viernes, 12 de agosto de 2016

LUANA VOLÓ


MUCHACHA EN SÍ BEMOL.

 

Luana caminó por el adoquinado, conforme. Había conseguido ingresar en el ámbito del teatro más prestigioso como segunda bailarina. Sus pies agrietados por los ensayos ya no le dolían. Era feliz. Su maestro Lijuel Boroskyn apostó a su calidad. No es fácil, le había dicho, pero verás como cada día, si te lo propones, tu tarea será más y más valorada.

Recordó el día en que su madre se iba a la fábrica de máquinas viales, y ella le dijo que quería ser bailarina. Lloró. En realidad lloraron juntas. Su madre sabía que se alejaría para siempre del pequeño pueblo, pero que el futuro era de su querida Luana.

            Consiguió que un capataz hiciera los arreglos y llegó a la capital, con sólo su sueño. Delgada, ínfima en su contextura, pálida y sutil, parecía una libélula desplegando sus pequeños brazos hacia el cielo. Su rostro, picado por la varicela la hacía parecer un ratoncito perdido. Su maestra, la primera que la recibió, se llamaba Nindya  y era tan severa, que sintió  que la despreciaba. La otra, antes de Lijuel Boroskyn, era Annia Glastovievich, la otrora primera bailarina del mejor ballet del mundo. Luana sudó. Sollozó. Gritó. Sus pies heridos por las puntas de madera, los dedos sangrantes, hasta que se encallecieron bajo las medias de algodón, fueron los órganos fustigados para lograr de Luana una bailarina. Cuando llego el examen final y Lijuel Boroskyn la eligió junto a tres jóvenes más, creyó que tocaba el cielo o la cara de Dios, con sus pies. Inmutable, el maestro, las hacía llegar a la máxima mortificación con su bastón de marcar el ritmo, golpeando pantorrillas y espaldas. Así había sido señalada para la prueba. Y allí estaban con Maika Verchinuaka tratando de conseguir el primer puesto en la compañía. Tomadas de la mano, esperaron el resultado de la prueba. Luana quedó en segundo puesto. Corrió a buscar una forma de comunicarse con su madre. Por el adoquinado primero caminó, luego corrió. Fue tan fuerte el golpe que le propinó el viejo camión del ejército que voló por el aire. El chofer sólo atinó a decir: - Alguien dijo que las mujeres, y las mariposas se parecen bastante. ¡No lo creen? ¿Vieron cómo voló,  parecía que quería tocar el rostro de Dios con sus pequeñas manos!  Y siguió su ruta para cumplir con la entrega de las armas que llevaba al cuartel.

 

 

NATURALEZA VIVA

EN CALAFATE, LOS ARRAYANES JUNTO AL LAGO. LA MADERA ES FRÍA COMO UN MÁRMOL. ES POCO COMÚN ENCONTRAR BOSQUES DE ARRAYANES, HAY EN LA ISLA NAHUEL HUAPI Y EN CALAFATE.

EN MI PAÍS HAY VIDA... HAY UN MUNDO MARAVILLOSO EN CADA RINCÓN.
 
La jarilla derrama flores

de amarillos soles quietos.

Entre las setas y los hongos que afloran entre los cielos

el agua pura del cielo, regala viñas de ensueño

CARTAGENA, CIUDAD DE LEYENDA


CARTAGENA, CIUDAD DE LEYENDA


            Caminaba por las tranquilas calles de Cartagena. Había soñado toda la infancia y la juventud con este viaje que por fin pude concretar. Algo aquí atraía mi espíritu aventurero y  afiebrada imaginación. Sentía una fuerza  singular que me provocaba asombrosas sensaciones cuando soñaba con una ciudad extraña y se reiteraba constantemente ese sueño. Alguna de las cien pitonisas que visité en busca de respuestas, quiso ver una vida pasada en otro mundo. Yo me reía de esas extravagancias propias de mi generación. Nací en la década del 60 y entre hippies y rock, aparecieron los orientalistas con sus ideas nuevas. Pero: ¿Cartagena sería en realidad ese otro mundo? No, yo creo que todos mentían. Estas piedras del fuerte, de las viejas y restauradas viviendas de antaño, son tan sólo una maravilla antigua, digna, que debía disfrutar  en las vacaciones.

            Caminé y caminé durante todo mi primer día, compré un vestido de algodón blanco para exorcizar el calor húmedo que se me colaba por los poros. Entré en la calle  de Los Siete Infantes alrededor de la media tarde. El olor del musgo de las viejas piedras, de los paredones de las defensas erigidas contra los olvidados piratas, llenó mis sentidos de una embriaguez insólita. ¡Yo en Cartagena!

            Me sentía libre y nostálgica. Caía la tarde y todo se tornaba de ese tono anaranjado y dorado viejo como un cuadro antiguo, mezcla de los olores violentos del mar y de las flores que crecían en todos los balcones señoriales impregnaban aún más el ambiente haciéndolo más atractivo para mí.

