lunes, 11 de junio de 2018

PRÓXIMOS AL MUNDIAL, AQUÍ VAN UNOS CUENTOS DE FÚTBOL


MI PADRE UN HINCHA 

Mi padre era de esos hombres del siglo pasado que tenía cada día organizado minuciosamente. Se levantaba temprano y salía a cumplir con sus tareas de bancos, oficinas y luego al regresar entraba al consultorio que estaba en el frente de la casa y se vestía como lo que era un odontólogo impecable.
Tenía los turnos escritos en un carnet y como sus clientes lo conocían y sabían que nunca los hacía esperar, llegaban a horario.
Cuando abría la puerta que separaba la sala de espera al espacio donde brillaba su equipo, comenzaba la danza. Había clientes valientes, otros miedosos y otros aterrorizados. Tengo que aceptar que en esa época el ruido del torno era horrible. Yo odiaba cuando papá nos hacía entrar para revisarnos. Temblaba.
Todo era normal durante la semana, pero cuando llegaba el domingo…mi padre se transformaba. Lo primero nos llevaba a misa de la mañana o a las diez o a las once, luego nos sentaba a comer los “tallarines” caseros que amasaba mamá con tuco de pollo casero también que religiosamente nos regalaba nuestra abuela paterna los sábados y luego sentado junto a la “radio” de madera lustrada con diales de baquelita, comenzaba el:” Partido”.
Había que hacer silencio. Nosotras tres hijas mujeres y mamá, a leer o a bordar cerca de él, en silencio. Yo, me abstraía y volaba con mis libros de cuentos de la colección “Robin Hood” y mi hermana mayor dibujaba con tinta china y plumín cucharita, en papel bellísimos trazos de flores y paisajes. Mi hermana del medio, era la más rebelde, recortaba de la revista “Para Ti” fotos de artistas de cine.
Papá se transformaba. Se paraba, se sentaba, bufaba, según fuera lo que relataba el locutor. El grito de Goooolllll solía asustarnos un poco. ¡Nunca lo escuché, eso sí, decir una mala palabra! Pero a veces cuando el partido era peliagudo y ganaba su equipo favorito, se paraba y abrazaba a mi mamá y nos daba un beso a nosotras, que no entendíamos nada.
Una vez, me llevó a la cancha. Era en el parque General San Martín; el club Gimnasia y Esgrima, y me sentó en un asiento que llevaba su nombre y apellido. Miró un partido de los chicos que recién empezaban a patear el balón. Yo me distraía y él, pobre, trataba que me interesara lo que pasaba. ¡Dios no le dio un hijo varón y yo ni entendía ni me gustaba ver a ese montón de muchachitos peleando detrás de una pelota! ¡Pobre papá!
Salió dándome la mano y eso me gustó tanto que le pedí que me llevara cuando quisiera. No pudo ser muy seguido, pues él, era un profesional muy requerido.
Pasó el tiempo y cuando justo apareció la Televisión en blanco y negro, se enfermó y al poco tiempo falleció.
Lo lloraron su amigos, sus clientes y nosotros quedamos desoladas y sin tener casi sin qué comer. Mamá hizo malabarismos para terminar de educarnos y criarnos y el sábado, aunque no nos gustara el fútbol, mamá se sentaba junto al aparato de televisión y miraba un partido en su nombre. ¡Nunca me voy a olvidar cuando llegó el televisor a color para el Mundial de 78!  Por primera vez, nos sentamos todas y lloramos la ausencia de papá, ¿Él estaría entre esa multitud ruidosa mirando un partido? ¡Vaya uno a saber!




