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miércoles, 16 de abril de 2025

Mark

 

Los motores rugían entre vapores de gases y fuego. Kevin, se agachó como pudo, para comprobar si todos los comandos estaban en su lugar y posición justa. Observó por el visor de su máscara a su costado y vio que Mark estaba tranquilo y lo miraba confiado. Apenas se podían mover en ese reducido espacio. Desde tierra, se escuchaban las últimas indicaciones de los ingenieros y técnicos. No tenía ni frío ni calor, pero algo en su interior lo mantenía muy rígido...¿sería su traje antiflama? ¿o tal vez los miles de cables que lo conectaban a diferentes máquinas que la técnica necesitaba de ellos? Aparatos acústicos, neurológicos y cardiovasculares ,medirían cada uno de sus actos.¡Tal vez era simplemente ...miedo!

Sintió la voz de Lucy y de los niños que le hablaban y les deseaban suerte...y mil recomendaciones. Se rió cuando Samantha, la pequeña, le pidió  que le buscara como regalo una muñeca...¿De dónde podrían ellos sacar allá un juguete?

Pasarían un largo año dando vueltas en el espacio. En realidad estaría sólo...,¡sólo no, con Mark , que sería su único amigo y compañero!

El viejo doctor Martins, comenzó el conteo y mientras lo saludaba y le daba infinidad de recomendaciones. ...5...4...3...2...1...O...Ya no podía volverse atrás, miró a su compañero de viaje que le hacía una gran y tranquilizadora sonrisa. Aunque parecía algo indiferente. Suspiró y se distendió. Atrás quedaba esa maravilla cósmica que es el planeta Tierra. A su lado Mark lo miraba infundiéndole mucha paz. El pequeño Mark, era un chimpancé adiestrado en la NASA, que lo acompañaría los 365 días de la experiencia espacial.                                                                                           

lunes, 22 de julio de 2024

LA SEGUNDA AVENTURA DE CLOTA EN IGUAZÚ, Cuento infantil

 


         Cuando despertaron al día siguiente, ya las esperaba Amaranto Malvón con su jeep para llevarlas a las maravillosas Cataratas del Río Iguazú. Desde luego, cada una llevaba su canasta con alfajores, empanadas, jugos de frutas y muchas golosinas, por si encontraban chicos con quien compartir su merienda. Clota se puso una falda de color anaranjado con flores violeta y sus sin iguales calzones largos con puntillas, que se morían de risa de las piruetas que hacían los monitos entre las palmeras y árboles; Tirifila Afila, usó un jardinero color amarillo con lunares rojos. Lili Moreno, se puso la más linda capelina de tornasol celeste y rosado con amapolas multicolores. La tía Nené se enfundó una túnica de muselina blanca que ondulaba con la suave brisa del río y se estrenó una coronita de jazmines sobre su larga cabellera rubia. Así partieron y así llegaron. El buen Amaranto las acompañó por algunos senderos y las cascadas. De pronto las animó con una invitación: -¿No les gustaría entrar al fondo de las Cataratas, donde vive don Pombero?- dijo haciendo una breve guiñada porque conocía la respuesta -¡Sí expresaron a coro!- restregándose las manos ilusionadas.

         ¡Fue un poco difícil convencer al Guarda Parque, que cuida tanto su terruño! Pero cuando vio que eran tan ecologistas como él, aceptó. Allí comenzó lo mejor de esta historia y del viaje.

