LA NUEVA CATEDRAL DE RÍO DE JANEIRO TIENE UNA ARQUITECTURA QUE SORPRENDE, DESDE LA PARTE EXTERIOR PARECE UNA PIRÁMIDE MAYA. ACÁ LA LUZ QUE ILUMINA EL SAGRARIO EN MADREA ACHUELADA, ATRÁS PARTE DE LOS VITEAUX.
EL CAMPANARIO TAMBIÉN TIENE UN EXTRAÑO FORMATO CIRCULAR COMO TORTAS ENSIMADAS.
EL ALTAR MAYOR CON VITREAUX, UN CRISTO EN MADERA MUY MODERNO SOBRE EL ALTAR. NADIE ME SUPO DECIR QUIÉN FUE EL ARQUITECTO, PERO NO ES EL MISMO QUE CONSTRUYÓ LA DE BRASILIA.
lunes, 26 de agosto de 2019
UN CREPÚSCULO PERFECTO
La espera
Un sonido que no
llega en la tarde
apenas iluminada
del crepúsculo
Espero
y el tiempo que me envuelve en sus nubes
imprecisas destacan el rostro dilatado de la
luna.
La
espera será larga
habrá violetas a mi lado
cubriendo el tornasol crispado del
poniente.
Volaré buscando la belleza
el cordón pintoresco de tu nombre.
Seré un globo en el cielo que se aleja
hacia el tiempo infinito
del crepúsculo perfecto
desfile de sonrisas en la máscara triste.
Espera
y una lágrima de yeso caerá de mi rostro.
No puedo.
Tengo el rostro cubierto de silencio.
Volveré a la niñez con el color bermejo
que vuela en la distancia.
entre cielo y montañas
entre
la vida y el pecado de soñar despierta en un crepúsculo perfecto.
Ese sueño opaco de la ciudad violenta
de mástiles sombríos
de pancartas rotas de carteles sin señales ni belleza.
Hoy hay teatro y sus escenas serán
nuestras
es nuestra vida. Nuestra nueva vida.
Dorado Mar
Desplaza la
marejada un torrente dorado de agua que repta por la arena sedienta
contemplo el
vientre preñado de vida en las aguas bravas.
Es un alambique
apasionado donde la fertilidad sin fin,
se mueve
entre algas fantásticas, corales iridiscentes y peces sedosos
que bailan en la profundidad.
Afuera, trasmuta el arenal sus dunas. El desértico portal
de los silencios rompe las olas en su ritmo perpetuo.
El paso de planetas inesperados en el mar celeste e
infinito,
marca en el firmamento la señal orbital del astro muriendo.
Impregna la fatiga del tiempo en movimiento consecutivo
de un futuro
que de incógnita sostiene el alma perdida. Un pez bicéfalo
golpea hacia la nada.
Duerme en el abismal azul la sirena sedienta de ser fértil
mujer enamorada.
Su canto se dispersa en la torrencial marejada del
océano. El sol emerge en el horizonte.
La imagen se desdibuja entre la espuma y el silencio del
canto es sólo un sueño.
UN OTRO, EL HÉROE
Vivo en un
edificio enorme. Tiene cuarenta pisos y los elevadores, que son viejísimos, son
un espacio descabellado. Cada mañana debo saltar de la cama media hora antes de
lo normal, para poder llegar a usarlos. Siempre atestados. Siempre al abrirse
la puerta está lleno y la gente con cara enojada, porque tienen que ir a
trabajar. A veces me miran con desprecio. La mayoría toman el tren o viajan en
subterráneo hasta llegar a sus lugares de trabajo. La mayoría son personas que
en cuanto pueden emigran a zonas más
recomendables. Belgrano “R” o Flores. En fin yo no me puedo dar ese lujo. Sigo
acá con mi gabardina desteñida y mis zapatillas de segunda marca. En el diario
donde trabajo, ni me miran. Soy casi tan invisible como el chico que trae el
café o el que reparte los telefax. Igual yo sigo aprendiendo. Soy periodista.
Joven, sin trayectoria y como mujer, cristiana y sin ideologías extremas… no
existo. Pero eso es otro tema.
En mi edificio
vive gente tan dispar como en cualquier edificio de una capital importante
sudamericana. Antes no, antes era un edificio en el que vivían militares. Todos
del aire. Los que volaban en aviones de ultrasonido. Pero ocurrió que mi país
entró en “guerra” con… nada menos ni nada más que con El Imperio Inglés. He
leído todo. Desde lo escrito en diarios, libros de historia, de sociología y
política. Tengo grabado hasta los nombres de algunos, que para los de mi país,
fueron “idiotas útiles” hasta de los que en la “Gran Isla” consideran héroes de
guerra. He leído diarios donde se mofan, otros donde los enaltecen y otros con
diatribas incontables.
