miércoles, 18 de abril de 2018

UNA CARTA DE AMOR IMPOSIBLE


CARTA A SAN MARTÍN

                                                                       Mendoza - 24 de febrero del 2000.
Mí admirado José Francisco...
                        Dulce amigo...
                                               Larga nostalgia azulada y agridulce me produce su silencio, pero no sorpresa. Usted sabe que la ingrata distancia en el tiempo y su incalculable espacio en el infinito, impide que su espíritu sensible se acerque a esta arista apasionada de mi alma inquieta.
                                               Terrible estupor castiga mi ánimo por causa de las intrigantes chácharas que escuché sobre sus vivencias europeas y americanas, en bocas tan sazonadas de verde y pútrida cicuta, que un grupo de sesudos y arbitrarios estudiosos, en obscenos claustros donde mercan con sonados retruécanos, resonaban como guijarros arrojados con filosos encantamientos sobre el frágil cristal de su memoria." La incomprensión presuntuosa de quienes creen poder bucear en su alma, en la profunda ingenuidad de sus creencias y verdades..." ¡Nadie creo podrá jamás, penetrar en el lago silencioso de su mente hidalga, en su Ser!
                                               Miraba anoche unos retratos, -miniaturas-, que amigos comunes, conocedores de esta gran pasión que me atormenta, me han acercado; digo contemplaba observadora minuciosa, en su mirada profunda, la nobleza de su estirpe y su carácter y su fortaleza interior, luego la suave curvatura de sus labios finos descarnados y determinantes para la réplica sutil y nunca aviesa, infiel o artera.... ¡Perdón besé su rostro cálido y quieto, con mis ojos y con mi pensamiento!
                                               Amigo...a Usted le sorprendió saber que soy casada. Pero eso fue hace más de treinta años... ¡no señor mío, no debe sorprenderse! Ya que con ese digno hombre hemos llegado a esa dulce meseta de silencios compartidos, de perfilados recuerdos agoreros, de inocentes delirios del pasado sin futuro. Yo soy la amiga - esposa, compañera, añeja amante adormecida por la música tenaz del tiempo ido. No se entremezcla con esta intensa mística locura que nace de su historia, de su vida.
                                               Otrora soñé yo, conque sus manos viriles me enlazaran la cintura y como toma usted la guitarra española, roza sus cuerdas tensas, bajo los durazneros en flor, acariciara mi piel sedosa y cálida, bajo la luz crepuscular de mi Mendoza. Así, así soñé una utopía de amor inalcanzable. ¡Su amor humano, amigo mío!
                                               Hoy quisiera haber estado en el salón limeño, donde con su uniforme blanco inmaculado, paseó su serena mirada penetrante por sobre las figuras gráciles de juveniles damiselas, que rogaban a Dios, por una señal suya que les permitiera penetrar en su mundo mágico y gigantesco, en su épica militar de nuestra tierra gaucha: Ahí quisiera yo haber estado para tomarlo en una contradanza - al que Ud. es tan..., tan poco amigo - y tal vez, tal vez con su copa de oporto ambarino y añejo, caminar entre los naranjos en flor y jazmineros perfumados, hablando con ternura sobre el futuro incierto de esta patria...nuestra.
                                               Señor mío: espero, sueño y deliro por una palabra suya, por un gesto...en esta vida árida y de ensueños.
                                               Pasan los días y las horas en monótonos oleajes uniformes de tinieblas y luz..., de páramo y de selva...que fluya la vida hasta un feliz encuentro...
                                               ¡Con enorme placer he pintado para Ud., en su cumpleaños, un cuadro de los viejos solares de Uspallata; así retornará con la memoria entre las añosas alamedas a los tiempos intensos de sus lides! Feliz cumpleaños... no me olvide.
            Siempre suya...como hasta ahora.

P.D.: Mi amigo...corro en remisse a llevar esta misiva a Mercedes o a las niñas, que yacen en la Basílica de San Francisco, como Ud. sabe, en espera, como de otras tantas...Ellas a través del túnel infinito de la ilusoria existencia, la pondrán en sus manos.
                                                           Con pasión...eterna y afiebrada espera.
                                                                                 
                                               Su amiga...eternamente enamorada.

