martes, 20 de noviembre de 2018
UN CUENTO PARA PENSAR
Papá,
el tío de Rufa, vino de un viaje y le ha contado que hay unos países de Europa
lleno de gente que escapa de una guerra porque son Cristianos y los quieren
matar. ¿Qué significa eso papá? ¡Ay, hijo, cómo se llama el tío de Rufa? Creo
que Bautista pero le dicen “padre Bautista”. –Bueno entonces es un sacerdote y
debe saber lo que tanto hablan en la Televisión y en los diarios.-¿Me podés explicar?
Pero fácil para que entienda.
En
Medio Oriente hay un grupo de gente de otra religión que es perseguida por sus
propios hermanos de sangre y Fe, pero también huyen los Cristianos porque los
consideran sus enemigos. Pero es muy duro y triste explicarte algo tan
complicado. Hijo, debes saber que no todos los cristianos somos iguales, ni
pensamos lo mismo. Por ejemplo la vecina de enfrente es Evangélica y es muy
buena persona, pero ella no asiste a misa, va
a un templo y tiene un Pastor, que les ayuda a leer la Santa Biblia , en oriente se
cree en Alá, que es Dios. Pero tiene otros ritos y otras costumbres, hay islamitas
muy buenos y otros muy malos, como en todos los lugares hay humanos que temen y
respetan las leyes y otros que no. Bueno, te debo estar aburriendo.- No papá,
sigue… yo quiero saber- dice Fito.-Dentro de pocos días vamos a Festejar la Noche Buena y la Navidad , ¡sabes Portu
abuela de qué se trata! Pero en otros lugares del Mundo, está prohibido
festejar el Nacimiento de Jesús, Dios hecho Hombre, porque los matan si los
pillan. En verdad es muy penoso.
-¿Y
nosotros qué podemos hacer papá?- habla con duda Fito.
Muy
poco. Por lo pronto enterarnos qué sucede
y aprender a respetar a los que piensan diferente, a los que tienen otra
religión distinta u otro color de piel o qué se yo, tantas cosas que nos
separan pero no hacen humanos iguales. En realidad Todos somos Hijos de Dios,
aunque los nombremos de diferente forma. Jesús era Judío… eso lo conocés por la
charla con tu tía Judith. Pero hubo épocas que mataban millones de judíos en el
mundo. Ahora les toca a los Cristianos que en la Roma antigua también mataban.
Lo triste es que no aprendemos a respetar al que tenemos al lado. Prójimo viene
de “próximo” y el que está al costado tuyo puede ser totalmente distinto en
todo a vos.
-Papá
en esta Navidad voy a tratar de pedir para esa gente que no haya más guerra y
no tengan que irse a otros países lejos de su casa.
-Si
te metés en Internet, podés leer algo de todo este “rollo” pero cuidado, porque
es muy complicado. Mejor preguntale al tío de tu amigo: el “padre Bautista” y
que él te lo va a explicar mejor. Ahora a preparar ese bendito árbol de Navidad
que me da tanto trabajo y tu mamá quiere que hoy lo termine de adornar. Es 8 de
diciembre y se acostumbra desde siempre dejarlo puesto hoy. Tiene listo todos
los regalos para Noche Buena. Dame una mano Fito.
Tolón-tilín,
este cuento llegó a su fin.
ÁFRICA
En el principio fue silencio, oscuridad y soledad
Vino una Luci-Eva primigenia y apareó la vida
Construyó el Zahara, la sabana y la selva prieta
Se pobló de fieras, áspid y corzuelas. Hubo elefantes,
Cebras, pájaros y simios que transportaron fuerza.
Tribus abiertas en abanicos múltiples. Guerras. Sangre.
Hombres de piel oscura sobre oro, diamantes y más sangre.
Un amanecer de hoy provoca el ardor procaz de ser esclavos.
Negritud impotente desde fuera, desde adentro, muerte.
Mucha sangre corre por sus ríos y la selva se deshace
en destierro de belleza y crece el desierto.
África tribal y circunspecta donde aun se teme a los
espíritus
Donde se vende el osario de los niños albinos,
donde se canta y baila con ancestros peregrinos.
Ciudades cosmopolitas y chozas olvidadas con rostros
y máscaras antiguas, ruido y bullicio en calles atiborradas
donde se vende el alma por un mendrugo y agua limpia.
