martes, 4 de febrero de 2025

UNA CONSPIRACIÓN

 

Cada vez que cierra la puerta, encierra sus ansiedades. Quiere beberse el futuro de un trago. Sus 29 años, su figura casi transparente por largas horas de trabajo sin descanso, le dan la imagen exacta que en los magazines de moda muestran como lo “máximo”. Sufre. Se casó creyendo que se había cumplido la promesa de su madre:- Serás una reina, porque eres la más linda” – y no fue así. Se multiplicó el trabajo. La oficina con horarios interminables y la casa. El departamento es pequeño, pero eso no es todo. Está a ropa que hay  que lavar, las compras y cocinar, planchar... no termina nunca con las tres camisas que se cambia a diario su “ amado príncipe azul”; hasta tiene que recordar poner el rollo de papel higiénico en el baño, si no nadie lo hace. Él debe pensar que mágicamente el rollo se acomoda en el pequeño palito del baño. También no debe olvidarse de los cumpleaños de madres, padres, hermanos, cuñadas, etc, etc. Y la tintorería, el seguro del auto, la cuota del cable de T.V., del club, nada es como se lo pintaron de soltera. Está agobiada. El orgullo la fue domesticando frente a la realidad de esta vida. Ahora sí, él, la adora. Pero no comprende, nada es fácil. Reconoce cuán escasa fue la ayuda que le proporcionó a su madre. Ahora entiende cuando se levantaba en la madrugada y encontraba a su mamá planchando o lavando ropa fina, a mano. Encima la retaba. ¡Y su madre nunca se había quejado! Recordó cuántas veces le llamó la atención porque no asistía a la peluquería para arreglarse el cabello y ella, su querida gordita, le contestaba que ya iría cuando tuviera un tiempito. Ella se quejaba cuando no le hacía la dieta. Dieta. Vivía a dieta y la pobre trataba de hacerle la innumerable variedad de platos de verdura que piden las dietas. ¡ Qué trabajo dan las verduras! Pensó llamarla, pero eran las tres de la mañana y estaría durmiendo. Mejor la llamo mañana desde la oficina. La vida es tan difícil, es como subir una escalera interminable, cada escalón es un desafío que deberé enfrentar. Piensa que ya no se maquilla, sólo lo hace un poquito para las reuniones con las “chicas” las esposas de los compañeros de su marido. Ellas están siempre impecables. Con la ropa de moda, calzadas como reinas y el cabello magnífico. ¿Cómo hacen? Yo ya uso ropa de “señora”, parezco de 40 años y apenas tengo 29 y me faltan meses para los 30. ¡ No voy a festejar más mi cumpleaños!, piensa, Pero sabe que vendrán sus amigas de la facultad y del colegio secundario y sus cuñadas y cuanta bruja suelta ande por la ciudad, para ver cuántas arrugas tiene o canas o qué se yo! Él, le regala la vida diciéndole que es su nena, que nadie es tan linda y joven, pero se mira en el espejo y descubre ojeras.

            Llega el verano, cuando se quiere probar los pantalones blancos y la maya, no le quedan. “Son las malditas pastillas”, se dice, pero cómo voy a dejarlas de tomar si no hemos pagado aun el plan para el departamento propio. Mira por el placard y se sorprende revisando el traje de él. En un bolsillo interno, encuentra un teléfono escrito con una letra que no conoce y sin duda es de una mujer.

            Lo lleva hasta el living y marca el número. Atiende una voz aflautada: - “ La doctora Miranda no ha llegado aun, ¿quién le llama?- expresa apurada la jovencita. – Soy una clienta nueva... ¿ me puede decir a qué se dedica la doctora?- le dice inquieta. - Ay, como usted sabe ella es contadora y su título la habilita para hacer todo tipo de contratos comerciales. Ahora está en un congreso en Londres, donde se doctoró en economía en educación- cuenta orgullosa la idiota.

