miércoles, 5 de mayo de 2021

DOLOR

 

  El miedo, el dolor, la distancia y un lejano temblor de alas

 Los picos que golpean la piel y mis quimeras.

Un dios que olvido y sonríe lejano.

No le encuentro latido ni las lágrimas de roca

Dormidas en su antiguo rostro de incienso y mirra.

Se aleja, no me mira y está quieto en su horizonte

 De palomas.

 Palomas negras que quiebran sus alones en los muros

Oscuros y callados golpeteos y murmullos de voces silenciosas

 que nadie oye. Ya nadie oye.

Las flores se marchitan y lloran las lloronas y fantasmas.

Quienes aparecen con la tarde.

Y al duende de la noche apártate.

¡Oh, enemiga o muerte amiga que me esperas!

Enemiga agorera con tus manos abiertas y sonrisas proféticas

 Me esperas y me espías para hacerte de mi.

De mi ingrávido cuerpo de mujer soñadora y poeta.

Yo vuelo. Vuelo hacia el poniente tan lejos como puedo.

Escapo por los campos de la vida preñados de  simientes.

Me espera un territorio de amapolas azules y un mar

Caracolas y espumas y gaviotas.

Te  despido.

Tendrás que esperarme un tiempo aún amiga mía

Hasta mañana amiga mía muerte.

Tu fantasma no puede doblegarme.

El tiempo se detiene y me contempla.

¡OH, tú espérame dormida!

Mañana el sol estará en mis montañas y en mi alma.

La nieve...y el dolor.

Sigue la vida.

 

