martes, 21 de febrero de 2017

CUENTO DEL LIBRO ¿SOMOS DUEÑOS DE OTRA VIDA?

NIEVE DOLOROSA

Dos teléfonos sonaban marcando una melodía poliforme sin ritmo ni sentido. Sonaron de día, de mañana, de tarde, al oscurecer y a la madrugada. Nadie respondió.
Afuera comenzó a nevar. Se hizo silencio al tercer día. Un silencio que desparramó su desgarro con tenacidad de gelatina caliente. No, era una mezcla de aceite y grasa de cerdo hirviendo la soledad silente.
La nieve tapó la calle, la casa, la vida. Tapó el silencio que cercó la sala. Nadie entraba ni salía de la vivienda. Pasó el frío y comenzó a derretirse el hielo transformando en barro sucio y resbaladizo.
El hedor y la aparición de moscas de diversas especies lanzó un llamado de atención al único vecino que habitaba en la cercanía. A golpes derribó la puerta el sargento Andres Regules y el bombero Hilario Cruz, entró tapándose la boca y la nariz. Sobre un colchón viejo, yacía un cadáver apenas reconocible por el estado de descomposición. Entre sus fémures negruzcos, aún en su bolsa y demoledor e indefenso hallaron un nonato.
Ingresó un joven como enajenado gritando: ¡Daniela, amor mío! Cayó de rodillas sobre la sangre seca y lloró.

Repite y repite que la nieve lo detuvo en una ciudad en el sur, desde donde no pudo regresar a tiempo y que su mujer no atendió nunca los teléfonos. Creyó que había regresado a su país natal.La investigación continúa, algo no conforma al sargento Regules. Tal vez el entomólogo pueda darle una pista, ya que junto a la puerta había huellas de pisadas que tenían las marcas de un calzado que no se usaba en esa región y que casualmente era igual al del doliente esposo.

MAESTRO DE CEREMONIA

COQUITO LÓPEZ, MAJO.
           
            La puerta del comedor brillaba con el brillo de su traje blanco. Tan majo como el mejor. Zapatos de charol negro y cabellera gris plomo que caía con sorpresa sobre los hombros fuertes. Una camisa negra de cuello de puntas largas y un anillo de oro con piedra en cada dedo meñique. Coquito López, dijo y una extraña reverencia me hizo sentir princesa. El salón arreglado para un suceso descollante. ¡Una boda,- me dijo- y su sonrisa franca cabalgó entre los dientes muy blanco y coronados con un pequeño diamante!
            Un guía de esmoquin y delantal de lienzo, nos ubicó en una mesa escondida entre otras tantas. Éramos extranjeros en el mundo comunitario de ese pequeño pueblo. Estábamos como ladrones de felicidad ajena y nos trataron de soberanos, dueños tal vez de un día de sueños de los jóvenes del pueblo. Yo me sentí espía, atisbando la comarca de otro reino. El poderío de Coquito López, el Maestro de Ceremonia. Su traje blanco con cadenas de oro, fulgurando sueños de Gran Maestro de un ámbito de monarcas imperiales. Se acercó a nuestra mesa y con galante finura preguntó -¿Quiénes son ustedes? Sus nombres, para nombrarlos en esta boda en la que participan por ser forasteros en viaje.- y partió con paso firme a tomar un micrófono desde donde partía la música bailantera.
            Toda Córdoba brillaba en ese salón de fiesta. Iba ingresando gente que nos miraba sonriente. Curiosos nos saludaban y Coquito esperando a la pareja que venía desde el templo a su festejo. Nosotros tratando de pasar desapercibidos, en un rincón en que flotaban globos, comíamos el menú exquisito. De pronto Coquito nos llamó por el nombre... y todos se volvieron a vernos. Éramos los foráneos en el único restaurante del pueblo. Cansados de atravesar kilómetros parecíamos un casal de astronautas que han perdido el rumbo. A pura sonrisa y manos que arremolinaban el aire saludamos con ternura a la joven pareja.
La música estalló y los aplausos a la nueva familia. Ella con su precioso vestido blanco y el velo de tul abrazaba el espacio en un vals precioso. Él, con traje oscuro y zapatos lustrados parecía un delfín de reinos distantes. Dejó la novia su ramo de flores perfumadas y él, dejó la libreta de esposo recién confirmado por un hombre de Dios.
 Luego de pagar sin hacer muchos movimientos, nosotros dos, salimos deslizándonos para dejar el lugar y Coquito que atento nos vio en la escapada, pidió un aplauso sonoro para “esos viajeros” invitándonos a un próximo encuentro.