         Penetraron por un risco donde un sendero escondido y secreto les permitía ingresar por detrás de las enormes cortinas de agua de las cascadas. Entre inmensos helechos y plantas húmedas, atravesaron por un camino tapizado de una alfombra aterciopelada de musgo, donde debían sostenerse entre cordones de lianas verdes y jugosas para no caer. Así llegaron a un espacio abierto lleno de luciérnagas que brillaban para iluminar el socavón y ¡oh! maravilla tras una roca con forma de hongo se pudo entrever el gran sombrero de don Pombero. Ellas estaban extasiadas. Contenían la respiración con temor de que el Viejo Enano se enojara y no las quisiera ver ni les hablara. Cuando se dieron vuelta para interrogar a su guía: ¡Le podemos hablar?, éste había desaparecido. No tuvieron miedo y así comenzó a decir tía Nené:- Yo deseo conocer el secreto del "ñandutí" querido Pombero y tú eres el único que me lo puede enseñar- y así le habló Clota - Yo traigo de mi montaña el rumor del agua de las acequias que baja de la gran cordillera de Los Andes, y el sabor de las vides y de las frutas maduras. - pero cuando Lili quiso expresarse, un suave aleteo de mariposas las envolvió y con sus frágiles alas, comenzó a transportarlas por un maravilloso paisaje. Brillaba todo allí, como si miles de resplandecientes estrellas titilaran al unísono. Así, arribaron a una sala, donde en un enorme sillón de roca de cuarzo y plata, estaba sentado "El Gran Maestre de la Fantasía Misionera", el Pombero, que sonriendo las saludó: - ¡Adelante hermosas muchachas que vienen desde tan lejos, las estaba esperando, acérquense rápido que no tengo tanto tiempo! ¿Tú, mi estimada Lili, que me traes de regalo? Ya sé lo que trae Tirifila, un paquete de poesías, para que reciten los niños guaraníes; ¡Ah, ya veo que tú Lili, me quieres dar esa hermosa capelina que traes puesta, y que yo cambio por mi viejo y gastado sombrero de junco! Fue una fiesta el entregarse tantos regalos y un lujo comer con el nuevo amigo. Luego de cantar tonadas y recitar cogollos, luego de bailar en rondas y guaranias, que un grupo de libélulas tocaban en unas arpas de cristal, se cansó el Pombero y les señaló la salida. Algunos duendecillos del paraje encantado se entretuvieron haciendo guirnaldas de orquídeas y mburucuyá y se las regalaron a las visitas. Llegó el momento de regresar, y volvieron sobre sus pasos.

         Antes de marcharse El Pombero sentenció: ¡Nunca cuenten que me vieron, ni que me hicieron regalos, ni que jugamos acá porque yo haré que les crezca un enorme grano en la punta de la nariz y la gente no les creerá porque al fin y al cabo soy una leyenda! - dio media vuelta y salió volando entre las garzas de color rosado en el río Iguazú.

          Las cuatro amigas volvieron muy contentas y cerca de la Garganta del Diablo, estaba Amaranto Malvón esperándolas muy sonriente porque sabía lo que había pasado. Las dejó en el hotel y diciendo bellas palabras se despidió para siempre. Al día siguiente regresaron a "Salí, si te dejan" con un montón de frutas y flores y ni hablar de los recuerdos.

 

         Tolón-tolón, tilín-tilín, este cuento no llega a su fin. Continuará.

 

                                     

miércoles, 8 de mayo de 2024

UN POCO DE CHOCOLATE


         Carina supo que se tenían que mudar a otra ciudad, porque su papá ya no trabajaba en la misma fábrica.¡ Era tan feo irse de ese barrio donde todos eran sus amigos y conocidos! La señorita Nati, había sido su maestra en segundo año y ahora en sexto y ya sabía todo. Que a ella le daba vergüenza leer delante de los otros chicos, que dibujaba "bárbaro", que con Andrea y Cecilia tenían un grupo para investigar ciencias, que hacían unos trabajos "maravillosos" - a decir de las otras señoritas de la escuela- y justo tenía que pasarle a ella. En doce días se iban a un pueblo llamado Villa los Aromos.

         Lloró por largo rato, mirando como su gata indiferente se lavaba y sus hermanitos pequeños jugaban como si nada. Se cambió el jean y se hizo unas colitas, tomó su bicicleta y se fue pedaleando con mucha rabia a la plaza, donde seguro estarían los chicos jugando a la pelota. No se equivocó. Allí estaban todos pero no jugaban, estaban sentados hablando. Cuando se acercó se quedaron callados y todos la miraron con pena. Ella no pudo contenerse y les gritó con rabia que seguro se burlaban de ella porque se iba a mudar. Andrea muy afligida le dio un abrazo y la trató de calmar. Todos la invitaron a tomar un helado y a charlar sobre su futuro viaje.

