lunes, 19 de marzo de 2018

FOTOS DE ARGENTINA

 LOS PORTONES DEL PARQUE GENERAL JOSÉ DE SAN MARTÍN, LIBERTADOR DE PERÚ, CHILE Y ARGENTINA. HOY PULMÓN DE LA CIUDAD DE MENDOZA. ES DE ORIGEN ÁRABE.
CAPITAL FEDERAL, DE LA ARGENTINA, BUENOS AIRES. EL CENTRO NEURÁLGICO DE MI PAÍS, EL OBELISCO, PARECIDO A LOS EGIPCIOS.  ANOCHE EN BUENOS AIRES.

EN LA PATAGONIA, EL RÍO RECIBE LOS HIELOS DEL GLACIAR PERITO MORENO, QUE TODOS LOS AÑOS TIEN UN DERRUMBE ESPECTACULAR. ES CASI EL FIN DEL MUNDO

POESÍA ESPERANZADA


                                   NO PRESERVÉ MI CASA

ni mis ropas
ni mi piel
ni mis ojos.
no preservé mi tentación de volar
hacia el fondo del abismo
ni mi deseo  agridulce de bordear la  playa en  la borrasca
                                 ni mi pasión por intimidar el sueño de hablar
                     en el idioma de Bach
                                 de Borges o de Platón
                     ni el miedo mío, miedo de desgajar la lengua de las aves
                     que se esconden en la selva.
                     Pero pido a pesar de todo
                     que no me arrojes al nido de cenizas del camino.
                     No me apartes de los ojos que premian mis locuras infantiles
                                 ni me tiendas a zarpazos sobre el mantel de los sueños  perdidos
                                 ni  quede descolgada del rumor del sol o las estrellas.
                     sostenme con tu fuerza esperanzada.


DULCE SECRETO



 Si  me desalojo de los sueños

si me destierro hacia el confín de las palabras
si penetro en el túnel verde del abismo
estaré caminando en el borde del desierto
y la ráfaga indeleble de un beso
transformará mi crepúsculo en una carga de suspiros.
Guardaré el secreto entre las sábanas
Comeré damascos con tu boca dormida
Soñaré inexplica arco iris de magnolias
Volveré sobre los pasos de la niña perdida
Para amar al hombre que me espera en los sueños.


LA CALLE LUJURIOSA




                        La calle es una serpiente rielante que se desplaza por entre las paredes que la ahogan. Los balcones envueltos de verdes enredaderas flagelantes sonríen al paso. Cae una hoja de magnolia agostada sobre las piedras calcinadas. Un insecto alborota el sopor cansino de la siesta. Tras una celosía desgastada por el uso se escucha un grito. Hay un súbito silencio, una detención del tiempo para acomodarse al sonido trasgresor. Se entromete una música de escaso valor que zigzaguea entre los cortinados desflecados de un ventanal. Trae un respiro al rancio calor que envuelve las fachadas.
                        Un nuevo voceo altera la paz. El chasquido de un madero que se rompe atraviesa el empedrado caliente de la calle. Se ha quebrado un encañado que esconde a una muchacha sudorosa. Su piel morena húmeda resbala entre las astillas que la golpean. Emerge ágil, descalza con la cabellera revuelta desde la puerta azul de una de las viviendas. Corre. La calle la recibe alborozada. Protectora, la estrecha vía de escape, la oculta urgente de los gritos furiosos de la mujer que insulta. Se pierde en el círculo abierto que dibujan las piedras. Reverberan  los adoquines como lágrimas calientes. Se vuelve a quedar todo quieto. Un silencio opresivo amordaza la siesta. La puerta azul, se entreabre y un rostro rubicundo fisgonea a derecha e izquierda. Un látigo de cuero se mueve como la lengua  bífida de una serpiente venenosa entre las rústicas maderas secas del portal. Busca un muslo mórbido para afrentar, pero sólo responde la ausencia. Surca el vapor la calle desierta. No muy lejos una puerta verde se abrió para engullir a la evadida. Una enredadera primorosa oculta cuerpos abrazados. El ventilador perezoso refresca el alma desdibujando la desdicha. La calle se ríe con su imperturbable soledad de tiempo.
                        En la noche la luna cómplice de besos y caricias lujuriosas eleva la dicha a los evadidos con urgencia de cópula. Una sombra atraviesa el pasaje al placer y ciñe a los amantes. Y un silencio enriscado como a dos alimañas los envuelve en un sudario de piel adherente, elevándolos a los confines selenita. Son dos pequeños animales que se enajenan a la frescura plateada de la noche.





