Marleni
corre por la vereda. Su risa es un carillón de alegría. En su mano izquierda
surge la muñeca de ojos de porcelana y boca de dientes pequeñitos como los de
una ratita de juguete que le trajeron los Reyes en casa de su madrina Perla. No
puede ir más allá de esa acera donde alumbra el sol y siempre acompañada de la
abuela.
Espera
a su mamá que viene en el micro del trabajo. En casa está la abuela diana
haciendo magia con las cacerolas. Compró temprano en la feria un conejo (qué
asco) que algún cazador consiguió para mitigar el hambre de su propia familia.
El
perfume a hierbas del jardín de su casa le penetra en la pancita y los pulmones
dormitan recuerdos del domingo en que se juntaron en el patio con la madrina a
festejar el final de las lluvias. Ya no hay barro en la calle y el sol calienta
la acera. Su papá se fue hace muchos años, ella ya ni se acuerda como era. A
veces sueña que un señor de cabeza grande se acerca sonriendo y la besa; pero su
abuela le asegura que no puede ser el papá porque era de porte menudo. ¡No
importa, ella sueña igual!
Una
noche que vino su madrina, escuchó que hablaba con su mami y ella lloraba. Le
dio mucho miedo. ¿Y si su mamá se enfermaba? ¿Y si se iba como su papá? bueno
estaría la abuela, que siempre renegaba porque Marleni dejaba los juguetes
tirados por el pasillo o en el comedor. De noche creía ver un monstruo
terrorífico en la ventana. Quería dormir con su mamá como cuando era más
pequeña, pero no le permitía. El doctor
dice que no es saludable.
Tapada
hasta la cabeza, se ahogaba, pero firme se quedaba en la cama. Incluso cuando
había tormenta, sólo la dejaban ir a la cama de la abuela con los temblores. La
pobre le tenía terror y allí sí se peleaba con su mamá. Por tu culpa me tuve que venir de Santa Fe, allí estaba segura, no se
movía la tierra.
Mamá,
vos sabés que si no ya me hubiera matado… decía la mami y se ponía a llorar. La
abuela se metía en la pieza y no aparecía hasta el día siguiente.
Hoy
llegó un policía con unos papeles y mami comenzó a tiritar, tenía mucho frío
seguro. Salió corriendo hacia la cocina y le mostró a mi abu. Se abrazaron y
lloraron juntas y reían juntas. ¿Mami qué pasó?
Me
abrazó tan fuerte que casi me ahogó. ¡Gracias
a Dios y no se a qué santo, tu padre ha muerto! No entendí nada.
Vino
mi madrina y así me enteré. Mi papá era malo, quiso matarme a mí antes de nacer
y como no pudo le prendió fuego a la casa de mi abuela allá en Santa Fe y en la
cárcel, lo habían matado otros hombres malos.
A partir de hoy podemos ir a jugar a
cualquier plaza, viajar a santa fe y podremos juntarnos con tíos y primos.
¡Gracias mamá, le dijo a la abuela! y esta noche hicieron un pollo al horno
con papas fritas y abrieron una botella de algo llamado champagne. Yo por las
dudas esta noche trato de dormir con mamá, le tengo miedo a los fantasmas.
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