Aun resuenan en mi memoria los elogios del “Maestro de Ceremonia” en ese inesperado encuentro.

POEMA 005

Mas
espero que comprendas
ese día llegó la primavera. Llegó poblando el campo
un pequeño unicornio. Era nuestro pequeño ángel.
Floreció un campanario en mi bodega trasegada de flores
con la extrema belleza del cristal
sus rizos conjuraron la estrategia de sueños
volvimos a creer en la voz que decía
en un poema de Shakespeare       que somos
“engendrados con materia de sueños”

dormité conmovida a la espera de un breve milagro
que se sigue proyectando en nuestra vida
Tú ¿lo sabes?


miércoles, 15 de febrero de 2017

MIS HUESOS

Castigaré la sombra que precede mi paso.
Contagio de ausencia será el camino
cuando atraviese el pórtico del miedo.

Miraremos los huesos que quemarán la vista
con blanca opalescencia al sol
como si fueran mármol caliente
o alabastro frío. Estos huesos que me acompañan,
calendario vertebral, desde la infancia.
Roca imperfecta.
Esponja solidaria.

Tal vez no reconozca mi porte
Ni mi sombra. Seré un árbol muerto. Pintado. Albo.
Lloraré en un baúl con aroma de pino
por los dorados viernes de unos lirios azules.
O llorará el papel en blanco de mis labios.
No habrá más poesía volando por el campo.



OTRO CUENTO

LOS VIEJOS.

            No es fácil, en verdad, no es fácil. La mujer camina con dificultad entre los cuidados muebles antiguos y  cada paso que da le parece que hace un esfuerzo inusitado. Los recuerdos vienen y van. A veces le parece que está cerca de la vida, otras que la sombra se acerca para buscarla. Ella es orgullosa y no va a deponer su resistencia. No será una partida anticipada. Se sabe hermosa. Claro ya no quiere verse en el espejo. Allí, está la verdadera y su amado compañero la sigue como si tras ella estuviera el premio mayor. Todavía él tiene la mente fresca. Ella se pierde por momentos. Tengo que ir a la escuela, dice algunas mañanas. Pero luego de un rato de silencio recuerda que hace muchos años que está jubilada. ¿Querido cuándo vienen los chicos del colegio?. Pero sabe que ya son universitarios, que están lejos. Alberto, es médico y vive en Canadá con su familia. Laurita, es farmacéutica y tiene una farmacia en la Patagonia  junto a su marido. Ernesto falleció en un viaje por la ruta a Mar del Plata, con su hijo de catorce años. Su nuera y sus dos nietas están viviendo en España. No vendrán. El país no les da oportunidades. Catalina ya cumplió setenta y tres años. Está sufriendo, dicen los médicos, una enfermedad cada día más común. Anzhaimer.
            El amor que ha unido a esta pareja, le obliga a recluirse en su casa a la espera de un remedio o de un cambio. ¡Es tan difícil! Es una enfermedad que produce un deterioro de las neuronas del cerebro. Los amigos no reciben respuesta a sus llamados, ni los vecinos, que ven preocupados como se van deteriorando ambos. Odilia, la amiga más fiel, busca comunicarse con los hijos, pero ninguno puede hacerse cargo.
            Una tarde, Catalina, ve caído en el baño a un señor. Es ese hombre que nunca la deja sola. Ella se acerca y lo toca. Está muy frío. Se queda horas junto a él. Pero no se mueve. Asustada, abre la puerta de calle y sale caminando por la acera desierta. Un muchacho, se sorprende al ver a esa dama en camisón caminando sola y la detiene un momento. Ella lo mira y le sonríe. Él, cree que la mujer sabe a dónde va. Sigue su camino. Ella, continúa por la vereda hasta llegar a una esquina donde pasan muchos automóviles. Cruza sin mirar. Un camión frena, pero no puede impedir golpearla. El chofer desesperado, la levanta y la lleva hasta una sala de auxilio. Nadie sabe quien es esa dama en dificultad.
            En el noticiero de la tarde ponen una foto de la señora. Nadie la reconoce. Es una vieja herida. Una mujer que tal vez, ha sido abandonada por sus hijos. ¿Lo ha sido? Luego por los golpes recibidos ella se duerme en un dulce sueño.
            Una semana después, el mal olor despierta sospecha en los vecinos. Llega una patrulla y abren. Él, está allí, muerto. Buscan a la dama. Un joven oficial, recuerda a la mujer del accidente viendo la foto de Catalina en la mesilla. Buscan a los hijos y ahora sí, tienen tiempo para asistir a su despedida. Cuando regresan a la casa, un silencio doloroso los envuelve. ¿ Qué nos ha sucedido? Hemos permitido que mamá  y papá se murieran, sin asistirlos. La Muerte, parada junto a la vieja foto familiar ríe a carcajadas. Otra vez atrapó a una vieja y a un anciano abandonados porque el siglo XXI es el enemigo del Amor. Ni siquiera la Señora de las Sombras llora por esa pareja que terminó su vida con amor humano.


