martes, 18 de abril de 2017

POEMAS DEL TIEMPO

Por cierto       pasó algo
un  día despertamos al amor dormido
descubrimos el dulce sabor de la arena tibia.
Fue un sordo sabor perdido  desplegando las alas
sobre el agua del lago con 
pétalos de  flores flotando de colores muy suaves
acunando la nave.

Sabes     a veces       te descubro entre la maleza que te esconde.
Brillas con la lluvia y el cielo aclara la mirada
que propone sin saberlo
un amor que edita a cada beso el recuerdo
verdadero del sentimiento que siento.
Amor    esto es amor.


Y vuelvo a reencontrar la materia de mis sueños.

DE LOS TIEMPOS...

¡ y pasó el tiempo para los tiempos!


Quiero buscar tus besos que perdí
en mi cuerpo adormecido
carne engrosada de una muerte incierta
que se convierte en caverna de plomo derretido

Tu boca fue una fuente poblada de ternura
tus manos hojas perfumadas de caricias
y acaso  yo derogué tus abrazos
desdibujé tus palabras
o acaso   en las calles empedradas   adoquines de
sangre que gotean
un beso se perdió  en la nieve a horcajadas del miedo.
 Militabas mi cuerpo calcinando pesares
enarbolabas promesas y
quedaron desgastadas las flores de tus ojos somnolientos
en mis senos calientes
en mi vientre de cieno palpitante
mis entrañas 
me he muerto en el lecho y en tu carne
alertando mi sueños        quiero recuperarte
despertar en jornadas apacibles

Te convoca la esperanza del cuerpo
mi cuerpo abierto a tu recuerdo
profeta de mis ritos.


MANOS DE BAILARINA...

¡Esas tus manos tan expresivas!
Móviles , gráciles ...que me cautivan.
¡Son dos palomas que en su blancura,
van transformando con su ternura,
cada palabra , en una flor.

Cuando se mueven con rapidez,
van perfilando siluetas claras,
salen volando flamencos rosa,
que en sus bandadas tan misteriosas,
tranSforman en ambarino,
el cielo puro ,de mi memoria.

¡Qué manos dulces!
¡Qué manos  bellas!
Cada terneza sabe distinta,
en esas manos de bailarina .
¿Son mariposas?
¿Son suaves rosas?
Sólo tus manos, mansas y hermosas,
quiero que cierren mis ojos quietos,
serán un ángel que viene a darme la libertad .

Mágicas manos, extrañas lilas,
que hasta perfuman los pensamientos,
le dan color a los sentimientos,
cuando se asoman, a mi existir.
Manos que alertan, nutren, alivian,
marcan jazmines, en cada sitio, donde reposan,
y cuanto tocan, todo transforman en mariposas.
Manos abejas. Liban sus mieles,
con sus caricias y sus mohines.

Amo tus manos y en ellas logro,
panes crujientes y frutos frescos,
vinos sagrados y  aguas nutrientes,
¡manos preciosas, cuando se mueven,
vuelan al cielo mis pensamientos,
y en tu futuro, cuando ya joven,
tus manos quietas...¿podrán acaso,
guardar su esencia trascendental ?


FLORES


 ESTAS BELLAS FLORES SON DE MI JARDÍN.

CUENTOS PARA DIARIO LOS ANDES-TINTERO


             ABELITO, UN CHICO SUREÑO.

