sábado, 28 de julio de 2018

LA FLECHA ESCONDIDA




Comienzo relatando una historia familiar. Nunca supimos si era verdad o una suerte de leyenda. La abuela Catarina la contaba en tardes de calor y a veces cuando llovía y estábamos aburridos.
Cuando llegaron de su patria, en Europa, traían baúles con un sin fin de ropa, herramientas y utensilios que creían iban a necesitar en esta tierra que para ellos era desconocida y desértica. El tren que los trajo desde el puerto, los dejó en medio de un paisaje selvático con árboles gigantes, helechos enormes y plantas de todo tipo y color.
En las noches escuchaban ruidos lejanos de tambores y animales. Vivían asustados y siempre dejaban un fuego prendido por si se acercaban “fieras salvajes”. En realidad nunca vieron a dichas fieras. De  vez en cuando un monito les robaba una fruta o una ropa que la abuela tendía en un cordel de árbol en árbol, para que se secara. El sol al medio día era igual, según ella, al de su país. No soportaba la humedad, venían de un clima seco y agobiante. Mediterráneo, lejos del mar y más aun, cerca de las montañas. Allí no las había por lo que soñaban con regresar a su patria. ¡Pero no tenían dinero!
El abuelo que tenía veintiún años comenzó a trabajar en un establecimiento maderero, aprendió lentamente el idioma y se pudo defender un poco con sus compañeros de tareas.
¡Siempre renegaba de su condición de extranjero! Le daba a mi abuela, que tenía diecisiete años, unos billetes que le pagaban de jornal y le recomendaba que los escondiera muy bien.
¡Un día los vio! Eran unos nativos. Semidesnudos, con la cara pintada de color negro y collares. En una bolsa llevaban flechas y un arco. La abuela se hizo pis del susto. Ellos la miraron sorprendidos. Seguro. Era la primera vez que veían a una mujer con cabello rojo y pecas; ojos celestes y ropas que la cubrían tanto. Salieron corriendo y se perdieron entre los árboles y helechos. A uno de los pequeños se le cayó una flecha y siguió sin darse vuelta hasta desaparecer de la vista de esa “bruja de pelo rojo”.
La abuela se encerró en la habitación que había construido mi abuelo. Cerró todo lo que pudo con un amontonamiento de arcón, mesa y aparador.
¿No creo que ella tuviera menos miedo que los pobres nativos? Cuando llegó el abuelo y encontró en el espacio que servía de patio, la flecha, la recogió y luego de gritar que le abriera, entró y la dejó sobre la rústica mesa. La miraron con temor, pero el abuelo dijo que tenían que esconderla para que no la vinieran a buscar.
Con el tiempo, en el lugar donde el abuelo trabajaba, conoció a varios nativos y supo que eran buenos, tranquilos y que usaban el arco y las flechas para cazar y comer.
Igual, en mi familia, tenemos como un trofeo la famosa flecha que ya no está escondida, sino que adorna la chimenea del salón como la señal de lo que fue la lucha de ellos para adaptarse a nuestro país.


LOS INSULTOS




Estoy harto de escucharte los insultos por eso me voy, dije enojado. Tu manera de expresar la ira es inaceptable. Miro a mi alrededor y sólo escucho frases hirientes e inoportunas. Parece que un demonio ha penetrado tu corazón. Sigue así y perderás a todos tus seres queridos, nadie te respetará y serás el hazme reír de tus compañeros. El profesor de gimnasia seguía hablando sin dejarme decir, que me habían robado todo el equipo de fútbol que le costó dos sueldos a mi abuelo. Era muy injusto. Los chicos se reían y cuchicheaban dándose codazos.
Yo tenía ganas de llorar, pero si me veían así, sería peor. Elpidio me hizo un guiño, él sabía dónde lo habían escondido. Yo encima me enfurecí más y me le fui. Le dejé un ojo morado. Entonces de las palabras a las sanciones, me echaron del club.
Cuando salía del gimnasio, sobre el cesto de los desperdicios de la cantina, encontré mi equipo y un cartel que decía: “Feliz día del Inocente” Tus amigos de la 5ª y detrás todos aplaudían a rabiar.