 Un sudor agrio le atraviesa el pecho. ¿Esa bruja será una rival? Su marido para qué quiere tener contacto con una contadora de esa categoría. Él, nada tiene que hacer con la educación. Tal vez lo está educando en amoríos inconfesables. Llora y corta la comunicación sin dar tiempo a la otra mujer a despedirse. Corre al espejo. Se observa y comprende lo frágil que es. Llama a su amiga Katy y le comenta lo sucedido. En veinte minutos, la vieja compañera de facultad, está sentada en la cocina tomando un café y tratando de calmarla. La invita a ir a su estilista. Allí se hace color, mechitas de luz, se hace un corte juvenil y la maquillan. Luego, la lleva a una conocida que trae ropa de la capital y de Miami y le propone probarse todo. Se compra ropa nueva, llamativa y alegre. Salen de allí y al regresar a la casa,  encuentra a Darío con dos hombres jóvenes que ella no conoce. Los observa nerviosa. ¿Quiénes serán esos dos tipos? Tal vez son gay y Darío puede estar tramando dejarla por un hombre. Recuerda una novela que vio en parte en las vacaciones de invierno. Tiembla.

Él la observa y le sonríe, aprovecha cuando va  ala cocina para decirle un piropo. La encuentra irresistible con ese corte y los reflejos. Ni hablar del modelo que usa, Darío siente que ha recuperado a su diosa.

ZENÓN SOSA, EL VIEJO


            El sol penetraba el sudor grasiento del cuello del hombre. Febril, con las manos ensangrentadas, escarbaba entre las piedras y cascotes de roca que habían explotado sobre su compañero. Recordaba aquél día en la taberna, cuando el Belisario Yuspe, habló del oro. Les contó la leyenda que había escuchado de boca de sus antepasados. Una historia que se transmitía de generación en generación.

Allí, en esa montaña sagrada para los huarpes, había vetas de oro que los extranjeros, en tiempos de antes no pudieron encontrar jamás. Esos rubios ladrones que habían llegado de quién sabe dónde a quitarles la riqueza. Esos hombres rústicos se enamoraron de la historia. Zenón Sosa cuatreriaba, por causa del cierre de la Mina de Cobre El Retortuño.  Los gringos la compraron para dejarlos sin trabajo y sin mina.

Ahora arriaba caballos de los campos y él, perdió todo. Tal vez, ése era su destino; arrancarle a la roca la sangre mineral que escondía y salir de la pobreza. ¡Maldita pobreza del hombre de la tierra! Lo buscó al Lisandro Quiróz, compadre, y lo invitó. ¡Vamos a intentarlo!

            Mucho costó juntar una pequeña recua de mulas, que apenas cargaron. El Lisandro, trajo candiles y cartuchos de dinamita que robó en el polvorín de Uspallata en una noche oscura. Se había arrastrado bajo las alambradas, distrayendo a los guardianes con su perro que era un maula. Inteligente el animal, se hizo el herido jugando con los sentimientos de los guardias. Los cartuchos eran seis, pero causó alarma en el pueblo cuando el griterío hizo que una patrulla arremetiera fiera en cada rancho, buscando el explosivo. La redada no dio con ellos que ya habían salido rumbo a la cordillera. Tenían que jugarse antes que llegara la nieve. Si los agarraba el temporal, iban a volver como el famoso “descabezado”. El Futre, ese misterioso hombre, del que todos hablaban y algunos, entre grapa y grapa, decían haberlo visto cuando cruzaban para Chile. -¡Es mentira...! – pensó el Zenón, -¡Son embuste de hembra para justificarse con su hombre cuando se preñan de otro!- y escupiendo la tierra, hizo una cruz de barro para confirmar su dicho.- ¡El Futre no existió nunca, Lisandro, ¿usté se piensa que un señorito de ciudá, va dirse al campo ansí como ansí nomás, sin priendas güenas? Busque el mejor poncho que encuentre para pasar el frío, la cordillera es una puta.¡ Mujer arisca! Y el oro puede que se nos niegue si está tan dentro.”

            Salieron apenitas clareaba el día. Huían de los milicos. ¡No fuera que los sorprendieran con la dinamita! En la cuesta empinada cada metro era más difícil. Los cardones espinudos, indicaban la altura. El Lisandro se recordó que había una maldición que contaban los huarpes. El miedo no lo hizo recular, era bien macho. Zenón sudaba a pesar del frío.

Las manos arrancaban las piedras tratado de sacar al compadre. No había tiempo que perder. 

No miró el brillo del oro, luchó. Una lluvia de escombros lo tapó. El “Descabezado” tranquilo se alejó de la mina. Había hecho lo suyo, cumplía con el mandato de los Huarpes, “El oro huarpe no iba a ser de nadie, la Pacha Mama era la única dueña

 

 

Vocabulario:

Huarpes: tribu de nativos de la región de Cuyo, en la actual Argentina. Sus costumbres     tranquilas y de laboreo de la tierra los hizo ser dominados por los Incas y luego se mezclaron con los españoles en la conquista. Quedan aun familias descendientes de Huarpes en la zona de Lavalle y Malargüe.

