jueves, 6 de abril de 2017

RECUERDOS PARA INSPIRARME


EN LA MEZQUITA DE TURQUÍA, EN EL CAMINO A ISMIR, UN ORANTE HACIENDO SUS ABLUCIONES EN EL PATIO ANTES DE INGRESAR.




JOYAS ENCONTRADAS EN UNA TUMBA EN GRECIA POR ARQUEÓLOGOIS. SON DE VARIOS SIGLOAS A.D.C. TODAS TRABAJADAS EN ORO POR ORFEBRES.MUSEO DE ATENAS.

UN PATIO E UNA CASA CUALQUIERA EN SANTORINI, TODA LA ISLA ES UN JARDÍN ILUMINADO POR EL SOL Y LLENO DE FLORES.

TIENDA LA BELLA DAMASCO

Don Saleb Chalaide, había llegado desde medio oriente buscando a unos primos que nunca encontró. En la calle Infanta de San Martín, pudo, con las monedas de oro que le dio su madre, comprar una vieja casa de adobes y en el frente, armó una tienda, donde comenzó a vender lo que conseguía en los mayoristas de Buenos Aires. Mercería, ropa de niños y telas. ¡Todos los precios incomparables! Su fino bigote y sus oscuros ojos musulmanes se perdían en las miradas de las pocas niñas que entraban a comprar. Nadie permitía a sus hijas ir al negocio, sin estar acompañadas por una chaperona. Él, era un hombre joven sin esposa y era peligroso, pues atendía con especial cuidado a las mujeres jóvenes y lindas. La soledad, a Saleb, le pesaba y trataba de conquistar el afecto de las señoras del barrio, dando cuenta corriente y crédito. Soñaba con tener una familia. Soñaba con la compañía de una muchacha, apasionada, que le llenara la tienda de niños. Pero su poco conocimiento del idioma y costumbres, lo hacían sospechoso para las madres de hijas casaderas. Muchas jóvenes del barrio, eran hijas de italianos o españoles, y él, era un “moro seductor”. Un día, a la siesta, sonó la campanilla que anunciaba la presencia de un cliente. Cuando salió de su intimidad de la trastienda,  se enfrentó a la mujer más bella que jamás viera. Regordeta, bien alimentada, como a él le gustaba, con un sobrio vestido de seda negra, señalaba el luto riguroso por el que atravesaba la muchacha, de alrededor de treinta años. El corazón del tendero se aceleró, miró los senos opulentos que empujaban la tela fina de la blusa, despertando el apetito adormecido de Saleb. Ella lo observó con discreción sopesando al hombre. Vio oro en sus dientes y en sus dedos, y mucho dinero en la caja de zapatos, donde guardaba los billetes de las ventas. Codiciosa miró el físico del joven moro y se imaginó en sus brazos. Leía folletines donde se contaban historias de oriente y supo que ese era un “hombre” para ella. Sensual, seductor y educado, Saleb, le sugirió que comprara sin cuidado, que tenía crédito. Sin mediar demasiadas palabras, la joven, pidió lienzo y tintura negra para teñirlo. Las manos hábiles de Saleb, extrajeron las mejores telas, ofreciéndole géneros adamascados y suaves, que ella aceptó mientras le relataba que su marido había muerto de tuberculosis hacía un año atrás. Saleb, acomodó los rollos y cortó sin medir ni la tela ni las consecuencias.
       Todas las tardes por una causa u otra la  Gregoria Fredes, entraba a la tienda y se quedaba charlando horas. Crecía el deseo primitivo de ambos. Primero fue un té de menta, luego algo de quepi, más tarde cordero adobado... así un buen día él, le propuso casamiento. Sin dudar un minuto ella aceptó.
       Dicen que el bueno de Saleb, cada día reprocha a Alá por esa mujer que lo vuelve loco hablando todo el tiempo a los gritos, que nunca le dio un hijo y le quita todo el dinero que gana en “La Bella Damasco”.

      


LA ENVIDIA DE "LOS PECADOS CAPITALES"