Bueno, cada
mañana cuando espero el elevador, en el fondo hay un muchacho moreno, usa un
bigote armado, delgadísimo y serio. Le digo “Buenos días” y sonríe y hace un gesto
amable, pero no habla. Siempre está solo. A veces, lo he visto salir apresurado
cuando una mujer joven espera ingresar al pequeño habitáculo con dos niños
pequeños. Una nena y un varoncito. La nena, sonríe igual que él. El varón es
muy triste y nunca sonríe. La mujer… ni habla, ni se ríe, sólo trabaja. Se nota
que lleva los chicos a un colegio cercano, público, porque no usan un uniforme
establecido. Ella sale casi como yo, corriendo sube a un viejo coche
destartalado y parte por calle Córdoba hacia el sur. Nunca pude entablar una
charla con ella. Se viste siempre de azul oscuro o negro. ¡Bueno las mujeres de
nuestro país somos de vestirnos con colores oscuros y lamentables! Así, han
pasado varios meses y años. Como siete años, diría yo. Hoy, la nena, me dijo
que se llama María Loreto, (¡pobre qué nombre que le han puesto!) me dio
charla. Este año cumple quince años y quiere ir a Disney, pero la madre no le
puede pagar el viaje. Su pensión de viuda, no le permite. Así supe que la mujer
es viuda. La “Lore” (como me dijo que le diga), me contó que igual ella no deja
de soñar, espera un milagro. Y yo le dije que no dejara de soñar. Así comenzó
una charla amable y les conté que trabajo en el diario y que vivo sola, que soy
del interior, etc., etc. La madre siempre callada y el chico solitario mira
hacia la nada.
Comienzo ahora,
por contarles que hoy, justo hoy cuando en la redacción trabajaba en un
reportaje a unos ex soldados de Malvinas, cayó en mis manos una foto. La foto
tiene cincuenta y cinco retratos de aviadores que lucharon allá; de todos los
hombres que murieron en la Isla
del Sur y casi me desmayo. En la primera fila, superior derecha, veo el rostro
del hombre que viaja con nosotros en el elevador cada día.
Cuando al
regresar hoy, Lore me mostró la foto de su papá, otro sofocón, el que me
mostraba es el mismísimo de la foto que ví esta mañana. Espero subir como todos
los días al ascensor, para saber si aun viaja con nosotros y ¿A dónde se
dirige? ¿Me animaré a preguntarle? ¡Qué oprobio no saberlo antes! Capaz que le
pida el milagro para que Lore viaje… ¿podrá hacer algo?
INVIERNO EN LA MONTAÑA
Miró hacia la
montaña y reconoció que la tormenta se avecinaba, perturbada tomó su poncho mapuche, ese que la
acompañaba desde que Horacio había partido la primera vez hacia la frontera.
Negros nubarrones cargados de nieve pesaban en las laderas. Bajaban los grises
sobre los riscos.
Comió un buen trozo de pastel, un trago de
“chicha” y se enfundó la mochila a modo de refuerzo, llena de jamón, queso de
cabra y agua, para llevarle apoyo al hombre. Él, la esperaría en el viejo puente
junto a los abrevaderos. Las llamas y las guanacas estaban en tiempo de
parición y no podían dejarlas solas. El comprador europeo, llegaría en verano
para pasada la esquila, llevarse los vellones de mejor calidad a Milán.
El año anterior, habían sacado un
muy buen precio y las colecciones de moda en Italia, se regocijaban con la
novedad de esa lana fina y natural americana. La tormenta, con sus ráfagas de
viento helado, la tiraba sobre la agresiva senda. Siguió un trecho pero un
tapiz de nieve se iba acumulando. El frío le impedía continuar. Decidió
regresar a la cabaña. Horacio la estaría esperando ansioso. Era imprescindible
que se abrigara. El calor de la chimenea era una fuerte tentación. Pero...
debía volver a salir hacia ese destino previsto.
Ella era tan perseverante, que a
pesar del peligro, se calzó las botas largas, una vez más. Seguro que en el
refugio, aunque lejos, su hombre otearía el paisaje en la espera. Nunca lo
dejaría solo allí. En la nieve las huellas le advirtieron la presencia de un
puma, pero siguió hasta que avistó el humo de la chimenea. Los perros ladraban
con regocijo, el corazón le golpeaba el pecho como un tambor de carnaval.
Pero cuando llegó alrededor de la
cabaña, no encontró a Horacio. Tendría que esperar. ¡Adónde estaría el
hombre? El aullido de un lobo la
despertó, se había quedado dormida y ahí de pie Horacio la contemplaba con la
pipa en la mano, que entinta en sangre le advirtió que había tenido una pelea
con la fiera. Pasarían otro invierno más.
DEL LIBRO INÉDITO DE POESÍA
Y entonces
sucedió que
descubrí que
no estaba sola
que el canto
quejumbroso del ave agorera
me acompañaba en
el destierro de la noche. Y
que una estrecha
parte del gentío me seguía
arrastrando un
desahogo de urdiembres milagrosas.
Míticas.
Burlando las
mascaradas siniestras
de un carnaval
mitológico sombrío, pero
no lo estaba,
sola,
quedaba
incrustada en el vacío rodeando al tiempo
con los ojos
llenos de cristales entramados.
Presentí,
entonces, la presencia
sucedió el
milagro cuando danzaron los memoriosos
en la
contemplación de la luz
la
reminiscencia troquelada, aviesa, inútil
mas, memoria que
no olvida los recodos del camino
donde se
detienen los migrantes.
Allí estabas en
la búsqueda ilusoria
contorsionando el espacio entre la luna y las palabras.
Ahí estaba el
aliento de la noche, tus besos, tu presente.
No estaba sola.
No lo estaba.
viernes, 23 de agosto de 2019
UN SIMPLE POEMA
MI CIUDAD
NECESITA TU ENERO
SUS ROSAS
BLANCAS
TU CULTIVO
DE PALMERAS.
MI ALMA
PRECISA
TU POEMA
EL COLOR
CARMESÍ DE LA ÚLTIMA LÁGRIMA
EL COLOR DE
UN CIELO CON SOL DE PLATA.
MI CUERPO
NECESITA
LAS MANOS
DE CADA NIÑO CAMPESINO
DE CADA OLA
DEL CARIBE.
DE NARDOS O
ROSAS
O DE UN
BESO
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