         Cuando llegó a la clase el lunes siguiente se encontró que habían puesto un enorme cartel con su nombre. Los bancos adornados y todos habían traído emparedados y jugo para hacerle una despedida. La señorita Nati, trajo una torta de chocolate y la señorita Silvia, la maestra de música, dejó que Julio, Carlos y Jorge tocaran el órgano y la guitarra. Además Lucía, había traído su grabador y pusieron música de cumbia. Primero todo fue risas y fiesta, cuando entró la directora y le entregó la libreta con el pase,  Carina se largó a llorar, y a muchos chicos se les formó un gran nudo en la garganta, pero las chicas se pusieron a llorar junto con Cari. Los varones salieron con algún pretexto.

         Llegó el tiempo de la partida y el de ingresar a otra escuela. Cuando la nueva maestra, que se llamaba Raquel la presentó a los niños del nuevo curso, sintió que treinta ojos enemigos ponían sobre su cuerpo pequeño una señal de:-"Vos quién sos, nadie te llamó, sos una metida, no te queremos, etc, etc.".

         Se sentó junto a una muchachita pelirroja, con su carita llena de pecas, ojos con chispitas de luz y aparatos correctores en los dientes. Allí le había indicado su nueva maestra, junto a esa "tonta", que la miraba con curiosidad. Tocó el timbre para ir a recreo y su compañera de banco que se llamaba Mariela le dijo:-¿Querés, compartir conmigo, un poco de chocolate?-¡Nunca un trozo de dulce le gustó tanto! Pronto escribió una carta a los chicos de la otra escuela, para contarles lo lindo que se sentía en ese pueblo, porque nadie la había hecho sentir incómoda. Sus amigos aprovecharon con la señorita Nati para reflexionar sobre la discriminación.

        

         Tolón-Tolón, tilín-tilín, este cuento llegó a su fin.

 

lunes, 8 de abril de 2024

UN PEQUEÑO JINETE, cuento infantil

 


         Una nube de polvo rojizo, que se arrojaban a puñados, en una lucha infantil, le impedía ver a un grupo de chicos que jugaban en la callejuela lateral de la capilla del "cura dominico" Francisco de la Pera. El griterío hizo asomarse al sacerdote y luego de intentar evitar al grupo, cayó al blando colchón de tierra, rodó por el camino entre su sotana y las cuentas del largo rosario que se rompió. Todos los chicos lo rodearon en silencio, asustados. Él, muerto de risa se levantó y luego de sacudirse les dijo: -Cunumí pícaros ¡miren lo que han hecho con el lindo rosario! Ahora tendremos que arreglarlo entre todos. Una sonrisa desdentada, por el cambio natural de sus dientecitos, llenaron de alegría el corazón del hombrote de Dios.

         Partieron a la rústica iglesia y allí, entre manitos de todos colores y deditos untados de azúcar y miel, arreglaron la sarta de cuentas de madera. De repente se escuchó el llamado de un grupo de voces femeninas: Manuel Tadeo, Juan Fermín, Justo Rufino, José Francisco, Borja, Anselmo, Yaguapitá, Ñemitýhara, Taguató, Íyeré, Catupírí ... a comer. En un instante desaparecieron corriendo hacia sus casas, el hambre común de los niños que crecen, hicieron olvidarse de decirle adiós, al cura. El más pequeño se quedó a medio camino, se dio vuelta y con un gesto amigable saludó al "padrecito". Ese niño era José Francisco de San Martín.

         La vieja nana guaraní, Juana Cristaldo y su compañera Rosa Guarú, al atardecer llevaron a los queridos chiquillos a la orilla del manso río. Mientras ellas lavaban la ropa los niños jugaban sin miedo entre las plantas que con sus silvestres verdes, armaban un paraíso pequeño pero lleno de jolgorio y fiesta!

         Doña Gregoria, la madre, quería que sus pequeños hablaran muy bien "la Castilla" pero ellos, como todo niño, aprendían más rápido el guaraní, la lengua de sus amiguitos. Así, el perro era yaguá y la casa  teyupá, también el loro que alegraba con su colorido era paracáu o ñendái y así los cunumí  o chiquilines hablaban más en la dulce lengua americana.          

         José seguía jugando con María Helena, Justo, Manuel y Juan Fermín, en las tardes misioneras y creciendo para cumplir con la tarea heroica que no sabía que le tocaría vivir cuando creciera.

