jueves, 22 de febrero de 2018

INFANCIA OLVIDADA




No despojo los labios de peonías azules
ni arrebato letanías de las manos blancas, yertas
con el dulce candor de los cristales
amanezco y la luna en el poniente
estremece las venas de mi alma
vuelve un ave con suave aleteo de alas
levantando banderas que traducen palabras.

Libre la mirada de tigre asustado
en la penumbra del lecho solitario.
Caen las hojas de helecho en las sábanas grises
de la infancia olvidada.
Cuelga un blanco trozo de tristeza en la ventana
mas, llegarán gaviotas a tironearla
como blasones de acero y plumas.

PAISAJES DE ARGENTINA

 CAMINO A CHILE, LA CORDILLERA COMIENZA A CUBRIRSE DE NUBES Y ATRÁS SE ALCANZA A VER LOS PICOS NEVADOS. POR ALLÍ ATRAVESÓ EL GENERAL JOSÉ DE SAN MARTÍN EN 1817 PARA LIBERTAR CHILE, PERÚ Y ARGENTINA.
 ZONA DE ÁRBOLES Y FLORES EN LA PATAGONIA, DONDE HAY ARRAYANES Y PINARES.
UNO DE LOS LAGOS DE LA PATAGONIA, DONDE EL MÁS CODICIADO DE LOS HOMBRES; EL AGUA, AUN ES IMPOLUTA.

ESTE AÑO TE ESPERAN LOS DÍAS DIFÍCILES


            Carolina nació con una estrella en cada brazo, no de verdad, sino se hubiera quemado. Eran lunares con forma de estrella, rosado oscuro, limpios, reales. Cuando la bautizaron el agua se escurrió por el cuerpo y lavó un poco el color de sus lunares, el tiempo fue desdibujando los bordes y cuando cumplió los veinte años eran dos pequeños puntos, casi imperceptible.
            Había días en que si tomaba sol, se notaban más. Si comía frutillas también o tomate. La sandía le daba un color transparente. ¡Era cómico como toda la familia estaba atenta a como cambiaban de color sus estrellas!
            El día que se enamoró, su “chico” se conmovió con la historia. Al darle un beso, su primer beso, se pusieron bien rojas. El día de la boda…, amanecieron, doradas. Y el día que nació Benjamín, lo primero que hicieron fue mirar si tenía las marcas. Sí, las tenía en el pecho junto al corazón, y el médico le dijo: Carolina, Benjamín trae una marca especial, este año serás bendecida con algo insólito… no se explicarte, pero será muy bueno.
            El niño fue inquieto pero dulce, inteligente y se abrazaba a su madre con fervor, al padre lo acariciaba con sus manitas regordetas. Muy pronto aprendió a decir sus nombres y a darles besos. Y cada día sus marcas brillaban más y más, como si fuesen de oro.
            Tal vez, un ser único e inmaterial, los colmara de suerte y felicidad. Cuánto más rojas se ponían las marcas de Carolina, menos brillaban las de Benjamín. Era una suerte de juego macabro, pero una mañana ambos se vieron sin los lunares y supieron que el papá y esposo, estaba en el hospital. Había sucedido un accidente fatal. Cuando fueron al hospital, el padre había fallecido. Nunca más se les vio la marca en la piel. 

BELISARIO ...


