viernes, 9 de febrero de 2018

ME PREGUNTO


Me pregunto

¿Dónde quedó el jolgorio de piernas movedizas
el sonido granate del viento que eternizaba
los álamos dorados?
    Una muchedumbre ruidosa
deslizaba su ira.

Ayer con la horquilla o el tridente
dominaron las raíces
se cortó el aire cálido del alma con un cordón de plata y
floreció en llovizna de palabras de odio
que pronunciaron los fantasmas ciudadanos.
Nadie queda en la calle solitaria.
Un panfleto, una bandera
una esquina sin nombre en el desierto
pasiones.
Nadie, no quedó nadie.
Sin embargo somos prisioneros de los sueños

derrotados.


lunes, 5 de febrero de 2018

LA CASA DE PIEDRA NEGRA



             Tgum Pu caminó por la aldea sin mirar a los hombres que le sacaban la lengua. Estaba manchada por los diablos blancos, a quienes les vendió sopa y leche agria. Viuda con cinco bocas para alimentar, la suegra la echó al creer que era culpable de la muerte del hijo. Enrolló la alfombra de lana de yak y entre sus ropas ocultó el bulto en el que envolvió la ofrenda para la stupa en la montaña cercana al caserío.
Caía descamando piel de la palma de las manos en cada paso que hacía, sangraba con cada roce de la frente entre las piedras. Sus pequeños hijos caminaban silenciosos a pasos detrás de ella.
Las nubes bajas humedecían sus prendas de lana tejida con lana de los animales, pocos, que aún quedaban del rebaño que le había dejado el difunto. Un grupo de gurkas se aproximaba.
El terror le impidió continuar con su procesión. Se detuvo a un costado abrazando a los pequeños, que sin saber las consecuencias, le sacaban la lengua evitando los demonios y el mal de ojos. Les daba la espalda, pero uno de los hostiles mercenarios la ofendió tirándole tres o cuatro piedras. Era una mujer. Viuda y pobre.
 El pánico le impedía moverse. Cuando se alejaron, escupió la huella que dejó cada bota. Eran diablos armados con hierros traídos de China. Contó cinco pisadas. En todas salivó siete veces para evitar el maleficio. Ellos habían emboscado a su marido para robarle. Lo mataron a palos.
                Siguió luego con el sacrificio. Aplaudió en cada stupa donde agregaba un guijarro nuevo, puso un trozo pequeño de manteca agria de búfalo en la cima de las piedras y enarboló un pequeño rehilete con signos que, según le dijo el “lama”. Le había cambiado las preciosas banderolas por la túnica de su padre muerto. Tal vez con ello lograra la promesa de mutaciones para su triste vida.
                La lluvia descargó la furia sobre la mujer y su cría. Un chubasco porfiado sobre la tierra comenzó a concentrar agua en arroyuelos barrosos. Persistió fatigando los pocos pastos y arbustos que se desprendían arrastrados hacia un nuevo río. Ese feroz fárrago llegaría al Ganges.  Tgum Pu y su prole estaban empapados. Los pobres cueros que había fabricado la mujer como calzado, se deshacían en las piedras y el agua.
El más pequeño, sollozando, pidió quedarse allí, pero su madre sabía que si la noche llegaba morirían congelados. Al pie de un runa se cobijó con los niños, poco fue lo que logró evitar el agua. luego cuando todo pasó miró hacia el alto de la montaña y su corazón estalló en alegría y fervor. 
Frente a ella apareció un pequeño templo. Albergaba al “Buda” de Bahadur. Solitario entre los peñascos con su mirada atenta, la figura dorada, observaba el camino. La esforzada promesante dio cobijo a sus retoños.    Después continuó el trayecto cayendo cada tres pasos y aplaudiendo al dios de la montaña sin desmayar. Hasta que agotada, se desplomó a los pies de un lama.
                Éste contempló la inmolación y le sostuvo la frente ensangrentada. Sahumó con incienso el cuerpo aterido y entregándole una manta de cachemir que guardaba en un arcón la consoló en silencio. Ella apenas podía balbucear rogando por los niños. Otros monjes del santuario se apiadaron de los pequeños y salieron en medio de la tormenta para auxiliarlos.
                Se quedó dormida sobre una alfombra de yute. Cálido el fogón despedía pequeñas chispas perfumadas. El olor del té y el arroz con especias penetraba el templo. Ella ensoñó que había llegado al Myamma, la Tierra de los Sueños Dorados. Pero todo era una ilusión. Obligada por la férrea regla búdica, dejó el solar sagrado y partió pasada la tormenta monzónica.
                Sólo pudo dejar a sus tres hijos varones. Allí estarían protegidos de los satánicos hombres del Sur. Partió a la aldea, con las niñas que la siguieron para cumplir su destino de “innecesarias”.   