Cuatreriando: cuatreros: ladrón de ganado.

Uspallata: pueblo de frontera entre Argentina y Chile.

Futre: leyenda que cuenta que en una apuesta un hijo de hombre principal, prometió cruzar a Chile a caballo y sólo vestido con frac, galera y capa. La leyenda dice que se congeló y el caballo regresó a la ciudad con el muchacho erguido pero que en el galope había perdido la cabeza. La gente de campo dice que se aparece entre las montañas antes de los temporales de nieve para prevenir a los que osan viajar sin cuidado.

¿Usté se piensa que un señorito de la ciudá, va dirse al campo ansí como ansí nomás sin priendas güenas?: sociolecto propio de hombres rústicos del campo argentino.

Naides: idem a lo anterior: nadie

Maula: malo, falso, pícaro.

Pacha Mama: diosa de la tierra en las comunidades nativas.

SABÍAMOS


Sabíamos los dos

qué pasaba junto a nuestra casa

los sueños huyendo sin destino

y nuestras manos  despertaron ocupadas de soledad

sin guijarros de turquesa  o malaquita.

 

Sabíamos que las violetas estaban mustias.

 

Su perfume era la huella del pálido amor que nos ataba

en racimos de uvas frescas.

 

El vino cae en los toneles con perfume todavía.

Tú, aún lo sabes. Bebo vino tinto en copa de plata

sobre tu pecho pálido      cada mañana

gota a gota, en cada lágrima de besos.

LA ABUELA CASANDRA

 


                        Los sucesos le habían hecho perder la razón. Tal vez para nosotros que la amábamos era penoso, pero cada uno escondía su desdicha y disfrutábamos con cada extrañeza de su hábil manera de escapar de la realidad.

En las tardes solía esconderse en los rincones del salón del piano e invitaba a seres imaginarios a danzar sobre la alfombra persa. Con la blanca cabellera suelta sobre las anchas capas granate de gasa, descalza y adornada con flores frescas o secas, según la estación. Danzaba, suavemente danzaba. Siempre escondía secretos en los rincones. Tenía lugares favoritos, claro, en una casa tan grande era factible. Aixa cuando llegaba de su taller murmuraba la eterna muletilla: -“El límite entre la locura y la genialidad es sutil como un rayo de luz”- y Casandra, guardaba sus misterios mientras murmuraba extrañas palabras que no entendíamos. Mientras en puntas de pie seguía la línea de mosaicos cantaba: -“Bereshit Rei Teshúb” o “Guilgul aneshamót”. Luego se sentaba con el rostro hacia la ventana que mostraba la puesta del sol sobre el gran canal. Algunas veces cuando venía Merle exhibía un idioma simple que comprendíamos todas. Igual su perpetua tristeza le prestaba un sortilegio indescifrable.

¿Los años le habían hecho perder la razón? Sus ojos se extraviaban en largas tardes frente al ventanal o al hogar de mármol que enrojecía recuerdos de la familia. En su idioma arcano llamaba a las cosas con apelativos indescifrables. “Jojmáh”, “Tiféret” o “Máljut”, esas eran las más usadas. Sonreía cuando cortaba flores al amanecer y caminaba sobre el césped sólo cubierta por la capa de terciopelo blanco en la nieve. Un día comenzó a desplegar láminas. Eran hojas con retratos inexistentes de seres de otros tiempos. Así sus secretos siguieron escondidos y permanecían debajo de los cuadros, en los búcaros de “Limoges” o en la colección de armas antiguas de Otniel, su difunto esposo.

Nos miraba de reojo y hurgaba en los búcaros que apoyaba en su regazo. Ahí decía sus palabras mágicas. Otras veces estudiaba durante horas debajo del mantel del mesón en el comedor unas extrañas declinaciones de su idioma. Era su sosiego lo que trastornaba a Lais o a mí. La paz que desgranaba en gorjeos rítmicos por los pasillos. Nadie la interrumpía por cariño o por temor.

En las madrugadas caminaba o mejor dicho se deslizaba por el corredor central con ramilletes de espigas secas, otras con puñados de vainas de algarrobos que tiritaban sonidos y pasaba al salón dando pequeños saltitos como guiños de ángeles.