Cuando llegó a la dirección que le diera Micaela, se recortó la figura escultural de Guillermina, que contra el enorme paredón del cementerio pareció un pájaro derrotado. Una lágrima de desencanto se desprendió de sus bellos ojos dejando un surco en el suave maquillaje sofisticado. Cerró los puños y con dolor comprendió el error, haber confiado.
Pecosa, de cabello castaño oscuro y ojos verdes, Guillermina era una nena de esas que en el barrio todos miraban. Tenía una sonrisa alegre y jugaba con destreza. Su padre tenía un negocio de comestibles. Su madre era una mujer simple. Adoraban a esa hija que había llegado casi cuando las esperanzas de amor se pierden.
                        Un día cruzó el farmacéutico y tomándola de la mano la invitó a jugar con su pequeña. Fue un encuentro feliz. Se hicieron inseparables. Micaela era hábil en el piano, con los patines, declamando y era muy hermosa. Juntas hacían las tareas escolares, aprendieron a jugar tenis, hacían gimnasia y disfrutaban de todo lo que el mundo de los adolescentes les llenaba la vida. Comenzaron a salir de compras y a bailar las matinés con los chicos de la escuela. Se enamoraban y dejaban de “amar” con el mismo ritmo de todas las muchachas de su edad.
                        El primer concierto de Micaela fue un éxito y su figura de niña frágil le atrajo un puñado de cargosos admiradores almibarados, que ella despedía con una chispa de superioridad. Guillermina la admiraba. Veía sus pequeñas manos jugar en el teclado y soñaba con tener la misma habilidad, pero no estaba dotada para la música. Se terminó su adolescencia con sólo dos diferencias: Guillermina había crecido y estaba altísima, su figura se destacaba por la perfección de sus medidas y Micaela quedó con su cuerpo casi infantil, sin curvas y de estatura normal. Los chicos del barrio le hacían toda clase de burlas pero ellas no hacían caso a los torpes compañeros. Las largas piernas torneadas, la cintura fina, los senos graciosos y la belleza atigrada de la primer muchacha era un suplicio in confesado para la otra. Nada hacía parecer que Micaela sufriera. Pero la madre, que observaba, se preguntaba cuándo comenzarían los problemas.
                        Ingresar a la universidad les dio un respiro. Se trasladaron a la capital, alquilaron un pequeño departamento y cada una comenzó la carrera elegida. Micaela además continuó sus clases de piano en el conservatorio nacional con maestros de prestigio internacional. Mientras estudiaban no tenían tiempo para arreglarse, sí para sentirse acompañadas en ese mundo insólito de la gran ciudad. En sus ratos libres, Guillermina completaba sus clases de idiomas extranjeros e hizo un curso de modelo a sugerencia de otras compañeras de la facultad. Cada día estaba más hermosa.
                        Ambas recibieron su título con honores. Eran ganadoras en todo...pero, Micaela veía celosa, cómo su amiga atraía la mirada de los hombres que a ella le interesaban.
                        Regresaron esas vacaciones a su pueblo que las recibió con ardor y sorpresa. Eran un orgullo para todos. Así fue que el día que se llamó a un casting de animadoras para el canal de TV. de la pequeña ciudad, Micaela le dio a su amiga del alma, una dirección equivocada y ella apareció en el programa mostrando todas sus habilidades. Es lógico saber cómo murió esa amistad.

                                                          






RETAZOS

Pétalo de luna, lágrima de sol.
Cae arena en la piel silvestre de la duna
quema una estrella fugaz.

Se aleja el cielo hacia la misteriosa nube
escapa solemne del árbol
descanso del que camina.
Sol. El agua refleja el rostro imperfecto, allí
se descama un sortilegio de espalda derrotada.

La luna desgaja uno a uno los pétalos de latón
Sombrío. Seco. Mustio como hálito acre de vino y cigarrillo.
El hombre solo se revuelve en su tristeza.
No se calma con el murmullo de la noche insomne.

Quedan retazos de recuerdos. Una risa fugaz.
Un abrazo  escondido.
Un perderse en la blancura de seda en el lecho prohibido.
Escombros. Sólo retazos.

Olvido. Caen lágrimas de luna. 

LEYENDO EN UN ENCUENTRO LITERARIO


 EN LAVALLE EN EL CENTRO CULTURAL JUANITA VERA, LEYENDO POESÍA JUNTO AL CANTANTE Y CREADOR ÁNGEL PEDOT, UNA TARDE GENIAL ENTRE AMIGOS

AFICHE EN QUE SE INVITABA A UN ENCUENTRO LITERARIO EN LAVALLE.

REGRESO

Mírame las manos, están vacías.
El corazón desborda de sol plateado,
la charca se conmueve de pétalos azules y
tu mirada frena algunas golondrinas.
Volvieron como siempre, regresaron  de pronto
junto con los jacintos y algunos tulipanes.

Yo miro asombrada, con ojos de vieja- mujer niña
cortejando la brisa de cada mediodía.
Tal vez regrese un soterrado olvido,
me mires con los ojos de luna sorprendida.
Ahora, ahora sólo espero tu palabra y me asombra
la curva que dibuja y abandona la estrella.
Una estrella distante y peregrina.

Ahora espero sola, si ellas han vuelto
tal vez sea el regreso que me mueva en el camino.
.


QUISIERA ELEGIR HOY


 Hoy quiero elegir ser como un niño
saltar en la vereda a la soga
montar en bicicleta como un ángel
jugar a las muñecas vestidas de colores

hoy quiero elegir ser un duende
atravesar paredes y cambiar de lugar cosas ajenas
asombrar con piruetas en las ramas
descolgar margaritas desde una nube en la frente
de cada transeúnte en una calle colmada de turistas

hoy quiero elegir ser un zorzal
alejarme despreocupadamente por jardines diversos
comer cerezas robadas en los árboles del pueblo
asistir al sol en el amanecer de fuego
transitar la calma de las charcas pobladas de nenúfares silvestres

hoy quiero elegir sin precaución
ser libre y niña a pesar de los años y el tiempo
hoy quiero volver a soñar
hoy quiero.