VOCABULARIO:
Yak: bóvido típico del Nepal, parecido al búfalo y de cuya piel, carne y leche dependen los nativos del Tibet.
Stupa: pequeño altar de piedras que se levantan en los caminos con banderolas y guirnaldas de colores.
Gurkas: tribu hindu-mongol que superó en las guerras a los “newas” verdaderos naturales de Tibet.
Rehilete: especie de banderolas de tela de seda o papel, que tienen la característica de ser verticales.
Lama: monje o sacerdote de la religión “budista” cuyo máximo modelo y Jerarca es el Dalai Lama, hoy habita en India por razones políticas.
Buda de Bahadur: Estatua de un Buda perteneciente a la dinastía de Jan Bahadur (1846-1951) gobernantes del Tibet en Nepal.
Innecesarias: Parias, en general en las sociedades provinciales de países con regímenes medievales y patriarcales, la mujer es considerada de menor valor social y económico. En algunos países se cree que no sirven cuando enviudan

JUGANDO CON UNA PELOTA DE TRAPO

La calle es tan ancha que podemos jugar un picado. El Pedrito marca con las alpargatas los arcos. Manuelito, con zancadas mide la distancia entre arco y arco y discute porque son muy cerca. Borrón y de nuevo se marca uno de los arcos. La Chuni trae agua limpia en una botella de cola y la deja al lado del Gordo para que se refresque, no vaya a darle el ataque de asma. Lo cuida como que su hermano la deja jugar de vez en cuando.
         Pasa un coche y levanta una nube de tierra, pero no empaña la ilusión del picado. El Chiche, es el diez. Es el único que fue al club a aprender fútbol y les enseña las reglas en serio. En el “colegio” la maestra de gimnasia no los deja hacer fútbol, dice que no está en el curtículo. ¡Che, no digás palabrotas delante de mi hermana! Grita el Gordo porque el Chiche le dice “estúpida” a la Chuni al patear despacio.
         Los chicos juegan toda la tarde. La mamá de Chiche los llama a tomar el yerbiado. Dejan la pelota de trapo en la vereda y corren. Manuelito está dolorido, se le rompió la zapatilla y tiene un dedo con sangre. La Chuni le lava y le pone un trapito limpio. Los ojos de Manuelito son una fiesta. Más tarde seguirán jugando. Después irán a hacer las tareas, ahora es tiempo de recreo.
CURTÍCULO: CURRÍCULA

YERBIADO: MATE COCIDO, INFUCIÓN DE YERBA MATE.

MIRADAS AL MUNDO

 EN EL BARCO QUE REMONTABA EL RIO NILO UN ÁRABE BAILA UNA DANZA TÍPICA.
 ASÍ VEÍA UN IMPRESIONISTA LAS BAILARINAS EN PARÍS EN EL SIGLO XIX
LAS MUJERES DE COLOMBIA CON SUS TRAJES TÍPICOS, SI LE PIDES BAILAN SUS DANZAS EN LA CALLE DONDE COCINAN Y VENDEN SUS APETITOSOS MENÚES.