jueves, 29 de abril de 2021

EL BARCO MACABRO


El barco apesta y la oscuridad me impide ver a los que han atado a una cadena a pesar de todo los distingo por las diferentes lenguas que hablan que asco el olor me deja atontado me siento mal hambriento aunque  una vez al día nos dan agua en un balde de madera oloroso a podrido y  tiran por un boquete de la cubierta panes enmohecidos ahí lo recuerdo a mi padre a Radame Momboto nuestro jefe tan oportuno en su reflexión sobre lo que pasaba en la aldea pero este olor y la mujer que está atada a mi es seguramente infeliz al alimento que me dan pienso que sabe a cuzcuz  a miel y a mango a ellos los otros desgraciados les debe parecer pescado o a manjares de sabores diferente a los nuestros porque ellos parecen chinos ya no puedo comunicarme y el olor a mierda nos igualó enseguida es que  no hay retrete ni selva ni río hacemos acá mismo bajo nuestros propios pies me siento una asquerosidad es que al principio olíamos a jengibre o ajo  a madera o grasa ahora el tufo es el mismo es  mierda no me muevo para evitar desgarrarme los tobillos donde tengo las argollas de hierro las cadenas y los palos conque nos ataron apenas ingresamos el olor es nauseabundos sólo abrieron un poco cuando entró un grupo de orientales son tal vez chinos o coreanos no sé fue después de navegar un largo tiempo entre marejadas enormes y bravías estoy cansado quisiera agacharme dormir sobre la estera limpia de mi choza o en el pajonal junto al mar  de la isla Pemba mi isla maravillosa que debe estar tan lejos ahora se me cierran los ojos y la hembra que se apega a mi es como un reptil amarillento y huele a mierda y sangre como todos tengo sueño mucho sueño dormitaré nos sacudimos con el traqueteo del barco y ya nadie solloza suplicando ayuda yo nunca bajaré mi dignidad de pescador de Pemba eso entiendo que han hecho  especialmente las hembras y los niños ayer sentimos que paraban el motor y que navegaban en silencio mi oído fino me alertó que debemos estar cerca de algún puerto o algún barco de bandera y que debe haber avistado el nuestro se deben estar cuidando ya que siento el ruido a la madera de la planchada a la caída de carpas y velas a recupero de cuerdas y cadenas de amarre  ahora han abierto una de las escotillas por fin entra un aire salobre y sano de mar limpio oigo gritos puteadas en diferentes idiomas aplausos que no tienen sentido para la gente ¿gente? penetra una luz que primero nos ciega y luego nos permite ver entrar a un hombre rubio alto vestido con un levitón claro una fusta en una mano y encaje blanco en el frente y sobre la barriga magra y seca una faja azul y roja y blanca que enrosca sus apetitos mezquinos él lleva apretado con sus dedos afilados llenos de sortijas de oro un pañuelo sobre la nariz ¡claro, no puede respirar en este ambiente de muerte y excrementos¡ sopesa  los músculos mustios de varios hombres palpa los senos y caderas de algunas mujeres está arrancando tres niñas de los brazos de sus madres que gritan ¡que va si sólo reciben un fustazo en el rostro! Sale y los gritos en varios dialectos rechinan en la repetida oscuridad yo he visto gente de mi raza  bantú de ojos pequeños y vientres abultados por parásitos y hambre y ya volvió el olor penetrante a mierda odio siento odio si pudiera tomaría mi lanza además he visto mujeres semi desnudas atadas a hombres que casi ciegos le restriegan un miembro viril muerto tal vez para ver si aun respiran si están vivos ¿yo estoy vivo o estoy metido en una pesadilla de esas que tenía de niño? ahora soy un hombre de la tribu bantú tengo la piel negra muy negra y el orgullo de ser elegible pero no quiero que me vea no me han visto sale el blanco y cierran esperamos un par de interminables horas y el barco vuelve a navegar uno que habla algo de inglés dice Macao yo digo Pemba  él tiene la piel amarillenta casi verde me recuerda a ciertos pájaros de mi aldea sus ojos aureolados de un salitre lagrimoso me observan es joven pude ver que es pequeño de estatura pero bien fuerte pienso en los jóvenes de mi clan a veces tan alegres y valientes en la caza pero el aire se ha renovado un poco y han tirado agua hasta limpiar un tanto el sepulcro en el que viajamos a la nada al abismo de una muerte segura la mujer que está atada a mí se muestra después de que el ruin se fue y arrastrando sus cadenas se acerca y en su lenguaje gutural me trata de hacer comprender quién es y el de Macao se deshace en gestos que no comprendo y él tampoco ¿quiénes somos? ¿acaso allí pertenecemos a alguien? se ilumina una pequeña brecha en la madera y vislumbro la luna que brilla en la noche de nuevo el fuerte olor me marea pero un estruendo y yo que soy un viejo pescador en la isla sé que han chocado con arrecifes eso es mi esperanza o nuestra esperanza que esa madera podrida se desintegre y podamos salir para siempre de la tumba tal vez a otra tumba pero a la libertad escucho golpes fuertes y la madera astillada hagan silencio le vocifero a todos los desgraciados que tiemblan y  los corales filosos han quebrado el casco podrido y en la brecha entra agua los dioses me han escuchado la espuma me hiere  y a todos las heridas ya no gritamos estamos atados y  tendremos una muerte segura mejor yo que prefiero morir a seguir así ahora se quiebra uno de los sostenes y nos deja medianamente suelto a la mujercita que está junto a mí y yo vaya la chirona se agranda me arrastra una ola junto a la pequeña mujer amarilla su largo cabello negro se enreda en las astillas grita de dolor pero yo la tironeo y logro sacar mis piernas por el drenaje recién abierto solo que un mundo oscuro y helado me cubre y tengo el cuerpo helado y mi mente se recalienta pensando en ese puñado de seres que arrastro con mis argollas y cadenas pero apretada a mi piel se abraza la hembra salvaje y no me interesa porque quiero la libertad y el olor  de la selva y el mar y ella clava sus uñas afiladas en la piel de mi brazo que pierde sangre a borbotones pienso en los peces que comen carne humana ahora no puedo detenerme sólo deseo nadar me dejo llevar por la marejada recuerdo mis buenas pescas de ostras en Pemba subo a la superficie y observo a los hombres que se dejan caer por todos lados desde el trinquete a la popa y desde el carajo hasta la cabina de uno que se dice jefe ya hay un amasijo de gente de todos los colores y sus gritos suenan a clarinadas de guerra es la Muerte y siento que todos quieren huir de la Muerte como yo y la compañera de miserias sigue como una anguila mi escape el pequeño chino y una mujer negra a la que está atado yo ahora lo comprendo dejan escapar de sus brazos un bebé y también huyen el bebé flotará y lo matarán los arpones de los villanos que sobrevivan hay que seguir nadando sí hay que seguir y alejarnos hacia el extremo de la corriente separarnos de los tripulantes que han caído como cucarachas al agua  estoy tan delgado que pierdo una de la argollas de hierro que me sujetan a la cadena y me deshago de la otra y la mujer me estira sus pálidas manos plumosas y débiles pero la atrapo del cabello y sigo ya no me detiene nadie la luna permite que vea y pueda alejarme y miro tras de mí a otros que desgraciados aun no se han desgrampado se hunden en la marejada  irremediablemente la sal quema las heridas sigo alejándome se retiran cada vez más los que iban tras mi cuerpo parecemos dos delfines esta mujer y yo Isai Matuba bantú de Pemba  ya somos  fantasmas con linaje de estatuas de azabache y seda agotado me dejo llevar por la corriente a cada tramo más apartados de la ruindad de los náufragos piratas ¿mi amiga? la luna se va escondiendo entre los altos riscos y me invita a desentrañar una huída hacia sitios más seguros siento el filo de los corales en mis piernas doloridas como en la isla hay un sinfín de peces que lamen nuestras heridas que picotean y succionan el líquido que fluye de las entrañas de músculos y vísceras soy igual feliz porque siento la libertad en los brazos ya toco con los pies la arena hemos llegado a un punto de la playa y corro me sigue la extraña joven de quien gustoso me desharía para poder alejarme más rápido no sea que me atrapen y vuelva a ese infierno escondo mi cuerpo entre la  maleza ella se esconde junto a mí tiritando está desnuda y aterrada tan sola como yo pero sigilosamente nos alejamos internándonos en una extraña jungla de árboles sumergidos el griterío de los monos en la noche nos alienta a seguir hacia lo más profundo de los palmares caemos varias vece sobre la tierra y me siento libre y feliz  aunque dolorido el cuerpo busco un breve descanso recobrando la fuerza allí atisbo una enorme gruta en la muralla de roca que nos enfrenta nos protegeremos por un tiempo breve cualquier rastro de sangre o marca de pisada puede ser un enemigo pérfido que nos retrotraiga al infierno rendidos caemos sobre la arena seca y fría por primera vez siento paz y regocijo…