Cuando aparecía la luna llena sacaba un brazo por la ventana redonda del ático y contaba las hojas de los cedros o de los paraísos. En invierno volvía helada, con los labios azules pero feliz.

Era la época en que regresaba Merle de sus viajes por oriente y al verla, abrazándola, repetía: - “Sueños de los dioses, amigos de mi infancia, vuelvan al lecho de mi lago”- y sonreía tranquila. Si la luna lucía una aureola rojiza como corona real, envolvía su larga cabellera cana con un velo de novia y desplegaba de las pequeñas orejas flores de nácar que robaba del arcón de la habitación de Lais o se adornaba con cerezas  artificiales de terciopelo rojo. Todos aparentaban que no hacía nada fuera de lo común y la dejábamos hacer. Pero una noche de eclipse sucedió lo inesperado.

Salió desnuda con sus senos pálidos colgando sobre el pecho, sólo cubiertos por una muselina de tono añil, su pubis y sus ojos enjaezados de las perlas que fueran de su abuela y caminó descalza hasta el portal. Lo abrió y salió por primera vez en veinte años al enorme jardín de magnolias en flor. Llevaba entre sus manos unos amuletos y sus misterios. Caminó salmodiando sus palabras “kabalísticas” como hechicera herida por la edad. Era la dueña de una noche sabática. Se perdió entre los iris florecidos.

Al rato, cuando la luna volvió a imprimir su rostro milenario tras la breve oscuridad reinante, en conjunción de astros, en el disco rojo que se había formado quedó impresa unos instantes la figura de la abuela Casandra en tonos azulados.

Salimos a buscarla y la encontramos tendida entre pétalos de magnolia, apretaba en sus manos un guardapelo con el retrato de un joven que nadie supo nunca quién era.

 

SOMBRAS EN EL CORDEL


            El viento juega con la silueta en la terraza antigua. Un rumor agiganta las sombras. Llovizna y el cordel sostiene gotas de agua, pequeños diamantes que reflejan tu ausencia. ¿Dónde estarás ahora? La pregunta juega con la camiseta que envolvió tu cuerpo, mi hombre amado. Nadie responde. Sombras. Soledad. Una ausencia que se agiganta en la tarde cuando el candado de silencio atrapa tu recuerdo. Presiento que otro dolor aterrador despertó en tu pecho. Allí estará peleando mi fantasma,  tu atenazado cuerpo acoplado a los golpes y horrores de esa cueva en la que seguramente estás metido. El perfume de jabón y lavandina atraviesa la terraza donde busco en cada prenda tu presencia. Se expande el perfume de la nostalgia celeste que se agranda en tu alejamiento. ¿Volverás algún día? El cordel solitario acuna broches. ¿Qué broches de metal atenazarán tu piel quebrada y gironeada? Ya, hasta faltan tus risas colgadas al viento. Los broches parecen tus hombros apelando a ser hombre en mi esperanza. ¿Volverás? Serás tan sólo un recuerdo en mis noches solitarias. Apoyaré mi rostro en la almohada para percibir el perfume de nostalgia. Ayer llamó un “hombre”, buscándote por tu apodo, no era sino otro de esos malvados que persiguen aún tu persona. Ellos buscan más sobre ti, saben que me atormenta no saber dónde estás y qué te ha sucedido Sabes, presienten, muy en el interior que tú eres el verdadero arquitecto de mi suerte, el que le devolvió el sentido a nuestra vida. Esa vida que buscábamos entre la suciedad de una sociedad hipócrita y malvada. Yo sabré esperarte. Mi corazón abrumado construirá un nuevo nido para acunarte. No sos más el niño que se transformó en el hombre capaz de predicar y luchar por una idea diferente. ¿Maduran los duraznos en invierno sin el calor de unos brazos que  protejan? Yo esperaré con mi silencio retratando sonrisas en la calle, cocinando bollitos de anís y nueces, caminando sobre los parques descalza sobre el césped. La lluvia volvió sobre el cordel y sólo queda una camiseta que vuela llevándote mis esperanzas.

                ¡ Golpean a la puerta con sus armas, son acaso quienes vienen a buscarme?

