jueves, 11 de agosto de 2016

PARÍS

GALERIAS LA FAYETTE, PARÍS. VITRALES Y BALCONES.
  UN RINCÓN DE PARÍS PARA POETAS Y PINTORES.
 
EN LA NOCHE ESTALLAN LAS LUCES EN LA TORRE.

PARTE 2 DE ENCUENTRO EN PARÍS.


ENCUENTRO EN PARÍS 2

 

            Volver a la casa de Jean es para mí un delirio. No puedo aceptar regresar a mi juventud. Me odio y odio todo lo que significa verme como soy ahora. Un anciano con principio de Parkinson y la enfermedad maldita… ¡Mi amado bailarín! Supimos tan tarde de lo que se había incrustado en nuestra sangre y nuestras entrañas, nos castigaríamos con frenesí de besos y caricias tan sólo. Y hoy estar así expuesto a la mirada insidiosa de un grupo de inquisidores que si no lo saben lo sospechan.

Me han dicho que Maggy Piergge es una gran poeta y no soporto la poesía. Me han hablado de un tal Raymond Wynter que escribe las mejores críticas en los periódicos de Francia y Europa, y yo ya no necesito críticas y menos de cincos petulantes aprendices de periodistas.

Me esconderé en la fantasía de mi estereotipo. Todos creen que me visto como lo hago por excéntrico y me oculto de la voracidad de los estúpidos pseudo traviesos modernos.

Nosotros fuimos los que revolucionamos el mundo artístico del siglo. Ya está, ya estoy acá. Me siento en el sofá menos luminoso. A mi lado un petimetre con aire de sabiendo me observa. Me habla y no le respondo. No quiero. Me niego de desnudar mi alma en este hueco.

El champagne y las trufas están buenos. Los quesos también. El vecino sólo come unos “penne a la romana” que le trae Jean. ¡Me muero de rabia cuando veo que al pasar junto a un tunante español, se besan con pasión mientras acaricia a un efebo cariacontecido de pacotillas! Odio sus rostros juveniles y asoleados por el mediterráneo, su salud de hombres fuertes y sanos.

Me presentan al periodista que me observó como un endemoniado antropólogo. Es el crítico de Le Monde. Portugués por nacimiento pero inglés por origen. Me dice entre bocadillo y bocadito que su padre era diplomático. Que su abuelo inglés, se enamoró de una cantante de Fado y escapó de su hogar en la húmeda isla y se fue tras una hembra de sustancia, sensual y alegre. Nada tímida y que lo abandonó tan pronto nació su hijo que resultó ser su progenitor. ¿A mí me resbala o me tienta? Oigo sin escuchar o escucho sin oír. ¡Es lo mismo!

            La poeta se detiene y sale, yo quiero huir y me toma Jean para presentarme a sus amantes. Tomo el violín y comienzo a ejecutar un concierto casi inagotable de belleza. Mis manos se enredan en las cuerdas y rompo la hermosa copa. Jean exclama su dolor por la rotura, mas el sabe que es una forma de romper su corazón.

El crítico me parece inteligente, es viril y tranquilo. Me ha observado y habló poco casi nada, eso me sorprende y agrada.

Me habla de una vez cuando pequeño en la Ópera de París en el Carnaval… yo era un personaje joven e impactante. Le he dejado huellas. Ahora me habla de sus gatos. Yo los odio. Tiene un perro, eso me agrada, yo de pequeño tuve un gran perro y era mi juguete entre la espantosa marejada de odiosos tulipanes.

            Ha viajado mucho. Me habla en varios idiomas y no le pienso responder. Me voy, he visto a Jean acurrucado al españolito y al italiano como serpiente venenosa. No puedo despedirme, mis manos están ahítas de dolor y me puedo caer. Salgo con la cabeza en alto. Buscaré un coche para escapar de este martirio.

            ¿Por qué me seguirá el periodista? Acaso quiere ser mi amante… si no puedo dar nada ya, solo sería una penitencia o un delirio fugaz. Adiós, me dice y sube a un coche que lo espera y desaparece. Adiós alcanzo a murmurar y me pierdo en la neblina de París.

 

CUENTO EN DOS TIEMPOS


ENCUENTRO EN PARÍS

 

Conocí a Erasto Van Heink en el departamento de Jean Dorien. Esa noche la Rue de Mortinot estaba tranquila a pesar de ser un día de fiesta. Varios escritores, algunos pintores y artistas de teatro se juntaron para beber champagne y comer bocadillos de paté y quesos. Supe que Erasto ama los bocaditos y el queso francés. Yo también.