Una historia sin igual
            Belisario Hortubia estaba sentado en el café de “Chivato Rojo”, succionando su décimo cigarrillo negro, tan negro como el odio de su alma por ese destino de mierda que lo puso cerca del Sargento Melitón Rosmualdo Quintero. Un verdadero traidor a la causa de los humildes y desperdiciados trabajadores de la tierra de Rodeo. Esperaba la hora de ingreso a la reunión de la “confraternidad de los herbolarios”. Un sindicato armado de incógnito por un grupo de rebeldes cófrades de Rodeo.
            Alrededor de la veinticuatro, cuando ya el humo desdibujaba el rostro de los parroquianos y el olor a “macho” caliente y sucio por el trajín de las máquinas y la falta de agua y jabón. Belisario se irguió y haciendo resonar sus nudillos, se acercó a la mesa siete donde se vislumbraba la enorme humanidad de Don Chicho Fernanducchio, el capataz de la “Cosechera Violeta”, el siciliano, con un eterno toscano y mirada acuosa repasaba los nombres de los presentes para denunciarlos al Sargento. Su abultado vientre flatulento discurría en sonora sinfonía cerril, cuando el cuchillo de Belisario, le informó su disgusto por estar entreverado con los cófrades. Se oía apenas el silbido de las tripas en huida precipitada y cayó el “pucho” entinto en la sangre grasosa del entregador.
            Todos salieron en silencio buscando la puerta para asistir a la reunión. A él, le salió la bolilla roja y cumplió con su misión. El siciliano boqueaba en el roñoso piso del “Chivato Rojo”. La policía nunca supo que fue un guapo hijo de la tierra quien completó su tarea.
            Al Sargento Melitón Rosmualdo Quintero lo fusilaron a las cinco de la mañana en la plaza de armas, por traición a la Empresa cuyo dueño, era el diputado Nacional Belarmino Soria Ruettes.



POESÍA PURA?


LA PINTURA ES POESÍA MUDA; LA POESÍA PINTURA CIEGA: LEONARDO DA VINCI

Los trigales perfilan la curva del silencio.
Holgazanean las espigas solariegas en calma.
Buscan las aves el horizonte de las almas añil,
revierten la soledad del camino al cielo plata.
Vertiginosas las vocingleras cataratas cantan,
van valle abajo en su perfecto viaje en busca del oropel
que maltrata las piedras sobre el suelo fértil,
a los arroyuelos que pintan las aguas mansas.
Los sauces se contornean coqueteando ensueños
atrapando el arrebol de la ribera inquieta, en brava caída,
en perfecta sorpresa de melancolía blanca.
Nace en el horizonte un carmín de sueño solar,
un tamiz de osadía perdido en la montaña. Nieva.
El corazón palpita en verdes y celosos naranjas
del pinar yacente en la balaustrada umbrosa,
moviendo el mundo con ritmo de hojarasca sutil,
con ritmo de amapolas que mecen mariposas de oro,
con ritmo desmesurado de panderos viejos, ruidosos.
Un colibrí amenaza llevarse cada flor en el pico,
robar la dulzura de la miel del panal oculto,
buscando en las ramas del rosal y peonías rojas.
Y el trigal sigue inquieto meneando su belleza dorada
coqueteando con las cigarras y tumultuosas langostas.
A lo lejos nace la poesía con pinceles de crines.
Cabalgan los alazanes con probidad de duendes,
Traen entre sus lomos la magia de violines.
Traen al poeta ebrio de amor y gozo.
Traen joyas preciosas.
Traen palabras que brillan con los trigales.

