lunes, 1 de julio de 2024

LA ENVIDIA


                        Cuando llegó a la dirección que le diera Micaela, se recortó la figura escultural de Guillermina, que contra el enorme paredón del cementerio pareció un pájaro derrotado. Una lágrima de desencanto se desprendió de sus bellos ojos dejando un surco en el suave maquillaje sofisticado. Cerró los puños y con dolor comprendió el error, haber confiado.

Pecosa, de cabello castaño oscuro y ojos verdes, Guillermina era una nena de esas que en el barrio todos miraban. Tenía una sonrisa alegre y jugaba con destreza. Su padre tenía un negocio de comestibles. Su madre era una mujer simple. Adoraban a esa hija que había llegado casi cuando las esperanzas de amor se pierden.

                        Un día cruzó el farmacéutico y tomándola de la mano la invitó a jugar con su pequeña. Fue un encuentro feliz. Se hicieron inseparables. Micaela era hábil en el piano, con los patines, declamando y era muy hermosa. Juntas hacían las tareas escolares, aprendieron a jugar tenis, hacían gimnasia y disfrutaban de todo lo que el mundo de los adolescentes les llenaba la vida. Comenzaron a salir de compras y a bailar las matinés con los chicos de la escuela. Se enamoraban y dejaban de “amar” con el mismo ritmo de todas las muchachas de su edad.

                        El primer concierto de Micaela fue un éxito y su figura de niña frágil le atrajo un puñado de cargosos admiradores almibarados, que ella despendía con una chispa de superioridad. Guillermina la admiraba. Veía sus pequeñas manos jugar en el teclado y soñaba con tener la misma habilidad, pero no estaba dotada para la música. Se terminó su adolescencia con sólo dos diferencias: Guillermina había crecido y estaba altísima, su figura se destacaba por la perfección de sus medidas y Micaela quedó con su cuerpo casi infantil, sin curvas y de estatura normal. Los chicos del barrio le hacían toda clase de burlas pero ellas no hacían caso a los torpes compañeros. Las largas piernas torneadas, la cintura fina, los senos graciosos y la belleza atigrada de la primer muchacha era un suplicio inconfesado para la otra. Nada hacía parecer que Micaela sufriera. Pero la madre, que observaba, se preguntaba cuándo comenzarían los problemas.

                        Ingresar a la universidad les dio un respiro. Se trasladaron a la capital, alquilaron un pequeño departamento y cada una comenzó la carrera elegida. Micaela además continuó sus clases de piano en el conservatorio nacional con maestros de prestigio internacional. Mientras estudiaban no tenían tiempo para arreglarse, sí para sentirse acompañadas en ese mundo insólito de la gran ciudad. En sus ratos libres, Guillermina completaba sus clases de idiomas extranjeros e hizo un curso de modelo a sugerencia de otras compañeras de la facultad. Cada día estaba más hermosa.

                        Ambas recibieron su título con honores. Eran ganadoras en todo...pero, Micaela veía celosa, cómo su amiga atraía la mirada de los hombres que a ella le interesaban.

                        Regresaron esas vacaciones a su pueblo que las recibió con ardor y sorpresa. Eran un orgullo para todos. Así fue que el día que se llamó a un casting de animadoras para el canal de TV. de la pequeña ciudad, Micaela le dio a su amiga del alma, una dirección equivocada y ella apareció en el programa mostrando todas sus habilidades. Es lógico saber cómo murió esa amistad.

 

                                                          

 

 

 

viernes, 28 de junio de 2024

EL PODER

 

            ¡Tener dinero te dará poder! Ese era el lema de su familia. Habían trabajado como mulas en los tiempos lejanos, hasta que la suerte los tocó. La abuela Herminia, se ganó la lotería y con eso comenzaron las artimañas para conseguir mucho, mucho dinero.

Se mudaron a un barrio muy “paquete” y se agregaron apellidos que parecían plaquetas de brillantes en la frente.