martes, 5 de junio de 2018

TE EXTRAÑO




¿Quién te trajo a mí?- me pregunté hoy caminando por la calle  trajinada de gente. Cuando asomaste por la inmensa ventana de mi vida como la máscara  angelical de un torbellino, llamaste a mi corazón y un aleteo febril de estrellas ingresó a mi mundo de doméstica tranquilidad.
Conocí cada una de tus inquietudes de muchacha llena de voracidad por tragarse el mundo, la vida y conocer el país de las palabras. Caminaste como un ciervo en sus praderas. Comiste hasta la última gota de néctar de las flores, los frutos fueron los que llenaron el brocal de tus palabras. Cada vez  que nos sentamos a platicar quedó una sombra de estrellas entre las frases que bailaban su danza esperanzada.
Algo sucedió y se cayó una gota de sol. Un reflejo de luna. Una mirada se prendió de la telaraña del otoño... y se quedaron colgadas las palabras entre las ramas como fantasmas guerreros.
Ahora envejece el silencio de tanto escuchar las palabras, sólo eco de suspiros por tu huída reciente.
Tu duende juega con mi insomnio cada noche cuando te repienso amiga.
Un rosal con tu nombre sonríe en octubre y yo que ya estoy salpicando canas en mis sienes, eres como una cálida esperanza de sobrevivir en la maraña de la ciudad.
Ayer cuando abrí mi correo, encontré un poema que sin duda era tuyo.  Me alegró saber de ti, de tu esperanza, de que vives y vibras en las cuerdas sagradas de los días. Un arrebato de sonrisas eras en las bellas palabras que recuerdan tus besos y ternura. ¿Cómo puedo hacer que regreses? Trae tu alegría, tu locura juvenil y franqueza. Cuando veo tu ropa en el closet me río. Eres ingeniosa hasta para la forma disparatada de vestirte, de pintarte el cabello de colores y de caminar por las cornisas y los bordes de las plazas. ¡Tu risa! Es una sinfonía de pájaros barulleros. ¡Vuelve por favor! Te amo.

AUN NO LLEGA LA NIEVE

 EN ESTE RINCÓN DE MIS MONTAÑAS NO HA LLEGADO LA NIEVE. LA ESPERAMOS.
CUANDO LA NIEVE CRECE ENTRE LOS ÁRBOLES TODO ES SEMEJANTE A UN CUENTO DE HADAS.

EL ACCIDENTE




Cuando se fue a la  madrugada  dijo que “que me  amaría  siempre. Se fue. Habíamos peleado porque yo no tenía trabajo todavía. Esa mañana me contestaron de un banco que me harían una entrevista, pero no me creyó. Ella vino a los dos días. Era de noche y estaba muy nerviosa. Se encerró en el baño del fondo. Allí  se quedaba hora mirándose al espejo y yo la espiaba, porque la adoro. Siempre pensé que sería definitivamente mía. Construiría un castillo mágico lleno de sorpresas. ¡Me encantaba pensar en ella como una de esas modelos de la televisión!
El barrio para ella era una tumba. Odiaba a las vecinas chismosas y charlatanas que nos espiaban. Jamás saludó a nadie hasta ese día en que al muchachito de enfrente a casa lo atropelló un tipo y huyó. ¡El muy cobarde!  Las ambulancias rugían con sus sirenas insistentes.  Una terrible tragedia había ocurrido en ese espacio tranquilo. Destruyendo la paz, en el tranquilo barrio obrero. La policía, llegó rápido y acordonó el sitio... los periodistas de siempre parecían aves de rapiña buscando mostrar algo, sí, algo, porque ni el maldito que atropelló ni el chico estaban ahí. Y las pocas vecinas, esas que siempre se paraban a chusmear, se escondieron como ratas. Extrajeron los dichos de una nena de ocho años, que se sentía actriz de cine, se ponía en pose y exclamaba haber estado presente y decía como era el auto y quién sabe qué pavadas más. También los abuelos que la criaban hablaban con soltura. De todos modos era claro que nadie había visto la placa del auto ni el color del vehículo. Heridos hay, como una docena en la ciudad por la misma causa. Pero mi enamorada se acercó a la madre y trató de abrazarla. Era la primera vez que la veía en esa forma amable y tierna. La investigación los llevaba a una calle sin salida hasta que de pronto en un rincón encuentran un trozo de plástico muy nuevo y de color cobalto que no se fabrica en el país. Con eso  se podría lograr acertar en la búsqueda del agresor.
Así supe a los días que el chico había sobrevivido, pero con una marca indeleble por los golpes y que mí adorada, en realidad no se quería ir y sería mi compañera para siempre.