REGALO INESPERADO EN EL AEROPUERTO


                        Firmó los contratos que incluían buena renta para sus inversores. Salió del edificio, cuyas oficinas quedaron solas y frías. Se sacó la chaqueta y comenzó a caminar por el bulevar, sintiéndose un triunfador.

            Toda su vida era un éxito en los negocios, a pesar de los abatares de la economía mundial. Por eso el prestigio lo seguía por los pasos que daba en los mercados de la Bolsa.

            Cuando era joven y recién comenzaba, alguien le había dicho: “Rodrigo, la vida es un negocio y si lo pierdes, el tren pasa y te deja en el andén. Tú pierdes y nunca más tienes otra oportunidad”.

            Y él, obedeció. Buscó una mujer de buenos apellidos y con abundante dote. ¡Por supuesto que sotto voce, investigó como era, costumbres familiares y otras yerbas! Así armó una verdadera corporación familiar comercial. Poco tiempo duró el romance, pero en apariencias, él, era el marido ideal.

            Luego de una noche de casino, donde invirtió dinero a manos llenas y por supuesto perdió, la habitación del “Gran Regyn Hotel” lo cobijó hasta que un suave susurro lo despertó para llevarlo tras el desayuno al aeropuerto.

            Un atolladero de vehículos impidió que llegara en horario y en el mostrador después de discutir, le dieron un billete para el día siguiente. Se alojó en el hotel del aeropuerto y dispuso ir al spa y luego de gimnasio – una hora como mínimo- regresó al comedor. Allí el silencio lo consternó. Regresó a la habitación 2589. en el piso 25. Durmió. Soñó con su infancia. Triste y llena de privaciones. Despertó sudoroso y con la boca seca. Una ducha lo despabiló y luego de vestirse para cenar, subió a la terraza al enorme comedor. Allí gente de infinitas etnias y costumbres se apiñaban en las mesas para servirse los exquisitos platos preparados por un chef internacional. Eligió un buen champagne francés y esperó.

            Una mujer hermosa se acercó buscando una mesa para cenar. Todas estaban llenas de asiáticos y africanos. La única posible era la de Rodrigo Aguirre del Solar. El maître le solicitó si la joven podía compartir un lugar y él, al ver la belleza y simpatía de la muchacha aceptó inmediatamente.

            Charlaron y rieron con anécdotas de ambos hasta que les solicitaron se retiraran. Ella lo invitó a su habitación. Allí con sólo desprenderse un bretel, su ropa se deslizó y quedó desnuda frente a los ojos ávidos del hombre.

            ¡Una noche de pasión inesperada y lujuria, cambiaron la piel y los cuerpos! Gozo y subyugación de la hembra hambrienta de calor lo dejó exhausto. Salió a las cuatro de la madrugada de la habitación con la culpa por haberse olvidado de su mujer e hijas. Olvidó hasta su billetera y el reloj. Cuando iba a salir para tomar el avión el conserje se los entregó. La billetera vacía. Sólo estaban sus tarjetas de crédito y algunas fotografías. El reloj, sin el brillante, símbolo de la marca del mismo. Ella había desaparecido, viajó en un vuelo hacia la India de las cinco y cuarenta. Supo que no la vería nunca más y casi con alivio, recordó que no sabía nombre ni dirección de la mujer.

            Voló tranquilo. Luego ya en su casa, comenzó a sentir cierto malestar por lo ocurrido. Elina, su esposa, comenzó a preguntarle por pequeños detalles que advertía en su conducta. ¡Algo había cambiado en él!

            Tres meses después, comenzó a tener fiebre reiterada en las noches. Primero adujo que tantos cambios de ambientes, unos con calefacción ardiente o aires acondicionados gélidos, le habían provocado algún tipo de trastorno pulmonar hasta el día, que jugando al golf, tuvo un ataque de tos y vomitó sangre.

            Elina, lo había buscado y tuvieron noches de amor apasionadas, donde él, trató de dar a cambio de un perdón imaginario por su infidelidad, todo el gozo que pudo. Una tras otra noche hicieron el amor, como en los primeros años de casados. Elina pronto sintió que estaba embarazada y cuando se lo comunicó, él., se llenó de felicidad. Otro hijo era un regalo de la vida.

            Cuando Elina hace sus primeros estudios, el médico obstetra los reúne para hablar de algo serio. En el lujoso consultorio, les muestra la ecografía de un varón. Se abrazan y besan. El galeno, serio, les indica que ha hecho unos estudios extras y que Elina es HIV positiva. Por lo que urgente tiene que ponerse en tratamiento. Y le exige a Rodrigo un análisis igual.