            Compraron un caserón y llamaron a un decorador que era famoso entre los famosos. ¡Para eso estaban las revistas de chimentos! Vino con un ejército de ayudantes y dejó la casa como la de unos verdaderos magnates.

            Les llovían las invitaciones a cenas, bailes e incluso los instaron a hacerse socios de un club exclusivo. Ropa nueva, calzado a la moda, peluquerías caras y cambio de colegios. ¡Los públicos, son para los pobres! No importaba si aprendían o no, los hijos, pero se hacían de amistades de ilustres.

            Así pasaron un par de años, con ciertos negocios que les dieron más dinero, consiguieron aparecer en los espacios más prometedores del poder. Un grupo de vecinos le propuso a don Silverio para que se presentara como concejal. Y aceptó, así fue votado en una lista y comenzó su carrera como político.

            De puerta en puerta, de barrio en barrio, abrazando ancianos y niños, besuqueando mujeres que lo miraban asombradas porque les besaba la mano, fue siendo popular.

            Mientras tanto conseguía más renta y más dinero que solicitaba para la “Campaña” para poder llegar al poder.

            Ya no manejaba el auto, que había cambiado por uno de última generación, el compadre que recogía los sobres era su chofer.

            Le habían preparado una oficina con banderas y carteles de un partido nuevo que prometía mil falsedades. ¡Total cuando se llega, nadie se acuerda lo prometido!

            Y un fatídico día, salió ganando en elecciones y llegó a gobernador. El despilfarro de los que lo rodeaban era incalculable. Pero él, tenía poder. Se enemistó con gente preocupada por la felicidad del pueblo. Puso cargas económicas infernales y cerró negocios que se adherían a sus propuestas.

            Un día, desde una moto, pasaron unos tipos envueltos en cuero negro y metieron dos tiros por la ventanilla. ¡Adiós poder! La muerte fue acallada. Nadie investigó seriamente y hasta hoy se habla de don  Silverio el que quiso tener el mundo entre las manos y lo perdió todo en un momento.

           

 

LA CORRUPCIÓN


 

            Dejó pasar el tren dos veces antes de subir al que había elegido. Desde niño supo que se quedaría con ese hermoso edificio de la ciudad donde vivía esa anciana de mucho apellido y medio excéntrica. ¡Claro que ella no se daría cuenta de la maniobra!

            Todo comenzó el día que su tío que trabajaba como sereno en el edificio del casino le contó la historia. Doña Primitiva es viuda y sin hijos. Viene de una familia de rancia estirpe. Siempre la lleva el chofer a una casa de campo que tiene en las afueras. Ella va con su caniche. No tiene familia y a mí me llena de billetes para que la cuide cuando sale.

            En el verano, antes viajaba en un auto descapotado a un lugar hermoso de la costa. Me contaba que el único problema era la arena que con el viento solía meterse por todos lados. Me pidió que le consiguiera una acompañante y la charlé a la muchacha que vive en el tercero “C” que es una aprendiz de bailarina. Ella encantada se fue con la señora y cuando regresó, venía que parecía había tocado el cielo con las manos. Le había regado hasta un abrigo de piel de zorro nuevo que ella ya no usaba. Ahora que cumplió los ochenta está más sola y enferma. Yo te digo es un tesoro en bruto la vieja.

            Así comencé a pensar cómo podía meterme en su vida. Doña Primitiva debía haber nacido en algún lugar y según comencé a investigar estuvo casada con un hombre muy adinerado que adoraba viajar. A veces ella no lo acompañaba. Para averiguar mejor fui al registro civil. Allí me presenté como ayudante de su notario. Les inventé una historia y el viejo carcamán que atendía por no molestarse en trabajar un poco más, me puso en las manos un montón de papeles sobre la vida y haberes de la señora. ¡Claro que le deslicé unos cuantos billetes! Y  ni me hizo firmar el cuaderno de entrada.