CAMINAR…UN LUJOSO RECUERDO



            Danilo escapó corriendo del gentío. Había sospechado que algunos iban armados. Una protesta igual a todas y regresarían. No esta vez iba en serio. Estaban emborrachados de odio.
            La fábrica cerró y quedaron sin trabajo. ¡Es cierto que el miedo es un oscuro perro que corroe el alma! Pero con las armas no se juega, pensó Danilo. La calle parecía más larga y se escuchaban los tiros. Pasó un patrullero. Se agachó en medio de la vereda angosta. Pudo “zafar”, pero se escurrió por una lateral. Allí la vio. Era una muchacha de unos veinte años, estaba herida. Pensó que era por la refriega en la protesta. Se acercó con cautela. Ella, estaba boca abajo. No la quiso tocar. Pero sintió el quejido y fue más fuerte que su “cuidado Danilo” y lo emboscaron. Eran tres tipos de la pesada del sindicato.
            ¿A dónde vas “mequetrefe? Y le cayó el golpe en la cabeza, en la espalda, en las piernas. Lo arrastraron hasta un baldío. Allí quedó como muerto.
            Un tipo en bicicleta pasó cerca y el se quejó esperando una ayuda que no vino. Luego comenzó a aclarar, el cielo se iba transformando en un poncho morado con ingenuos rosados del sol que despertaba. Vio una mujer que llevaba un niño de la mano y le hizo seña. La mujer asustada gritó: -Mando a mi viejo. Y siguió de largo. Quiso incorporarse. No pudo. Tenía la boca hinchada y llena de sangre.
            Llegó un patrullero, le vieron las heridas y llamaron la ambulancia. Sintió la sirena como si fuera un rezo matutino. No se acordaba los rezos que le enseñó la abuela… Danilo “el Padre Nuestro”, Danilo el “Ave María”, pero pidió a ese Dios que tenía olvidado que lo ayudara a regresar a su casa vacía.
            Una semana, dos y los médicos le fueron cosiendo las heridas. Un policía vino y lo interrogó sobre el hecho. Él, no escondía nada. No le encontraron armas ni siquiera una piedra entre las manos ni entre la ropa. Llamaron a un pariente y le dieron la noticia… no podrá caminar más. Lo han herido muy mal. Pensó en sus compañeros. Supo por un camillero que la fábrica había sido tomada y que un grupo del sindicato se había hecho cargo de reabrirla. Los otros, los que iban con armas habían vuelto y él, que había salido para no tener problemas, salió 

CAMINARÉ DESPACIO


Me detiene tu sonrisa en medio del tráfago intangible
De la calle enredada con láminas de acero.
Las luces cotidianas descalzan mi sonrisa
Me siento adormecida con el ruido del viento que desflora el prado.
A mi derecha el sol se esconde y regresan los pájaros al nido.
Atrás está el olvido, tan desprevenido como perro perdido.
No hay delante un fuego, ni un umbral de cieno.
Caminaré despacio con mis manos sedientas
Entre los fríos prados de pasto y cemento.
Me sentiré defraudad, pero no tengo miedo
Apenas se desate esta tonta refriega
Caminaré descalza sobre la arena fresca y verde del estío.


MITOS AL VIENTO




Esa es la verdad, tan solo un mito
La carretera despejada para que circule el viento
así podrían quedar hojas desterradas en oro,
nuestros labios en mudo sortilegio

pero mis brazos
y tus brazos se ajustarán a las sombras
buscando el surco donde nace el almíbar
la carne desplazada en la cumbre de la puerta
el músculo sonriente
para imbricar el embrujo palpitante de tus ojos
con un lazo de ébano astillando la tierra
mi cuerpo   mi tierra    edén dormido
que se estremece con la música del viento