Quedan perplejos. Él sabe que le fue infiel. Ella lo rechaza y comienza una verdadera guerra. Legalmente pide el divorcio. El resulta HIV positivo.

La bella mujer del aeropuerto le ha dejado un regalo inesperado.

 

UNA PELEA SIN IGUAL

 

         CLIMACO ES MI GATO. TODOS MIS AMIGOS, EN ESPECIAL NICOLÁS, SE BURLA DEL NOMBRE DE MI MASCOTA. LO QUE PASÓ, ES QUE MI ABUELO MARTÍN, ME TRAJO A CLIMACO CUANDO ERA RECHIQUITO. ME DIJO QUE CADA UNO IBA A PONER TRES NOMBRES DIFERENTES EN UNA CAJA Y LA ABUELA SACARÍA UN PAPEL Y ESE SERÍA EL NOMBRE. YO PUSE: REFUCILO, SABANDIJA Y TORCAZA. ÉL, PUSO: CLIMACO, CLETO Y CLODOMIRO. TIENE FIJACIÓN CON LOS NOMBRES DIFÍCILES. DISCUTIMOS UN RATO, PERO LOS ABUELOS SIEMPRE GANAN.

         LA ABU, SACÓ EL PAPEL Y SALIÓ CLIMACO. Y SE LLAMÓ ASÍ. EL ABUELO SE REÍA Y CASI PIERDE LA DENTADURA, PORQUE NO TIENE DIENTES PROPIOS, AUNQUE DICE QUE LOS PAGÓ BIEN CAROS, POR ESO SON DE ÉL.

         EL NICO, ME CARGA. CUANDO VIENE A JUGAR CON LA PLAY, EL MUY LISTO, ME HACE BURLA. MI GATO ES NEGRO, TIENE UN PAR DE OJOS QUE PARECEN DOS FAROLES DE NOCHE Y SE PONEN BRILLANTES EN LA OSCURIDAD, LA NARIZ ES ROSADA Y TIENE UNA MANCHITA BLANCA EN LA PUNTA DE LAS PATITAS Y EN LA COLA.

         A VECES CUANDO MAMÁ NO ME VE DUERME CONMIGO. PAPÁ SE ENOJA PORQUE DICE QUE ME VA A CONTAGIAR ALGUNA ENFERMEDAD. YO NO CREO. ES RE SANO.

         CLARITA MI VECINA, TIENE A LA HERMANITA DE CLIMACO, SE LLAMA CLAVEL,¡ESE NOMBRE SÍ ES RIDÍCULO! CON PERDÓN DE LA PALABRA. ¡DIJE CULO, JA, JA, JA! MI PRIMA CRISTINA TIENE DOS CACHORROS DE COLOR BLANCO Y LLENO DE RULOS. UNO SE LLAMA CLETO Y LA OTRA CREMA. SON CANICHES TOY SUPER ENANOS. NOS JUNTAMOS A PELEAR. CADA UNO DEFIENDE SU MASCOTA. LA TONTA ODIA LOS GATOS Y YO LE DIGO QUE ODIO LOS PERROS Y MÁS SI SON MARICONES COMO LOS QUE ELLA TIENE.

          EL DOMINGO VINIERON LOS ABUELOS Y SE ARMÓ, ALLÍ NOS AGARRAMOS DE LOS PELOS. MI PRIMA TIENE TRENZAS Y SE LAS TIRÉ Y SE PUSO A LLORAR A LOS GRITOS. ¡QUÉ PIOLA! SALIÓ TODA LA FAMILIA A DEFENDERLA. ¡SI SUPIERAN LAS COSAS QUE ME DIJO! NO PARECÍA  UNA NENA. NOS REVOLCAMOS Y LA LLENÉ DE BARRO Y A LOS PERROS TAMBIÉN.

         MI TÍO SE ENOJÓ Y DIJO QUE NO VENDRÍA MÁS POR MI CULPA. EL ABUELO MARTÍN NOS HIZO HACER LAS PASES, PERO YO SE LA TENGO JURADA. HE PENSADO TEÑIRLE A CLETO Y CREMA DE COLOR AZUL BRILLANTE Y ROJO, CON TÉMPERAS. ¡NO LE CUENTEN A NADIE, ES NUESTRO SECRETO!