         ¡Cómo lloraron todos cuando llegó la orden desde Buenos Aires que tenían que regresar a España! Así entre abrazos y lágrimas entintadas con la tierra colorada y los terribles saltos de las ruedas del viejo coche tirado por seis caballos, se fueron perdiendo los Cunumí del Sur, en la lejanía de los caminos. Se fueron desdibujando hacia el futuro.

 

         Tolón, tolón, tilín, tilín , este cuento llegó a su fin.

 

martes, 15 de diciembre de 2020

EL HOMBRE, Cuento infantil de Navidad


El barrio de Leonardo estaba de Fiesta. Habían puesto moños de papel dorado en cada árbol y en cada poste de luz. En la plaza un vecino puso en uno de los pinos focos de colores y de cada rama una caja forrada con una cinta y un nombre. Ese señor que a veces los retaba si rompían las plantas de los canteros, ahora había copiado el nombre de cada niño en una tarjeta y colgaba de las cintas.

Todos los chicos curiosos se acercaban a mirar y él les decía esperen a la Noche Buena.

Así pasaron una mañana y una tarde; y como a las ocho de la tarde comenzó un sonido en la calle… era el anciano que llamaba con una sirena de barco, a los chicos. Arremolinados se fueron a rodear el pino y él les contó: “Mis queridos chicos, yo quiero que sepan que cada uno de ustedes me recuerdan mi infancia. En esa época, yo no tenía nada de lo que hoy tengo y aprendí. La vida no me dio nietos pero ustedes son de ahora en adelante mis nietos del corazón. Hoy volveremos a Festejar el Nacimiento del Niño Dios en Belén, y yo deseo que nadie pase esta noche sin un regalito de este anciano que los quiere. Si a veces los regaño, los reto, es para que aprendan a amar las flores y a los animales que vienen a la plaza. Si de veras quieren ser nenes buenos y educados, deben respetar la naturaleza. Los quiero mucho y que pasen ¡Feliz Noche Buena y hermosa Navidad!  - Así uno por uno fueron pasando y de las manos temblorosas del nuevo abuelo, Todos recibieron un regalo hecho por él, el  abuelito del barrio. La familia de Leonardo lo invitó a compartir la Noche Buena y comer con ellos. Él, aceptó y desde ese día fue el abuelito más popular de todo el barrio.

 

Tolón- tilín este cuento llegó a su fin.

 

martes, 24 de julio de 2018

CLOTA Y LA MULA PELUSA.



         Después de lo sucedido, cuando los chicos descubrieron que Clota en realidad estaba disfrazada de maestra todo cambió. Ese lunes, la "seño" llegó a la escuela cuando ya había tocado la campana, cosa muy extraña en ella que es fanática de la puntualidad. ¡Pero, venía lentamente montada en su mula color rosada que se llamaba Pelusa. La nueva amiga de cuatro patas, tenía un enorme moño azul atado en la cola y estaba tan coqueta con su preciosa montura tachonada de brillantes monedas y pompones de lana multicolor, que era una preciosura. Usaba unas anteojeras de preciosos bordados multicolores. Clota, se apeó con mucho cuidado, porque "Es una maestra ecologista y ama mucho a los animales. La dejó atada de las riendas, al picaporte de la puerta de la dirección y entró feliz por regresar. Venía, esta vez, con el cabello de color amarillo, una pollera llena de volados, con lunares multi-color y los hermosos botines de fútbol. Los chicos estaban felices de verla. La rodearon con el amor que siempre les había enseñado y comenzaron a cantar.
         Les cuento, que la directora se quedó encantada de verla llegar. Clota, había cocinado una enorme torta de chocolate y masitas con forma de palabras agudas, graves y esdrújulas, para todos en la escuela. ¡Costumbre muy común en Clota!
          Mientras ella enseñaba dentro del aula, la mula picarona se estaba comiendo todo lo que estaba cerca: el jazmín del cabo, el plumero de Rosita le celadora de la tarde, los crisantemos amarillos, medio pino, la escoba de Irene, la celadora de la mañana, algunas figuritas de los chicos y hasta el libro de firmas de la dirección.
         La señorita Clota logró que los niños escribieran versos y cuentos sin errores y cuando ella salió al patio con todos los alumnos, abrieron las mochilas y remontaron cientos de barriletes con palabras hermosas que les había enseñado. Las palomas de la plaza dejaron sola a la tía Nené un ratito, para distribuir los barriletes en todos los rincones de “Salí si te dejan”.
         -¡Ay, chicos, me tengo que ir porque la mula "Pelusa" se está comiendo los registros y unos diccionarios de la biblioteca!
         - ¡Chau seño!
         - ¡Chau chicos!  Hasta pronto.

