miércoles, 28 de septiembre de 2016

PRESENTÁNDOME EN MIAMI

EN MIAMI EN EL XII ENCUENTRO INTERNACIONAL DEL LIBRO HISPANO, PRESENTANDO LA NOVELA "TANGO ROJO" EN LA UNIVERSIDAD U.F.I.

EN MICHIGAN, GRAND RAPID

LUEGO DE MI ESTADÍA EN MIAMI, PARTÍ A ESTE MARAVILLOSO LUGAR DONDE PUDE PRESENTAR MIS LIBROS, ASISTÍ A LA T.V.  Y A UN PERIÓDICO EN EL QUE FUI REPORTEADA. UN SUEÑO MARAVILLOSO. GRACIAS USA. GRACIAS AMIGAS...

LOCURA, UN CUENTO MÁS.

LOCURA ¿INESPERADA?

            Cada tarde de invierno, Belisa confeccionaba una nueva miniatura pintada en pequeño punto cruz, coloridos dibujos aparecían de la nada. Sus expresiones eran observadas por su hermana, quien había dejado su vida de lado para cuidar de quien le fuera entregada por sus padres al cuidado desde niña. Belisa era “especial”, tan especial que no hablaba. La única forma de comunicación que tenía era su insólito trabajo de aguja. En las tardes de estío, se sentaba en la hamaca del jardín y escuchaba los viejos foxtros de la vitrola que recuperaron del desván. Allí encontró, Isabel, discos de pasta tan antiguos como su memoria. Eran, tal vez, de su madre ya muerta hacía algunos años. Y allí estaban, dejando recorrer al tiempo sus pobres historias de mujeres solteras. Nadie tenía interés en esas cincuentonas, agrestes, que vivían de la pobre pensión heredada de su padre. Allí no había nada interesante que obtener para la comunidad descarnada y ambiciosa.
Isabel, repartía su tiempo en la reiterada tarea de despolvar muebles y cortinas; cocinar escuetos menús, cuidar la casa que se disgregaba de tiempo en remezones ruidosos de madera pudriéndose. La arboleda, que rodeaba estrujando la vivienda, servía para que Belisa soñara con las aventuras transmitidas en la imaginación su protectora. Largos cuentos fantásticos comenzaban en primavera y se iban entrelazando con personajes fabulosos y reales durante días y días. Un clima de leyenda entramaba el miedo y el regocijo. Luego, con el frío del otoño y el invierno, encerradas en las paredes inexpugnables, la “diferente” transformaba en exquisitas escenas la ficción del cuento.      Isabel, cansada, aborrecía ese tiempo de encierro y silencio ficticio. Ya no esperaba nada. Sus fatigas la sumían en un agotador sopor y desesperada hurgaba en el rostro imperturbable de  la bordadora. Una noche comenzó a sufrir una fiebre intolerable. Animales fantásticos crascitaban disputando su cuerpo tembloroso. Belisa estaba junto a su lecho con la mirada perdida. Acercó el fonógrafo, comenzó a sonar los discos que escuchaban siempre y se fue ataviando con encantadores atuendos que encontrara en los baúles. En la mente febril de Isabel aparecían imágenes difusas y hostiles. La “idiota” tomó las manos mustias de su cuidadora y comenzó con sus acerillos a pasar hilos de colores dibujando una escena de su mente enferma. Selló la boca en verdes mustios, los párpados con rosa antiguo y así fue bosquejando un cuadro bucólico y fantástico. Varias semanas pasaron hasta que llegó un vecino en curiosa búsqueda de Isabel. El horror impregnó de alaridos el caserón, al descubrir el enorme y cuidadoso diseño en toda la piel de la mujer yaciente. Isabel, totalmente desnuda y prolijamente bordado sobre el lecho abandonada a su suerte junto a la “loca”. El mismo foxtros seguía sonando cada tanto rayado hasta el hartazgo. 


POESÍAS

…
Me dijo
Usa tu vestido de seda natural color turquesa
Maquíllate los ojos
Usa rojo los labios
El cabello que envuelva tu cintura y despliegue su hermosura con el viento.
Baila cuantas veces quieras ¡Oh, Carol! y la “Bamba”
Canta los boleros con tu voz de cristal y sueña.
Usa tacones
Recita a los poetas
Cúbrete con gasas y terciopelos en cada temporada
La nieve no desdibuje el candor y la belleza.
Sonríe a cada paso y a cualquiera.
Te amaré así hasta que muera.

AHORA…

Digo
Envuelta estoy en una casa gris y solitaria
Uso colores oscuros y opacados
Mi cabello es gris y corto como el pasto en otoño
No bailo ni canto, mi cuerda está dormida en un hiatus eterno de silencio
Ya no miro a los que pasan a mi lado cuando voy por la calle
Y…lentamente siento que estoy muriendo.
Una jaula con barrotes de celos y envidia me acosa.
Tengo sólo mis libros y en mis oídos suenan rumores de música inmortal,
pero estoy sola. Aún estás aquí y estoy muriendo.





