sábado, 21 de marzo de 2026

LAS CAMPANAS AL VIENTO SE NIEGAN A SILENCIAR EL DÍA


 

A lo lejos se oían los fuertes sonidos de un campanario. Nadie en la región conocía el lugar desde donde provenían esos latidos agudos. ¡Es imposible si no hay un templo a siete kilómetros al rededor de la aldea! Sin embargo a las cinco de la tarde todos los días sonaban con estrépito campanadas.

Roldán, se propuso averiguar de dónde provenían los sonidos. Preparó el potro y luego de ensillarlo se acomodó por las dudas el facón en la faja a la cintura. Salió al trote suave, un temor oculto le hacía subir el sudor por la frente bajo el ala del sombrero. El pudor no le dejaba aceptar la verdad, temía encontrar un fantasma o algo parecido.

Rumbeó para el saliente. El sol acribillaba con furor mañanero. Desde cierta distancia lo seguía el "Negro" su fiel perro. Anduvo por las zonas cercanas al manantial. Luego subió unas peñas que estaban llenas de árboles de aguaribay. Se acercaba la hora del sonido esperado cuando su potro se negó a seguir.

No estaba acostumbrado a chicotearlo, le dio varias palmadas pero el buen animal seguía impávido detenido olfateando el viento. Había comenzado un suave vientillo que traía perfume de las jarillas y de los pastizales.

De repente, comenzó a sonar con suavidad el bronce de las campanas. Ahora de repente eran varias las que cantaban su metálico sonido, no había nadie en los lugares abiertos de vegetación. Entonces... la vio. Una figura hermosa como de una mujer blanca de cabellos largos renegridos. Estaba allí, parada sobre unas piedras. Lo miraba con dulzura y levantó la mano. El caballo se inclinó como para saludarla. Él, se tocó el sombrero y le preguntó quien era. Su voz era un eco sordo en el lugar.

La figura desapareció haciendo un saludo con las manos ensangrentadas. El día se iba alejando y un rumor de aves que volvían al nido, tapaban el sonido de la voz de hombre.

El noble bruto, dio la vuelta y el Negro, se acercó al amo. ¡Vamos, hay que avisar que algo raro está pasando en este lugar! El trote rápido lo acercó al caserío. Cuando relató lo que había visto, todos se rieron.

¡Es la Niña Dormida, que murió en el pasado! ¡Él nunca se olvidaría de su mirada y cada día cuando escuchaba las campanas, recordaba su atrevida búsqueda de la Niña Duende!

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