martes, 20 de octubre de 2026

LA CABAÑA DEL TOTORAL


 

            Se avecina una tormenta. El cielo se refleja sobre los montes como enormes patas de arañas grises. Traen hielo. El viento atrapa los ruidos majestuosos de las piedras que se desprenden de la arenosa tierra reseca. Desde el verano pasado no llueve en la región y muchos de los vecinos han huido a la ciudad en busca de trabajo. "Changas" que apenas llenan la olla y se han quedado las mujeres solas con los críos y el pequeño puñado de cabras y chivos que merodean por las matas resecas y espinudas.

Revelino, cansado se acerca al tanque de agua que le trajo el compadre desde el puesto El Laurel. Agua llena de polvo que acarrea el viento al sobar los terrones resecos. Le da de beber a los animalitos sedientos como él, como cada algarrobo o penca que asoma con fiereza a la superficie del secano.

Una bandada de pájaros se aleja hacia la zona detrás de las peñas. Dejarán los nidos sin huevos o con pichones pequeños. Se viene la correntada apenas desguase el cielo. Arrastrando piedras, troncos quebrados y todo lo que encuentre en el camino. La "Gringa" se asoma envuelta en el delantal para cubrirse los ojos y grita...¡Dentre que se lo va a llevar el hielo! Cierra la puerta justo cuando comienzan a caer los trozos de granizo. El perro, se lame las patas debajo del fogón donde han apagado la lumbre para evitar un incendio. ¡Sos macho, Tato! Le hace una seña al perro. Viste Gringa, el Tato, ya siente la tormenta. ¡Los chivos estaban nerviosos, pero entraron todos bajo el tinglado que reparamos en agosto! Pasame un mate. Y sentate a descansar que mañana vamos a tener flor de trabajo.

Revelino está asombrado por el ruido ensordecedor que disparó la granizada. Sólo tienen unos pocos mates para calmar la angustia. Sienten un golpe fuerte sobre la pared de barro que da al sur. ¡Caen troncos como si fueran plumas, vieja! La mujer hila lana de ovejas que tuvieron que sacrificar por falta de lluvia. El huso baila entre sus manos hábiles. Luego, cuando estén tranquilos encontrará el momento para tejer los ponchillos que usará el Revelino cuando cruce a Chile por la alta montaña, arriando ganado de contrabando.

La avalancha desciende por las partes viscerales de la zona de los Totorales. ¡Qué gracioso, vieja, antes, debe haber estado lleno de agua por acá y crecerían las totoras como ahora las piedras! Lentamente cesa el ruido. Cae solamente lluvia y la tan esperada vertiente se llenará nuevamente del oro que el Tata Dios le manda a los pobres crianceros del campo. El ruido infernal hace tambalear el caserón de barro y caña. Revelino y la Gringa se abrazan y esperan. Llega una noche muy negra. Los ruidos van cesando. Abrazados quedan dormidos en la oscuridad.

Al despertar, cuando abren la puerta, el lodo lleno de enormes piedras cubre parte del frente. Han salvado la vida, los animales andan sueltos por el lugar, todos dispersos. Una enorme tarea les espera. La Gringa, se arremanga y comienza a arrear a los chivos y cabras. Tato, ladra con gruñidos y gran fuerza. Unas víboras están enganchadas en el algarrobo. ¡Son de las malas y venenosas! Pero ellas también han querido sobrevivir al desastre. Revelino las arranca con una pica y las deja colgadas en un alero que medio mustio, se bambolea y ahora más con el peso de la bichas.

Cuando se acerca al pozo, ve que de un costado está brotando un agua cristalina como las estrellas. ¡Por fin tendrán agua fresca y podrán plantar maíz y hortalizas! Pero antes, se hincan ambos y levantando los brazos, dan gracias al cielo por el agua, que es vida.

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