UNA TRISTE TRAICIÓN



           
            Andrés era mi mejor amigo. Nos conocimos a los siete años en la escuela de campo y nuestros padres trabajaban en la misma finca. Salíamos con el calor del verano a pescar mojarras en el arroyo con una caña hecha con sauce y piolín de algodón y un tarrito de lata de esos que mamá usaba cuando no tenía dulce casero al que le habíamos hecho una manija de alambre de atar las viñas. Y en invierno, con el frío que nos ponía los pies amoratados; usábamos con unos carboncitos encendidos y en el aula cada chico calentaba los pies y el ambiente. En esa época no se hablaba de estufas. Yo tenía los pies, las manos y las orejas moradas de sabañones. ¡Nunca supe porqué ni cómo salían los muy malditos! Siempre juntos con él, con Andrés. Cada pibe ayudaba con sus medias viejas y armábamos una pelota de medias para jugar al fútbol, claro que en “pata pelada” para no romper el único par de zapatillas decentes que teníamos.
            Me acuerdo que se nos llenaron las piernas de pelo y seguíamos con los pantalones cortos. Un día mamá me llevó al pueblo y me compró un pantalón de denín. Más grande para que me durara. Cuando él me vio se echó a reír, su mamá le había hecho en su máquina uno tipo bombacha de campo y a mí me encantó. Tuve la increíble idea de cambiárselo y me ligué una paliza de las buenas en manos de mi papá.
            Fuimos creciendo. Ayudábamos en la finca cuanto pudimos pero poco, porque nos costaba estudiar, un poco por no tener la cabeza puesta en eso y otro por la poca ayuda de libros en casa y de mis padres. La falta de dinero era un problema, siempre había algo más urgente que comprar libros.
            Igual, yo luché y seguí como pude la secundaria. Tenía que viajar en lo que podía hasta el pueblo y repetí dos veces un curso. Me recibí con más edad que el resto de los muchachos y chicas. ¡Y ahí, residió mi mayor problema!
            ¡Ay, las mujeres! Sí que son un problema. Me enamoré como un zopenco de Clarisa. Una petulante y risueña pelirroja del otro curso. Era, por supuesto, dos años más chica que yo. ¡Pero temblaba todo cuando la veía¡ Su papá, un gringo colorado y forzudo me miraba con cara de odio cuando se cruzaba conmigo; debe haber sido por la cara de idiota que yo tenía.
            Una mañana vino Andrés y me contó que su papá se había ganado mucha plata en la quiniela y yo festejé con él. ¡Para qué! Cuando se enteró la pelirroja, se acercó a mi para que yo le presentara al Andrés y ahí me di cuenta que vale más un billete que una cabeza educada.
            ¡Lo peor, que Andrés se puso de novio con ella y dicen, dicen que se van a casar! Y yo, “pelandrún”, sigo estudiando para ser ingeniero y las chicas que me rodean son más feas que un pisotón descalzo o los malditos sabañones. A eso le llamo una gran traición.  Hasta he soñado que le metía un cuchillo en el corazón al Andrés, pero no, él es mi mejor amigo. Por una mujer no vale la pena… desgraciarse.

martes, 24 de julio de 2018

UN FAVOR



            " Alves...gritó con fuerza....compadre Alves...no me niegue este favor." 
                                                                                                                      Horacio Quiroga.
           
            En la calle se apretaba la gente alrededor de un hombre caído en el pavimento. Nadie se animaba a tocarlo. Un murmullo sólido se elevaba como un remolino de palabras incomprensible... - ¡ Pobre hombre...! , ¿ Alguien lo conoce?, ¡ Está casi... bueno, si llegara la ambulancia...! - así entre los transeuntes se iba declamando un sincero deseo de darle una mano. El hombre tenía una mirada extraviada y un rictus amargo en sus labios apretados y lívidos. Estaba solo. El frío del cemento y el agobio del círculo de curiosos no lo dejaban respirar. Cerró los ojos, que inyectados en sangre, parecían dos pequeños insectos. Quiso pensar en algo lindo...¡ su hija..., la Clara, ella estaría ahora sentada en la cama mirando la telenovela...y en el Tincho...ese perro insólito de piel lanuda y olfato de cazador, seguro estaría con sus largo hocico husmeando entre las manos de la muchacha...! Cerró los oídos  a los llamados de esa estúpida gente que le hablaba. Él estaba allí por desición propia. Era alto el edificio desde donde se había... Un ulular de sirenas lo hizo atravesar el tiempo y lo trajo a la realidad. Le dolía un poco, sólo la cabeza, desde el pecho hacia abajo no sentía nada. Seguro que esta vez la había pifiado, pensó con rabia. Mañana lo intentaría de nuevo...total, si a nadie le importaba su desesperación. Recordó cuando le llegó el telegrama de despido. Pidió y rogó en tantos lados por un trabajo. Dignidad. Eso le daba a él el trabajo y orgullo. Clara lo necesitaba con trabajo. Los remedios no venían solos y los médicos tampoco. Vio la cara de un hombre que se acercaba a su rostro. Tenía un aire de horror y desconsuelo. Él tenía rabia. Una rabia como un globo rojo que se inflaba y se agrandaba como si fuera a explotar. Quiso moverse y no pudo. El médico con un enfermero y un mirón lo estaban tratando de meter con mucho cuidado en una camilla. Sin piedad puteó y se hizo un silencio absoluto. Los otros se molestaron. Un tipo raro se acercó para hablarle de la Biblia. Lo puteó. A él hablarle de Dios...si le había quitado todo por lo que podía seguir viviendo. Hasta Clara era una cruz en su vida. Se distrajo cuando un muchacho con el pelo verde y un sinnumero de aros, le trató de afanar el reloj.
¡ Hijo de gran puta...qué  más quieren que les dé ! 
            Ya adentro de la ambulancia el médico comenzó a darle una inyección y oxígeno. Le hablaba y no se podía concentrar. ¿ Qué le decía ? ¿ Hemi...qué? Se estaba durmiendo con la "pichicata". Se iba...se iba.
            Despertó en el ruidoso callejón donde se había dormido. Las botellas de vino a su alrededor brillaban con las luces de neón. Trató de incorporarse, casi no podía. Le habían robado todo...zapatos, plata, reloj... pensó en lo que había pasado esa mañana. Su hija Clara...el accidente. ¡Tenía que regresar para seguir en la lucha, ahora lo necesitaban más que nunca ! Alguien lo tomó del brazo...era un hombre oscuro y mugriento que le tendía una mano con una
botella casi vacía... - ¡ Alves...- gritó con fuerza...- Compadre Alves...no me niegue este favor...!-

