“Déjame también morir, quiero decir pasar a otro plano de existencia,
recién cuando esté en el peldaño verdadero de aprendizaje, estaré viva.” Diario
de Zhenia o Indra Devi 1927.
El Coronel Bermúdez y el Mayor Canardi, hace
muchos días que no duermen. Vagan entre un plano a otro de marcas de atentados
y cadáveres encontrados en lugares insólitos. Apoyados sobre el escritorio que
parece un burdel, se rascan la cabeza pensando y tratando de deducir dónde
estarán los malditos que tienen a los secuestrados. Tasas de café, mates
helados y volcados en el piso, cigarrillos mustios y pizza sin comer, pasan y
repasan cada parte que reciben. Datos que apenas sale una patrulla a
desentrañar encuentran restos humeantes y tibios, deshabitados a tropezones.
-
Mi Coronel, el General Ezcurra viene a verlo. Viene
acompañado por dos y hace una seña de que son de otra arma.
Ingresan dos oficiales de aviación militar.
Serios y cariacontecidos, extienden la mano en un gesto amistoso.
-
Brigadier Jorge Menderes y Comodoro Albornoz, de
-
Mi General, Mi Brigadier, Mi Comodoro… ¿Qué los trae?
Como verán estamos fusilados con tantos problemas.
-
Estimado Coronel Bermúdez, nosotros no acostumbramos el
“Mi”, así es que vamos derecho al grano. En el atentado en
- No soportó haber cobijado al asesino entre
sus brazos y menos saber que su esposa le daba toda clase de
privilegios y afecto. La vergüenza
y la culpa le han hecho tomar una decisión extrema, que nos enluta. El alto sentido del honor y hombría de bien de este oficial enaltece a toda la fuerza, pero
destruye su familia.
-
Acá le dejamos la información sobre el chico y la
familia, para que vean sus contactos, amigos, costumbres y si de algo sirve,
ver de encontrar la punta del ovillo de este horror que estamos viviendo.
-
Señorita Reina López, ella es mi secretaria, ¿podría
traernos un café? Caballeros, ¿alguno de ustedes desea otra cosa?
-
Sólo mate. Gracias señora. Menderes, enfrenta la fría
mirada de “Mara” y un escalofrío le atraviesa la columna vertebral. Siente lo
mismo cuando el avión entra en un Cúmulos Nimbus. Sostiene la vista en las
duras pupilas de la mujer. No le agrada. Esa mina es mala. Odia, y en especial
a los que trabajan con ella.
El escribiente que está
atento a todo comprende que se ha producido un choque de fuerzas entre ambas
partes. Seguirá paso a paso a la muchacha, que despierta dudas muy ásperas en
el que parece ser un simple escribiente.
Se yergue del asiento
del escritorio y finge arreglar papeles. Debe disimular. Persigue con la vista
a Reina López, ¿qué puede llegar a hacer con los sobres que han traído esos
milicos? Él ha visto que copia datos, que roba y esconde papeles y la ha
seguido en varias oportunidades, pero la pierde en lugares tan normales, que
hasta eso lo tiene intrigado.
Mara ha traído un mate
bien cebado y café. Saluda y se retira con un pretexto.
Pero supo que un compañero, de esos que no se hacen
notar, que pasan escondidos, invisibles, la observaba y comienza a preocuparse.
Tiene dos conflictos: la organización y este tipo que la observa. Debe ser
precavida.
La calle está controlada por muchos soldados.
Han puesto garitas y fuertes casillas de defensa, ya que a veces en algunos
edificios y cuarteles, pasan autos o motos ametrallando a los conscriptos. Ya
tiene muchas bajas y el pueblo se queja, los chicos son demasiado jóvenes,
demasiado extraños a la vida militar para sufrir así. Las madres ya han hecho
petitorios a la señora presidente y a su secretario.
Pedriel desde una ventana lateral, la ve
ingresar en el bar de la esquina. Saca los anteojos binoculares y la observa
hablando con un joven de cabello largo. Gesticula ella y el escudriñador
maldice no entender la lengua de señas y poder leer los labios, como su prima
que enseña a sordos. Es un tema que debe aprender. Lo hará este verano.
Indudablemente es una infiltrada. Pero de ¿qué
organización? Trataré de ponerle alguna trampa. Ya veré cómo y cuándo, se dice.
Se aleja a tiempo para que un hombre que ha entendido que lo sigue, no lo
descubra. Allí en el nido de serpientes hay que cuidarse siempre.
Comienzan la investigación del chico del
atentado. Los datos los lleva por caminos circulares. La facultad y una Villa
donde junto a un par de curas revolucionarios hacen obras sociales.
¿Qué le ha pasado a esta juventud, todos hemos
tenido a esa edad, con ínfulas de justicieros; pero ahora lo resuelven con
bombas, extorsión, robo a bancos, raptos con juicios en lugares inescrutables. Muerte.
Bermúdez y Canardi quisieran disponer de tiempo
para ir al cine, o a bailar tango en algún boliche de moda. Y también escuchar
Jimi Hendrix o a los Rolling Stone en lugar de estar allí sufriendo. Hace
tiempo que no tienen vacaciones, sus familias destruidas y sus hijos rebeldes y
huidizos viven lejos.
El atentado en la iglesia es un hito que pone
frenética a la sociedad. Los periódicos desgranan hojas y hojas hablando de los
atropellos de quienes han llevado al país al caos. Pero toda Latinoamérica está
igual. En Montevideo hay atentados, los de Sendero Luminoso han provocado miles
de muertes en la selva de Perú. Raptan a extranjeros y matan militares, a campesinos y estudiantes
igual que en el país. Es una guerra no declarada.
Empapelan los frentes de las viviendas con
manifiestos y contra manifiestos. Mueren estudiantes y obreros, curas y
militares. Cierran facultades y muchos ciudadanos dejan el país, buscando asilo
a su miedo o por estar comprometidos; van a México, Francia, Suecia, Venezuela
o Cuba.
Las familias de policías y militares son
asediadas por llamadas telefónicas amenazándolos con ser torturados o muertos.
Los militantes del partido peronista y de partidos
de izquierda son sacados de sus casas para interrogarlos, torturarlos y
desaparecerlos.
Han prohibido listas de libros que han quemado
en lugares públicos. Hay listas “negras” de músicos y sus temas en radios y
televisión por sus letras que impulsan a la barbarie, según la primera dama y
el secretario.
En los cuarteles, los soldados parecen hormigas
en época de acopio y llenos de angustia viven atrincherados. Tienen mucho
miedo. No saben cuando tratarán de tomar el cuartel e intuyen que serán pasados
por las armas. Valor y Honor para Servir a la patria, pero son solo conscriptos
muy jóvenes.
Algunos suboficiales han enfermado por el
estrés, otros simplemente con su arma reglamentaria han acabado con sus vidas.
Oficiales y policías, gendarmes y
prefectos, todos están en ascuas ya que tienen sus familias en peligro y el
cáncer hace estragos entre los altos ejecutivos y gerentes de empresas extranjeras que son
renovados continuamente del país.
Mucha gente se ha ido
de sus lugares de trabajo o estudio, pero tanto en países del cono sur como en
Italia, Alemania o Israel, hay atentados terroristas en forma permanente.
La única que viaja
libre de toda manera es
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