            Así me enteré que tenía tres departamentos en pleno centro, alquilados por monedas y que sus inquilinos le enviaban con el chofer, un viejo que se caía a pedazos.  Ella no los conocía. Supe de los campos en Chivilcoy y de unas minas en San Luis que según decían los papeles eran de oro, sí, tenían oro. Luego de sacar fotocopias de las escrituras, le agradecí en nombre de la señora Primitiva Méndez de Petrichelli, y me subí a un taxi. Llegué a la pensión y me puse a estudiar los ventajosos escritos.

            Pensé en inventar una vida nueva para mí. Yo era el hijo “bastardo” del viejo Petrichelli. En un viaje se había enamorado de una bella cantante y me había concebido sin que ella supiera. Me inventé un nombre bien tano y luego de averiguar, me dieron el nombre de un oficinista que por unos cuantos pesos me haría una partida de nacimiento en calle Uruguay. Me inventé una fecha aproximada de un viaje que mi tío le había preguntado a ella cuándo viajó a Europa y luego de varias idas y vueltas, porque el tipo no era ningún tonto le pagué el doble y me dio una nueva historia donde yo era hijo “ilegítimo de don Aurelio Petrichelli”.

            Dejé pasar unos meses y me presenté con la anciana. Me había comprado un traje de marca, zapatos “gamuza”, camisa de seda y hasta pasé por una peluquería de fama.

            Cuando llamé al departamento, salió el chofer casi ciego y me miró con cara de asombro. -Soy el hijo de Aurelio Petrichelli, y quiero hablar con la señora Primitiva.- Casi se cae de culo.

            Me llevó a un anticuado living y allí, apoltronada con el caniche que me ladraba feroz, estaba la mujer. Me hicieron tomar un té en vajilla de porcelana que en mi vida había usado. Le hablé de “papá” y le pedí mil disculpas por venir a arruinarle la paz de su vida… pero ella estaba feliz. ¡Hasta me encontró parecido al difunto!

            Yo le conté que una vez me había llevado a conocer la casa de la playa, claro, por mi tío sabía como era. Él, tenía un excelente detalle por la muchacha del 3ª “C” y entonces se secó unas lágrimas y me comenzó a contar historias de la casa. Yo me moría por dentro de risa.

            Volví con bombones y flores y me fue dando cada día más confianza. Me dijo que pensaba que por fin los bienes quedarían en la familia y que no le importaba que fuera de una escapadita de su marido que era un santo.

            Tuve que inventarme un viaje de trabajo y por supuesto con mi tío, nada. Él, recibiría su buena parte de lo que yo me quedaría. Llamé a un abogado conocido al que le pagué con la escritura de uno de los departamentos cuando Primitiva se fuera de este mundo. Firmó totalmente feliz, la pobre vieja. Un día que fui a comer con ella estaba hecha harapos porque su chofer se había muerto. Entonces ahí mismo me regaló el “Mercedes”.

            Cuando cumplió los ochenta y tres, le dio un derrame y mi tío la encontró muerta en el departamento. El caniche a su lado le lamía las manos leñosas y frías. Lo saqué de ahí y la chica del 3ª “C” se lo llevó. Enterré a mi” Madrastra” y me instalé en el departamento. Un amigo que se hizo pasar por abogado y escribano, sacó a los inquilinos del departamento que me quedaba y el otro se lo di al falso abogado. De un día para el otro fui dueño de campos casas y hasta del chalet del mar. Mi tío ahora vive como un “bacán” y yo acepto que nadie podrá demostrarme que hice, porque la corrupción de los oficinistas no me puede inculpar nada. Ellos caerían conmigo y como están bien Untados… todos están felices.