 

 

NUESTRO PARAÍSO


A la saga de un centauro correremos...

me dijiste, empinando mi cuello sobre el muro

de espejos de la alcoba

el mundo pareció descalabrarse en estallidos,

caían rastros de tormentas en el lino blanco de la cama

fuego, mucho fuego de antorchas

destruyendo la calma de nuestro paraíso.

 

Y el paraíso se transformó en un mar embravecido.

Cada ola era una ráfaga de pétalos de suave terciopelo,

donde una mano atrapaba los suspiros.

Hoy somos un puñado de loicas que cantan lejos

y los nidos están desparramados como fuentes sin agua.

 

Me dijiste haz silencio mientras besamos la piel

mientras   vemos el sol apagarse tras los muros.

Las montañas se abren en bramidos rotundos y voraces.

La nieve cae entre las sábanas que lloran el néctar

de tus besos   y mis besos que perdimos en la noche.

 

¡Mira el centauro que nos quiere tentar con sus rugidos!

 

LLUVIA EN LA TARDE

           

            Es necesario estar allí, en el silencio del atardecer. Las aves rumorosas que chillan sus chismes con el plumaje abierto al rocío, el sol gime con el color azul-índigo que roba al poniente y la compañera soledad, se acicala para cubrirme con su misterio. Me molestan los insectos que ronronean en mis oídos y me pican histéricos la piel, hasta hacerme brotar enormes bultitos rojos que rasguño hasta sangrar. Mi barca, se sacude suavemente en las ondas bermejas, azules y violetas del lago. Un fuego insolente se desplaza ágil en el horizonte, convirtiendo el verde en un matorral ígneo. Leo en la carta mil veces desplegada y cuya tinta se desdibuja en el papel. Una y otra vez, leo.