Mi memoria me llevó a recordar a este hombre en la época de su juventud, cuando actuaba en la ópera en Milán, Frankfurt y por supuesto París.

Era un verdadero exótico y su pertinaz silencio, lo convertía en un personaje misterioso. Vestía ropas fuera de moda, que su sastre sacaba de antiguos figurines y patrones del siglo XLIII y XIX. Era calvo por tanto maquillaje que usó durante su época dorada en el teatro, pero usaba pelucas y sombreros que acentuaban su peculiaridad.

Se sentó junto a mí. No me saludó ni me miró. Tomó su copa y acarició el lujo del cristal con una mirada extraña. Yo supe por comentarios que siendo joven tenía la costumbre de romper la copa en que bebía después de acabar la bebida. Locuras de excéntricos.

La tertulia comenzó con charlas y reflexiones sobre la guerra silenciosa de oriente y occidente. Jean, se mostró molesto cuando se elevó el fervor de la discusión y le pidió a Maggi Perigault que leyera sus últimos poemas. Una verdadera fiesta para el oído. Buen gusto, perfecto idioma y justa cualidad en su obra la hace una magnífica poeta.

Erasto Van Heink se movió de su asiento para sacar el violín y comenzó a jugar con una suave melodía de Paganini. Era una cortina perfecta para la poeta. Cuando me tocó leer, escuchó en silencio y luego criticó ferozmente mi trabajo. Le discutí algunas falacias que expresó, pero no quedó ninguna duda del desprecio que sentía por la gente joven. Luego de solicitarle que mejorar mi poesía, lo insté a una interpretación de los poemas de Maggy. Todos esperaban la opinión pero no quiso darla. Enmudeció. Observé que le molestaba como fraternizaban Jean con Félix Ruiz y Roco Petrelli.

Se notaba que sentía celos. Como homosexual había tenido amoríos con Jean y ahora éste vivía con el español, periodista y crítico literario, en Le Monde. También coqueteaba con un poeta italiano que apenas hablaba francés y eso lo volvió más arisco. La envidia y los celos lo hirieron, no pudo hablar sino con acritud de todos los escritos líricos de hombres y mujeres presentes. Ante la insistencia de Jean tomó el violín y comenzó a ejecutar una obra poco conocida de Nicoló Pagannini. ¡Una maravilla! A pesar de que sus manos artríticas ya no pueden realizar las otrora proezas y filigranas con el instrumento, un valioso violín del siglo XIV o XV, nos deleitó. Todos enmudecimos, escuchamos fascinados ese prodigio que envolvía el ambiente. Luego al terminar con el arco rompió la copa de champagne y Jean dejó escapar un quejido de espanto. Eran de un valor incalculable, pero él, sabía que la costumbre no la había perdido con los años. Cada concierto y presentación era una copa menos en el lugar donde cenaba o brindaba.

También un sonido gutural de su ajada garganta rompió el mutismo en que quedamos porque sintió que perdía mucho a su ex compañero. Maggy se disculpó y se fue a buscar un coche que la llevara a La Ville Du Partenon donde vivía al llegar a Francia. Algunos, nerviosos comenzaron a reír nerviosos y otros vieron que lloraba y se corría el maquillaje blancuzco que cubría sus arrugas y manchas de vejez  del rostro.

Allí recordé cuando papá, que entonces era embajador de mi patria, nos llevó una noche de verano a la ópera y lo vimos. ¡Ese hoy patético anciano! Era un “Divo”. Vestía una túnica muy estrafalaria de terciopelo rojo, bordada en hilos de oro y plata, llevaba una alta peluca blanca de forma medioeval con dos puntas, el rostro de blanco mortal y ojos negros muy vampirezcos y las manos de uñas larguísimas y tan blancas como las de un muerto. Era parte del Carnaval de Venecia. Era el violinista inmortal por vampirismo.

Ese día gravé la imagen de un hombre fuerte y magnífico, célebre y apasionado, pero ahora sus dedos artríticos, garras doloridas apenas pueden con su violín. Me dio mucha tristeza ver que viejo, solo y enfermo no podía con sus obsesiones y miedos.

Se perdió en la noche con su antiguo coche por las negras piedras de París. Espero no saber nunca más de él.

 

 

JUEGOS OLÍMPICOS- AL MUNDIAL


AL MUNDIAL...