EL ALJIBE


          Ña`Candelaria perdone pero quiero o necesito me de una explicación sobre lo que ocurrió con la niña Abigail. Dicen muchas cosas sobre su vida, pero usted es la única que conoce en parte la verdad del sucedido. Han dicho que Gabino se tenía que casar con ella. Así lo habían dispuesto sus padres, él se fue a la capital a buscar los trastos para el casorio y después, cuando llegó a la estancia, encontró el dolor encarnado en el misterio.
            ¡Era linda la muchacha por donde se la mirara! Con la cabellera negra y los ojos de color maíz. Nariz pequeña y labios suaves… en verdad era una belleza. De figura fina y cintura pequeña, justo para el abrazo.
            Me han dicho que la muchacha estaba enamorada de un tal Ricardo, un mozo de la estancia “Los Girasoles” y que se veían de vez en cuando en la capilla de la Milagrosa, otras veces se veían en alguna boda o fiesta patronal. ¿Es cierto? Además juran que todas las tardes, se sentaba junto al aljibe y mientras se cepillaba la larga cabellera, cantaba una canción muy bonita que supe, interpretaba en la guitarra el tal Ricardo. También dicen que cerca de la cisterna crecieron muchas flores y se llenó de cantos de aves: alondras, jilgueros y tacuaritas. ¡Hay tantas historias…!
            Mirá muchacho, de todo eso hay cosas ciertas y otras son pura leyenda. La niña Abigail, estaba muy amartelada con el mozo, pero el padre tenía un gran rencor con esa familia. Parece que hace varios años, el hombre de “Los Girasoles” vino a la casa grande y trató de encelar a la difunta, doña Celeste, la esposa. Y se armó un terrible conflicto. Los gritos se escuchaban desde los potreros. Los perros, recuerdo, ladraban desesperados tironeando de las cuerdas para desatarse y pelear. Cruzaron facón y espada, y si no interviene el capataz, se matan. Hubo heridas, pero sin gran pérdida de sangre. De ahí, viene la ira del patrón. Abigail, conoció en la ermita de San Pedro al Ricardo en el pueblo vecino y no sabía quien era. Luego fue un mirarse y enroscarse en un duelo de pasión. No se tocaban, se abrasaban a puro ojo. Ella me pedía a mí o la “Checha” que la acompañáramos a todos lados con tal de verlo. Y dicen que él, rondaba de a caballo por los recovecos de la estancia buscando tener un encuentro.
            Triste fue cuando vinieron los padres de Gabino a pedir la mano, se encerró un mes y días sin comer casi y no habló más. Ni la pobre doña Celeste, ni el padre ni el cura, la pudieron hacer calmar. Llora que te llora día y noche. Los ojos parecían brasas ardientes y se enflaqueció como un alambre.
            Llamaron a un médico que la obligó a tomar unas píldoras y la Checha le daba un té sedante hecho con yuyos de por acá. Se calmó un poco, porque le dieron una buena paliza. El padre por primera vez le dio con el “chicote”. La marcó. Y me contaron que el mozo, cuando se enteró, prometió a los padres que mataría a don Heriberto.
            No pasó mucho tiempo y la niña, comenzó a salir todas las tardes junto al aljibe a cantar y se escuchaba a la distancia el sonido de una guitarra o el silbido con la melodía de la canción. Y una noche de tormenta, Abigail, salió descalza, caminó hasta el aljibe y aunque la buscaron por todos lados, incluso bajaron hasta el fondo del pozo, no la encontraron más. Por eso murió de tristeza doña Celeste y es tan bronco don Heriberto. Pero sabe m`hijo las noches claras de luna se escucha cantar junto al aljibe la canción de amor en la voz de la desaparecida. El joven Ricardo ya se ha casado con la niña Valentina de la estancia “El Totoral”; y dicen que él, va todos los días muy temprano a la ermita de San Pedro a orar pidiendo por el alma de Abigail. ¡Esa es la pura verdad! Nadie sabe qué sucedió con su cuerpo, sólo encontraron junto al pozo un chal de hilo color blanco que usaba mientras estaba junto al aljibe. ¡Ese que está en el salón sobre el piano que solía ejecutar doña Celeste!  

jueves, 15 de febrero de 2018

UNA CHICA EN APUROS


Nació en una familia de clase media. Padre médico, anarquista. Su madre, socióloga, culta y refinada, seguía a su “hombre” con afán irrestricto. No querían hijos. Un extraño juego del destino hizo que en unas vacaciones engendraran un ser humano. Los llenó de temor y angustia. Ellos sentían pánico de perder la libertad. Abrumados pensaron en matarla o dejarla en la puerta de cualquier edificio. No tuvieron valor, eran muy cobardes.
Celosos de su autoestima y desarrollo personal sólo pensaban en cuánto les costaría cuidar ese ser  con su pseudo mamá.
Sólo le faltó un padre y una madre. Ni bella ni fea, la pequeña se crió con ideas extrañas a la de sus progenitores. Se transformó en Testigo de Jehová y salió casa por casa a mostrar la palabra. Un día golpeó en una casa bellísima, enorme y lujosa. Salió un hombre envejecido por el sol que lamía cada semana en su embarcación lujosa y tras él, salió una mujer embellecida con un sinfín de operaciones de rejuvenecimiento. La miraron extrañados y casi le golpean la cara de un portazo; pero los detuvo una medalla que llevaba sobre el estricto suéter negro. ¡Nadelia! Hija.
La joven salió corriendo y tras ella la pareja que intentaba atraparla para hablar. Ganó la muchacha.
Se refugió en la pequeña casa donde su “madre” la abrazó con ternura y dijo: Unos locos gritaban que eran mis padres. Si tú  me encontraste en un basurero, Si eres mi ángel custodio. Si… ¡me amas?