            La calle por gastada y por la forma del terreno caracoleaba entre palmeras y jardines. En un recodo de la callejuela “Del Boticario”  y ya casi bajo una semidestruida casa de piedra sentí  la presencia. Era como encontrarme con la transferencia  efímera pero tangible de un ser del pasado. Me acerqué al portal de reja y "La vi” allí con sus ropas anacrónicas y sutiles. Era una joven de porte altivo. Mulata de rostro anguloso y ojos grandes, ágil, que balanceaba una farola con una luz imperceptible, a los ojos menos avisados.

Un cortejo brumoso la acompañaba. Temblé. Los adoquines húmedos, grises y penetrados de helechos salvajes formaban un cuadro que me atrapaban. No me podía mover. El sol había desaparecido y el dorado se había convertido en violeta y un mundo de rumorosas sombras me envolvía. Algo me invitaba a tratar de desentrañar ese raro suceso que me acontecía. Llegué a sentir por momentos el silbido de las balas de arcabuz y el olor de la pólvora que me llegaba desde el puerto mezclada a los viejos olores del miedo. Desde el “fuerte” sentí apagados gritos de dolor e ira. Me acerqué. Cuando toqué los vetustos hierros del portal una ráfaga helada desdibujó la escena. La esencia del pasado había desaparecido con sus bonanzas y desgracias. Me quedé un instante inmóvil y pensativa. Continué mi camino hacia el hotel. Allí me sorprendió el silencio  y la paz que reinaba. Estaba agitada y febril.

Apareció un joven encargado del hotel, me preguntó si el sismo que se había producido, hacía más o menos una hora, me había provocado algún problema. Yo impaciente respondí negando y casi corrí a mi habitación con profundo miedo, dado que continuaba el movimiento sísmico. Caían trozos de mampostería y crujían en derredor, muebles y enseres, como si estuviera por derrumbarse en escombros.

            En el ventanal  que daba al jardín poblado de palmeras y buganvillas coronadas de orquídeas perfumadas,  vi la imagen reflejada en el vitral y mi confusión fue verme, morena y vestida igual, igual a la joven del jardín que me sonreía señalando la playa.

            ¿Ahora me pregunto si así nacen o mueren las leyendas?

                                                          

 

POESÍA 103


ASOMADA HE VISTO….

 

He visto asomada a la orilla del brocal un rostro

tenue y frío. Una mano celeste, inmaculada

dentro de un fanal de seda ámbar

con brillo de telar sin hilos. De sol dormido.

 

He visto asomada la triste mirada de una estrella.

Un rubor de laguna entre la niebla.

Espigas que se mecen en el pecho lácteo de la brisa.

Una boca sellada con notas de Vivaldi o Haendel.

La sombrilla de mariposas de colores asomada  a mi nombre.

 

Un verano sin piel dorada por los rayos del mar

y frescas olas de sol acariciando mis ojos asombrados.

¿Estás ahí, acaso madre mía? ¿Duermes un sueño inmemorial?

¡Cómo extraño tu crítica lúdica a mi loca poesía!

Te extraño, madre. Hoy te extraño.

 

 

VENECIA



LA INSPIRACIÓN, EL ROMANCE Y LA HISTORIA DE PASIÓN EN LOS RINCONES DE VENECIA, FUERON MOTIVO DE INVENTAR CUENTOS Y RELATOS.

POEMA 102

102

  Un día   navegué entre corales
que saludaban mi paso de gaviota ingrávida
un día  caminé la calle solitaria que humedeció
la contagiosa locura de mi cintura joven
sorprendiendo a la arboleda
con mi paso
y el silencio de palmeras desdibujó las nubes que
tapaban mi desnudez de sombra
un día desdoblé mis palabras en poemas
que quedarán como las quimeras en la orilla de mi pena.
Un recuerdo de cielo se evapora
La sal se ha reposado en mis pestañas
cambiando la mirada de las olas que atropellan.
Se ha llevado a la niña de los sueños,
ya no juega la arena en mi pecho ni en el pubis
estamos programando la partida.
 
 
 

 

EIDE 2012 PANAMÁ


EN LA CASA DE LA ESCRITORA Y POETA "DIANA MORÁN" EN PANAMÁ QUE NOS ACOGIÓ SU FAMILAI CON UNOS MANJARES EXQUISITOS. UN JARDÍN MARAVILLOSO. EN SU HONOR Y RECUERDO SE REALIZÓ EL ENCUENTRO LITERARIO.



AMIGOS ESCRITORES DE PERÚ, FRANCIA, COSTARICA, ECUADOR, ARGENTINA, MÉXICO Y COLOMBIA JUNTO A LA FAMILIA DE LA ESCRITORA DIANA MORÁN. SU HIJO E HIJA, CON SUS AYUDANTES. UNA FIESTA INCREÍBLE.