UN CUENTO PARA COMENZAR..

EN LA VIEJA CASONA DE SAN COSTANZO.

            Había una marcada oposición entre Yolanda y el padre. Ambos sentían aversión por la sociedad, pero mientras el hombre amaba el dinero, la fama y el poder; Yolanda sólo quería ingresar a un convento como Carmelita Descalza. Escapar a su realidad. Del horror.
            Las discusiones cotidianas penetraban como púas en cada acto que acontecía. Un bocado era ácido, un bocado era veneno. Cada gota de líquido que se bebía en la comida cotidiana era un trago amargo. Lágrimas se mezclaban con el vino y con la leche.
            Yolanda, obligada a tomar por esposo a un pomposo joven de la casa lejana, sólo lograba agregar una fortuna al apellido de su padre. Apellido pálido de honor y credibilidad familiar. Ella, sollozaba en los rincones del helado caserón. Llegado el tiempo de la boda, su nodriza rebuscando en los arcones, que aportó la madre de la joven mujer, encontró tres cosas singulares: el traje de bodas, un cuaderno de notas y una caja azul con cerradura hecha por orfebre y sin la llave maestra para abrirlo. Todo oculto en los desvanes del alto, bajo la mansarda del ala norte. Los tules, encajes y sedas de un amarillento cobrizo, parecían hacerse eco del desprecio a los sentimientos que representaban a los ojos de los hombres. Allí sólo importaban las propiedades aportadas a la joven novia., que pasarían a poder del padre.  La pequeña figura de Yolanda enfundada en ese vestido era un sueño inédito en la memoria del padre. Un respingo malicioso en su mirada fue la respuesta a la apariencia fantasmal de su hija.
            La ceremonia fue modesta, junto a los criados, que ya ancianos llorisqueaban viendo a “su” niña así, fueron los inapreciables testigos de la infamia, como siempre. Los familiares del novio, eran una extraña manifestación de mal gusto y torpeza social. ¡Nuevos ricos! Gente que había logrado fortunas con las plantaciones de café, algodón y tabaco en América. Esclavistas, que arrastraban a pobres africanos de sus costas a trabajar como animales en las tierras extrañas. Nada más lejano que los sueños de Yolanda. Cuando vio al muchacho que sería su marido, le tranquilizó la mirada limpia en unos ojos negros sin escondrijos. Él, aportaba dinero, ella un apellido conocido para los bancos de Londres y América del Norte, donde enormes cultivos llenaban de oro las arcas de los avaros.
            Hicieron un trato amable. Su vida transcurriría como si fueran hermanos hasta conocerse. Todo oculto a sus progenitores. Compraron una propiedad cercana a la casa paterna de Yolanda. Estanislao, cumplía ampliamente con la palabra de dejarla hacer tareas caseras y llevar alivio a los desposeídos de la zona, a pesar que era mal visto por los padres de ambos. Así se fueron haciendo amigos. Compartían largas pláticas y ensoñaciones frente a la chimenea o a los viejos robles en las noches cálidas de verano. Pasó un tiempo en que se descubrieron y se amaron como todos esperaban. Nació un pequeño que llamaron Godofredo y luego una niña que llamaron Célica. Transcurrió un tiempo y la muerte traspiró cerca de ambas familia entre los mayores que creyeron se habían cumplido todos sus anhelos. Era un tiempo de espera para la pareja.
            Así, ya dueños de sus deseos, viajaron hacia las plantaciones de América y descubrieron que la crueldad del hombre es mayor a lo imaginable. Hambre, golpes y enfermedad abrazaba a los trabajadores, muchos de los cuales habían muerto por el maltrato y los sacrificios físicos y mentales. Una guerra se avecinaba. Estanislao y Yolanda decidieron darle la “libertad” a su gente, pero no era fácil para aquellos la subsistencia y casi todos se quedaron. La hacienda crecía de otro modo. Habían cobrado muchos enemigos que no tardaron en crear verdaderos caos en las plantaciones. Quemaron la cosecha y mataron a los infelices.
            Una noche, frente a una descarga de proyectiles que atravesaban el plantío, Estanislao salió con su arma a defender a su gente y recibió una descarga de trabuco, muriendo en el acto. Huyeron los misteriosos homicidas. Yolanda lejos de amedrentarse, luego de enterrar a su querido amigo, continuó con la vida. Célica, ya adolescente ayudaba a su madre, que rápidamente envejeció por la pena. Una noche discutieron por la necesidad de Yolanda de dar amor a los desposeídos. Célica no comprendía a su madre. Las palabras hirientes dejaron débil a la mujer. –¡ Tú y tu manía de regalar el esfuerzo de mi padre… nadie en plena guerra te da nada, ya no queda alimento en las alacenas y el campo está arrasado. Eres injusta con nosotros, eres indiferente y egoísta. Tu sola esperas ser reconocida como si fueras un ángel, pero eres pérfida y malgastas nuestro futuro…!-  gritó Célica en la cena. Yolanda se llevó la mano al pecho y cayó desgarrada de dolor sobre el plato de comida. Su cabello gris, mimó el trozó de pastel que comía. Godofredo corrió y transportó a la madre al lecho. Allí suplicó a su ayudante le trajera la caja azul. De entre su corpiño extrajo una pequeña llave. Se la entregó a los hijos.
            Célica y su hermano buscaron auxilio en un médico, que llegó presuroso, pero tarde. Pasaron las ceremonias y los días. Luego, en un descanso abrieron la famosa caja azul. Allí junto al cuaderno donde explicaba el horror de la vida que había vivido su abuela, estaba la verdadera historia de Yolanda. Juntos lloraron. Abrazados los hermanos comprendieron… y se prometieron vivir de acuerdo a ese sueño de sus padres.