Pastores de ovejas, caravanas de camellos, políticos
turbios,
Misioneros de barba blanca y voz extraña invitando a un
templo.
Hay mucha sangre entre las tribus a pesar de los blancos
que se llevaron todo y dejaron el odio, sus flaquezas.
Hay niños de la guerra, territorios de HIV donde la muerte
acecha.
Hay maravillas de antaño junto al Nilo, templos de Etíopes
en piedra,
Construcciones enormes en ciudades que ocultan su belleza.
África desparramada en balsas por el Mediterráneo
huyen de la pobreza, el hambre y la falta de agua,
caen con su tristeza en territorios hostiles. Ajenos al dolor.
¿Qué le ha dejado sino la esclavitud o la esperanza, el
hombre blanco?
COMO YO TE IMAGINO
Sobre la
montaña de sueños coralino
un ave
migratoria te busca sorprendida.
Debajo de la
niebla habrá un mar de espuma
donde un rayo
de sol le mostrará el camino.
Sobre la vieja
ruta de añejas migraciones
estará esperando
tu mágica figura.
Debajo de los
cielos una mano extendida
recogerá las
flores de tus tentaciones.
Sobre tu piel
de niña de ojos sorprendidos
pintaré el
retrato del amor futuro.
Debajo de tus
sueños la imagen perdida
de un rostro
nunca visto.
De una fugaz
mirada, de una tenue sonrisa,
de una voz que
te nombre como yo lo imagino...
LA ENVIDIA
El comedor señorial esperaba el brillo de los comensales. Un encuentro
de seres solo interesados en mostrar su poder. Su riqueza en oro y suerte.
Cargando una enorme hipocresía, individualismo y soledad.
Risas apagadas, miradas que se entrecruzan con veladas invitaciones a
practicar deportes de tipo sexual. Exquisitos platos pasan por cada comensal.
El vino corre y el champagne desborda.
De pronto el dueño de casa se incorpora con una palidez azulada. De su albo
e impecable pantalón de lino blanco, una leve cascada de sangre cae en mancha
que se derrama jugueteando por los hilos. Silencio. El hombre se toma los
genitales y de entre sus dedos emerge un tenedor de plata. Agudos dientes se
incrustaron en su piel. Brilla a la luz de las arañas de cristal. No se anima a
arrancarlo. Cae.
Al mismo instante se desmaya una
joven modelo que estaba a la izquierda junto al bello anfitrión herido. Caen
copas y sillas de vino, manchando el bello mantel de encaje en bermellón, que inmaculado fue desplegado esa tarde. Algunos tratan de
ayudarlo.
La mirada extraviada de la esposa se posa en la jovencita y el marido
herido. De la silla a la derecha del sitio se escucha un raro sonido, es la voz
de la esposa del gerente de la empresa, que con fuerza aprieta otro tenedor de
plata lustrada. Corre hacia el jardín y en su falda manchas de sangre insinúan
su poca astucia. ¡Ella no pudo soportar las miradas del jefe a la modelito!
DE: TRASEGANDO HISTORIAS EN RITMO DE VINO
EL AMOR
INCREÍBLE
Solange no se llama Solange. Se
llama Rosa María. Nació pobre, pero hermosa. La madre la preparó para ser una
mujer dominante y con poder.
Así vivió desde pequeña.
Cuando cumplió la edad de presumir, la mandó a casa de una tía lejana, muy
adinerada, de la capital.
Luego, esa pariente la refinó, le
enseñó inglés y francés y la presentó en sociedad. Pasó a ser la muchacha más
amada y odiada del ambiente. Los jóvenes se acercaban para conquistarla, apenas
la veían. Las otras jóvenes de élite no podían competir con ella.
Bella, la mujer descendió del avión.
Sus largas y bellas piernas se contorneaban sobre la alfombra roja y los
tacones de aguja, hacían piruetas para evitar una caída sobre el breve camino.
La brisa insufrible batía el ala del sombrero que sostenía con gracia entre sus
dedos finísimos de uñas esmaltadas. La envolvía un velo de gasa que cubría el
pantalón de seda tai. Sin un gesto que mostrara, de modo alguno, el disgusto
que le producía ese vientecillo que le quitaba exquisitez, siguió recorriendo
el corto espacio que la separaba de la sala VIP.
