martes, 24 de julio de 2018

UNA CIUDAD DE MIEDO Y DE MENTIRAS.




Camino y caminé por tus calles bulliciosas
buscando una verdad...escondida,
una verdad que cada hombre encubría
entre palabras retóricas y aviesas.
¡ Cuán cruel pueden ser, amigos, qué malignos!
Escuché palabras...palabrejas...palabritas...palabrotas...
Todos mentían. Inventaban historias y hasta dioses,
 que con la más leve brisa se caían.
Escuché hablar de héroes, semidioses,
ángeles de oratoria turbadora, gentiles caballeros que aturdían.
Nada encontré en verdad en muchedumbres...
sólo...impostores, sicarios y sibilas.
Unos pregonadores de proezas,
 heroicas necedades y vilezas.
En estas calles llenas de hermosura
 se esconde la mentira
también la hipocrecía y la flaqueza.
No soy yo la voz de la cordura,
ni soy quien pueda enseñar justicia ni indulgencia...
tan sólo busco con fiereza...una verdad que grite en el tumulto
una voz que retumbe entre los sordos,
 palabras grandes...pero que sean de verdad...
palabras que nos llenen de consuelo...
nos hablen con certeza... y sean buenas.
Tan sólo espero ahora la justicia...claridad y amor
entre la gente de mi pueblo.
¡Qué esta ciudad de miedo y de mentiras...
sea un faro de luz en la noche de descuido
en la noche de injusticia, desdichas y miserias...!


UN ABANICO DE ENCAJE NEGRO CON PERFUME A VIOLETAS.



            Todo negro...mi vestido de tafetán, mis guantes, mi sombrero de plumas y cintas...el velo que cubre mi frente y los ojos hinchados por el llanto. Todo negro...hasta mi corazón. El abanico de viuda y sus tristes destellos en mis manos tristes.
            Entro al salón. Me detengo y respiro profundamente. Paso al escritorio y me veo reflejada en el gran vidrio de la biblioteca. Yo, allí, erguida, sostenida apenas por el "polizón" y el "corset" ; aunque estoy quebrada en millones de fragmentos. Erguida a pesar del dolor.
             Sí, mi amado José Carlos ha muerto. Ya no veré su fino bigote que con delicados movimientos atusaba para esconder la sonrisa cómplice. Sus lentes de oro y vidrios pequeños, que encubrían su mirada apasionada. Su deseo.
            ¡ Cuánto amo a ese hombre que se ha escapado de mis apasionados brazos ! Miro mis botines también tan negros como el perfil oscuro de la muerte. Tal vez ellos ocultan mi temor  y desolación, en mi paso firme. Camino hacia el escritorio de caoba. Abro el cajón del frente...y allí está la pequeña pistola. Fría mensajera de metal y nácar. La tomo lentamente...me siento el enorme sillón de terciopelo rojo...la acerco a mi frente y dudo. La pongo con mis manos trémulas junto a mi boca sedienta de sus besos y su aliento . ¡ Disparo y un chorro de sangre brota como una cascada sobre las cartas de él, que sueñan en la tapa del mueble frente a mí ! Silencio.

            Un ruido cercano me despierta. Estoy sola. Hace unas horas me he quedado dormida en el viejo escritorio de mi abuelo. Mi amor ha muerto ayer y extraño su pasión. Su cuerpo. Su compañía. Sus besos... Miro hacia el jardín y observo el auto negro que brilla con el sol que trata de ocultarse entre los árboles. Mi vestido blanco de seda está empapado de lágrimas tibias. Observo el recinto...es el mismo de mi sueño.
            Sobre mi regazo...un abanico "negro" de viuda, me deja el mudo regalo de mi bisabuela. Ella estuvo allí... hace muchos años. En el gran espejo veo una figura tenue que se desdibuja en las sombras. Ha dejado un fuerte perfume de violetas.


UN LARGO VIAJE AL PASADO.