ODISEA

Recién escucho el paso pesado de los botines de los guardias. Sólo me queda esperar que golpeen o rompan la puerta, que si bien es de seguridad, ellos tienen la manera y modos de hacerlo. ¡Mi hija! Ella tiene el síndrome de “Perpej” y nada se puede hacer, es la enfermedad nueva que introdujo la “Cofradía”. Si la llevan será pasto de fieras arcaicas.
No habían llegado hasta acá por ser yo, la embajadora de una sociedad comunitaria de varios países extinguidos; pero vienen tras mi marido el único especialista en particiones cuánticas que ha quedado vivo.
Hemos subsistido gracias a su necesidad de especialistas. Somos la última familia católica romana que sobrevive a la “Construcción Internacional de los Mayoritarios”. La era de la vida anterior ha desaparecido tras una lucha tenebrosa, turbia y ambigua. Según fueron cayendo los países, mataban a los que intentaban sobre vivir y cuidar las costumbres. Lo primero que destruyeron fue Roma, luego fueron cayendo uno a uno los demás países. Borraron de la tierra la humanidad caritativa. La lucha fue feroz. Los ancianos y los niños eran decapitados y los jóvenes y adultos esclavizados a favor de inmensas propiedades que arrebataron a la gente y que usaron como propias. Plantaron vegetales alucinógenos y luego perforaron montañas y valles buscando oro, plata y metales útiles para sus armas letales.
Luego vino la peste. La enfermedad la habían creado en laboratorios clandestinos y largaron en el agua de ríos y lagunas las sustancias transgénicas que desbastaron pueblos enteros. ¡Claro que no querían que se ayudara a los contagiados y cerraron los edificios públicos donde la gente podía acudir a buscar remedios para esos extraños males!
Donde hubo una pequeña defensa de la población venía el fuego que arrasaba con todo. Los únicos que se preservaron fueron los cofrades y sus legiones de robots asesinos.
Ya casi están en mi sala. Ellos no tienen barreras para destruir. Mayrin, mi pequeña en su silla se estremece. Yo la abrazo y acuno con todo el valor que me queda. El olor acre de la materia con que están fabricados los “hombres soldados” penetra mis entrañas doloridas. El miedo pernicioso me activa las pulsaciones cardíacas. Mi esposo trata de resguardar sus instrumentos y los escritos que contienen los trabajos de años de indagaciones científicas. Además protege los libros de antaño, esos que fueron la inspiración de grandes investigadores que está seguro, serán quemados en hogueras.
Todo comenzó con un grupo de fieles religiosos de oriente. Hicieron tantos atentados terroristas que la gente comenzó a dejar de asistir a oficios y reuniones, escondiéndose en sus hogares y restringiendo el contacto con otros vecinos. Luego se fueron despoblando las escuelas. Se compraba por teléfono o Internet, llegaban los objetos o compras por medio de “drones” que atravesaban los cielos. Las transacciones bancarias eran todas por medio de claves en las computadoras. Todo trabajo se hacía desde los hogares. Eso fue aprovechado por los ingeniosos “cofrades”, una banda de mega sicóticos que robaron las claves y dejaron al desnudo la vida de las poblaciones. Cayeron gobiernos democráticos y dictatoriales. Hubo un tiempo de caos, pero se creó la  “Construcción Internacional de los Mayoritarios”. Bandas de obscenos marginales bandoleros con ínfulas de poder.
Ya están junto a mi habitación. Dejo inscripto mi nombre en la pantalla por si en un futuro alguien puede leerlo, ¡ah! Y el de mi hija y mi esposo. Yo me llamo Myrian Magdalena Mateos, mi niña Mayrin Luz Mateos Parilmüter y mi amado Gustav Ranny Parilmüter.

Enfrento a los robots y me observan asombrados porque no han visto nunca una madre abrazando a su hija enferma. Se han detenido y titubean. Una luz roja comienza a desplazarse por la habitación y suenan estridentes sirenas en los alrededores. Algo ha sucedido y ellos salen retrocediendo con pánico. Algo inesperado los ha detenido. ¿Estaremos salvados por ahora? O sólo es un suceso inopinado los retrajo y regresarán. Juntos esperamos el futuro, juntos y orando a un Dios que no existe para ellos y es nuestra gran fuerza. 

LAS LLAVES

Con una llave de azahares abriré el espacio del silencio

con una copa de vino llenaré mi alcoba de suspiros

Con una estrella iluminaré el camino hacia la noche

Con los capullos de sonrisas alcanzaré la cumbre de la vida


y miles de servilletas de lino amarillo volarán por el espacio

con girasoles azules que se moverán en la niebla tibia

una sarta de perlas rodarán por las ventanas dejando rastros dibujados

las manos castigarán las voces con magníficos colores.

Entrégame las llaves, los cerrojos se abrirán como huecos infernales

me darán un beso y caerán las plumas de mis alas.

ESPERANDOTE

Si es cierto que existe una muerte acompasada

en cada solsticio de domingo

una muerte frugal

yo estaré allí esperando

las manos quietas y dormidas en el regazo de la noche


como las manos de aquella que pronunció mi nombre.

y me dejaré caer por la calle empedrada, el camino sediento

de una estrella fugaz que me traiga una esperanza.

seré azul en el fuego o naranja en la nieve

seré amapola en las piedras con locura de incienso 

trataré de seguir la traza del arco iris que termina en la nada

seré cascabel de carnaval de febrero en una aldea escondida

perderé el miedo al olvido

te seguiré esperando, allí en ese camino cualquiera.