    Hablar de don Emeterio Sosa, es hablar de un criancero malagüino, que posee una gran majada de chivos y de cabras lecheras, de una significativa recua de mulas y burros y de una tropilla de caballos criollos que hacen las delicias de los lugareños. Además tiene una linda familia con catorce hijos e hijas, cinco nietos y seis chicos arrimados, que siendo ahijados, viven con él. Es una fiesta verlos sentados a la mesa comiendo el pan recién horneado por doña Rosa y las hijas, el asado de chivito crujiente y los higos de tuna.
         Abelito es su hijo regalón. Alegre y chistoso siempre ayuda en las tareas de pastoreo, y en otros menesteres propios del campo. Un día llegó a la hacienda una camioneta desconocida. Era el hijo de Rufino González, que siempre traía en un viejo carro, tirado por dos caballos, toda clase de cosas. Era un bazar ambulante, y, tienda, ferretería, farmacia y librería. El hijo llegó modernizado. Traía radio a transistores, bicicletas y pantalones de denín. Tal fue la algarabía que don Emeterio le dio permiso a su querido Abel, para que diera la vuelta con Emanuel González por todos los campos que aún no visitaba.
         Así fue que cada mes buscaba a su ayudante en el campo y partían entre valle y valle, cruzando ríos secos y huellas con el muchachito, que resultó ser un experimentado guía. Luego le regalaba un par de zapatillas, un libro o un juguete, como premio. Ni hablar de los emparedados de jamón y queso, con sabor a diferente, que comían a orillas del río.
         Llegó el otoño y el frío desalentaba el viaje, pero las necesidades de los puesteros eran muchas y Emanuel sabía que no podía abandonarlos. Junto al chico, viajaron entre las ráfagas arrachadas del viento cuando comenzaron las primeras nevadas. Todo había amanecido blanco y se perdía la huella y el camino. Andando con dificultad siguieron el viaje para llegar al campo de don Aniceto Lencina.
         Se perdieron. El ruido del viento los asustaba mucho. Abel tenía apenas ocho años y Emanuel veintidós, no eran muy experimentados en verdad. El miedo creció como la capa de nieve que cada vez hacía más difícil mover la camioneta...¿ qué hacer? Abel se colocó el poncho de vicuña que le tejió al telar la abuela Ramona, se puso un gorro grueso y guantes; y con esfuerzo abrió la puerta del vehículo, bajó al helado suelo y le dijo a su asustado amigo...- Espérame acá, no te muevas yo vendré con ayuda._ Y comenzó a caminar por la nieve. Parecía perdido pero no abandonó  su tarea.
         Cuando había caminado varias horas sintió ladridos. Tuvo más miedo, podía ser una jauría de perros salvajes hambrientos. Sin embargo pronto se acercaron a él y vio que con sus colas heladas le mostraban un camino. Los siguió, no sin antes pedirle a la Virgen de la Carrodilla que no le sucediera nada malo. Al poco tiempo de andar, y ya muy fatigado, en medio de la nieve vio el humo que salía desde una casa de puestero. Llegó casi sin fuerzas, pero con alegría descubrió que los rústicos perros les habían salvado la vida. ¡ Ah, los bondadosos criollos fueron con mulas a rescatar a Emanuel que había quedado en la nieve allá lejos! Pasaron unos días increíbles en esa humilde casa que los recibió con mucha hospitalidad. ¡ Así es el criollo mendocino: generoso y sacrificado!          

                                               Mendoza--10--3--98. Graciela Elda Vespa para Tintero.