Era una reina. Era Solange que llegaba para encontrarse con el
marido. Él había concretado ya, unos días antes los negocios, por los que
ingresaban miles de dólares en sus cuentas bancarias.
Un apuesto guardaespaldas traía
consigo el abrigo, su bolso de mano y los documentos. Nunca hacía trámites de
inmigración. Siempre tenía al secretario o al custodio de turno, para que le
prestara asistencia. Tomaba un refresco o café según, el clima del lugar y la
hora en la que la atrapaba el viaje.
Un coche esperaba para
entrar en la ciudad donde se alojaría por unos días. Su amado Gastón, la
aguardaba en el hall del hotel que había elegido. Siempre optaba por una suite
cinco estrellas.
Los vidrios polarizados, no le
permitieron ver que atravesaba una zona mísera y vulgar. Luego de varios
minutos de carretera, ingresaron en un parador. Esta vez no era muy lujoso,
sino una especie de cabaña cerca de un lago artificial. Enormes árboles de
roble, pinos y sauces, se mecían entre los cerros que armaban una corona
vegetal, protegiéndolos de la vista de extraños. Bien ambientado, el pequeño
refugio, semejaba una cabaña del Tirol. Pero estaba en Sudamérica y en el país.
Solange abrazó del cuello a Gastón,
quien pudo sostenerla sin antes quejarse de su excesiva demostración de afecto.
Frente al personal de servicio era inapropiado. En silencio, se compuso y le
expresó que extrañaba su presencia ya que, después de la ausencia, había tenido
varios compromisos que le produjeron angustia y el psiquiatra le había
aconsejado el encuentro en ese rincón. Gastón sonrió y le hizo un mimo extra.
Al retirarse el guardaespaldas, la tomó en brazos y la llevó hasta un sillón
junto a la chimenea y fue sacándole la ropa. El cuerpo estilizado y frágil, de
piel clarísima, quedó de un ampuloso color rojizo frente al crepitar del fuego.
Con el ardiente solaz del amor se durmieron abrazados.
Breves paseos por los alrededores le
hicieron disfrutar un clima inesperado. Fresco, pero con un sol radiante, el
aire le dejaba la tez seca. Para Solange, según su estilista, era malísimo, por
lo que Gastón, contrató a un grupo de masajistas y personal especializado en
cuidar a su mujercita. Llegaron con un
gran bullicio y alegría, pero pronto el celoso mutismo de Solange los hizo
aquietar.
Cada mañana se bañaban en la piscina
de agua termal, más tarde venía un desayuno preparado por la dietista y una
larga caminata, que dejaba a la pareja predispuesta al diálogo. Así comenzaron
algunas discusiones propias de un matrimonio que tiene poco para hacer y mucho
para disfrutar.
Gastón sentado en la terraza, que se extendía frente al lago,
permanecía ratos en silencio. Hablaba por celular cuando su mujer estaba
distraída. Luego, inventaba alguna excusa y salía en el Porche rumbo al pequeño
poblado con minúsculos pretextos. Siempre volvía con un regalo, chucherías, ya
que el lugar era bastante olvidado y apático.
Solange sentía que algo andaba mal. Llegó una nueva terapeuta y
sus masajes fueron originales. Llenaba la bañera de mosto o vino blanco y
tinto. Le hacía permanecer media hora inmersa en esa pasta viscosa.
Después, con las manos
enguantadas en fino látex, comenzaba a masajear desde los dedos de los pies
hasta la cabeza y se detenía en el cuello. Con suaves movimientos y presiones
hacía su tarea. Agregaba una charla amable sobre temas que despejaban la mente
de Solange.
Al tercer día, la hermosa
Solange, comenzó a sentir mareos. Cada tarde un sopor doloroso le daba espasmos
en piernas y brazos. Perdió el apetito y al ingerir alimentos sentía nauseas.
Al quinto día, tenía una visión deficiente y se mareaba. Gastón preocupado le
sugirió ir al pueblito por un médico. Solange se negó y prefirió que el galeno
se acercara al hotel.