FOTOS PARA INSPIRARSE

 MUSEO DE ESPAÑA UN CUADRO RELIGIOSO MARAVILLOSO
 PASEANDO POR LAS CALLES DE PARÍS, ESE SABOR DE CONFIANZA Y SUEÑOS INCREÍBLES
EL INTERIOR DE LA SAGRADA FAMILIA EN BARCELONA. MARAVILLOSA.

TERREMOTO.



            La casa era casi un sueño.Y nada ni nadie puede decir que no fue fruto del esfuerzo demencial de los viejos. Juntos levantaron las paredes sobre unas vigas de hierro y concreto tan sólido como el amor  y la fidelidad que sentían uno por el otro. Tal vez carecía de belleza y de detalles de terminación que después fueron agregando Yecenia y Lisandro, mis hermanos que estudiaron arquitectura e ingenería respectivamente. Yo la recuerdo a mamá con sus delantales hechos con antiguas enaguas de algodón amasando pan frente a un rústico fogón, o a papá arreglando su bicicleta para ir al centro a comprar algún elemento para la quinta.
            Un día llegó el progreso, el tan esperado y mentado progreso. En el club o en el banco no se hablaba de otra cosa por tiempo y tiempo y cuando supimos lo que significaba casi le da una ataque tanto a mi viejo como a mi viejita. Se obligó a todos a cerrar las medianeras, matar y comer todas las gallinas, patos y pavos que hacían más económica la vida de la gente sencilla de nuestro distrito. Ni hablar de los que aún tenían chanchos. Esos que se juntaba toda la familia en el mes de julio para hacer chorizos que metían en botijones con aceite de oliva y a colgar jamones bien sasonados en los altos techos de la cocina o un galponcito interno. Allí se le ofrecía un poco al médico de cabecera, al dentista del abuelo y al farmaceútico que a veces fiaba algún remedio o venía en la noche para poner una inyección .¡ Eso se acavó y para siempre ! .Fue un terrible momento pero uno se acostumbra casi a todo. Los que se fueron muriendo y los hijos vendieron para hacer unos barrios sin personalidad, donde vivía tanto gente decente como malandras ( a decir del tío Oscar) , esos no vivieron nuestro dolor...
            Fue una mañana muy temprano que desperté sorprendida por un rumor extraño que realmente no sabía desde donde provenía. "Geniol" el loro se avalanzó volando desde la jaula y quedó con sus alas abiertas y apoyadas sobre el patio casi en el medio del cantero de violetas. El perro, Cristobal, se pegaba al suelo y aullaba con sonidos lastimeros . Un silencio con rumores sorprendentes se produjo y comencé a ver que la tierra , el suelo,se ondulaba como una proceción de orugas hambrientas que frenéticamente se alejaban en oleadas una tras otras, eran también un tintinéo acústico de vidrios que caían por todos lados con estrépitos de fuegos artificiales, era una silla que se golpeaba y otra y otra, y miré un cielo oscuro de polvo y miedo. ¡Tiembla !. No, ésto es más fuerte, esto es terremoto y vi caer un trozo del techo sobre el mesón del comedor. Y...corrí hacia la habitación y me aferré con pasión al antigüo retrato de los viejos, ese, ovalado que tiene el vidrio bombé y que mamá adoraba. Cuando intentaba regresar a la seguridad del patio algo estalló junto a mi y ya no recuerdo...Cuando desperté no quedaba casi nada. La casa había quedado destruida. La casa de los viejos amasada con pasión y fuerza entre las manos callosas de mamá y los brazos fuertes de papá. El amor. Los recuerdos. La familia.       
                        Hoy tenemos una coqueta casa y lo que preside la sala es lo único que pude salvar, el cuadro que mis hijos quieren hacer desaparecer por vergüenza . No obstante todos mis hermanos se mueren  por poseer el único objeto que se salvó y que representa la unión de un grupo de gente laboriosa y honesta. Nuestra familia.