CUENTO CORTO

LOS REMOLINOS.

            Los remolinos de tierra caliente envolvieron el cuerpo frágil. Nora se sentó junto al pozo. Lloró un corto tiempo y pequeños hilitos de barro rayaron la piel rosada. Gritón ladró. La mirada de la niña recorrió a su alrededor. Parecía que la rodeaba un desenfreno de abalorios. Rió de pronto como hacía años que no se reía. Sola en la inmensa soledad de la tierra. Carlos ya no estaba. Desinflado como un muñeco de hule, colgaba el estrafalario ropaje que usara para bajar al pozo. ¿Ya no volvería más?
            Entonces se sacó las sandalias y caminó entre las viñas recogiendo uvas maduras de un raro tinte morado. Las apretó entre los dedos y le sorbió el jugo caliente y dulce que se desparramaba por entre los dedos. Se enjugó las lágrimas y hablando al parral le contó que nunca más le pegarían con el rebenque, que ahora podía jugar con el perro y que su madre regresaría al caserón para volver a amasar el pan de cada día. El viejo astuto, yacería entre los ladrillos del pozo y difícilmente podría llegar hasta el brocal para hacerles daño. Miró por entre los viñedos y vio el carro que dejaba a su hermana y a su madre cuando volvían de cosechar.

            Corrió y les dijo que Carlos, el malvado, había caído al pozo de agua y ella no pudo ayudarlo a salir. La madre y la hermana la abrazaron y caminaron lentamente hasta la puerta abierta de la cocina para comer. El sol se ocultó tras las montañas y el silencio se derramó por la finca. Los grillos, sólo los grillos hicieron su eterna melodía de nostalgia amorosa. Durmieron por fin en paz. 

TURQUÍA Y GRECIA

 LA MEZQUITA DE ANKARA, ILUMINADA EN EL ATARDECER. UN PARAÍSO EN LA MITAD DE LA CIUDAD. SU LÁMPARA ES MARAVILLOSA.
 LA TORRE GÁLATA, DEL SIGLO X O XIV, ES INCREÍBLE HABER SUBIDO HASTA SU PARTE MÁS ALTA PARA VER TODO TURQUÍA EUROPEA Y ASIÁTICA. ¡SIN PALABRAS!

CUANDO LO ESTUDIAMOS EN LA ESCUELA NOS PARECE ALGO SIN TRASCENDENCIA. LAS VERDADERAS ESTÁN EN EL MUSEO DE ATENAS, PERO CONMUEVE VER LAS COPIAS. UN LUJO QUE ME REGALÓ DIOS.
EL PARTHENÓN . TRATAN DE IR RESTAURANDO DE A TRAMOS PORQUE EN LA GUERRA FUE USADO COMO POLVORÍN Y LO BOMBARDEABAN. OTRA MARAVILLA. GRACIAS DIOS.