Tolón-tolón, tilín-tilín, este cuento no llegó a su fin. Esperen, que continuará.

                                      MENDOZA- 2 - 6 - 1996. Graciela Vespa para Tintero.

martes, 12 de julio de 2016

Cuento INFANTIL: EL VIEJO MAGO DEL BOSQUE


!       EL VIEJO MAGO DEL BOSQUE.

     Camino por el sendero que se ha formado entre los enormes cedros. La mística montaña emborracha con su luz de nieve colorida de extraños matices solanos. Allá está el tronco caído por la infalible tormenta de la noche. De mi boca sale un cálido vapor. Mi aliento tibio. Vida que me parece arrebatada a cada paso por mis penas viejas. El perfume de la tierra húmeda y los silencios del bosque. Los pájaros que asustados huyen sin rumbo para regresar pronto a sus nidos. ¡Si me conocen! Ellos saben dónde encuentran alimento en el invierno.

     Cabizbaja, trepo por una zona áspera del pequeño bosque. De repente se presenta ante mí un anciano. De rostro acuñando mil años de historia y sufrimiento. Mirada bondadosa. Manos como cepas de vides prontas a la cosecha.

     Su presencia inesperada me deja perpleja. No sé quién es, no lo conozco y sin embargo...parece que hiciera miles de años que nos conocemos. Me detengo y me siento en una roca. No me gusta. Está fría. Me busco un tronco muerto. Allí sí, me quedo quieta.

     - Hay cosas que no tienen la audacia de irse para siempre.-

     - ¡De tantos modos muere el hombre! y yo acá sólo encuentro en el silencio que los que se fueron están más cerca de mí.

     - Es verdad, mi querida, mi pequeña... El sueño es la memoria del olvido. Pero recuerda que soñar a veces ayuda a completar esa parte escondida de nuestras penas.

     -A veces uno se siente sin nada, con las manos vacías. Yo tengo las manos apretadas y quietas. No tengo ni lágrimas, ni vuelo, ni sueños.

     - Entonces apenas somos unos condenados a plazo fijo. Según tú no hay esperanzas. ¡No lo creo! Te prestaré mis alas para que eches a volar y encuentres un país donde refugiarte, el mundo de los sueños.

     - Pero... si me alejo de este lugar, estaré aún más sola. Y tú me quieres obligar a regresar a un mundo inhóspito sin el amor de ellos... mis muertos. Tengo la simple eternidad que guarda el polvo. Allí en la simiente estará la flor que en cada primavera surgirá en mis ríos de agua dulce. Déjame mi pena.

     -La pena debe ser como la imagen que, lejanamente, como un caballo se hunde en el mar. Un mar que deje  ingresar la esperanza al centro mismo de la vida.

     - Ahora siento una pequeña luz en mi desierto lleno de escombros grises. La luz se muere en la esclavitud de una lámpara de un tenue color ámbar. El color de los ojos de mí los que amo... Una lámpara de luz celestial, cósmica, misteriosa.

     - Te repito eres tan frágil como la cola inestable de un cometa. Pero...no olvides que cada pequeño instante...refleja las rocas eternas del principio de la vida. Ausentes las piedras duermen su fatiga de siglos. Guarda tu lámpara encendida.

     - ¡No te alejes en la lluvia de pétalos de pasión encendida que te rodea! Eres un rayo inexplicable. Voy a enterrar los silencios. Los trocaré por caracolas y auroras plenas de libélulas iridiscentes. ¡No te vayas!

     - El tiempo apremia. Mi tiempo se termina, soy la nada. Adiós.

     - ¡Por Dios regresa... mi corazón te extraña ya aún viéndote en el trasluz glorioso de mi bosque!¿Te alejas? Vuelve.

