La casa estaba en medio de un campo enorme. Plantas de frutales, viñas y
maíz para los pollos, crecían con el trabajo tenaz de un grupo de rudos
campesinos. Lorenzo llegó contratado en la feria por el Cosme y se amancebó con
Tenían una hija “falta” según ellos por un “mal de ojos” que le hicieron al nacer. Se llamaba Estrella. Apenas hablaba y caminaba de costado arrastrando los pies que los tenía deformes y hacia adentro como manijas de tazón. Babeaba y usaba pañales de trapos aunque ya era grande. Era hedionda y gritaba en lugar de hablar.
Al principio, Lorenzo le tuvo miedo y asco, pero después se acostumbró.
Nació una hembrita. Linda morena de ojos como dos luceros blancos. Ciega y con una deformación en la columna que le daba aspecto de animalito con cola. Los brutos discutieron y se echaban la culpa unos con otros. Tomaron la decisión de llevarla a los guadales. Y la envolvieron en una pañoleta de lienzo. Caminaron en procesión con velas encendidas. La beba lloraba y Estrella gritaba tratando de seguirlos para arrebatarles la niña. La golpearon tanto que quedó tirada a mitad de camino. A la niña la dejaron en la arena, la taparon con tierra y al moverse la criatura se destapó. Entonces el Basilio y Lorenzo dispusieron llevarla al pozo. Y la echaron allí. En los excrementos se fue hundiendo hasta desaparecer. Estrella gritaba y en su media lengua la llamó Luz, Luz y la hicieron callar de una trompada que le quebró la mandíbula; y a partir de ese día se dejó morir de hambre y sed. Cosme y Delma se quedaron mudos de miedo y escondieron su vergüenza para no tener que enfrentar los maleficios de la “Borboraca” o “Salamanca” y la antigua maldición. ¡Tener una hija loca!
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