                        Hoy se armó en casa. Carlota así como así, largó la célebre frase del tenista argentino Guillermo Vilas: “ El césped es para las vacas”. Estábamos desayunando y despiertos desde las cuatro y veinticinco, para ver el partido en Berlín, entre Ghana y Holanda. Papá tenía unas ojeras que parecían las cortinas del teatro Independencia y Lucas enrojecía todo el partido con sus córneas rubicundas por los rayos catódicos. Mi corazón estaba dando su quinta vuelta olímpica a la cancha de Berlín porque si Holanda le ganaba a Ghana, podíamos perder el campeonato. Carlota nos miró con desprecio y pronunció otra de sus macabras palabras. “Son verdaderos idiotas”. Todavía no comprendo cómo papá no le sacudió un tortazo. ¡Se lo merecía!

                        Llegó mamá con su décimo termo de agua para el mate. Sacó unas galletitas y las puso sobre la mesa. Automáticamente comenzamos a engullir sin mirar si tenían arsénico o naftalina. El penal nos puso de pie. A cada movimiento de los jugadores, nos movíamos como títeres o titanes en el ring. Un chiflido esparcido por el living fue el resultado del penal. ¡Animal!- gritó papá fuera de sí. Carlota volvió sobre nuestra loca esperanza diciendo que sólo unos tarados, pueden salirse de sus cabales por un partido entre un montón de negros del quinto mundo contra otro montón de negros del primer mundo. De verdad todos los jugadores son africanos. Bueno; ni la miramos, como te imaginás, aunque papá se la quiso masticar cruda por lo de “quinto y tercer mundo”. Muy discriminatorio…

                        Mamá comenzó a preparar nuestras mochilas. Ese día, era un día más, de nuestras obligaciones, que estaban detenidas en el tiempo. ¡Mi hermana sacó sus libros de la biblioteca! y comenzó a buscar entre las páginas de un atlas.- ¿Dónde queda Ghana?- nos preguntó- ¿Dónde quedaba Ghana? La verdad ni idea, en África seguro, pero el sitio exacto… no. Una imagen de chicos hambrientos quedó suspendida sobre nuestros ojos. -¡Esto es Ghana! - dijo. Papá saltó y le dio un zamarrón. Mamá sin decir una palabra tomó una tijera y luego de desenchufar el televisor, cortó el cable que nos unía al partido con Berlín. Igual perdimos el mundial, pero sigo pensando que Carlota es una amargada. Sólo piensa en cosas serias.

                        En el próximo mundial de fútbol, voy a juntar tanta plata como pueda, para ir a ver los partidos al país, en donde se jueguen.  Ya verá Carlota cuando ella no pueda viajar con nosotros. Seguro que para ese viaje, todos se van a querer anotar. Mamá, dijo muy seria, que nunca más nos va a permitir salir de la cama a horas desopilantes por un partido de fútbol; pero hace unos días atrás, descubrimos, que a las cuatro de la mañana estaban con papá viendo un partido de básquet en Japón, donde jugaban argentinos para las próximas olimpíadas. Con Carlota seguimos peleando, pero ella es una chiquilina con sólo trece años. ¡Es una idiota! Ya va a crecer y se pondrá la camiseta. Ya verán, cuando se ponga de novia, tendrá que ver todos los mundiales de por vida. ¿Qué novio o marido, se aguantará que le prohíban  ver fútbol?

ENCUENTRO INTERNACIONAL DE ESCRITORAS EN PANAMÁ 2012


BAILES TRADICIONALES EN PANAMÁ.
 
LA FIESTA PARA LOS POETAS DE EIDE, PANAMÁ 2012
UN ARTE Y DESTREZA PARA LAS SOÑADORAS DE LA POESÍA DEL MUNDO.

POEMA 101

POEMA 101

Tengo mil patrias de enero, un país peregrino.

Busco un brote de nubes que envuelvan como nido

Mi lecho.

La tarde cae en cristales rotos para herirme.

Sangra mi corazón, sangra y suspiro.

Cae una suave lluvia invernal

Quedo en silencio. Siempre en silencio.

 

martes, 9 de agosto de 2016

POEMA 30


No desearás la mujer de tu prójimo.

                       ¡Ni al hombre!

 

Poema .................30

 

Mis párpados de escarcha se deshielan

transformando sus gotas de rocío en mariposas,

parada en el desierto en esta noche oscura

con frío y sin perfume de jazmines

busco una luz que se diluye

en la tibieza azul del horizonte.
 
Tu boca es una cereza que invita al beso

Tu piel es un remanso de seda tibia.

nada me impide pedirte que me ames, sólo
 
porque no me está permitido soñar con el pasado.
 
tú, estás tras de mi vida cual letanía efímera de antaño.