Nació. Vivió en un barrio de las afueras, del pequeño pueblo. Lo criaron sus abuelos. Su madre se fue con un camionero. Su abuelo era zapatero y su abuela lavaba ropa en las casas donde la necesitaban. A la hija la habían llamado Grisel, por el tango que siempre escuchaba el padre en la radio. Hasta que se rompió una válvula y se quedó muda, la radio, claro. Entonces a voz en cuello cantaba el abuelo en el tallercito. Rogelia, su madre no había cumplido los quince cuando el Gregorio, se la llevó en el camión. Amaba el tango y le puso al hijo Carlos por Gardel y Hugo por Del Carril. Ella apenas había cumplido dieciséis. Pero una noche apareció con el niño y lo dejó al cuidado de los padres. Se fue.
Cuando cumplió los seis años el pequeño, de la mano lo llevaron a la escuela. Ropa limpia y cabello azulado por la gomina. Se usaba sólo, en las noches de milonga, pero ese día se la pusieron. En un hermoso portafolio cosido por el anciano, un cuaderno de hojas rayadas y un lápiz que le habían puesto un piolín con la goma de borrar. ¡Para que no la pierdas!
Entró asustado. Otros chicos lo miraron altaneros. Él, era... un sin padres. Pero la maestra lo llamó por su nombre: Carlos Hugo Gardez... y los chicos se rieron. ¡Igualito a Gardel, dijo una niña de trenzas rubias!
¡Nada de chistes con sus compañeros! La maestra amorosa, no quería que sus alumnos sufrieran. La mañana pasó como todas las mañanas de colegio, entre risas, peleas y juegos. Al salir estaba la abuela, bellamente vestida y perfumada. Lo tomó de la mano y escuchó que silbaba el padre de un compañero, entonaba el tango: "Grisel". La anciana se volvió y lo miró asombrada. Era el camionero que se había llevado a su muchacha. ¿Dónde estaba Rogelia? ¿Qué había sido de su niña? El hombre salió de escapada por la acera contraria. No se atrevió a saludar ni a mirar al hijo.
No lo volvieron a ver. Al compañero de Carlitos tampoco. ¿Había escapado como un cobarde? Pasó el año, el verano cayó como una manta bochornosa y húmeda, que atrajo insectos insoportables. El anciano, lo llevó al remanso del río a refrescarse. Vio un grupo de pescadores que se disputaban un pez aparentemente grande. Enganchado a un anzuelo, sacaron un cuerpo carcomido por las palometas. ¡Salieron corriendo! Dejando el bulto sobre la orilla. Llegaron el comisario y ayudantes. El viejo, se llevó al niño y regresó curioso. Algo le había llamado la atención. Una parte de la ropa que envolvía a esos restos, le parecieron conocidos.
Al día siguiente, llegó el alguacil a la casa de los Gardez. Venía a hacerle preguntas que los ancianos apenas podían responder. ¿Ese bulto inhumano, era Rogelia?
La noticia se desparramó como serpientes entre los matorrales. La hija y madre, estaba muerta. ¿Quién la mató? ¿Cómo fue? ¡Ahora comenzaba la increíble investigación!
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