La chacra está como abandonada. El
patrón no puede venir desde la primavera pasada. Está muy enfermo y sin una
guía todo se ha descompuesto. Los animales sin las vacunas se enferman. No
tenemos los fungicidas, ni los herbicidas, ni los abonos para las plantas. La
mamá ya no puede más con mi papá, que se ha dedicado a la bebida en forma
desenfrenada. Eso lo lleva a vivir a los
gritos, insultos y golpes de todo tipo. Ayer la golpeó tanto a la Luciana, que hoy tiene todos
los ojos negros y en la espalda unos moretones muy fuleros y hasta heridas que
le sangran. Creo que se ha vuelto loco. Le levantó la falda a la Rosalía, justo cuando yo
entraba y me tiró con la botella que tenía en la mano. Yo le grité que esa no
era la mamá y él se rió a carcajadas y entre dientes dijo que ya la iba a
agarrar después. ¡Hoy fue peor! Encontré a mi mamá encerrada en el galpón y
entonces me pidió que cuidara a las chicas. Corrí. ¡Sólo tienen trece y quince
años!, dijo llorando a mares, ¡y este gran hijo de puta, me las quiere
arruinar! Gritaba. ¡Yo le prometo que no las va a tocar más! Y a usted tampoco.
Pero tengo que reconocer que mi padre tiene todavía mucha fuerza porque cuando
volví con la mamá, él se había tirado arriba de la pobre Luciana, que con el
dolor de la golpiza de ayer no se pudo defender y ya era demasiado tarde. ¡La
jodió! Era un charco de sangre. O yo lo vi
como un mar de sangre. Y la sangre me brotó en el alma con furia y
horror. ¡Lo voy a matar, me dije, mientras lo arrastraba por el piso! ¡Y mi
mamá desesperada abrazaba a mi pobre hermana! Ahora sé por qué ayer la golpeó
tanto...ella no se dejó tocar por este viejo borracho. De repente salió de la
otra habitación mi otra hermana y gimiendo como una perra gritó que a ella ya
le había hecho eso varias veces...y allí me decidí...lo voy a matar hoy.
Callado me voy a ir a comprar más vino. Hoy hace mucho, muchísimo frío y es mi
oportunidad...el frío puede hacer el trabajo por mí. ¡Tomá papá te traje mucho
vino del bueno!...y lo miro con un gesto cómplice. Tomá, tomá y quedate
tranquilo. ¡Toma y el vino le corre por la boca hasta el pecho! La llamó a mi
mamá y ella, como no viene rápido, recibe un golpe de puño en el pecho...y un
puntapié en la panza. ¡Le pido un favor...y apenas me entiende pero dice...sí,
y se apoya en mí y sale conmigo al patio! Yo lo empujo con fuerza y se cae.
Luego corro y entro a casa y cierro muy bien la puerta. Él me grita, me insulta
y promete matarme...yo no oigo. Me tapo las orejas. Él grita cada vez más
despacio. El vino hace buen efecto. Mamá y las chicas lloran. Yo lloro. Hace
mucho frío. Afuera hay nieve. El perro aúlla y nadie duerme esperando la
mañana. El sol no aparece todavía y hay muchísima nieve. Ya te vamos a abrir
papá. ¿Papá me oís? No se oye nada. Veo sobre una silla la chaqueta de ese
hombre que es mi padre. ¡Tan sólo tiene
puesta una camisa! Odia la ropa de abrigo. Yo no me puedo poner a cuidar si él
tiene puesta la chaqueta. El termómetro debe tener como ocho grados bajo cero.
¡Pobre se quedó afuera! Ya está saliendo el sol, vamos a ayudar al "hombre
" a entrar a la casa. Pienso.
¡Abrimos la puerta y oh...un cuerpo
azulado, rígido e inmóvil, cae dentro del zaguán de nuestra precaria casa!
Salgo lentamente a buscar a la policía. ¡Pobre papá...tomaba tanto...nadie
escuchó cuando quiso entrar..., el vino y el frío..., no lloren más, él se
buscó este final! Pase comisario, mire todo lo que había tomado... ¡Mamá no
llore más! -¡Yo le dije que no saliera...! ¿O no es la verdad Luciana ?... ¿Verdad Rosalía? Y él salió igual... fue por más
vino.
.
Historia real contada
por un chico de una escuela rural a su maestro.
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