            Recuerdo el día que te fuiste. Tu alejarte fue un hecho disparatado, ilógico. Pero cierto. Egoísta pero feraz, ya que me hizo crecer este delirio que bailotea en mi estómago. Te extraño. Y temo pensar en un amor imposible entre el tiempo y la última despedida en que quisiste besarme y yo huí, como una pequeña gacela asustada frente al cazador astuto. Me parece aun sentir tus labios tibios sobre mis labios. Y una mano que pretendía asirme. Escapé a tiempo, no se si pudiera resistirme después de tanta soledad. Eres un sueño. Inalcanzable, como esas nubes que van cubriendo el cielo. Lágrimas finas que se dejan caer sobre mis senos olvidados. Sobre mi brazo inerte con el papel mojado por la tenue lluvia en esta tarde en que te digo adiós, definitivamente. Adiós.

            Despedirse de un amigo intangible es como correr hacia el olvido. Tu muerte prematura se despliega frente a mi y soy una pequeña presa asustada por el miedo a no saber si alguien,  un ser especial como tú, me ama como decías amarme. Yo sabía que no era cierto, pero en mi profundo e íntimo dolor, soñé, algunas veces, que eras el amante perdido. ¿Quién me mirará desde los confines con la mirada sedienta? Cada noche más solitaria y confusa. Y en este tiempo de vendimia, cuando ya caen las hojas enrojecidas de la viña, caminaré descalza por la tierra buscando un grano vital, ese que se transforme en jugo posible de vino nuevo. El vino que bebiéramos en aquel mar arrogante junto al cielo. Ahora llueve. Es el atardecer y llueve. Navegaré hacia la otra orilla. Donde habré dejado olvidado mi inquietud, y ruego, que vueles con los pájaros hacia el infinito. No me esperes, nunca iré a tu encuentro. Ya no soy esa niña que otrora cedió su mano para tocar tu piel y tu sonrisa. Llueve en la tarde y es el olvido inevitable para seguir viviendo. Otoño, qué tiempo para partir sin destino conocido. Oro y cobre. Ese el tiempo en que te has ido. Cuidaré tu nombre, lo ataré con cordeles a los álamos

inertes. Será un estandarte al viento, cabalgando las cimas de las montañas, capitaneando las cabalgaduras en la estepa sombría, así será tu nombre. Un pañuelo agitado al sol. Un adiós sin quebranto. Un beso sin destino. Aire. Y tu cuerpo, efímero compañero; encarnadura de estirpe sometida, estará ahuecada en la ladera de la tierra. Será vid y tan pronto revivirá en vino nuevo. Otro otoño distante en el recuerdo.

            Llueve sobre mi barca sedienta de silencio. Canta un pájaro y vuela. Se pierde en la oscuridad y ya es noche. Sin luna y sin estrellas. Noche, sólo noche.    

 

LA COFRADÍA DE LOS ANIMALES

 

La comadreja corrió por la orilla del arroyo Piráe y buscó al aguará guazú que se escondía del hombre para sobrevivir. No la veía por ningún lado hasta que se subió a una elevación del terreno. Avistó al oso hormiguero y le gritó la consigna. – ¡Reunión en el claro del monte ¡ - El sonido de su chillido se oyó en toda la zona. Emergieron cabezas de varios animales: el tatú carreta, el lobito de río, vizcachas de varios colores, algunos guasunchos o cervatillos, carpinchos curiosos y hasta una yacaniná ñata. Las aves volaron en todas direcciones para llevar el mensaje. El gato del monte necesitaba urgente una reunión en forma rápida. Los guacamayos ruidosos se elevaron en vuelos veloces entre los altos árboles de la selva. Todos tenían que venir nadie estaba excluido.

Así se reunieron para declarar que nadie tenía que salir de la selva para evitar al hombre. - Ellos, son malos y vienen a destruir nuestro mundo.- dijo el gato manchado, que veía como se estaba achicando la selva. –  Yo les aconsejo que merodeen sólo si no ven gente extraña, el hombre de la zona, sólo caza para comer. El otro, ese que viene de lejos, quema y tala los árboles y mata, por puro placer mata.- Y cada uno de ellos, salió a su madriguera para comentar con otros animales del bosque.

