal. Sale en búsqueda de un apareamiento para desovar sus crías.

            Sobre el brillante piso de mármol blanco quedan derrotados, un par de zapatos de tacones rojos, un vestido de seda negro y un collar de perlas con broche de zafiros.

           

AZULES MIS MANOS

 

Azules.

Azules mis manos

Un camino azul sobre mi lecho.

Nostalgias y sueños.

Mi alma se pierde en un azul de incienso

Mi amor, que perdido, busca el reencuentro.

Mi memoria encuentra mil azules

Sueños y esperanzas

Añiles y dulces.

Dudas y distancia

Aguarda la esperanza que tiñe de rojo

Sin ver lo que toca.

Inquieta la tregua que me deja sola,

En el umbral de los recuerdos

Quedará enredado el añil sufrido,

El color perdido

La fiesta postergada por ausencias

De los que amasamos el pan de la alegría

O acaso olvidamos

Pisar las uvas del buen vino.

El azul envuelve los manteles

Que llenan las mesas de los que marcharon

Buscando un camino lejos de la patria.

Azules infinitos

Azules al viento

Azul de esperanza

Por los que han vuelto.