Llegó un hombre mayor, con signos de ser alcohólico y cuya traza
impactó negativamente en la enferma. Lo despidieron sin más y decidieron
completar los días que quedaban de descanso, pero hicieron regresar a la
capital a todos los empleados contratados. Sólo quedó la terapeuta, por las
dudas que Solange no se sintiera bien. Así, cada día, cuando salía de su baño
de vino y mosto, su cuerpo estaba más y más dolorido y su mente confusa.
Tan mal la veía el joven
guardaespaldas, que comenzó a preocuparse. Trató de hablar con Gastón quien,
sonriendo agradecido, le explicó que debía ser por algún alimento que había
consumido en mal estado; o por el clima. Débil, la muchacha, ponía mucho empeño
en hacer de la estadía algo agradable y feliz. Cada vez se sentía peor.
Una mañana, al séptimo día, al tratar de erguirse de su lecho,
cayó sin conocimiento. La mujer que la vestía y le hacía masajes, la levantó en
vilo y la trasladó a la terraza. Allí el aire puro y el sol, le dieron un poco
de fuerza, Solange pidió el teléfono y por primera vez en años, habló con su
anciana mamá. Ésta sorprendida, al escuchar la voz casi imperceptible de la
hija, se desesperó. ¡Su reina estaba enferma!
Hablaron mucho. Hablaron
todo. Casi fue un encuentro de hermanas. La madre le pidió que observara cuanto
ocurría a su alrededor. Le sugirió que su esposo podía estar haciendo algo
dañino. Solange rió a carcajadas. ¡Gastón la adoraba!
Hacía unos días, le había regalado un auto flamante de marca
afamada, había tomado dos seguros altísimos, para cubrirla ante cualquier
contingencia, que le permitirían vivir siempre como lo que era, una reina.
Si llegaba a sucederle algo, Gastón, también cobraría una pequeña
fortuna. Y además había invertido, para ella, en dos cuadros de un pintor
llamado Kandinsky, famoso en New York.
A su joyero ya no tenía nada interesante para comprarle y hasta
había ido a Italia, para que adquiriera la indumentaria de invierno en Módena,
a un nuevo creativo que hacía furor en París en el mundillo de la moda.
La madre quedó en silencio y le recomendó que se cuidara. Ambas
dijeron todo el amor que guardaban y Solange se despidió, prometiéndole que,
cuando regresara a la capital, la buscaría para compartir un viaje a Madrid.
Esa tarde, después del baño de mosto
y vino, sintió un ardor enorme que le penetraba la piel, se desmayó y entró en
coma. Tenía los labios de suave color morado, los ojos de tono rojizo. La piel
verdosa le daba el aspecto de un fantasma. A las dieciocho y treinta, tuvo un
estertor y su corazón se detuvo.
Gastón le entregó a la mujer de los
masajes, un cheque por doscientos mil euros y dispuso que la llevaran
incinerada a la capital.
Los restos de vino y el
mosto en la bañera, fueron limpiados escrupulosamente por la masajista.
TOMERO
Cuida tu acequia tomero,
verde descuento de tiempo
venas de agua transparente
que fina cabellera enreda
color
de raíces blancas
rosas de rojo fuego
se deslizan entre el musgo
delfines de nubes prietas
los sauces espejan verdes
esterillados de ensueños
hamacando entre las ramas
escamas de su silencio.
Tomero ¿dónde ha quedado el clamor de la
alameda?
Ayer cubriendo la espalda
del cerro se fue durmiendo
junto a la sobria hojarasca
crujiente de la alameda
la figura esperanzada
de hombre de barro y piedra
oro ha sembrado a su paso
mezclando sudor y cepas.
Tomero ¿dónde ha quedado el clamor de la
alameda?
Yo he visto el cielo plomizo
demorado en la tormenta
He visto cerca al infierno.
cayendo con bronco hielo.
Entre las setas y hongos
que afloran en el suelo
el agua pura del cielo
regala viñas de ensueño.
Tomero ¿dónde ha quedado el clamor de la
alameda?
Llegará otoño a la tierra
los frutos de los viñedos
Arrogantes en sus taninos
darán color al racimo
que de los parrales cuelgan.
Vino nuevo en los barriles
añejándose en silencio.
¿Tomero digo tu nombre? Tu nombre es tan
sólo…¡Espera!
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