La noche cayó sobre la espesura y los ruidos de monos e insectos, atropellaban los matorrales con su sonido amigo. Todos cuidaban a todos, así se podría seguir viviendo en el bosque.

lunes, 26 de abril de 2021

UN CUADRO CON RETRATO DE MUJER Y CABALLERO

 Cuando menos lo esperó, el hombre sintió la participación de Sinali, que no quiso quedarse afuera de la fiesta. Ella ejecutaba el rabel sentada en una alfombra de Izmir. Su silueta se dibujaba detrás de la luz que proyectaba la luna en la ventana abierta. La cabellera suelta y larguísima caía sobre la túnica de seda. Era un rayo de azabache entre las horas muertas de la noche. Sus senos rosados e inocentes, sugerían la turbación de su juventud, dorándolos con la suave luz celeste de la esquiva Venus. El sonido grave adormecía la mente, mientras los ojos iban desperdigando miradas sensuales, curiosas, conmovedoras. Sinali estaba allí vacilante y perturbadora como una vestal esclarecida.

La fiesta había cumplido con todos los augurios esperados y soñados. Sólo faltaba eso, la magia del rabel con su sonido ensoñador y triste.

Ese día, las mujeres más bellas, brillantes y sensuales, se habían trajeado y embellecido para despertar ardores inquietantes entre los varones esquivos.

El menú, preparado por las manos mágicas de un chef inigualable, había saciado el estómago más exquisito del condado. Bebieron el mejor vino de la cava más admirada y prestigiosa de la región. No había faltado nada. La noche se alejaba y el amanecer quiso entrometerse en el momento más huidizo de la plenitud selenita.

El hombre quiso cerrar la ventana pero un viento helado se interpuso. El marco dorado se movía imperceptiblemente sobre la pared del salón. La silueta de Sinali, la diosa del rabel, se había desprendido y yacía lujuriosa en la alfombra.

Sólo faltaba el fantasma del caballero armado para completar la escena.  Pronto se desprendió de la vieja tela, orgulloso y febril, tomó a Sinali por la cintura, arrebatándole el rabel, se metió en el cuadro sin darse cuenta que la muchacha había envejecido ciento de años en un instante.

El temido espacio sibilino entre la vida y la muerte no respetaba la fantasía de una noche refinada y astral para los escorzos impresos en el antiguo óleo del gran salón de fiestas. La fealdad había incluido al caballero armado que ahora era un simple esqueleto con guadaña en lugar de la filosa espada reluciente.

            El hombre se durmió esperando el sol para aclarar los mensajes nocturnos que borrosos en la penumbra no podía comprender.

LA GRECIA QUE ESTUDIÉ , narración sobre viajes.

 El avión aterrizó en Atenas. Una ciudad plena de vida y de antigüedades. En el hotel, nos enfrascamos en un mapita que nos dieron en la aduana. Teníamos que señalar los lugares más importantes de ver, que allí son muchísimos. Mi amiga Alicia y mi hermana se acomodaron en sendas camas y yo me quedé en la más pequeña. Acomodadas las maletas, guardados los documentos y algo de nuestros ahorros para el viaje; cosa que nos salvó de un robo.

Como turistas no perdimos el tiempo y salimos a buscar esa Grecia llena de historia y modernidad que ha logrado cautivarme desde muy joven. Nos indicaron el metro y bajamos por sus escaleras de mármol con la sorpresa de encontrar un metro súper moderno, con simples explicaciones por alto parlantes que gracias a Dios entendía bien y nos llevaba a los lugares más importantes que deseábamos conocer.

Llegamos al Museo Nacional… ¡Una maravilla! Ver la cantidad de objetos valiosísimos que han recuperado los arqueólogos, joyas, vasijas, armas, esculturas. Puede una persona quedarse días para mirar esos trofeos.

Salimos y nos sentamos en una pequeña fonda donde comimos a gusto lo que nos sirvieron, platos típicos que no puedo nombrar por ignorar el idioma. De allí a la “Placa” una calle que atraviesa una zona para los ingenuos viajeros. A mi amiga le robaron la billetera allí y no se dio cuenta hasta que llegamos a un negocio donde quiso comprar agua. ¡Perdió las tarjetas y algo de dinero! Gracias a Dios yo tenía el sistema para llamar a mi país y avisé por las tarjetas, en Mendoza era plena madrugada y lo menos que me dijo quien me atendió fue: ¡Bonita! Pero no pudieron usar para comprar los cacos con las tarjetas.