ABANDONO





Ella sentía el calor de sus manos y su pecho. Él, se olvidó de sus promesas. Palabras incumplidas y muchas penas que tenía en cada día de una vida de chica abandonada.
Desde pequeña había tenido que hacerse cargo de sus hermanos e inventaba juegos y risas, creadas por nobleza para lograr que florecieran los niños, en los ojos afiebrados de ellos que soñaban y esperaban otra vida. Una vida normal con una madre amorosa.
¿Era acaso imposible el amor simple de una familia? La utopía de querer y que los quieran por ser sólo un frágil y sencillo grupo de chicos olvidados  de la vida.
¡Este dolor que sentía y que aún siente, está pleno y rebosante de esperanza!
La casa se cae a pedazos, el techo se llueve y casi no tienen agua en los grifos, pero Lorena lucha, tiene que sacar a sus hermanos de la pobreza extrema. Un incendio se llevó todo. A su padre embriagado con licor barato, a su madre que trató de despertarlo y se transformó en una antorcha ardiente entre los tirantes de madera del entretecho. Los bomberos, los vecinos que le ayudaron a rescatar a los chicos. Pero en un barrio pobre cada uno hace lo que puede y da, incluso lo que le falta. Ahora tenía que ser ayudada por extraños. Ella temía a los que prometían maravillas. Su madre algo le decía. ¿Cuidado con los de afuera, te tratarán bien al principio y después, quién sabe? Aléjate.
Ella que es noble, frágil, libre y tiene miedo que se quiebre como en mil estrellas. ¡Que estalle  y se transforme! Que se funda en la moneda fácil, en plata fría.
La madre siempre le decía que el tiempo es como escarcha, como esquirlas de hielo y tristeza.
La voz suave de esa mujer golpeada y solitaria le hablaba en el oído, y los silencios y lo frágil de los pobres chicos que tenía año a año en su corta existencia y el amor olvidado en las promesas de su padre que débil, tomaba cada día más y no trabajaba, ni ayudaba en nada.
Y una noche escuchó un susurro de alas, en la noche más oscura que su corta vida. Apareció una dama, que dijo ser la abuela. Prometió buscarlos para sacarlos de ese cuchitril inmundo y la esperó inquieta el regreso.
Volvió la mañana siguiente con un señor que ya había venido una vez, él, les había prometido resolver su existencia. Los llevó a otro pueblo. A Lorena le costó mucho dejar ese rincón maloliente pero conocido y lleno de recuerdos.
Cuando llegaron y vieron la casa creyeron que soñaban.
¡No pudieron describir tanta belleza! ¡Al amanecer, el jardín que parecía dormido despertó en el griterío de las aves y una clara brisa que besaba el agua de una fuente que gorgoteaba agua limpia y clara, despertando un mundo de pequeños insectos. ¡Aleteaban las aves en sus nidos y despertaban en mil recuerdos! Un olor a leche tibia y pan caliente llenó los pulmones de los chicos que se abalanzaron como fieras a comer. Hacía tiempo que no lo hacían. Su madre a veces conseguía traerles un desayuno comparable a ese. Pasó un tiempo y conoció a Marcelo. Un vecino que la enamoró y la llenó de promesas. Su abuela le previno. ¡Cuidado! Pero enamorada se olvidó de los buenos consejos. Así se fue con él. Y después supo cómo las palabras son viento y vuelan. Y en ese vuelo, volvió a saber que es ser abandonada a su suerte.



NIÑA MÍA




En ese paraíso de juguete
Donde duerme mi pequeña...
En ese mundo de alondras alocadas
Donde juega a la escondida mi esperanza.
Hay un círculo de sueños amarillos...
Con sabor de caramelo y chocolate.
Una hermosa muñeca confitada
Con perfume de canela y de manzana.
 Ahora juega a la ronda de colores
Y la hamaca de escarcha se transforma
Trineo de pétalos dorados
Se desplaza a mi mundo de juguete.
Donde  duerme mi nieta adorada





BREVE POESÍA


TUS OJOS

Un antiguo mundo de sombras
cae detrás de los pájaros
como cae destilada la belleza.
Un beso misterioso de tu mundo quieto
cae entre una lluvia de pájaros,
como cae el abrazo tenue de tus ojos limpios.