-          ¡ Godofredo,  después de haber abierto la caja azul, pude perdonarlo todo!.”- nadie que soportara tanta humillación y horror en su vida pudo ser tan buena. – ¡Mira acá está el extraño aparato con que el abuelo torturaba a la abuela y a mamá!- muestra Godofredo. Un momento de doloroso silencio se produce entre ambos. El horror se marca en sus rostros. Afuera se agitan las flores de magnolia que tanto amaban sus padres, impregnando de perfume el salón.

jueves, 8 de septiembre de 2016

CHAU POR UNOS DÍAS

 
AMIGOS, ESOS HERMANOS QUERIDOS QUE ESTÁN LEJOS Y LEEN MIS TRABAJOS CON INTERÉS, LOS DEJO POR UNOS DÍAS. ME VOY A PRESENTAR MI NOVELA "TANGO ROJO" EN EL ENCUENTRO INTERNACIONAL DE: MILIBROHISPANO EN MIAMI Y LUEGO A GRAND RAPID EN KENDWOOD , DETROIT.
CUANDO REGRESE SEGUIREMOS COMPARTIENDO POESÍAS, CUENTOS Y FOTOGRAFÍAS. ¡GRACIAS POR ESTAR AHÍ!
GRACIELA VESPA - BECA

CUENTO DE VIRTUDES Y...


DE VIRTUDES Y DE VICIOS                             

                                               En un claro del bosque, un día de primavera, se encontraba “Inteligencia”, esa joven excéntrica hamacándose entre las ramas de un sauce cuando llegó “Emoción” la dulce amiga, y sentándose cerca le habló:

                        - Sabes que estoy preocupada pensando en... si tú, puedes cambiar algo del mundo, aun no se ve.- y sacando una flor de la enredadera siguió observando a Inteligencia que miraba hacia el inmenso cosmos. Creo que es inútil tu influencia.

                       - ¿Yo?, como puedes apreciar, tengo todo el poder de resolver cada uno de los problemas que se pueden presentar en el Universo, sólo es cuestión de que quiera hacerlo. – dejando con una sonrisa soberbia de mirar a su interlocutora.

                         -No veo que los niños dejen de tener hambre, ni que las guerras terminen...- sólo se enjugó una lágrima para soportar el dolor que sentía.  

-                                  - Aparte siempre hablan de las mismas cosas, no dicen que descubrí el genoma humano, no dicen tampoco que hago trasplantes y salvo vidas, que logré llegar a Marte y estoy descubriendo constantemente sistemas para enfriar embriones, en fin, simples cosas.- y su figura espléndida se apoyó en un lateral de un inmenso roble. Allí mismo donde apenas se asomaban otras virtudes y algunos vicios se escondían.

-                   En realidad creo que  eres algo ciega – dijo sin reparo Emoción, buscando apoyo en aquellos que se iban acercando- si supieras lo importante que son las cosas sencillas...¡ de que le sirven a los pequeños seres que tu viajes por Marte o los agujeros negros o cosas semejantes! – se avecinó “Tolerancia” y asintió con su suave sonrisa colocándose una bella corona de jazmines en su larga cabellera.

-                   Espero señoras que esta charla traiga alguna respuesta positiva para el planeta y sus habitantes, sino es sólo otra tonta discrepancia entre ustedes...-  un grupo de vicios se aproximó disfrutando de la discusión. Pero ninguna virtud se sentía feliz de polemizar. Así cada cual propuso hacer algo para mejorar el universo. Decidieron  que cada virtud al mes regresaría con una propuesta o un hecho que se comprobara. Y partieron hacia el norte, el sur, el este y el oeste,. Pero los vicios comenzaron a preocuparse y se reunieron buscando la forma de impedir buenos resultados.

                      Así fue que todavía andan la Inteligencia, la Tolerancia y la Emoción con otras virtudes, como la Nobleza, el Honor, la Honradez, el Pudor, la Caridad y la Justicia, tratando de hacer mejor la vida de la gente simple del planeta. Y los vicios, como la Envidia, la Codicia, la Avaricia, el Miedo, el Deseo de Poder, la Cobardía, la Ira, y otros muchos más poniendo trabas de todo tipo para evitar que la vida sea digna de ser vivida.