A la noche supimos que en el último piso del hotel había un restaurante y cansadas de caminar, subimos a cenar allí. ¡OH, sorpresa! Era muy bueno y muy económico. Una vez servida la cena, se me ocurre voltearme y desde un ventanal me quedé anonadada. Desde allí se veía iluminado el Partenón, las Cariátides y otros monumentos. Un lujo inesperado. En la noche estrellada ver a los lejos esas obras maravillosas era un regalo de Dios.

Al día siguiente partimos en Crucero a las Islas. ¡Qué pérdida! No podíamos estar ni una hora en cada isla. Un bochorno. Me parece a mí, que no es una forma buena para viajar ese monstruo gigantesco de acero que lleva gente encerrada en pequeñísimos espacios como ganado. Sí, hay personas que me miran raro cuando digo esto; pero hasta una noche rodé hasta el suelo desde mi litera. ¡No es para mi una alegría tener un golpe en un viaje! Alquilé otra cabina por el resto del paseo, pero recuerdo con cariño, algunas imágenes de las Islas: Santorini, Patmos, Mykonos, Creta y Rodas entre otras. Poco tiempo para tanta belleza.

En una de las Islas, nos dejaron abandonadas en el lugar de encuentro. Eran tres minutos pasada la hora de la estricta rusa que nos guiaba. ¿Cómo llegar al barco? Con mi idioma italiano (Gracias profesores de italiano de mi escuela) me comuniqué con el chofer de un taxi que aceptó llevarnos a mi hermana y a mi, hasta el crucero; pero antes debía dejar un “yanqui” en un hotel. Ya veía yo que nos cobraría una fortuna…y sí, fue así, pero llegamos a tiempo de que cerraran la entrada al crucero y casi nos ponen una multa. A partir de ese día nos trataron tan mal en el bote que rogábamos llegar a Atenas y salir del encierro. ¡No hay libertad en esos transportes!

Una de las cosas más interesantes que viví fue ver las estaciones de metro que recién habían socavado; en cada rincón bajo tierra debieron detenerse para sacar obras de arte y restos arqueológicos. Cada uno de los ingresos y egresos tiene un mini museo con esas maravillas, con cientos y miles de años, son porciones de viviendas, templos y estatuas, pero dejan pensando en esa cultura que sirvió tanto a la humanidad y a la filosofía. Era muy simpático ver los popes (sacerdotes) ortodoxos, mirando los enormes televisores en cada estación, con sus largas barbas, atuendos religiosos y percibir su ingenuidad frente al mundo caótico de la ciudad cosmopolita.

Los templos ortodoxos cristianos son de una belleza inexplicable. Cuando uno ingresa sólo se oye música y cánticos gregorianos muy suaves. Permanentemente hay humo de incienso que penetra hasta el alma. Las lámparas son de una exquisitez inenarrable, y las hay por docenas en cada templo, el espíritu se transporta al Altísimo. Y yo sentí estar cerca de Dios.

En una de las Islas, nos llevaron a lomo de burro por un sendero angosto hasta encontrar unas señoras que hacen labores en lino, bordados con cintas y de una delicadeza, que da deseo de traer todo, lástima que se tiene que viajar ligera de peso y el lino, pesa demasiado. Bellos los pollinos que me trasladaron a la época de Jesús.

Los griegos son alegres y les gusta bailar, recordemos la película “Zorba, el griego”, bueno, su música suena en las calles, bares y mesones como un himno a la alegría de sus habitantes y por qué no decirlo, de todos los que llegamos a sus hermosos paisajes y teatros de los grandes filósofos. Tanto estudiamos sus historias que nos sentimos pertenecer. Tal vez los jóvenes griegos no saben lo que algunos extranjeros admiramos sus epopeyas con los “espartanos y atenienses”.

¿Sabrán lo que han transformado el mundo los filósofos que se reunían en el “Ágora” solo para meditar y dialogar? El teatro que aun se representa, "agiornados" pero con los mismos mitos y narraciones. No lo creo. Viven la realidad de hoy, del siglo XXI.

Grecia sigue siendo una gran nación.