                                                                                   


MACRA

Tengo que relatar esto, desde el principio, para que se comprenda. Mi situación actual es realmente confusa.
                        Fue Minerva, la diosa de la sabiduría, quien me envió una mañana  a un mensajero alado. Llegó él con una túnica hecha por las sibilas, fabricada con hilos de la seda de una araña del éter, cuajada de rocío. Esta prenda me confirió tres cualidades: intangibilidad, mutabilidad y clarividencia. Ni los dioses domésticos podían tocarme. Mi ser mutaba cuando las circunstancias lo requerían y podía observar a dioses y humanos con la misma facilidad de los demiurgos. Así partí a cumplir con la súplica de Jupiter y Minerva...tenía que ayudar a Venus a evitar al rudo Vulcano. Él, seguía con sus fuegos avérnicos a la bella esposa, impidiendo su felicidad con semidioses y héroes del mundo. Ella, la hermosa, escapaba de su furia y se mantenía escondida en los sembradíos cercanos al templo de las Perséfonas. Hasta allí viajé transformada en un cisne blanco. Aterricé en una fuente en la que el agua tibia calentó mis plumas. También mi corazón. Era un lugar maravilloso. Los faunos rodeaban a Venus con sus juegos y le daban en copas de ámbar, hidromiel. Pan, tocaba el pífano junto a Ceto, que con su lira de cristal armonizaba una canción mágica. Allí crecían olivos plateados y perfumados, vides maduras de color de atardecer y esmeralda. Ella la hermosa diosa retozaba tranquila. Noté de pronto un estremecer del suelo, era el fiero Vulcano que desde el averno, protestaba con sus terremotos, en la isla sagrada del Tirreno. Me transformé en un cervatillo de piel pálida y sedosa y me acerqué hasta el frágil cuerpo de la mujer enamorada. Entre las frondas apareció Marte, desde luego que la única que supo que era él, fui yo. Él, venía cabalgando en un unicornio azul, con su yelmo de plata. No traía sino su espada de cristal y oro. Dejó que el animal pacentara cerca de mí y así comprendí que era Ginés, el que engendra vida, semidiós heroico.  ¡ Comprendí la argucia !
                        Venus estaba desnuda , sobre una alfombra de musgo, parecía un ser seráfico. Su piel de alabastro tibio, sus pies con uñas de nácar levemente rosadas, sus senos pequeños y redondos como granos de uva madura...Él la besó desde el principio al fin y como unicornio de pétalos de rosas blancas la penetró en su fálico deseo. La tapaba el largo cabello de briznas de trigo y algas doradas. Nadie pudo ver ese instante de lujuria. Sentí de inmediato el trueno que Vulcano había derramado con furia desde el centro mismo de la tierra. Júpiter se presentó ante mí, transformado en un Tigre Negro de mirar profundo y Minerva voló rauda con su plumaje de Lechuza Real. Allí se había engendrado un dios, un semidiós o un mortal heroico.                  
            Me alejaba del tálamo nupcial de los dioses, transformada en ave de plumaje suave. Ya mi misión se había cumplido. A pesar de lo cual amamantaba al niño en las noches en que los amantes se olvidaban de él.
                        Júpiter me transformó en sirena, enojado por mi amor al niño. Minerva no quiso molestar al dios del trueno. Se alejó sin siquiera hablarme.
                        Ahí comenzó mi desdicha. Los dioses se olvidaron de mí. Minerva, distraída como toda erudita me desatendió. ¿ Negligencia o ingratitud...? Hoy salgo a ver a Venus en noches de luna llena. No puedo dejar que los hombres me vean...mi desgracia sería aún peor. Sigo en esta roca cerca de Lemnos y espero...tal vez Cupido, el engendrado, se apiade de mí y me vuelva a transformar en mujer. Después de todo de mis senos mamó leche desde que nació.
                        ¡ Ah, me olvidaba, mi nombre es Macra, la que engrandece a los dioses!