 

 

 

 

MI ASNO, LA CACHI Y MI YEGÜA...PADRINO, TODO LO QUE TENGO


 

            El padrino me dijo... Emeterio baje al pueblo. Y yo voy y me hago el sonso, porque me da miedo ir por ese lugar, hay muchos derrumbadero y si me caigo...me muero. Y yo no quiero morirme ahora, tengo, como dice el padrino que llegar hasta ser grande para poder criarme. Ese mnosquito que me sumba y me sumba parece una maquinita loca pero me trata de picar y robar mi sangre. Hablando de sangre recuerdo que la Fortunata me mostró la sangre de una gallina que degolló con el cuchillo del padrino.¡Me dio un asco...y casi me doy vuelta a puro vómito! Odio la sangre desde ese día. Si hasta el padrino vino corriendo para ayudarme. ¡ Como ayuda , yo ayudo a todos, aunque me den de rebenques! ¿ Yo me pregunto...por qué a mí me dan de rebenques si contesto o protesto, si el rebenque es para los animales? ¿ O tal vez yo, que no tuve madre, ni padre...soy medio animal...o bestia como me dice el Filemón Ríos? Él sí que sabe de animales. El otro invierno ayudó a la Carmela a parir. ¡Linda vaca la Carmela, lástima que ya es vieja, bueno un poco vieja, nomás! ¡ Puaj...! Y dale conque tengo que ir con "Lucerito" y la " Perla" por el camino que rodea la sierra. Allí, en un lugar medio escondido está el mismo" Mandinga", yo por las dudas me hago la señal de la Cruz como me enseñó el padrino. No sea que el demonio se me presente en el camino y me pare y me quiera agarrar del hombro y yo no pueda correr...Y si ahora voy corriendo y le digo a mi padrino que no puedo porque el mismito mandinga se le presentó al Filemón en la sierra hace como dos veranos. ¡ Cómo me gusta el verano...voy al río con el hijo del padrino y en un remanso nos bañamos! ¡Nos columpiamos en las ramas verdes de los sauces verdes y caemos al agua haciendo ruidos como si fuéramos patos! ¡ Al agua pato...grita el Fabricio, y allá vamos con todo nuestro cuerpo desnudo al remanso de agua fresca. Agua medio marrón por nuestro entreverar con la arena y el fango! Amo el río. Odio el despeñadero que circunda la sierra por donde tengo que bajar con la carga que manda el padrino a Don Modesto Rufenero. Ese hombre ladino. Le miente a mi padrino y él, tonto, no se da cuenta. Yo sí, y le digo " viejo chancho por lo bajo. Como es medio sordo o se hace, no me entiende y me empieza a preguntar ¿ qué digo? Y yo en la misma cara le digo que nada que estoy resfriado o me duele la pata o qué sé yo. Ya sé ...no tengo que mentir. La Fortunata, dice que me voy a ir al infierno si hago eso, pero quién se porta peor...eh, yo no lo quiero a Don Modesto...lo ví tocar las ancas del Fabricio...bueno, fue más feo, le tocó allá abajo...y eso es más malo que mentir. Lo que pasa que el Fabricio es muy rubio y tiene ojos muy grandes y es más chiquito y no sabe...pero ese viejo de mierda , si yo no me avivo, quién sabe qué le hace...y yo ahora tengo que llevar la carga en la yegüa y el asno. ¡ Claro, a mí no me dá caramelos y me invita a la casa...soy feo y soy lerdo, pero no soy tonto! El viejo lo quiere al "niño". Yo hoy no me lo llevo. Otra cosa le digo, que en el cerro hay víboras o está el demonio. El demonio es ese viejo inmundo. ¡ Qué calor me hace! Pensar que podríamos irnos con la "Cachi" a jugar a la pelota en el bajo. ¡ La " Cachi" está flaca pero es de tanto correr! Mi perra buena. Corre conmigo siempre que me mandan. Yo no quiero ir a lo de Don Modesto. ¡ Padrino...mande al Rufino o al Filemón que son grandes, yo tengo sólo diez años y tengo miedo ! Tengo miedo. ¡ Mamá dónde estarás mamá? Te necesito mami...te necesito. ¡ No se cómo escaparme de ésta! El otro día cacé dos pájaros con plumas amarillas y se los llevé a la Fortunata y los metió en una jaula. Yo al viejo lo metería en una jaula. ¿ Qué manera de cantar los pajaritos y eso que estaban en jaula ! Me encanta correr por el monte. Ser como el viento. Ya voy, vamos...tengo que llevar la carga rápido. Arre... ¡Vamos...Lucerito, vamos Perla...rápido Cachi el diablo nos espera...

