La nueva cátedra de “psiconeuroinmunología” tiene alta concurrencia. La profesora que es francesa, habla en perfecto castellano y posee el don de hipnotizar mientras dicta las clases.
Los alumnos copian en sus netbook
cada palabra que pronuncia. El doctorado lo hizo en Suecia y tiene un post grado
en
Se llama Keyra Atin Mobuko y nació en Muyinga, un pueblo cercano a la capital Bujumbura. Serio, callado y de mirada astuta, nos observa desde lejos para ver cómo somos sus compañeros de facultad. Habla inglés y francés y una lengua autóctona Kiswahili, rarísima para nosotros.
Vive solo en una habitación que le alquila su benefactor, un rico hacendado holandés. Dueño de las tierras donde ocupa su familia desde la más antigua edad. Pensamos que es descendiente de Lucy.
En Inglaterra estudió medicina,
logrando medalla de oro y luego investigó ganando un título de maestría en
psiquiatría en
Una mañana vino con una jovencita de piel tan oscura como la de él. Vestida con una túnica de colores, mil trenzas en su cabeza la hacían ver como una niña perdida. Era su cuarta esposa. Callada se sentó en el piso en un rincón y esperó horas hasta que Keyra le hizo una seña y la acompañó al baño. Ella salió rápido de allí y muy asustada. Las jóvenes se habían mostrado en ropa interior sin pudor, nos explicó él, ante las preguntas de todos los compañeros de clase.
Interrogado por la profesora comenzó a decir la causa por la que había viajado su cuarta esposa. Estaba embarazada y de una golpiza que le dio la primera esposa, había abortado un varón, por lo que ahora era tabú. Expulsada de la familia se había refugiado en él. Echada de la tribu, no le quedó otra alternativa que viajar a su lado y el clan había tomado la decisión de que no regresara jamás a Burundi.
A fin de año, una comitiva de la tribu vino a buscarlo. La pobre muchacha fue abandonada en nuestro país por orden de los ancianos de Burundi. La profesora, se hizo cargo de ella. Descubrió que estaba muy enferma. Era portadora de una enfermedad endémica en África y el remedio estaba en el norte de América. Por lo que partió como si fuera un bulto más entre los fardos de libros y trastos de la investigadora. Cuando estudió el mal de la joven mujer, supo que nunca llegarían a término sus embarazos por aquello que padecía.
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