sábado, 7 de abril de 2018

LA VENGANZA




            Nació en un día siniestro. Su madre había tratado de abortarlo muchas veces, pero la vida fue más fuerte y nació. Se crió en la calle, comiendo de vez en cuando y nunca fue a la escuela. No conoció otro amor que el de un perro flaco que la madre, drogadicta, pateaba si se le cruzaba. Eran sacrificados juntos. Mendigaba y las monedas que conseguía se las daba al muchacho que le traía la merca a la mujer.
            Creció hostil y de mirar cómo eran otros chicos, se esforzó por ser fuerte y ágil. Un día encontró a la madre boqueando con espuma en la boca y una jeringa colgando de la única vena que se podía ver en su cuerpo. Murió con terribles espasmos. Él, huyó. La policía seguro creería que la había drogado su propio hijo.
            Vivió en las calles, comió de los tachos y se acomodó a raterear en los centros urbanos. Un día conoció al “Roka” un muchacho como él, pero con más astucia y viveza. Le enseñó a romper las rejas, las puertas, a robar de los autos lo que pudiera. Roka, conocía a todos los que vendían o compraban “merca”.
            Cumplió los dieciocho años y lo llamaron al ejército. Allí supo que se llamaba Julián Ardino. El apellido de la difunta madre. Nunca supo el del padre. Allí pretendieron corregirlo. Le arreglaron la dentadura, le enseñaron a leer y escribir un poco y cosas que no le interesaban. Rebelde no quería obedecer. Sin embargo cuando lo mandaron a la cocina, conoció a un tipo que le enseñó a cocinar algo y lo trataba tan bien que se encariñó. Un día encontraron dormido a Leonardo con tremenda borrachera. Fue a dar al calabozo.
            Cuando salió de la “colimba”, trató de entrar en un hotel para trabajar en la cocina. No duró mucho. Se robaba los elementos y los vendía para tener dinero para comprarse cigarrillos, ropa y hasta una bicicleta. Lo descubrió un mozo y él, le clavó el cuchillo de trinchar carne y lo encerraron en la cárcel. Entre rejas se cambió el nombre. A todos les decía que se llamaba Leonardo, aunque los guardias sabían su prontuario, lo trataron de forma cuidadosa. Le temían. Era traicionero. Estudió cocina en la penitenciaría. Era un hombre de pocas palabras. Sólo Roka, lo solía visitar. Era de rencor largo y memoria grande. Odio. Tenía odio por todo y a todos.
            Con la muerte repentina de varios presos y dos guardias, se descubrió el motivo del deceso. Arsénico. Julián “Leonardo” Ardino, tenía celosamente escondido un frasquito con arsénico, en un hueco de la celda.
            Murió un día siniestro, los truenos y los relámpagos cubrieron los gritos de la cámara de gas.



LA SEÑORITA CAROLINE BURTH



            La añosa señorita Carolyne vivía en la vetusta casa de sus padres y abuelos, muertos en un bombardeo de la primera guerra mundial.
            Amargada, triste y sola, su jubileo como profesora de matemáticas la dejó pobre en libras esterlinas y en un retiro absoluto de la vida social de la comunidad. Nadie la quería ni buscaba su compañía. Cuando cumplió los setenta años, falleció la única amiga y pariente que solía pasar a visitarla o saludarla por año nuevo o el cumpleaños de la reina.
            Con unas gruesas cataratas que nublaban su vista y una oscura insidia que opacaba su alma, continuó con esa dura rutina: la vida.
            Hurgaba en su mente que comenzaba a olvidar ciertas cosas y recordaba obsesiva otras. El final de la guerra, siendo niña, un soldado la había besado. Recordó vivamente un vestido violeta, sus trenzas rubias y su ropa revuelta donde quedó llorando amargamente. Había roto su infancia e inocencia. El pudor hizo que lo escondiera en su corazón, bien escondido. Ahora afloraba con el olor a tabaco ye l sudor agrio del soldado. Pronto puso una nube gris en ese espacio de su mente. Y comenzó a olvidar todo lo doloroso e imágenes desagradables. Soñó con una juventud que nunca tuvo, donde el soldado era un héroe que la amaba.
            Imagino su cuerpo apretado al pecho de Charles Brooks, el vecino que nunca hizo otra cosa que saludarla cuando pasaba para el Pub, después de salir de la fábrica. Un amor que nunca existió y siguió soñando.
            Miraba tras el ventanal y se imaginaba que aquella pareja de extranjeros que vivían enfrente a su casa, eran ella y su antiguo enamorado. Los fantasmas comenzaron a rodearla, a vivir romances y amoríos. Buscó el vestido de su primer baile. Se desató el largo cabello cano y bailó sola abrazada con un Charles imaginario. Bailó. Bailó hasta caer agotada en el viejo sillón verde, que ya raído, tenía ventanitas de estopa y crin.
            Vio al soldado que la besó, atado al árbol del jardín. Enojada pensó en dajarlo allí para que muriera de frío por dejarla abandonada. Lloraba. Sus lágrimas caían en la piel arrugada de su rostro. Salió iracunda y lo golpeó, lo cacheteó. Sus manos sangraban sobre la áspera corteza del roble viejo. Ingresó y siguió bailando. La luna, pronto, atravesó el cristal, mostrando a Carolyne Burth como una joven abrazada a una figura que tal fuera un boceto blanquecino, se iba diluyendo entre las sombras de la viaja casa.



MUSEO DE ARTE DE NEW YORK

 UN CUADRO DE PICASSO

 FLORES DE UN ARTISTA INGLÉS
NIÑOS JUGANDO PINTURA DE UN ARTISTA ¿FRANCÉS O INGLÉS?