EN LA VIEJA CASONA DE SAN COSTANZO.




            Había una marcada oposición entre Yolanda y el padre. Ambos sentían aversión por la sociedad, pero mientras el hombre amaba el dinero, la fama y el poder; Yolanda sólo quería ingresar a un convento como Carmelita Descalza. Escapar a su realidad. Del horror.
            Las discusiones cotidianas penetraban como púas en cada acto que acontecía. Un bocado era ácido, un bocado era veneno. Cada gota de líquido que se bebía en la comida cotidiana era un trago amargo. Lágrimas se mezclaban con el vino y con la leche.
            Yolanda, obligada a tomar por esposo a un pomposo joven de la casa lejana, sólo lograba agregar una fortuna al apellido de su padre. Apellido pálido de honor y credibilidad familiar. Ella, sollozaba en los rincones del helado caserón. Llegado el tiempo de la boda, su nodriza rebuscando en los arcones, que aportó la madre de la joven mujer, encontró tres cosas singulares: el traje de bodas, un cuaderno de notas y una caja azul con cerradura hecha por orfebre y sin la llave maestra para abrirlo. Todo oculto en los desvanes del alto, bajo la mansarda del ala norte. Los tules, encajes y sedas de un amarillento cobrizo, parecían hacerse eco del desprecio a los sentimientos que representaban a los ojos de los hombres. Allí sólo importaban las propiedades aportadas a la joven novia., que pasarían a poder del padre.  La pequeña figura de Yolanda enfundada en ese vestido era un sueño inédito en la memoria del padre. Un respingo malicioso en su mirada fue la respuesta a la apariencia fantasmal de su hija.
            La ceremonia fue modesta, junto a los criados, que ya ancianos llorisqueaban viendo a “su” niña así, fueron los inapreciables testigos de la infamia, como siempre. Los familiares del novio, eran una extraña manifestación de mal gusto y torpeza social. ¡Nuevos ricos! Gente que había logrado fortunas con las plantaciones de café, algodón y tabaco en América. Esclavistas, que arrastraban a pobres africanos de sus costas a trabajar como animales en las tierras extrañas. Nada más lejano que los sueños de Yolanda. Cuando vio al muchacho que sería su marido, le tranquilizó la mirada limpia en unos ojos negros sin escondrijos. Él, aportaba dinero, ella un apellido conocido para los bancos de Londres y América del Norte, donde enormes cultivos llenaban de oro las arcas de los avaros.
            Hicieron un trato amable. Su vida transcurriría como si fueran hermanos hasta conocerse. Todo oculto a sus progenitores. Compraron una propiedad cercana a la casa paterna de Yolanda. Estanislao, cumplía ampliamente con la palabra de dejarla hacer tareas caseras y llevar alivio a los desposeídos de la zona, a pesar que era mal visto por los padres de ambos. Así se fueron haciendo amigos. Compartían largas pláticas y ensoñaciones frente a la chimenea o a los viejos robles en las noches cálidas de verano. Pasó un tiempo en que se descubrieron y se amaron como todos esperaban. Nació un pequeño que llamaron Godofredo y luego una niña que llamaron Célica. Transcurrió un tiempo y la muerte traspiró cerca de ambas familia entre los mayores que creyeron se habían cumplido todos sus anhelos. Era un tiempo de espera para la pareja.
            Así, ya dueños de sus deseos, viajaron hacia las plantaciones de América y descubrieron que la crueldad del hombre es mayor a lo imaginable. Hambre, golpes y enfermedad abrazaba a los trabajadores, muchos de los cuales habían muerto por el maltrato y los sacrificios físicos y mentales. Una guerra se avecinaba. Estanislao y Yolanda decidieron darle la “libertad” a su gente, pero no era fácil para aquellos la subsistencia y casi todos se quedaron. La hacienda crecía de otro modo. Habían cobrado muchos enemigos que no tardaron en crear verdaderos caos en las plantaciones. Quemaron la cosecha y mataron a los infelices.
            Una noche, frente a una descarga de proyectiles que atravesaban el plantío, Estanislao salió con su arma a defender a su gente y recibió una descarga de trabuco, muriendo en el acto. Huyeron los misteriosos homicidas. Yolanda lejos de amedrentarse, luego de enterrar a su querido amigo, continuó con la vida. Célica, ya adolescente ayudaba a su madre, que rápidamente envejeció por la pena. Una noche discutieron por la necesidad de Yolanda de dar amor a los desposeídos. Célica no comprendía a su madre. Las palabras hirientes dejaron débil a la mujer. –¡ Tú y tu manía de regalar el esfuerzo de mi padre… nadie en plena guerra te da nada, ya no queda alimento en las alacenas y el campo está arrasado. Eres injusta con nosotros, eres indiferente y egoísta. Tu sola esperas ser reconocida como si fueras un ángel, pero eres pérfida y malgastas nuestro futuro…!-  gritó Célica en la cena. Yolanda se llevó la mano al pecho y cayó desgarrada de dolor sobre el plato de comida. Su cabello gris, mimó el trozó de pastel que comía. Godofredo corrió y transportó a la madre al lecho. Allí suplicó a su ayudante le trajera la caja azul. De entre su corpiño extrajo una pequeña llave. Se la entregó a los hijos.
            Célica y su hermano buscaron auxilio en un médico, que llegó presuroso, pero tarde. Pasaron las ceremonias y los días. Luego, en un descanso abrieron la famosa caja azul. Allí junto al cuaderno donde explicaba el horror de la vida que había vivido su abuela, estaba la verdadera historia de Yolanda. Juntos lloraron. Abrazados los hermanos comprendieron… y se prometieron vivir de acuerdo a ese sueño de sus padres.
-          ¡ Godofredo,  después de haber abierto la caja azul, pude perdonarlo todo!.”- nadie que soportara tanta humillación y horror en su vida pudo ser tan buena. – ¡Mira acá está el extraño aparato con que el abuelo torturaba a la abuela y a mamá!- muestra Godofredo. Un momento de doloroso silencio se produce entre ambos. El horror se marca en sus rostros. Afuera se agitan las flores de magnolia que tanto amaban sus padres, impregnando de perfume el salón.