                        El avión había aterrizado sobre la pista húmeda y el viento arremolinaba todo lo que encontraba a su paso. Me sentía especial. Había logrado la beca más importante, como premio a mis investigaciones. Llegar al viejo continente era una meta única para todos los estudiantes de Antropología. Y ni puedo recordar desde cuándo mis padres me habían inculcado ese afán. Ya estaba allí. Madrid primero y luego Sevilla eran los puntos de mi deseo. Una joven azafata me sonrió ofreciéndome un impermeable descartable con la marca de la compañía  aérea que yo recogí agradecida. Pasé los controles necesarios y cuando me liberaron salí a un ambiente enorme. Estaba atestado de gente de todo tipo. Para mí algunos resultaban muy simpáticos por sus raros atuendos y coloridos equipajes.
                        ¡ Ya estaba por salir del edificio aéreo, cuando entre la multitud divisé un cartel en alto con mi nombre completo !. Me acerqué y una sonrisa plena de una muchacha morena me recibió entusiasmada.
                        -Tú eres Ariela, bienvenida a mi país.- dijo mientras me tomaba de la mano que tenía libre, tengo mi coche afuera - me llamo Serena y esperaba tu llegada en nombre de tus futuros compañeros de la universidad. Somos siete locos que vivimos entre piezas del mesozoico  y del paleozoico.
                        Así comenzó mi hermosa estadía entre un grupo extraordinario de investigadores y un mágico tiempo de aventuras.
                        Tenía un mundo fantástico para descubrir. Así fue desde mi arribo. Madrid me fascinó por ser una mezcla de tiempos históricos y de una modernidad resplandeciente. Tan rápido como te puedes mover entre paseos llenos de pasado como tienes frente a tí un edificio del futuro. El tránsito infernal a las horas pico igual a cualquier capital de un país rico.¡ De la noche ni hablar, pues el vértigo acompaña a los madrileños constantemente !. De café en café, de pista de baile en pista...y el vino y la risa...pero todos a la mañana al trabajo. 


UBALDINA


Está enferma, te digo que está enferma...me gritó María desde la cocina refregándose las manos ásperas en un delantal mugriento y húmedo. No puedo pensar en lo que sentí. Tenía terror y desconcertada me imaginé sola en la calle sin la Ubaldina. No era sino mi único pariente. Mi madrina...amiga, madre, consejera y aunque me vivía dando tirones de pelo cuando yo me encaprichaba, era quien velaba por mí desde siempre.
            Ubaldina, mujer de color pardo hasta en las encías, ojos grandes de mirar astuto y rápido, pelo crinudo y arisco como de yegüarizo, boca grande de dientes blancos que limpiaba con ahínco porque siempre dice que son la riqueza más grande de una persona.
 ¡ Si me habré ligado atropellos con su delantal enrollado cuando me resistía a limpiarme los dientes...! Vieja linda, alta y magra a fuerza de trajinar lavando ropa ajena en una batea de piedra con agua helada que nos permitía comer bien y tener alguna que otra alegría. Hasta un día que ella dijo que era mi cumpleaños, me llevó al cine a ver una "cinta" de amor. La mitad de la cinta me tapó los ojos porque yo no podía ver algunas porquerías, según me dijo después cuando le pregunté el por qué. Sólo gruñó sin responderme. Yo amo a la Ubaldina.
            La María sigue dando vueltas con toallas mojadas y agua de azahar con no sé qué yuyos, de la pieza nuestra hasta la cocina y el retrete. Me siento a un lado del fogón y miro una estampa de un santo que está medio chamuscado por las velas que le prende mi madrina y le pido que se cure...¿ qué voy a hacer si me deja? La habitación se va oscureciendo y ya la María no sale de su lado. Entra un hombre de barba blanca y ropa triste. Un caballero...diría mi madrina. La destapa y le pone un aparato brillante en el pecho, en la espalda y en pocos minutos habla con la María bien despacio. Yo no escucho pero me alargo tratando de adivinar qué hacen y qué dicen. Entran dos hombres vestidos de blanco y la suben a un catrecito y se la llevan. La ambulancia sale hacia el hospital. Ubaldina tiene neumonía y la internan hasta que mejore, me dice la María. Me aprieta un dolor espinudo la garganta. Lloro. No me puedo dormir a pesar que la amiga me da unos bocadillos y me acompaña. Lloro. Acurrucada espero horas, días y hablo con Dios, el santo tiznado y hasta con mi madre que murió cuando nací. Pasan semanas. Un siglo. Sigo llorando. Y una mañana entra por la puerta protestando por el desorden y la mugre que he juntado: la Ubaldina. ¡ Está viva, más flaca, pero para mí que aún no cumplí doce, acaba de entrar el Ángel de la Guarda !
            Hoy me corrió con una alpargata por todo el patio porque rompí el bote del aceite y desparramé con un trapo en el mosaico para disimular el desastre...y terminamos riéndonos abrazadas en el piso.
            - ¿ Ubaldina... prometé que nunca te vas a morir!- digo, desde mi camita junto a la suya mientras trato de cerrar los ojos para dormirme.
            - ¡ Ahora no, pero algún día cuando crezcas...tal vez...dormite Dalia, que mañana tenés que ir a la escuela !
            - Te quiero Ubaldina...
            - Yo también te quiero.
            La noche disfraza el miedo y convoca a los espíritus protectores de la gente buena. Ubaldina y Dalia duermen. Descansan mientras en un rincón de la modesta habitación un grupito de ángeles cuchichean sobre el amor de esas dos almas llenas de nobleza.