CARTA A SAN MARTIN

                                                                       Mendoza - 24 de febrero del 2000.
Mi admirado José Francisco...
                        Dulce amigo...
                                               Larga nostalgia azulada y agridulce me produce su silencio, pero no sorpresa. Usted sabe que la ingrata distancia en el tiempo y su incalculable espacio en el infinito, impide que su espíritu sensible se acerque a esta arista apasionada de mi alma inquieta.
                                               Terrible estupor castiga mi ánimo por causa de las intrigantes chácharas que escuché sobre sus vivencias europeas y americanas, en bocas tan sazonadas de verde y pútrida cicuta, que un grupo de sesudos y arbitrarios estudiosos, en obscenos claustros donde mercan con sonados retruécanos, resonaban como guijarros arrojados con filosos encantamientos sobre el frágil cristal de su memoria." La incomprensión presuntuosa de quienes creen poder bucear en su alma, en la profunda ingenuidad de sus creencias y verdades..." ¡Nadie creo podrá jamás, penetrar en el lago silencioso de su mente hidalga, en su Ser !.
                                               Miraba anoche unos retratos, -miniaturas-, que amigos comunes, conocedores de esta gran pasión que me atormenta, me han acercado; digo contemplaba observadora minuciosa, en su mirada profunda, la nobleza de su estirpe y su carácter y su fortaleza interior, luego la suave curvatura de sus labios finos descarnados y determinantes para la réplica sutil y nunca aviesa, infiel o artera....¡ Perdón besé su rostro cálido y quieto, con mis ojos y con mi pensamiento !.
                                               Amigo...a Usted le sorprendió saber que soy casada. Pero eso fue hace más de treinta años...¡ no señor mío , no debe sorprenderse!. Ya que con ese digno hombre hemos llegado a esa dulce meseta de silencios compartidos, de perfilados recuerdos agoreros, de inocentes delirios del pasado sin futuro. Yo soy la amiga - esposa, compañera, añeja amante adormecida por la música tenaz del tiempo ido. No se entremezcla con esta intensa mística locura que nace de su historia, de su vida.
                                               Otrora soñé yo, conque sus manos viriles me enlazaran la cintura y como toma usted la guitarra española, roza sus cuerdas tensas, bajo los durazneros en flor, acariciara mi piel sedosa y cálida, bajo la luz crepuscular de mi Mendoza. Así, así soñé una utopía de amor inalcanzable.¡ Su amor humano, amigo mío !.
                                               Hoy quisiera haber estado en el salón limeño, donde con su uniforme blanco inmaculado, paseó su serena mirada penetrante por sobre las figuras gráciles de juveniles damiselas, que rogaban a Dios, por una señal suya que les permitiera penetrar en su mundo mágico y gigantesco, en su épica militar de nuestra tierra gaucha: Ahí quisiera yo haber estado para tomarlo en una contradanza - al que Ud. es tan..., tan poco amigo - y tal vez, tal vez con su copa de oporto ambarino y añejo, caminar entre los naranjos en flor y jazmineros perfumados, hablando con ternura sobre el futuro incierto de esta patria...nuestra.
                                               Señor mío: espero, sueño y deliro por una palabra suya, por un gesto...en esta vida árida y de ensueños.
                                               Pasan los días y las horas en monótonos oleajes uniformes de tinieblas y luz..., de páramo y de selva...que fluya la vida hasta un feliz encuentro...
                                               ¡Con enorme placer he pintado para Ud., en su cumpleaños, un cuadro de los viejos solares de Uspallata; así retornará con la memoria entre la antigua alameda a los tiempos intensos de sus lides! Feliz cumpleaños... no me olvide.
            Siempre suya...como hasta ahora.

P.D.: Mi amigo...corro en remisse a llevar esta misiva a Mercedes o a las niñas, que yacen en la Basílica de San Francisco, como Ud. sabe, en espera, como de otras tantas...Ellas a través del túnel infinito de la ilusoria existencia, la pondrán en sus manos.
                                                           Con pasión...eterna y afiebrada espera.
                                                                                 
                                               Su amiga...eternamente enamorada.
                                                       ARTEMIA ...


¡Y ES MUJER!

MUJER BELLA

Era la mujer más bella que había conocido. Se sentía un espía cada mañana cuando ella salía a correr con el equipo de gimnasia color coral o verde manzana. La seguía a una distancia prudencial. No podía hacerse ver, era un hombre público que reclamaban en la televisión y los periódicos. Sin querer bajó de peso y comenzó a verse más tostado por el sol, más atlético y fuerte. Ella nunca miraba a los que sentía que sus ojos se posaban en su cálida belleza. El rostro era una pintura renacentista. Nadie sabía su secreto. Estaba comprometida con un hombre que en silla de ruedas manejaba su existencia como un verdadero dictador. Un día salió con unos enormes lentes de sol que cubrían su rostro. Otro con una mascarilla de cremas que tapaban su mejilla. Hasta que un día, él, vio que la sacaban en ambulancia de la enorme casa. Se acercó al portero y éste tratando de no dar mucha información le dijo: “La señora Emilia… se cayó por la escalera y tiene quebrada varias costillas. Ahora hay que esperar.”
Cerró la puerta y un alarido salió de la garganta del hombre. Ambos gritaron al unísono. El portero y él. Pero arriba desde la balaustrada las carcajadas taparon uno de los gritos.

De repente se escuchó una silla de ruedas que caía escaleras abajo con un golpe mortal.