     ...Y seguí allí desarmando mi nuevo crepúsculo. Mis silencios y mis tristezas. Dejo volar mis penas como pájaros que migran al oriente. Abro grande los ojos. Comienzo a caminar hacia la cabaña tibia. Me sentaré en el portal a esperar la noche. Abro las manos para que escapen los suspiros. Respiro profundamente el aire puro y vuelvo. La lámpara está encendida...alguien me espera. No estoy sola.

martes, 12 de abril de 2016

OTRO MUNDO MÁGICO

OTRO MUNDO MÁGICO


La tarde le ponía una letanía de estrellas al parque de los Urbina. La anciana sentada en su hamaca desmadejaba recuerdos. Tiziana, su nieta, a sus pies jugaba con una antigua cajita de música. Apenas hablaban. La muchacha era su compañía. Pequeña menuda y risueña, escuchaba el susurro de los árboles del jardín. Unos pájaros bullangueros dispersaban sonrisas. De pronto elevando la carita pecosa hacía la mirada amorosa de la abuela, clavó los ojos de agua clara en la piel antigua. Luego cerró los ojos y coronó con un suspiro el comentario. Pareces una peonía dijo la anciana seria. Abrió grandes los  pozos de estrellas matutinas y regaló una risa de cascabel, de esperanza, entre los labios pequeños, con profunda mirada ingenua. Trató luego, de ingresar sus pupilas creando un túnel de pétalos celestes en la mirada de la abuela. Comenzó a canturrear. De repente…
- Abuela…¿de qué color es la letra a?- preguntó inquieta.
- Del color del amor, creo. Un color de caricias de terciopelo, del color de los pétalos de  azucenas que tienen en su altar la “dama” con su niño…
- ¿Has visto al amor? Acaso alguna vez vino a visitarte… dijo la niña.
- El amor, mi pequeña Tiziana, ha venido mil veces. A mi corazón, a mi ventana. Se llamaba mamá, se llamaba José, mi padre. Un día vino en un alto y hermoso hombre. Lo amé con mucha ternura fue tu abuelo Fernando. Después vino con rostro de niña. Esmeralda, tu mami .vino como un varón, tu tío Pedro...como vez, amor tiene el color del recuerdo, puede ser transparente, blanco, verde ...celeste como tus ojos.
- !Ay, abuelita...¿qué hermoso debe ser mirar con tus ojos..., acaso me ves con el color del amor? ¿Conmigo que color tiene?
- Contigo, mi pequeña... tiene un tono rosado. Piel de caracol marino; tiene color de luna...pero tibia y dulce.
- Entonces sabés tantas cosas... ¿Qué sabor tiene el otoño?- dice la  nieta  empinada para sacar una hoja seca del cabello blanco, que transforma a la  abuela en un ángel.
- El otoño... tiene sabor a setas...: pequeñitas, doradas y perfumadas. A las hojas que crujen, que protestan porque se han olvidado de ser verdes.
- ¡Abuela: declaro que te quiero por eso! Porque sólo tú me escuchas. Juegas. Conversas. ¡A mamá y a papá los veo tan poco... siempre están ocupados!
- Para eso estamos  nosotras... las abuelas. Amigas de las hadas. Con ángeles que juegan a la mancha y traviesas brujitas, que te aclaro, no son malas.
- ¡Me las muestras?- dice la  niña  trepándole por las piernas.
- En las noches de luna, tal vez podamos verlas.
- ¿Y ahora... me puedes contestar otra pregunta que me interesa...?
- ¡Por suerte tengo todo el tiempo que juntan los relojes del mundo!- Ven Tiziana, que vengan tus preguntas...y la vieja sonríe. Se ve el interés de conocer el misterio grandioso que rodea a la niña.
- ¡Qué olor tiene la calesita...?- Ay, tiene olor a “pororó”, a manzanita dulce, a “praliné”,      tiene olor a infancia. Tiene metido adentro caminos interminables que el caballito blanco, con arreos dorados, recorre hasta el cansancio.
-¡A dónde va abuela?- dice mirando con asombro la cara tierna de la mujer.

-¡Ay mi niñita de mirada de caramelo...; recorre países de ensueño. Reflejado en los espejos estarán las princesas de los cuentos; las pequeñas luciérnagas que son farolitos tenues que señalan castillos habitados por príncipes azules; y allá van trotando los caballitos de color canela, negros como la  noche...¿te has dormido?- la pequeña apoyada en sus piernas sueña...¿A qué mundo de magia ha ingresado Tiziana?