POESÍA PARA UNA NIÑA MUERTA POR LOS TERRORISTAS


- II -
A. P.L.
Ese hombre enmascarado por la calle se desliza
lleva escondido un flagelo, una traición...un estigma.
Ese estruendo que ahora atrona entre los árboles quietos.
Nadie ha visto ese relámpago...
todos escuchan los gritos y retumban alaridos.
Entre las ramas quebradas mil pétalos de rosas rojas...
desparraman entre el follaje astillas de carne viva
con sangre de quince eneros.
¡Un girón de una bandera flamea...en sangre tinta!
Mil trozos de cabellera, niña, flota entre los escombros.
Una mancha...río apenas corre por la vereda.
Hay un mar de palabras del color de sangre joven
y sobre el gris empedrado se deslizan mil suspiros.
Lágrimas...lágrimas gritan. El odio esconde su ira.
¡Recuerda todo se olvida! Si no puedes...ya...
Vomita.



PÁJARO DE NIEVE


                   

         Leyenda huarpe.

                   En el Valle del Sol, en los viejos tiempos, vivía un grupo de huarpes que cuidaban grandes manadas de guanacos, plantaban maíz y cultivaban papas. Eran tranquilos y muy amigables. Quisieron los dioses que naciera entre ellos una pequeñita tan extraordinaria que el chamán, sacerdote-médico de la tribu, dispuso que sería dedicada a los dioses. La niña creció y era de piel muy blanca para ser una huarpe, y de entre su negrísima cabellera se destacaba un mechón blanco de canas, que parecía una pincelada de pintura dada por Dios, por eso le dieron por nombre: Pájaro de Nieve.
                   La chiquilina, como todo niño, jugaba con los otros niños; hasta que un día, la llevó el chamán a su choza y comenzó a prepararla para ser entregada en una ceremonia a los dioses. Los padres de Pájaro de Nieve aceptaban ese destino, pero lloraban porque nunca la verían casada y criando pequeños indiecitos como todas las muchachas de esa tribu. Quiso el destino que llegara desde el norte, el hijo de un cacique Inca, transportando mensajes para la tribu, su nombre era: Fuego de Paz.  Era un retrato de belleza y de bondad. Se enamoró, apenas la vio, de Pájaro de Nieve y pidió casarse con ella para llevarla al Perú.
El chamán enojado tomó a la hermosa muchacha, y luego de darle algunas pócimas, comenzó a subir las abruptas montañas para alejarla del amor y hacerla cumplir con su designio. Detrás, Fuego de Paz, trabajosamente, seguía el difícil camino entre riscos y despeñaderos. Vio como la vestían con una fina túnica de lana de vicuña blanca, tejida al telar. Como le ponían joyas de oro y lapislázuli, amuletos y semillas de maíz, algarroba y ají. La coronaban con finas plumas de aves de todos colores, y una capa de lana color roja le cubría casi todo el cuerpo. Un líquido de color ámbar, y muy espeso, la fue adormeciendo. Cuando el chamán la dejó para que se encontrara para siempre con los dioses, Fuego de Paz corrió y trató de despertarla pero el frío y el veneno ya hacían su malvado trabajo. Se abrazó y trató de beber de los dulces labios, parte del elíxir para morir junto a su amada. Así se durmieron con los dioses. Cuando la Luna descubrió lo que había pasado, comenzó a llorar lágrimas de plata y desde los cuerpos de los enamorados comenzó a manar agua de pureza y blancura sin igual. Así nació el Río Blanco, que baja alegremente por las montañas en Cacheuta y Potrerillos, besando las piedras y por donde pasa, una multitud de plantas aromáticas crecen para embellecer y curar las penitas de los mendocinos.
 Basada en Romeo y Julieta.

HUELLAS DE SILENCIO...


                       Acaso en el misterio del ocaso, encuentre la memoria.

Tal vez un estallido de centellas que te nombren.
Tal vez un recoveco estelar donde te toque.
Un día serás tú, mi único amigo.
Un día estaremos enfrentados, mirándonos los ojos,
y tocaremos la más íntima arista de nuestra alma.
Entonces seremos verdaderamente libres.
Seremos caminantes de la vida.
Tendremos un retorno al infinito.
No habrá un "laberinto" carcelario
donde un fiero "Minotauro" nos platique.
Seremos tú y yo...y la conciencia de todo el mundo simple
que creamos. Tal vez un mundo artificial
lleno de edenes, no tan maravillosos.
Tal vez se parezca más al "Infierno" que Dante imaginó.
Y no supimos escapar de la rutina.
¡Caminar por las calles empedradas,
correr por los andenes, ya desiertos...
la libertad es una recompensa tan sagrada
que trasciende al hombre en su pasado !.
Amigo de los años más heroicos...
¿Puedes perdonar mi evasión , mi huída?
¡Soy cobarde!