viernes, 25 de septiembre de 2026

INTRUSA INCOMPRENDIDA

 


                                      Y bien, te presiento en el aliento tormentoso que            arrastra el mar con su quimera.

            Apareció como una diva de teatro. Los rostros de los presentes se voltearon a verla como quien observa a un extraño esperpento. El sol que asomaba por las ventanas iluminaba el brillo de los párpados dorados y los pómulos de un gris azulado. Enormes pestañas negras que cubrían sus pesados párpados como boinas negras. Piernas casi desnudas, botas militares pesadas y oscuras, llenas de pequeñas lágrimas de strass y calcetines rojos. Un enorme buzo negro que desdibujaba la figura. ¿Era delgada o enormemente obesa? ¡Pero las piernas delgada como zancos artificiales...!

Abrió la puerta sin golpear o llamar. Sus manos flacas parecían garras de algún flamenco perdido en una laguna del desierto. Era una mujer. O no. Era un extraño personaje de marquesinas antiguas o muy nueva. ¿Impresionista o ultra fantástica?

Un pintor como Dalí, se hubiera conmovido al verla. Van Gogh hubiera arrebatado sus pinceles y llenado lienzos con los fulgores amarillos y azules de su rostro.

Nosotros esperábamos, según la secretaria a una joven de sólo quince años. Para cubrir el papel de la doncella, la joven dulce y enamorada de un Romeo moderno pero muy antiguo.

Dionisio se paró y rodeando la mesa, comenzó a mirarla con sus ojos achinados por la impresión que tenía. Pensó...si le sacamos toda esas malignas vestiduras y los maquillajes, tal vez, debajo hay una niña. Con sus ojos dilatados por la astucia pensó en una ninfa proveniente de un mundo lejano donde prevaleciera lo maligno o lo ignoto. Matilda comenzó a reír. Reía con la boca, con los dientes, con el cuerpo que parecía convulsionar con la presencia inverosímil de la mujer. Simón, pegó un puñetazo sobre la gran mesa que hizo vibrar hasta las carpetas y vasos, tazas y lapiceros que bailaban una danza festiva con el golpe. ¡Ven aquí! ¡Cómo te llamas y cuántos años tienes? ¿De qué maldito mundo te sacaron?

La chica se volteó para salir huyendo. ¡Son un par de locos maniáticos! La mano de Dionisio la contuvo. No te vayas. Te esperábamos... ¿tu nombre es? Rocío Calvo Morales y tenía cita con el staff de un film o de una obra de teatro. ¿Quién es tu profesor de teatro? ¡Sir Johann Morgant Lisfchisky! Estudié en Londres y hace dos meses regresé de mi beca en París. Allí estudié con Margaret Subillard y Gerard Pascal. Ah, tengo quince años y cumplo dieciséis en verano. Mi tutor acá es mi tío Ignacio Zorrilla Venegas. Pero quiero irme. No me gusta vuestro recibimiento. Dio media vuelta y todos argumentaron juntos en un entrevero de palabras que no se fuera, que disculpara y que hablarían tranquilos.

Atravesé el mar de dos continentes para llegar aquí y no me interesa quién tan mal me espera. Mis maestros se horrorizarían de escucharos y veros tan.... tan antiguos, desconcierta veros tan arcaicos y bueno, lo vuestro no me interesa. Salió con el paso de una reina.

El sol pegaba como fogonazos en las paredes de la sala. Un murmullo de voces se mezclaba con la risa y el mascullar de los presentes. Pilar que había estado muy callada y tiesa, salió tras la muchacha. ¡Ven, comencemos la entrevista...! Vio que una lágrima brillante y dorada corría por las mejillas gris azuladas de la chica. Ellos, son algo anticuados, pero ven. Yo haré las preguntas y una prueba.

Como un pájaro herido ingresó, pero acomodando sus hombros apareció la guerrera, la actriz que no era ingenua ni torpe, era una generación que no entendía de estilos conocidos sino de moda adelantada a los tiempos.

Comienza con un personaje que quieras. La transformación fue maravillosa. ¡Una Desdemona sutil y dulce emergió de su rostro y de su cuerpo que se desplegó como un ángel alado. Luego transmutó en una despiadada Lady Mahbet y finalmente su épica representación de Lolita! Lentamente se fueron parando de sus sillas los actores del estudio y comenzó un aplauso suave y sublime como la recepción de una gran actriz.

¡Eres magnífica! Maravillosa y dúctil. Todo era un coro de admiración y sorpresa.

Desde ese día comenzó a brillar en las marquesinas de los teatros. ¡La Intrusa,  que había ingresado como una rara especie de muñeca incomprendida, les dio el lugar de lujo que el nuevo teatro precisaba!

¿Quedó atrás la incomprensión de los artistas? La noche del estreno apareció colgada de uno de los enormes armazones del techo del plató! ¿Quién había sido el que mató a la muchacha? Solo la enorme envidia y resentimiento de algún colega del grupo estable. Ahora había que investigar su verdadera historia de pasión y muerte prematura.

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