Comenzó a pintar un cielo azul. Pero no había visto desde hacía mucho tiempo el cielo. El encierro. La locura. El silencio. Etelvina. ¿Está caso bajo el mismo techo? Siguió pintando. Un cuadro, otro y otros en colores de cielo, de libertad de augurios. Recordaba a lo lejos, cuando cerraba los ojos la casa de su abuelo. Era tan cálida y perfecta como la canción que escuchaba desde su lecho.
Escuchó los pasos de una persona que se acercaba por el largo pasillo de la clínica. ¿Qué le traía ahora? Un sueño. Una larga lista de pequeños recuerdos enmarcados por láminas doradas. Un libro. Esos que solía traerle Etelvina con ilustraciones de parques o de bosques en invierno.
Se bajó de la cama hasta quedar en el piso acolchado de espuma. O era sólo un sueño. ¡No importa! Viene como un pájaro de esperanza. Se detiene e ingresa. No es Etelvina. Entra un hombre de blanco. Y mira mi ventana azul, sin vidrios ni cerrajas. ¿Cuántas pintaste hoy, me dice? Lo miro sorprendida. No lo conozco y él, sabe que mis ventanas azules vuelan en los lienzos.
Me acerca un vaso con agua clara, transparente como su mirada curiosa que se posa en mis telas. ¿Qué bien pintas! Y ríe. Está por darme otra de esas pastillas que me da Etelvina y que yo guardo en mi almohada. Escondidas, por cierto. Cómo haría para pintar ventanas si tomara esas pequeñas cápsulas que me quitan el sueño y no puedo volar a través, de los vidrios azules, de mis ventanas al cielo.
Son de color rosado. Me las pone en la mano. Son distintas a las que guardo. Prueba, me dice, estás te harán soñar con pájaros y flores! Y las tomo. Y de pronto despierto en el silencio y salgo volando por las ventanas de vidrios azules de mi cuarto. Vuelo, vuelo por el aire que me envuelve el cabello que tiene color tiza y ha crecido en los años que me quedé en mi habitación de la clínica donde me dejó mi amado, cuando conoció a su "princesa" de pelo colorado y ojos de esmeralda. ¡Está loca! Cuiden de ella. Y partió al olvido. Y yo me quedé sin él, y sin mi vida. Ahora vuelo hacia el infinito, el sol me acaricia el rostro. Soy libre.
Tal vez, volveré por las ventana de vidrios azules para esperara que regrese por mí. Y vuelva a casa.
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