Me gusta cantar.¡ Qué bonito es mi niño...que bonito...como una lamparita...me dá su...¿ cómo dice la Fortunata, cuando canta? Bueno arre... arre...

 

LA CRECIENTE...

 


            " A yaposé curí mi amiga un payé de los buenos" - dijo la Lochá Yaharí, mientras se secaba las manos en el delantal de algodón sucio como el río que se agrandaba en la tarde. San la Muerte te va a hacer una ayuda sin tu Belarmino...él, el santo, será el que te lo traiga enterito.

            Las lluvias, arriba, continúan, Lochá, es una india pura, médica para la gente del monte. Ella sabe leer las nubes, el destino .

             No me dejó la canoa el Belarmino y me veo venir las aguas. Lochá ¿ qué hago?

            A yaposemo una temime´ë apiraí con el alma india de los antepasados. Ellos están acá y te van a cuidar los cunumíes. El cielo llora mujer. El dios de las tormentas está enojado con los hombres blancos que no le creen. Vení mirá en la piré apecué de este coco. Ese color violeta es de los demonios blancos. No llorés vos también Natí, que los santos no quieren lágrimas sino rezos. Tu frente limpia es lo bueno en esta cosa. Ya volverás a tu rancho. El tiempo de piedras duras sin tierra para labrar se te va a ir achicando, ya verás. San la Muerte es infalible.

            La vieja Lochá Yaharí, médica para empachos y dolores de toda ídole puede curar las almas de los desgraciados. No puede con la autoridad. Eso nó. Ellos la persiguen porque no entienden...en su altar está el Dios de los cristianos y el de los guaraníes. Vive aún junto al río, en el palmar caliente cerca del arenal. Su rancho es de los buenos. De chorizos de barro y quebracho colorado que le traen los hacheros cuando las yarará o la ñacaniná los muerde y ella con sus menjunjes los cura o los ayuda a morir.

             La Natí quiere volver a sus mandiocas, a sus avatí dorados de dientes dulces, a susca´ ávó que plantaba para los cunumí y el Belarmino. Ahora nadie la escucha. Y la casa la ahoga, la mata y nada ni nadie la ayuda...Ahora vive en la ciudad en una casita de un ambiente de cemento. Alguien vino de la ciudad con ideas modernas. Le llenó la cabeza a la gente con promesas. Ahora no puede tener gallinero, ni criar carpinchos huachitos para comer cuando no hay changas. ¡Por eso y sólo por eso se fue río arriba a la casa de la médica! Curame el alma vieja. Curame la vida de tanto pueblo. De tanta baldosa y ruido de coches y gente. A mi me gusta el aroma de la tierra húmeda, de los sauces verdes...del río de color de cielo. Me gustan las tormentas cuando explota el nuberío con color de fuego. El canto de los terus, de los chajáes y de los cardenales en sus nidos. Ayudame vieja. Que mis cunumíes vuelvan a jugar en los pajonales, cazando chicharras, pescando mojarras... Igual nunca podrán irse donde el maistro...vieja; haceme un payé. Payé de los buenos.

            -Natí tomá el payé y mi canoa, andate rápido si querés salir de la tormenta. El río huele a muerte este mediodía. La monta será muy alta. Ya la huelo. Ya regresará tu hombre. Rezá mucho mujer. La virgen de Itatí será mandada. Corré.

            -¿Y vos Loché qué vas a hacer?...Si no venís conmigo te llevará el río...

            - Llegó mi tiempo de ser parte del barro y de los montes. No me puedo ir. La ciudá, vos sabés, me mataría. Vos hacelo por los cunumíes. Remá mujer sin mirar p'atrás. Andate.

            La Natí corre como flecha errante. Aprieta con fuerza el payé de caburé y seibo. Lleva atado al San la Muerte al pecho. Tiene que salvar a los cunumí que lloran...¿ Dónde estará el Belarmino que subió al obraje a buscar la changa. Corre la canoa...corre y el viento le atrapa la desesperanza.

