El
destino de una rosa blanca... un destino inescrutable.
Pedro Ruiz.
Cayó
un árbol robusto donde anidaban zorzales,
cayó dejando una estela de lágrimas
queda tan sólo un muro señalando la
huella
donde la piedad esgrime su sutileza
de árbol
también queda el camino con las
marcas oblicuas
de las pisadas ajenas somnolientas
de sueños.
Un hijo se ha quedado con los brazos
abiertos
se le escapan reflejos entre los
labios secos
sonrisas olvidadas de tiempos de
alelíes
de tiempos de cometas
una rosa de agua se aleja por el río
la palabra redonda rueda en el
silencio
del misterio del invierno cálcareo
de la muerte
de otoño sellado en ramas de rescate
y
recuerda
los pájaros no vuelven
las miradas tampoco.
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