jueves, 29 de octubre de 2026

UN NACIMIENTO EXTRAÑO

 

Nací a raíz de varios sucesos extraordinarios. El primero fue que mi mamá que era la única hija mujer de los ocho varones, ese carnaval, quiso disfrazarse de odalisca. Mi abuela se opuso tenazmente, pero mi padre la mimaba tanto que se lo permitió; el segundo suceso fue que mi papá que tenía varios años más que mi mamá, la visitaba desde hacía varios meses. Se paraba bajo el viejo fresno a tocar la armónica con una música de la región y ella salía a desgano. El tercer suceso fue que hubo una terrible tormenta el día del corzo y ellos quedaron aislados entre los naranjales y el último... fue que mi mamá se comió justo el día antes de mi nacimiento una cesta de cerezas maduras.

Puede decirse que más que parir me "cagó"; quedé tan sucio que mi abuela no me quiso tocar y fue el abuelo quien me bañó, me vistió y acunó.

Mi familia era una mezcla misteriosa ya que mis abuelos maternos eran vascos y catalana respectivamente. Mis abuelos paternos eran italianos: siciliana ella y genovés el nono. Vivíamos en una mezcolanza de costumbres, rituales, credos y lenguas; que yo aprendía lenta, muy lentamente. Era como vivir en una espiral desde donde asomaba el mundo. Era cosa irreal.

Lo primero que me ocurrió fue que no hablé hasta casi los doce años. Creían que era idiota o sordo; todos me hablaban a los gritos. Yo estaba aturdido y asustado. No podía superar esa babel que era mi casa. A los pocos meses que nací, mi papá se fue de la casa detrás de un circo, donde la contorsionista era lo opuesto a mamá; y lo contrataron como músico. Según decían estaba enamorado del cabello negro y ojos moros de la mujer.

Mi madre, se aferró a sus padres. Y mi abuelo como buen vasco juró vengarse de mi padre. Lo hizo, pero con mis abuelos, a los que les quemó la plantación de naranjos que cultivaban. La ira los llevó a romperse, en una pelea, todos los dientes. El único que ganó fue el dentista del pueblo, un muchacho, de la capital, recién recibido que imagino lloraba de emoción. Era su debut en una boca verdadera. Además les daba horario contrario, no fuera que se volvieran a pelear y arruinaran su obra.

Mis tíos no me querían, claro ellos decían que aparte de "tarado" yo era el culpable de que su hermana y su padre estaban en los chismes de todo el pueblo. No sólo el abuelo en el odontólogo metía sus manos en la boca ajena, sino todo el pueblo. Yo creo que me odiaban por celos, porque mis abuelos me adoraban y me daban todos los gustos.

  A los doce años míos, en medio de un tiroteo hablé. Hablé en todos los idiomas que sabía. Vi asustadísimo como el abuelo genovés, arregló un viejo trabuca y arremetió contra el vasco, que llevaba la chata llena de fardos de "yerba mate", grité en todos los idiomas que se dejaran de pelear. Creo que el silencio que se hizo, para oírme, fre de carácter único y peculiar. Lo dije en vasco, siciliano, genovés y catalán... ¡Ah, y en español! Fue un grito humano, que me salió de lo más profundo del alma de adolescente enojado. Por fin pude expresar toda mi rabia; una bronca pestilente que me corroía desde el día en que nací. Y hablé de noche, de día a cada uno de los que me habían tratado de cretino o sordo. Les contesté lo que merecían. Resultó que me rogaban que me callara. Yo, quería vengarme de mi papá, que había regresado cansado, enfermo y muerto de hambre. De mi mamá, que no supo o no quiso crecer y vivía igual que el día que se disfrazó de odalisca a los quince años. Aun lleva el cabello dorado, hasta por debajo de las rodillas en una larga trenza que desata cada sábado para lavar con agua de lluvia; que usa minifaldas y canta canciones de Billy Cafaro. De mis tíos que terminaron por reconocer que yo les estorbaba. En fin de resultas de mi dominio de tantos idiomas y dialectos, me enviaron a la capital a estudiar. Tengo todos los ciclos con promedio de diez y me gané una beca.

Hoy soy secretario de Naciones Unidas y he logrado aprender sin dificultad las lenguas de muchos países del mundo. ¡Y les juro que mi mundo es más grande que mi historia personal.

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