GAVIOTA INGRÁVIDA


                  Un día   navegué entre corales
que saludaban mi paso de gaviota ingrávida
un día  caminé la calle solitaria que humedeció
la contagiosa locura de mi cintura joven
sorprendiendo a la arboleda
con mi paso
y el silencio de palmeras desdibujó las nubes que
tapaban mi desnudez de sombra
un día desdoblé mis palabras en poemas
que quedarán como las quimeras en la orilla de mi pena.
Un recuerdo de cielo se evapora
La sal se ha reposado en mis pestañas
cambiando la mirada de las olas que atropellan.
Se ha llevado a la niña de los sueños,
ya no juega la arena en mi pecho ni en el pubis
estamos programando la partida.

FOTOS DE MENDOZA Y ARGENTINA.

EL RÍO IGUAZÚ NACE EN EL ALTO DE BRASIL, Y SIGUE SOBRE LA ORILLA DE LA PROVINCIA DE MISIONES, DONDE SE FORMA UNA DE LAS CATARATAS MÁS GRANDES DEL MUNDO.
 EL PUENTE DEL INCA, ES UN SITIO DONDE AGUAS CALIENTES Y FERRUGINOSAS, HAN FORMADO UNA ENORME PLACA SOBRE EL RÍO QUE BAJA DESDE LA CORDILLERA DE LOS ANDES EN MENDOZA, ARGENTINA. ES MONUMENTAL
EN MENDOZA, LAS VIÑAS Y ATRÁS LA CORDILLERA DE LOS ANDES. MI LUGAR EN LA TIERRA.