            ¿Qué harás muchacha de la tierra? Esperar...tal vez alguien te escuche.

                                                            

SERENA EN TU AUSENCIA


Han pasado los días y no veo tus manos.

Han pasado las noches en silencio

Tú sabes que espero tu regreso.

Siento el cuerpo flotando en ráfagas de espuma

es tu mar de promesas que encalla entre mis aguas.

Desiertas, están desiertas las arenas.

Una nave de plumas de aves solitarias, se mueven silenciosas

en el mar y las dunas.

Tú no regresas aún, te espero y no regresas.

El dolor de la huída se expande entre las nubes.

Mi mirada se pierde en las fieras colinas.

Murmuro la consigna.

 Tu nombre.

¿Qué extraña extravagancia el nombrarte?

Han pasado mil días de cielos tormentosos.

He callado mi pena.

Te espero tan serena como las aguas suaves de este océano blanco.

Hay espuma en mi playa. Hay gaviotas doradas.

El sol azul de espera se agiganta.

Estoy nuevamente serena.

Un nuevo rey, un nuevo laberinto.

 


                                              

                                                                       Homenaje a Jorge Luis Borges.

                                                                                  Dos reyes, dos laberintos.

                                                                                                          El Alef.

                        Yo sabía que este iba a ser  mi  destino.El destino de los hombres de la tierra árida y desértica de la Payunia .Le cuento sin miedo ni remordimiento. Todo comenzó por allí cuando comenzaron a secarse los pozos  y las aguadas en el campo. Los crianceros principiaron a despachar pal poblado a sus mujeres,  hijos y a malvender las majaditas flacas y deformes por la sed .Yo me negaba a aceptar el destino y seguí peleando hasta que un día en lugar de agua saqué arena finita del pozo . Me largué de allí con un sol  ardiente como el diablo y llegué a la  huella donde pasaba el camión que lleva agua para la mina de los gringos. Ellos me levantaron  a los días y me llevaron hasta el lugar donde se puede ir al pueblo y un hombre que iba en el camión me dió un papelito y me dijo que si me acercaba al lugar que me decía el papel seguro tenía mis problemas  arreglados .Yo fui y un hombre me subió a un auto que parecía un pájaro por grande y rápido me llevó a la ciudad y ahí sí que me empezaron las penas. Había gente por todos lados y gritaban y en todos los lugares había  luces de colores y más ruido y después me dejó solo en un galpón enorme, donde habían apilado unos colchones y me mostró un  cuartito donde había un asiento blanco y me dijo ...el baño y yo nunca vi algo igual y no sabía usarlo. Después puso un aparato en el piso  y me dijo que si alguien lo llamaba anotara el nombre y todo lo demás yo no le pude decir que no sabía leer y nunca ei escribido en mi vida .Se fue y me dejó solo y el aparato chillaba y yo ni sabía que hacer.Tenía hambre, tanta, que caminé por todo el galpón y no encontré nada y me dormí así sobre el colchón  y cuando llegó de mañana ese hombre se reía ,reía de lo que yo le decía . Yo no me enojé tanto esa vez pero después pasaron muchas cosas y ahí empezó la rabia vieja rabia que ladraba como un perro rabioso.

                                   Y lo convidé al campo un día que me dijo...che  Negro ...él le decía así a todos en el galpón, llovió una semana seguida en San José deben haberte crecido hasta helechos y yo sentí acá como un odio grande que crecía y entonces le dije que si era macho se viniera a cazar el lión conmigo allá y me dijo sí de puro osado. Y nos fuimos en un auto del que tenía todos los aparatos que según él lo festejaban  y le mostré el desierto donde viven los pumas y los perros salvajes y le gustó y quiso quedarse y yo lo dejé. Cada hombre tiene derecho a elegir como distraerse. Allá se quedó y el agua que vino se fue y ya no sé.

                                   Por eso estoy acá, en este lugar algunos dicen que yo lo dejé a propósito  que debí quedarme con él ¿Usted Don qué cree?.