sábado, 20 de junio de 2026

ME HUBIERA GUSTADO LLAMARME LUZ

 

La casa estaba en medio de un campo enorme. Plantas de frutales, viñas y maíz para los pollos, crecían con el trabajo tenaz de un grupo de rudos campesinos. Lorenzo llegó contratado en la feria por el Cosme y se amancebó con la Sara. Doña Delma con  Cosme vivían juntos desde hacía muchos años.

Tenían una hija “falta” según ellos por un “mal de ojos” que le hicieron al nacer. Se llamaba Estrella. Apenas hablaba y caminaba de costado arrastrando los pies que los tenía deformes y hacia adentro como manijas de tazón. Babeaba y usaba pañales de trapos aunque ya era grande. Era hedionda y gritaba en lugar de hablar.

Al principio, Lorenzo le tuvo miedo y asco, pero después se acostumbró. La Delma tuvo otros hijos, como cuatro varones y dos niñas.  La Sara tuvo un varón que salió lindo, morocho como el padre y vivo como la madre. Pasó el tiempo. La Estrella empezó a joder a uno de los hermanos, al mayor y una noche, la Sara los pilló a los “hombres” de festín con la Tonta. La dejaron “preñada” y después del tiempo no supieron qué hacer.

Nació una hembrita. Linda morena de ojos como dos luceros blancos. Ciega y con una deformación en la columna que le daba aspecto de animalito con cola.  Los brutos discutieron y se echaban la culpa unos con otros. Tomaron la decisión de llevarla a los guadales. Y la envolvieron en una pañoleta de lienzo. Caminaron en procesión con velas encendidas. La beba lloraba y Estrella gritaba tratando de seguirlos para arrebatarles la niña. La golpearon tanto que quedó tirada a mitad de camino. A la niña la dejaron en la arena, la taparon con tierra y al moverse la criatura se destapó. Entonces el Basilio y Lorenzo dispusieron llevarla al pozo. Y la echaron allí. En los excrementos se fue hundiendo hasta desaparecer. Estrella gritaba y en su media lengua la llamó Luz, Luz y la hicieron callar de una trompada que le quebró la mandíbula; y a partir de ese día se dejó morir de hambre y sed. Cosme y Delma se quedaron mudos de miedo y escondieron su vergüenza para no tener que enfrentar los maleficios de la “Borboraca” o “Salamanca” y la antigua maldición. ¡Tener una hija loca!

 

 

 

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